La Importancia de Invocar el Nombre del Señor Sobre el creyente

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo cristiano alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual quiero leer en el libro de los Hechos, capítulo 22, versos 12 en adelante (12 al 16), donde San Pablo narra su conversión a Cristo, cómo le apareció Cristo a él... vamos a ver, desde el verso 6 para que tengamos el cuadro claro; dice, del capítulo 22 del Libro de los Hechos:

“Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;

y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.

Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.

Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,

 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA IMPORTANCIA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR SOBRE EL CREYENTE”; pues se invoca el Nombre de Aquel en quien la persona cree. Y en el bautismo en agua encontramos que todos los apóstoles cuando llamaban al pueblo al arrepentimiento, los bautizaban invocando el Nombre del Señor Jesucristo sobre los creyentes, sobre las personas que creían, que recibían a Cristo como su Salvador. Porque el mismo Cristo cuando mandó a bautizar, El dijo... dando mandamientos a Sus discípulos, dijo:

“... id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos  en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Y por cuanto el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es Señor Jesucristo, se invoca el Nombre del Señor Jesucristo sobre el creyente.

Ahora, vean ustedes, cuando Dios en la Dispensación del Padre, que es la Dispensación de la Ley, le apareció al profeta Moisés, le dijo: “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Le apareció en aquella Luz, aquella Columna de Fuego; y cuando Moisés quiso saber Su Nombre, le dio el Nombre en cuatro consonantes: YHWH.

Y ahora vean ustedes, en el capítulo 3 esto aparece... capítulo 3, verso 13 al 16, donde Moisés le dice: “Si ellos me preguntan por Tu Nombre, ¿qué les diré?” Entonces Dios le dice que le diga al  pueblo... vamos a ver, capítulo 3, verso 13 al 14, dice, del Exodo:

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo Soy El Que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros.”

Las palabras usadas aquí en este Nombre traducido como Yo Soy, son YHWH. Y ahora Moisés escucho la pronunciación de ese Nombre, y Moisés fue en ese Nombre y en ese Nombre Moisés obró. Dios usó a Moisés y Moisés tenía la revelación de ese Nombre, siendo un Profeta dispensacional para llevar a cabo la Obra de liberación del pueblo hebreo como nación, tenía la revelación de ese Nombre. Ese Nombre estaba en el Angel, el Angel que le apareció a Moisés, llamado el Angel de Jehová; pues ese Angel tiene ese Nombre.

En el capitulo 23, verso 20 en adelante del Exodo, dice:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Angel irá delante de ti.”

Y ahora, vean ustedes, el Angel de Jehová iba delante del pueblo hebreo guiándolos y llevándolos a la tierra prometida. El Angel de Jehová es el cuerpo teofánico de Dios, el cuerpo angelical, ese Hombre de la sexta dimensión, en donde Dios está en toda Su Plenitud manifestado. Por eso ese cuerpo teofánico, angelical de la sexta dimensión, llamado el Angel de Jehová, es el cuerpo teofánico de Dios. Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza. Por lo tanto, ¿el ser humano a quién se parece? A Dios. ¿Y Dios a quién se parece? Pues al ser humano.

La forma que Dios le dio al ser humano, es la forma que Dios tiene en Su cuerpo teofánico: una forma de hombre. Y cuando Dios le dio un cuerpo físico del polvo de la Tierra al hombre, vean ustedes la forma que le dio al hombre, y cuando Dios se hizo carne en medio de la raza humana, vean ustedes la forma que tomó Dios en Su cuerpo de carne: La forma de un hombre, se hizo hombre, se hizo carne. [Hebreos 2:14 - Editor]“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo”; para poder quitar - tomar nuestros pecados, y quitarlos de nosotros.

Y ahora, el Nombre para Redención, el Nombre de Dios para Redención está en Su manifestación en carne humana; y ese Nombre es el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora, cuando la persona reconoce que es un pecador al escuchar la predicación del Evangelio, en donde el Espíritu Santo redarguye a la persona y lo convence de pecado, la persona reconoce que necesita un Salvador. La persona de sí misma no se puede salvar. Por cuanto todos pecaron, todos están destituídos de la Gloria de Dios, dice San Pablo en Romanos, capítulo 3, verso 23.

Por lo tanto, toda persona que nace en esta Tierra viene en una raza y a una raza caída y necesita un Salvador, necesita un Redentor, que lo restaure a la vida eterna; y solamente hay Uno y se llama el Señor Jesucristo, el cual es el mismo Dios que se hizo hombre para llevar a cabo Su Obra de Redención.

Y ahora, toda persona necesita un Redentor, un Salvador, y hay solamente un Salvador: nuestro amado Señor Jesucristo. Cristo dijo: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, y nadie viene al Padre, sino por mi.” San Juan, capítulo 14, verso 6... vamos a ver...

No hay otra forma para recibir la salvación, solamente por medio de nuestro amado Señor Jesucristo. Toda persona quiere llegar a Dios y vivir eternamente con Dios, pero las personas necesitan comprender que de sí mismas no pueden llegar a Dios. “Nadie verá al Padre, sino por mí.” O sea, que ninguna persona por sí misma puede llegar al Padre, sino por medio de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual por medio de Su Sacrifico en la Cruz del Calvario, llevando El nuestros pecados, El nos restaura a la vida eterna; El llevando nuestros pecados, quita nuestros pecados de nosotros, y entonces somos justificados delante de Dios —“Justificados,” eso es como si nunca en la vida hubiésemos pecado—, y por consiguiente nos lleva a Dios y nos reconcilia con Dios. El es el único que nos puede reconciliar con Dios. El es el que ha hecho la Obra de la Reconciliación.

Como el sumo sacerdote reconciliaba al pueblo hebreo con Dios, cuando el mes séptimo y el día diez del mes séptimo, entraba con la sangre de la expiación, la sangre del macho cabrío, el macho cabrío de la expiación, el cual sacrificaba el sumo sacerdote en el atrio, y luego llevaba la sangre al lugar santísimo y la esparcía sobre el propiciatorio con su dedo; y así él llevaba a cabo la obra de reconciliación del pueblo hebreo con Dios, lo cual hacía cada año.

¿Y por qué tenía que hacer eso cada año? Por cuanto la sangre de los animales no es perfecta y el espíritu del animal no puede venir al ser humano, entonces se requería que cada año se llevase a cabo esa labor en la obra de la expiación para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, en lo que llegaba un Sacrifico Perfecto y un Sumo Sacerdote Perfecto de un Templo Perfecto, del Templo Celestial.

Y ahora, el orden sacerdotal levítico, del cual Aarón era el sumo sacerdote, encontramos que solamente es tipo y figura del Orden Sacerdotal Celestial, del Orden Sacerdotal de Melquicedec. Pero entrando en función el Sumo Sacerdote, Melquicedec, que es Jesucristo, y llevando a cabo la Obra de Redención para quitar nuestros pecados, llevándola a cabo en la Tierra al morir en la Cruz del Calvario, y luego resucitar y ascender al cielo, se sentó a la Diestra de Dios y ha colocado sobre el Trono de Intercesión en el Cielo, Su propia Sangre, para estar intercediendo allí por cada persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y por consiguiente esas personas pertenecen al Israel Celestial.

Ahora, vean cómo en el Israel terrenal se reflejó lo que Dios haría en el Israel Celestial. Para llevar a cabo la Obra de Reconciliación con el Israel terrenal, durante la Dispensación de la Ley, vean ustedes las cosas que eran llevadas a cabo el día diez del mes séptimo; y todo eso es tipo y figura de lo que Dios haría con el Israel Celestial para su reconciliación con Dios.

Y ahora, San Pablo nos dice: “Reconciliaos hoy con Dios.”

¿Y cómo vamos a ser reconciliados con Dios? Por medio del Sacrificio de la Reconciliación. Por medio de la Expiación, que es Cristo nuestro Salvador, representado en el macho cabrío de expiación que era sacrificado el día diez del mes séptimo por el sumo sacerdote.

Vean que era el sumo sacerdote el que llevaba a cabo ese sacrificio el día diez del mes séptimo, y el que luego llevaba también la sangre al lugar santísimo y la colocaba sobre el propiciatorio. Por eso el Sumo Sacerdote del Templo Celestial tuvo que venir a la Tierra, para llevar a cabo el Sacrificio de la Expiación por el pecado, para quitar el pecado de todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. El mismo vino y llevó a cabo el Sacrificio con Su propio cuerpo, el cual fue crucificado allá en Jerusalén.

Siendo que el sumo sacerdote efectuaba el sacrificio del macho cabrío en el atrio, en el templo terrenal, en el templo de Dios. El Atrio es esta dimensión terrenal, y por eso en esta dimensión terrenal fue llevado a cabo el Sacrificio por el pecado.

Pero luego el sumo sacerdote entraba... vean ustedes, pasaba por el lugar santo con su sangre, con la sangre de la expiación, y luego entraba al lugar santísimo. Y Cristo cuando murió de esta dimensión terrenal, vean ustedes, pasó por el infierno, y pasó por el Paraíso o Seno de Abraham, y allí tomó a los que estaban en el Seno de Abraham, los cuales estaban cubiertos con la sangre de los sacrificios que ellos efectuaban; pero cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario y derramó Su Sangre, los pecados de todos ellos fueron quitados. Y El los tomó, resucitó con ellos, los resucitó; y luego 40 días después ascendió al Cielo con ellos; y se sentó Cristo a la Diestra de Dios en el Cielo, se sentó en el Trono de Dios para hacer Intercesión con Su propia Sangre por cada miembro del Israel Celestial.

Y cada miembro del Israel Celestial estaría entre los gentiles y también de en medio del pueblo hebreo. Porque de ambos pueblos Dios ha estado haciendo un solo Pueblo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y ha estado produciendo el nuevo nacimiento en esas personas que han recibido a Cristo como su Salvador, como su Expiación, para así ser reconciliados con Dios; y han sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, en donde el Nombre del Señor Jesucristo ha sido invocado sobre la persona, y luego han recibido el Espíritu Santo y han nacido de nuevo, y han obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y así han nacido en el Reino de Dios, han nacido en la Iglesia de Jesucristo, la cual durante todas estas etapas se encuentra en lugares celestiales, porque Ella ha sido colocada en lugares celestiales en Cristo Jesús, por cuanto han recibido el cuerpo teofánico; y por consiguiente todos los miembros de la Iglesia de Jesucristo, que son los creyentes en Cristo sobre los cuales ha sido invocado el Nombre del Señor y han recibido el Espíritu Santo, ya han nacido en el Reino de Dios, han nacido en la sexta dimensión; y ya lo que les falta es obtener el cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible.

Y así obtendremos una nueva vida en un nuevo cuerpo, eterno, inmortal, incorruptible. Y los sufrimientos que hayamos pasado en este cuerpo terrenal, serán tan insignificantes, comparados con la Gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse cuando estemos en el nuevo cuerpo. Y solamente podremos decir una cosa: “¡Valió la pena! ¡Valió la pena recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre y ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, donde Su Nombre fue invocado sobre nosotros.”

Y ahora, como le dijo Ananías, este profeta, a Saulo de Tarso: “¿Por qué te detienes? ¿Por qué te detienes, Saulo?”

“Ahora pues, ¿Por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre.”

Lo mismo que había dicho San Pedro en el capítulo 2, verso 37 en adelante del libro de los Hechos cuando predicó el primer Mensaje en Jerusalén, luego de haber venido el Espíritu Santo sobre él y demás discípulos de Jesucristo; sobre 120 personas. Al oír las personas la predicación de Pedro:

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; y para cuantos el Señor nuestro Dios llamare (o sea, que la promesa del Espíritu Santo es para todos cuantos nuestro Dios llamare).”

Y durante estos dos mil años de Cristo hacia acá, se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia que gira alrededor de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Para que toda persona sepa, para que toda persona conozca el misterio de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario; y así toda persona tenga la oportunidad de salvación, tenga toda persona la oportunidad de arrepentirse de sus pecados, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, donde el Nombre del Señor es invocado sobre la persona, y pueda la persona recibir el don del Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento y así obtener un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así nacer en el Reino de Dios.

Ahora, para el ser humano Dios lo ha colocado todo sencillo. El que ha hecho la Obra es Dios. Y ahora por la Fe en Jesucristo nuestro Salvador y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, recibimos nosotros salvación. Por la Fe en Cristo recibimos salvación.

Ahora, el bautismo en agua no salva, el agua no quita nuestros pecados, es la fe en Jesucristo. Por la fe en Jesucristo nosotros somos salvos y la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Cuando somos bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, ahí está siendo representada la muerte nuestra, estamos identificándonos con la muerte de Jesucristo. Cuando Cristo murió, estábamos nosotros muriendo con El, porque estábamos en El; y eso es representado cuando la persona es bautizada y es colocada dentro de las aguas, sumergida dentro de las aguas, ahí está representando la muerte. Y cuando ha sido hablado, invocado, el Nombre del Señor Jesucristo sobre la persona, al ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo y ser sumergida la persona, ahí se está identificando  la persona con la muerte de nuestro amado Señor Jesucristo.

Nosotros fuimos sepultados con El (morimos), hemos muerto con El y fuimos sepultados con El. Y cuando el que está bautizando la persona, lo saca de las aguas, ahí está siendo representada la resurrección de Cristo; y  nosotros estamos siendo identificados con la resurrección de nuestro amado Señor Jesucristo. Nosotros resucitamos con El.

Y ahora, vean ustedes, todas las cosas que están siendo efectuadas cuando la persona ha creído en Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha sido bautizado en el nombre del Señor Jesucristo; y ahí el Nombre del Señor ha sido invocado sobre la persona.

Y ahora, toda persona luego de escuchar la predicación del Evangelio y comprender, ver, el propósito de la Primera Venida de Cristo: que fue llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario en favor de todos nosotros; al conocer ese misterio de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, obtenemos la oportunidad de salvación, creyendo en Jesucristo, creyendo en Su Venida y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Ese es el misterio que es abierto en la predicación del Evangelio.

Pedro tenía las llaves del Reino de los Cielos, Pedro tenía la revelación de quién era Jesucristo. Cuando Jesús pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Todos decían: “Unos dicen que Tu eres Elías, otros dicen que Tu eres alguno de los profetas que ha resucitado.” Algunos decían que era Juan el Bautista también. Pero Jesús pregunta: “¿Y ustedes, quién dicen ustedes que es el Hijo del Hombre?” [Eso está en San Mateo, capítulo 16]. Y Pedro dice: “Tú, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.” Jesús dice a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” [Esto está en el capítulo 16 de San Mateo, versos 13 en adelante].

Sigue diciendo Jesús:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

Y ahora, vean ustedes, Pedro tenía las llaves, la revelación de quién era Jesús. Pedro tenía las llaves, la revelación de quién era el Hijo del Hombre. Pedro tenía la revelación de que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y el día de Pentecostés con las llaves, con la revelación que le había sido concedida por el Padre Celestial, abrió la Puerta del Reino de Dios, del Reino de los Cielos. Y la Puerta es Cristo. Abrió la Puerta, abrió la Primera Venida de Cristo a todas las personas, dando a conocer el misterio de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Pues la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, parecía ser una desgracia para Jesús y para su familia, y para todos los discípulos de Jesucristo. Pero Pedro cuando predicó ese glorioso Mensaje el día de Pentecostés, mostró que no era una desgracia, sino que era la Gracia de Dios para los seres humanos manifestada en la Persona de nuestro amado Señor Jesucristo, y que El tenía que morir para poder dar la salvación, la vida eterna, a todos los seres humanos.

Y ahora se abrió la Puerta para que toda persona tenga la oportunidad de recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo; y así ser quitados los pecados del ser humano, y ser bautizado en el Nombre de Jesucristo, para que el Nombre de Jesucristo sea invocado sobre la persona; y la persona pueda recibir el don del Espíritu Santo, y así nacer de nuevo, y así la persona entrar al Reino de Dios, y estar colocada la persona en lugares celestiales en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Y ahora, podemos ver el gran propósito de Dios, y podemos ver cómo es invocado el Nombre del Señor en el bautismo sobre el creyente.

Toda persona que no había sido bautizada en el Nombre del Señor Jesucristo, fue bautizada en el Nombre del Señor Jesucristo, al creer en el Señor Jesucristo. Para poder recibir el don del Espíritu Santo, primero la persona tiene que creer en nuestro amado Señor Jesucristo y tienen que sus pecados ser lavados por la Sangre de Jesucristo, y tiene que ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo.

En el libro de Los Hechos, capítulo 19, San Pablo se encontró con un grupo de creyentes, y miren lo que sucedió... capítulo 19 del libro de los Hechos, verso 1 en adelante:

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos,

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.”

Y sin embargo Juan el Bautista en sus predicaciones había dicho que el que vendría después de él los bautizaría con Espíritu Santo y fuego.

“Entonces dijo (Pablo): ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.”

Pero vean, Juan decía: “Yo les bautizo en Bautismo de arrepentimiento.” Se arrepentían las personas si él los bautizaba. Pero él dijo: “Pero el que viene después de mí, detrás de mí, El les bautizará en Espíritu Santo y fuego.” El dijo: “Porque El es el mayor que yo, más poderoso que yo.”

Dijo Pablo...

Ahora, miren ustedes, el precursor era poderoso, pero el que vendría después de él, al cual él le preparó el camino, es más poderoso que el precursor. Siempre el precursado es más poderoso que el precursor, aunque algunas veces no lo aparente.

“Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.”

Ahora vean, Juan enseñó al pueblo que creyesen en el que vendría después de él. Por eso les habló de uno que vendría después de él, el cual los bautizaría con Espíritu Santo y fuego. Pero vean, todavía habían discípulos de Juan el Bautista que no habían pasado a Aquel que vendría después de Juan. Y como no habían pasado a ser discípulos del que vendría después de Juan, pues no podían recibir las bendiciones que traía el que vendría después de Juan; solamente quedaban con la bendición de haber sido bautizados con bautismo de arrepentimiento, el cual Juan llevaba a cabo.

Y ahora:

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Eran por todos unos doce hombres.”

Y ahora, vean ustedes, Pablo vio que había algún problema por lo cual estas personas no habían recibido el Espíritu Santo, y les pregunta: “¿Ustedes, cómo fueron bautizados? (O sea:) ¿Ustedes en qué fueron bautizados?”

“Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.”

Y ahora, vean ustedes: Pablo encontró la causa por la cual esos discípulos de Juan no habían recibido el Espíritu Santo. Se requería creer en Jesucristo nuestro Salvador, reconocer Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, lavar los pecados en la Sangre de Cristo, ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, invocando sobre la persona el Nombre del Señor Jesucristo, para después recibir el Espíritu Santo.

Hay un orden divino y no podemos pasarle por encima a lo que Dios ya ha ordenado. Por lo tanto, se requiere que el Nombre del Señor Jesucristo sea invocado sobre el creyente.

Y ahora, para los que no han sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, la pregunta es: “¿Por qué te detienes? ¡Levántate! y bautízate, invocando Su Nombre, consciente de lo que representa el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, donde se invoca el Nombre de nuestro Salvador sobre nosotros, que le hemos recibido como nuestro Salvador. Se invoca el Nombre del Salvador, se invoca el Nombre de Aquel que nos ha salvado.

Hemos visto la importancia de invocar el Nombre del Señor sobre el creyente en el bautismo en agua. Y es como una demanda de una buena conciencia el bautismo en agua, es una orden del Señor Jesucristo para todos los que lo han recibido como su Salvador. Su Nombre es invocado sobre todos aquellos que lo han recibido como su Salvador, es invocado al ser bautizada la persona en el Nombre del Señor Jesucristo. Por eso ustedes pueden ver que los apóstoles bautizaban lo más pronto posible a las personas que creían en el Señor Jesucristo.

Del día de Pentecostés dice que las personas que creyeron fueron bautizadas aquel día, y se añadieron a la Iglesia como tres mil personas. ¿Cómo lo hicieron? Pues dice que fueron bautizadas aquel día... vamos a ver...

“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.”

Capítulo 2, verso 40 al 41 del libro de Los Hechos:

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

No puede ser añadida una persona a la Iglesia de Jesucristo solamente porque diga que cree. Sino porque al creer, luego se ha bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, y luego recibe el Espíritu  Santo y entra al Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

¿Cómo harían ellos si fueron todos bautizados aquel día? Irían a un lugar con suficiente agua, y todos los apóstoles estarían bautizando.

Así que ese día fue un día muy grande, muy glorioso, en donde la Iglesia nació con 120 personas; y luego en ese mismo día fue añadida a la Iglesia un grupo de tres mil personas (hombres, no contaron ahí las mujeres)... vamos a ver:

“... y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

¿Recuerdan en el milagro de los panes y los peces, cuando contaron las personas, en una ocasión cuatro mil personas y en otra ocasión cinco mil personas? Dice: “Tantas personas, sin contar los niños y las mujeres.”

Y ahora, vean ustedes como la Iglesia del Señor Jesucristo nació y continúo creciendo, y durante el tiempo de los apóstoles, allá en Jerusalén y en todo el territorio de Israel, la Iglesia fue creciendo tanto, que la religión hebrea tuvo miedo de que el pueblo se convirtiera a Cristo y abandonara todo lo que la religión hebrea y el concilio del sanedrín tenían como religión para el pueblo hebreo. Pero no era que estaban abandonando la religión hebrea, era que lo que estaba prometido en la religión hebrea se estaba cumpliendo, y una Nueva Dispensación estaba comenzando.

Y cuando Dios hace un cambio de dispensación, la gente tiene que pasar de la dispensación que están a la nueva dispensación, no se pueden quedar en una dispensación que ya pasó, sino que tienen que pasar a una nueva dispensación.

Así también estará sucediendo en este tiempo final, porque en este tiempo final un entrelace dispensacional se estaría llevando a cabo, como en los días de Jesús y Juan el Bautista, que un entrelace dispensacional se estuvo llevando a cabo. Y el entrelace dispensacional en este tiempo es: la Dispensación del Reino entrelazándose con la Dispensación de la Gracia, como se entrelazó la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley.

Ya para el reino milenial de Cristo en esta Tierra la Dispensación que estará vigente será la Dispensación del Reino, pero el entrelace se lleva a cabo en este tiempo final.

Ahora, podemos ver el porqué en este entrelace todavía se bautiza a los creyentes en el Nombre del Señor Jesucristo, en el Nombre de nuestro Salvador.

Estamos en un entrelace dispensacional, y pasan a una Nueva Dispensación los que cumplen con los requisitos que han sido establecidos en la Dispensación de la Gracia; y pasarán a la transformación de sus cuerpos los que ya hayan pasado por los requisitos de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizados en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo; o sea, que es para los nacidos de nuevo la promesa del nuevo cuerpo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado; para luego ser todos iguales a Jesucristo, en cuerpo, cuerpo glorificado; y en espíritu, espíritu teofánico; y así ser la Familia de la Realeza Celestial, que con Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores, Rey de la séptima dimensión, de la sexta dimensión y de esta dimensión terrenal, gobernará sobre este planeta Tierra; y con El nosotros también como Reyes y Sacerdotes.

Ahora, podemos ver que en el Programa de Redención el Nombre del Redentor, del Salvador, Jesucristo, es invocado sobre el creyente, cuando es bautizado en el Nombre de nuestro Salvador, de nuestro Redentor: el Señor Jesucristo.

Hemos visto la importancia de invocar el Nombre del Señor sobre el creyente, y hemos visto el porqué lo invocaban los apóstoles sobre todas las personas que ellos bautizaban: porque ése es el Nombre del Redentor, del Salvador. “Dios le ha dado un Nombre que es sobre todo nombre.”

Y ahora, podemos ver la importancia de ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo: porque es ahí donde es invocado el Nombre del Señor sobre el creyente.

“LA IMPORTANCIA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR SOBRE EL CREYENTE.”

Todo creyente que no ha sido bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, la pregunta es: “¿Por qué te detienes? Levántate, bautízate, invocando Su Nombre. Levántate... vamos a leerlo como se lo dijo Ananías a Pablo:

“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su Nombre.”

Y que las bendiciones de Jesucristo sean sobre todos ustedes, y les de el don del Espíritu Santo, y así nazcan de nuevo, nazcan en el Reino de Dios.

Todas las personas que no han sido bautizadas en Su Nombre y quieren que les recordemos en oración, para que la Misericordia de Cristo sea sobre ustedes y El perdone sus pecados, y les de el Espíritu Santo, pueden levantar sus manos, y mientras tenemos el cántico de Erica y América, que nos habla del Hombre que nos transformó, el cual les transformará a todos ustedes también; les dará el Espíritu Santo.

Mientras tenemos el cántico pasará el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, el cual hará la oración por todos los que quieren ser recordados en oración para salvación de sus almas.

Con nosotros el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín.

Y que Dios les bendiga, y les guarde a todos.

“LA IMPORTANCIA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR SOBRE EL CREYENTE.”

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Sábado, 18 de marzo de 2000
La Florida, , Chile

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