El ángel con el mensaje final de Dios


Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos, ministros de diferentes iglesias y miembros de diferentes iglesias presentes en esta ocasión; y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones del Creador de los Cielos y de la Tierra, sean sobre todos ustedes, y sobre mí también.

Para esta ocasión en que el mundo está convulsionado, guerras por todos los lugares, problemas en todas las naciones hay una esperanza que está aquí contenida para los seres humanos y la encontramos aquí en Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7, que nos dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL CONOCIMIENTO DEL ORDEN DIVINO PARA LOGRAR LA PAZ.” Es nuestro tema para esta ocasión.

Las naciones, encontramos que están buscando la paz; porque todas las naciones desean la paz, todos los seres humanos desean la paz, porque sin paz no hay felicidad. Pero, encontramos que cada día las cosas están más difíciles en todas las naciones y cada día surgen más guerras en diferentes naciones, lo cual ya también estaba profetizado por el Espíritu de Dios a través de los diferentes profetas del Antiguo Testamento o antiguo Pacto, y también del Nuevo Testamento; y aun el apóstol Pablo hablándonos de este tiempo, en el capítulo 5 de Primera de Tesalonicenses, versos 1 en adelante, nos dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

En este pasaje el apóstol Pablo nos habla de una paz que va a venir por medio de pactos humanos y cuando digan: “Paz y seguridad (dice San Pablo), entonces vendrá destrucción repentina,” o sea, que eso es para el Día Postrero y nosotros estamos viviendo ya en el Día Postrero; siendo que los días Postreros delante de Dios son los milenios postreros que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Por esa causa, es que el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 1, nos habla de los días postreros y dice que en los días que Dios estaba hablando por medio de Jesucristo en Su ministerio terrenal, eran los días postreros. Dice Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”

Es que esa es la forma en que Dios habla a los seres humanos de Edad en Edad y de Dispensación en Dispensación, por medio de los profetas que Él envía, por eso es que tenemos la Biblia; porque Dios ha hablado por medio de Sus profetas.

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿En qué tiempo nos habló Dios por medio de Jesucristo dos mil años atrás? En los días postreros, es que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. Para Dios de los días de Jesucristo hasta ahora... para nosotros han transcurrido dos mil años, pero para Dios dos días. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, dice: “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Y también el Salmo 90, verso 4, nos habla de lo mismo.

Ahora, sigue diciendo:

“... el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia.”

 ¿Cuál es la imagen de Dios? Cristo en Su Cuerpo angelical, el cual es el Ángel del Pacto que le apareció al profeta Moisés, en el cual estaba Dios. Dios estaba en Su Ángel, el Ángel del Pacto, y por medio del Ángel del Pacto manifestado en Moisés, Dios libertó al pueblo hebreo.

En ese Ángel del Pacto, el cual ya les dije que es Cristo en Su Cuerpo angelical, Dios en ese cuerpo angelical que es la imagen del Dios viviente, como nos dice aquí el apóstol Pablo: “La imagen misma de Su sustancia.” Y en Colosenses, hablándonos de Cristo, vean lo que dice en el capítulo 1 de Colosenses, verso 15, dice:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Entonces, los que veían al Ángel de Dios, ¿a quién estaban viendo? A Cristo en Su Cuerpo angelical, ¿no dice Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 56, al 58? “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; y lo vio, y se gozó.” Le dicen los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Cristo le dice: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Estaba diciendo la verdad, es que ellos pensaban que Cristo existía desde que nació allá en Belén de Judea; lo que nació allí fue su cuerpo físico pero el que estaba dentro de aquel cuerpo, el Ángel del Pacto era antes que Abraham, era antes que Adán también.

Ahora, vamos a ver si el Ángel del Pacto estaba en Jesús, capítulo 3, de Malaquías, verso 1, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”

Todos los que ha leído la Biblia saben que ese mensajero fue Juan el Bautista, el cual vino con el Espíritu y virtud de Elías preparando el camino al Señor, fue el precursor de la primera Venida de Cristo. El mismo Cristo dijo que Juan el Bautista era esa persona; Cristo lo vindicó, lo confirmó como el Elías que tenía que venir en aquellos días. Cristo lo dice en el capítulo 11 de San Mateo, verso 9 en adelante, donde dice:

“Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

Porque éste es de quien está escrito:

He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti.”

Cristo mismo da testimonio de que Juan el Bautista es ese mensajero enviado para prepararle el camino al Mesías, o sea, a Jesucristo. Y en el capítulo 17 de San Mateo, versos 10 al 13, dice luego de bajar del monte de la Transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan, que le acompañaron en donde Cristo se transfiguró delante de ellos y aparecieron Moisés y Elías, uno a cada lado de Jesús y hablaban acerca de la ida de Jesús a Jerusalén. Allí está el orden para la segunda Venida de Cristo y allí estaban algunos que verían la Venida del Señor en visión, allí en el monte de la Transfiguración.

Luego, en este mismo capítulo 17, luego que bajan del monte, dice Cristo en el verso 9 en adelante:

“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Juan el Bautista fue el Elías que le prepararía el camino al Señor para Su primera Venida. Pero no restauró todas las cosas, ¿por qué? Porque de este Elías que vendrá primero y restaurará todas las cosas, vendrá en este tiempo final para la restauración de todas las cosas conforme al Programa Divino; de eso fue que Pedro el apóstol habló en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 18 en adelante donde dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

¿Para qué tiempo el apóstol Pedro señala aquí la Venida del Señor? Dice:

“...a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.”

Para el tiempo de la restauración de todas las cosas es la Venida del Señor, y para la restauración de todas las cosas Jesucristo dijo: “A la verdad Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas,” por eso es que el pueblo hebreo está esperando la Venida de Elías. Cuando Dios promete la Venida de un profeta que ya vino en el pasado; encontramos que es el Espíritu Santo en ese profeta operando el ministerio de aquel profeta que había venido en otra ocasión, por eso Juan el Bautista no era Elías literalmente, pero el ministerio de que el Espíritu Santo estaba operando en Juan el Bautista, era el ministerio de Elías. Tan sencillo como eso; pues el único que tiene ministerios es el Espíritu Santo y él puede operar el ministerio que operó en algún otro profeta, lo puede operar en el que Él quiera en el tiempo presente, y su ministerio es identificado con el nombre de aquel primer profeta en el cual Dios operó ese ministerio.

Por eso cuando también dice Dios a Moisés: “Profeta como tú les levantaré de en medio del pueblo.” ¿Qué será un profeta como Moisés? Pues otro hombre, un profeta dispensacional; por eso los judíos también no solamente están esperando a Elías, están esperando a Moisés. ¿Qué será para los judíos un profeta como Moisés? Será para los judíos el Mesías. Tan simple como eso.

También el apóstol Pedro y los demás apóstoles cuando hablaban de Jesús y de Su ministerio, ya en el libro de los Hechos, y Esteban y Felipe hablaron lo que Dios le había dicho al profeta Moisés que Dios levantaría un profeta como Moisés. Por lo tanto, en el Mesías Príncipe se cumple en Su primera Venida y se cumplirá en Su segunda Venida un profeta como Moisés el cual ha sido prometido.

Ahora, recuerden que esa es la forma en que Dios estará obrando; porque es la forma que Dios prometió que usaría para cumplir Su Programa; veamos como lo dice aquí, capítulo 18, verso 15 en adelante, de Deuteronomio.

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis (así está diciéndole  Moisés al pueblo, porque eso fue lo que Dios le dijo);

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Y ahora, ¿dónde Dios coloca Su Palabra cuando Dios va a revelar Su Palabra a Su pueblo? En la boca del profeta que Él envía; y cuando envíe un profeta como Moisés, eso es un profeta dispensacional, porque Moisés es un profeta dispensacional que le trajo la Ley al pueblo hebreo.

Y ahora, continuemos aquí con Malaquías, ya vimos un cuadro claro de Juan el Bautista, pero Juan el Bautista no fue un profeta como Moisés, pero Jesús sí; para el Día Postrero habrá un profeta como Moisés; por eso es que el pueblo hebreo no le presta atención a los predicadores del Evangelio, el pueblo hebreo como nación no ha aceptado a Cristo, no ha aceptado el Evangelio de Cristo; porque el mandato que tiene el pueblo hebreo es escuchar a un profeta como Moisés que Dios le va a enviar, y ese será un profeta dispensacional.

Ahora, como individuos han entrado muchos judíos al Cristianismo, al recibido a Cristo como Salvador, y aún más, el Cristianismo comenzó con judíos, comenzó en Jerusalén el Día de Pentecostés. Ahora, como nación no ha recibido a Cristo, Dios trata con Israel como nación, con los gentiles como individuos y por eso es que el pueblo hebreo como nación ha estado cerrado al Cristianismo, al Evangelio de Cristo. Ellos están esperando a un hombre, a un profeta que está aquí en la Escritura, dice capítulo 4, versos 5 y 6. [Malaquías].

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible...”

O sea, que es para este tiempo final el día grande y terrible donde la gran tribulación va a cumplirse y donde los juicios divinos van a caer sobre la Tierra, pero antes que ocurra eso Dios enviará a Elías, eso será un hombre en donde el Espíritu Santo estará operando el ministerio del profeta Elías, así está establecido, ellos están esperando a un hombre que venga con ese ministerio, un hombre que venga proclamando la paz imperecedera.

Pero todos los predicadores hablan de la paz y los políticos también, pero ése que ellos están esperando sabrá cómo se obtendrá la paz de acuerdo al orden divino que es diferente a lo que escuchamos hablar normalmente cuando hablan de la paz políticos o predicadores.

Ahora, la paz para el alma sabemos que la trae Cristo y el mismo Cristo es el que traerá la paz para Israel en Su Reino que Él establecerá.

Ahora, sigue diciendo:

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Dios va a herir a la Tierra con maldición y eso es en el juicio o los juicios de la gran tribulación.

Ahora, pasamos nuevamente al capítulo 3, donde nos detuvimos con relación a Elías, ya vimos a Juan el Bautista que fue el Elías de aquel tiempo, precursor de la primera Venida de Cristo.

Y ahora, después de Juan el Bautista, ¿quién vendría? El Mesías, y vamos a ver quién es el Mesías.

“...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis.”

¿A quién buscaba el pueblo hebreo? A Dios, al Padre, al Señor Dios creador de los Cielos y de la Tierra.

“...y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? Dios el Padre, creador de los Cielos y de la Tierra y el Ángel del Pacto; es que el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente, en y a través de ese Cuerpo angelical es que Dios le aparecía a los profetas en el Antiguo Testamento, es el mismo Ángel que le apareció a Moisés, el mismo Ángel que le aparecía a Josué, el mismo Ángel que le apareció a Manoa y a la señora Manoa, Manoa cuando lo vio y trajo su ofrenda para ofrecerla a Dios. En el fuego de ese sacrificio el Ángel subió y entonces Manoa le dijo a su esposa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.” Pero lo que habían visto era el cuerpo angelical de Dios, el Ángel del Pacto; ellos no sabían que era el Ángel de Jehová, pero cuando subió por el fuego se dieron cuenta que era el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová.

Ahora, vamos a ver un poco aquí acerca de este Ángel; porque ese es el Ángel más importante de todos, en el capítulo 23 del Éxodo, versos 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti.”

Y ahora, vean muchas personas y todos los profetas desearon saber, conocer el Nombre de Dios. ¿Y dónde está el Nombre de Dios? Dice que está en Su Ángel, por eso cuando Moisés le preguntó cuál era Su Nombre, le dio el Nombre, Su Nombre que está contenido en esas cuatro consonantes Y H W H, y Moisés escuchó la pronunciación.

Luego, Manoa también quiso conocer el Nombre y no se lo dio a conocer, Manoa no era un profeta, Moisés era un profeta dispensacional; Jacob también quiso conocer el Nombre del Ángel con el cual él luchó; porque es el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, pero no le dio a conocer Su Nombre.

La primera ocasión en que Dios da a conocer Su Nombre fue esa ocasión en que se lo dio a conocer a Moisés, a las demás personas que le habló Dios y dio a conocer algún nombre, algún nombre compuesto, nunca le dio a conocer el Nombre, Su Nombre eterno que le dio a conocer a Moisés. Dios mismo le dice esto a Moisés, en el capítulo 6, del Éxodo, versos 2 al 3, dice:

“Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ.

Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.” Tan simple como eso.

Y ahora, el nombre Jehová no es la pronunciación de esas cuatro consonantes. El nombre Jehová ha sido hecho, es un nombre compuesto que ha sido compuesto teológicamente para hacer una pronunciación del Nombre de Dios; pero Moisés conocía cómo se pronunciaba esas cuatro consonantes.

Ahora, el Nombre está en el Ángel del Pacto, por eso ese Ángel es el que le dará el Pacto o Dios a través de ese Ángel, le da el Pacto de la Ley al pueblo hebreo en el monte Sinaí, a través del profeta Moisés y por eso es que la Escritura dice que la Ley fue dada por comisión de ángeles, o sea, que la Ley fue dada al pueblo hebreo por medio del Ángel del Pacto en el cual Dios estaba, está y estará eternamente, porque ese es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente. Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza; por eso el ser humano también tiene espíritu, el espíritu es la imagen de cada persona; y luego tiene el cuerpo de carne que es la semejanza física.

¿Y cuál es la semejanza física de Dios? Aquel cuerpo que nació en Belén de Judea, llamado Jesús, el cual ya fue glorificado cuando resucitó.

Y ahora, viendo todas estas cosas del Programa Divino, podemos darle gracias a Dios de vivir en este tiempo para comprender estas cosas y conocer más acerca de Jesucristo nuestro amado Salvador, que no es cualquier persona como algunos piensan y creen que recibirlo como Salvador es algo para las personas que no tienen educación o para las personas pobres, pero no para las personas importantes, pues miren el más importante es Jesucristo, está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, es el Rey de los Cielos y de la Tierra, el Rey de reyes y Señor de señores. No hay ninguna persona más importante que haya pisado este planeta Tierra, que nuestro amado Señor Jesucristo.

Por lo tanto, es un privilegio, una bendición recibirlo como único y suficiente Salvador; porque no hay otro Salvador, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Él dijo:

 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” [San Juan 14:6]. O sea, que no hay otra forma para acercarse el ser humano a Dios. Así que lo importante, es el Señor Jesucristo.

Ahora, continuamos aquí con la Escritura, ya vimos que el que vendría después de Juan el Bautista sería el Señor, el Dios, el Padre creador de los Cielos y de la Tierra, y el Ángel del Pacto, o sea, Dios con Su imagen, que es el cuerpo angelical, ese cuerpo angelical es Cristo en otra dimensión, es Cristo en la dimensión de los ángeles, es Jesucristo antes de tener Su Cuerpo de carne. Por eso, Él podía decir:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.” [San Juan 3:13].

 Y estaba en la tierra. No podían comprender ese juego de palabras porque no comprendían que Cristo era antes de tener Su cuerpo de carne, el Cristo es el Ángel del Pacto. Por esa causa en la última Cena que Él tiene con Sus discípulos, en el capítulo 26, versos 26 en adelante [San Mateo], dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, la Sangre del nuevo Pacto, es la Sangre de Jesucristo; porque Él es el Ángel del Pacto y viene a establecer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, viene a establecer ese nuevo Pacto que Él prometió en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36. Por eso el apóstol Pablo hablándonos del nuevo Pacto, nos dice que Dios ha establecido ese nuevo Pacto y por esa causa ahora se ha entrado a un nuevo Pacto y se le llama también el nuevo Pacto o Nuevo Testamento con Dios, al cual millones de seres humanos han estado entrando y obteniendo la salvación y Vida eterna.

El nuevo Pacto encontramos que fue establecido por Cristo al morir en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Miren aquí en Hebreos, capítulo 8, verso 6 en adelante, dice:

“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

Porque reprendiéndolos dice:

He aquí vienen días, dice el Señor,

En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;

No como el pacto que hice con sus padres

El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;

Porque ellos no permanecieron en mi pacto,

Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en la mente de ellos,

Y sobre su corazón las escribiré;

Y seré a ellos por Dios,

Y ellos me serán a mí por pueblo;

Y ninguno enseñará a su prójimo,

Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor;

Porque todos me conocerán,

Desde el menor hasta el mayor de ellos.

Porque seré propicio a sus injusticias,

Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

Y ahora, los creyentes en Cristo han entrado a un nuevo Pacto, el nuevo Pacto que Dios dijo por medio del profeta Jeremías, en el capítulo 21, versos 31 al 36, que Él llevaría a cabo.

Y ahora, bajo el nuevo Pacto estamos bajo mejores promesas con un Sumo Sacerdote, no en el templo terrenal, pues ya fue destruido como esta en el libro del profeta Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27, donde dice que el templo iba a ser destruido,(y ya fue destruido) y que eso sería después de la muerte del Mesías; setenta años después o en el año setenta de la era cristiana, encontramos que el templo fue destruido. Cristo murió por ahí por el año ‘33 de la era cristiana, del calendario que se usa entre los gentiles, el calendario gregoriano.

Y ahora, viendo que Cristo es el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne y habitó en medio de la raza human y fue conocido por el nombre de Jesús, nombre que el Ángel o Arcángel Gabriel le dijo a la virgen María que le pusiera al niño que iba a tener: Salvador, o sea, Jesús o Yeshua en hebreo.

Y ahora, encontramos que Jesús en el capítulo 5, verso 43, de San Juan, dice:

“Yo he venido en nombre de mi Padre.”

El Nombre del Padre estaba en el Ángel del Pacto y el Ángel del Pacto está en Jesús, y está también el Padre en Jesús, está el Nombre de Dios ahí, y el nombre que lleva Jesús es el Nombre del Padre: “Yo he venido en nombre de mi Padre,” por eso, encontramos que Jesús no decía: “Sé sano en tal nombre,” porque Él llevaba el Nombre en Él, Él no tenía que estar usando ningún nombre; porque Él tenía el Nombre. Cuando hacía algún milagro y la gente preguntaban: “¿Quién sanó a tal enfermo?” La gente decía: Jesús, Jesucristo, Jesús, Jesús de Nazaret, ¿ve? Están diciendo el nombre del que hizo el milagro, están diciendo ahí el nombre, porque Él llevaba el Nombre del Padre, el Nombre de Dios estaba en Jesucristo.

Y ahora, podemos ver porque Él ordenó también a Sus discípulos a hacer las cosas, a orar por los enfermos, a pedir en oración a Dios y dijo: “Y todo lo que pidáis al Padre, ¿en qué Nombre? En mi Nombre yo lo haré.” Por lo tanto, podemos ver que Jesucristo es nada menos que el Ángel del Pacto, aquel que le apareció a Moisés, también le había aparecido a Abraham fue uno de los que comió con Abraham, los otros dos eran los Arcángeles Gabriel y Miguel el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, por allá por el capítulo 17 y 18, del Génesis.

Y ahora, Cristo esta en el Cielo con Su Cuerpo angelical y Su Cuerpo físico glorificado como Sumo Sacerdote del templo celestial, ya no hay Templo acá en la Tierra para el sumo sacerdote ministrar y llevar la sangre de la Expiación del macho cabrío al lugar santísimo para el perdón de los pecados del pueblo y para la reconciliación del pueblo con Dios, pero en el Cielo el Templo celestial esta funcionando; porque el templo terrenal, tanto el tabernáculo que construyó Moisés como el templo que construyó el rey Salomón, solamente eran tipo y figura del Templo celestial; por eso Dios fue el que mostró como tenían que hacer el tabernáculo, tenían que hacerlo de acuerdo al diseño que Dios les mostró en el monte a Moisés.

Estos templos como hemos visto son tipo y figura del Templo celestial y allí el orden que ministra en el templo no es el orden de Aarón, no es el orden levítico, sino el Orden de Melquisedec. “Tú eres Sacerdote para siempre según el Orden de Melquisedec,” dice la Escritura. Cristo es el Sumo Sacerdote, Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. El Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo celestial es Jesucristo, haciendo Intercesión con Su propia Sangre la cual llevó al Lugar Santísimo del Templo celestial y la colocó sobre el Propiciatorio, que es el Trono de Dios y allí ha estado por alrededor de dos mil años haciendo Intercesión por todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Pero, algún día Él va a concluir Su labor como el Sumo Sacerdote en el templo terrenal, terminaba su labor ya en la tarde sus labores y salía del templo. Cristo va a terminar Su labor de Intercesor, de Sumo Sacerdote y va a salir del Trono de Intercesión para tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5. Y va por consiguiente a ser, a convertirse en León de la Tribu de Judá; porque Él es Cordero, pero también es León, como Cordero vino en Su primera Venida para morir en Sacrificio Expiatorio por todos nosotros; pero en Su Segunda Venida será como el León de la Tribu de Judá; por eso en Apocalipsis, capítulo 10, cuando desciende del Cielo, Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el librito abierto en Su Mano, clama como cuando ruge un león, o sea, habla como cuando ruge un león y siete Truenos emiten sus voces.

Esa es la Voz de Cristo hablando como León de la Tribu de Judá, ya no habrá Sangre en el Trono de Dios para limpiar de todo pecado a las personas; porque ya se habrá cerrado esa Dispensación de la Gracia. Y ahora, de ahí en adelante el que esté sucio, se queda sucio; no puede ser limpiado sus pecados con la Sangre de Cristo; porque ya habrá salido el Intercesor, el Sumo Sacerdote del Templo celestial, según el Orden de Melquisedec; habrá salido nuestro Abogado.

Dice la Escritura: “Si alguno ha pecado, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo.” Eso es lo que es un Sumo Sacerdote, un Intercesor, intercede por el pueblo ante Dios y eso es lo que Cristo está haciendo por dos mil años allá en el Cielo, en el Templo celestial; pero algún día se va a completar Su Iglesia, se va a completar el número de los elegidos de Dios, pues Dios desde antes de la fundación del mundo tiene la cantidad de personas que vendrían a formar parte de Su Iglesia; así como un padre puede ya tener los nombres de todos los hijos que él desea tener.

Y ahora, Él sabe cuántos van a nacer de nuevo en cada siglo, cuántos van a entrar al Reino de Dios en cada tiempo, naciendo del Agua y del Espíritu escuchando la predicación del Evangelio de Cristo y así naciendo del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo y entrando a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Recuerden que se nace de nuevo y se nace por medio del Espíritu Santo en la Iglesia del Señor Jesucristo; porque ella es la segunda Eva y Cristo es el segundo Adán, y Cristo el segundo Adán se está reproduciendo en hijos e hijas de Dios; lo que tenía que hacer el primer Adán y no lo hizo, ahora el segundo Adán lo está haciendo; y primero es la parte espiritual, se nace en el Reino de Dios que está en la esfera espiritual y se obtiene por consiguiente la Vida eterna, y después vendrá la resurrección de los muertos en Cristo cuando se complete el número de los elegidos de Dios, de los miembros de la Iglesia de Jesucristo; cuando se complete ese número, entonces Cristo terminará Su Obra de Intercesión, resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos, inmortales, glorificados; y a los vivos en Cristo nacidos de nuevo los transformará, y entonces seremos inmortales físicamente, y así entraremos físicamente al Reino de Dios con Vida eterna física y jóvenes para toda la eternidad.

El Programa de Dios es bien sencillo, no lo podemos complicar, Dios está creando una nueva raza con Vida eterna; porque la que desciende de Adán perdió la Vida eterna cuando Adán y Eva pecaron, y lo único que nos dejaron como herencia es una vida temporera que se nos acaba a casi todos antes de los cien años. Pero el segundo Adán, la herencia de Vida que nos da es eterna, Vida eterna. Recuerdan a Cristo hablando en San Juan, capítulo 10, verso 27, cuando dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco (¿desde cuándo Él las conoce? Desde antes de la fundación del mundo), y me siguen, y yo les doy Vida eterna.”

Es para recibir la Vida eterna que se predica el Evangelio a toda criatura, para que reciban la Vida eterna por medio de Cristo, para que vengan a los Pies de Cristo a recibir la Vida eterna; es que Cristo tiene la exclusividad de la Vida eterna y uno tiene que ir al que tiene la exclusividad de aquello que uno desea.

¿Qué otra persona puede darle Vida eterna a usted o a mí? No hay otra persona, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Por eso toda persona que quiera vivir eternamente y escucha el Evangelio de Cristo dice: “Esto era lo que yo estaba esperando escuchar,” nace la fe de Cristo en su alma; porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio y nace la fe de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para Salvación. Y por eso se le da la oportunidad a las personas que escuchen la predicación del Evangelio de Cristo y reciban a Cristo como único y suficiente Salvador, para que Cristo les de Vida eterna y puedan vivir eternamente con Cristo en Su Reino cuando Él lo establezca en la Tierra.

Pero antes tenemos una invitación importante para la fiesta mas importante que se haya llevado a cabo en el Cielo, y esa fiesta tiene un nombre, la fiesta se llama: la Cena de las Bodas del Cordero; y dice la Escritura que son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero (eso está en Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10). El Ángel que le aparece al apóstol Juan le dice que “son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero,” le dice también que “estas son Palabras fieles y verdaderas.”

Y ahora, yo fui invitado, escuché la invitación y recibí a Cristo; y ahora espero estar en esa gran fiesta, la fiesta más importante que se ha llevado a cabo en el Cielo, allí estarán los ángeles de Dios también, no van a estar en otro sitio. Así que va a ser una fiesta muy importante para los creyentes en Cristo nacidos de nuevo de todos los tiempos, pues van a estar todos allí, vamos a estar todos allí con cuerpos eternos y glorificados, y jóvenes para toda la eternidad.

Recuerden que en la resurrección se resucita en cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad; por eso fue que cuando Cristo resucitó no lo conocían, los mismos que habían caminado con Él no lo conocían, en la resurrección es en cuerpo glorificado.

Y ahora, “EL CONOCIMIENTO DEL ORDEN DIVINO PARA LOGRAR LA PAZ.”

La paz permanente, la paz imperecedera va a ser lograda en el Reino del Mesías. El Príncipe de paz, el Mesías en Su Reino cuando lo establezca en la Tierra, traerá la paz para Israel, para todo el Medio Oriente, y para todas las naciones; pero mientras llega ese momento Él trae la paz para el corazón, para el alma de cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador. Por eso San Pablo en Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22, dice que “Cristo es nuestra paz, el cual de ambos pueblo hizo uno quitando la pared de intermedio de separación.”

Y ahora, nos coloca en la familia de Dios como hijos e hijas de Dios. La familia de Dios son los hijos e hijas de Dios.

Y ahora, Cristo es la cabeza de esa familia, o sea, nuestro hermano mayor, Él es nuestro amado hermano mayor que murió por nosotros para que nosotros podamos vivir eternamente.

Ya yo aseguré mi futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Si hay alguno que todavía no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado y sea bautizado en Su Nombre en agua; y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así tenga asegurado su futuro eterno.

Recuerden que podemos asegurar nuestro futuro eterno con Cristo mientras vivimos en esta tierra, cuando ya la persona muere ya se le hizo demasiado tarde; lo primero que la persona tiene que asegurar es su futuro eterno, el mismo Cristo lo dijo, cuando dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y las demás cosas serán añadidas.”

Los que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo pueden hacer en estos momentos, pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y le dé la Salvación y Vida eterna.

Recuerde que para recibir la Vida eterna es que escuchamos el Evangelio de Cristo y lo recibimos como único y suficiente Salvador. Ustedes están aquí porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida y por eso han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo. La Escritura dice: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Él te está llamando, porque tu nombre está escrito en el Cielo.

Recuerdan en una ocasión que Cristo envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio en diferentes lugares, de dos en dos los envió, y cuando regresan, regresan muy felices diciéndole a Cristo: “Mira, aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo le dice a ellos: “No os gocéis de que los espíritus se sujeten en mi Nombre, gozaos de que nuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Vuestros nombres están escritos en el Cielo y por eso ustedes están aquí en esta ocasión escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Uno viene a saber que nuestro nombre está escrito en el Cielo cuando escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en nuestra alma, mientras tanto uno no sabe eso.

Recuerden que hay un Libro, el Libro de la Vida donde están escritos los nombres de las personas; y está la sección que se llama el Libro de la Vida del Cordero, que son los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, y serían redimidos por Jesucristo nuestro Salvador; esos serían los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Cristo tiene mucho pueblo en esta ciudad de Matamoros, Tamaulipas, República Mexicana; y también en todas las ciudades de la República de Mexicana y los está llamando en este tiempo final y en toda la América Latina, Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final, y en muchas otras naciones también. El llamado final de Dios, la gran Voz de Trompeta, la Trompeta final de la cual habla en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 al 58. Es el tiempo del llamado final de Dios, está representado en la gran Voz de Trompeta o Trompeta final.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, tu nombre está escrito en el Cielo, eres una oveja del Señor y Él es tu Pastor y mi Pastor, Él es el buen Pastor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos segundos. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo puede venir para que Cristo le reciba en Su Reino. Recuerde las Palabras de Cristo, ya vimos que Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra y es un privilegio grande recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Miren lo que Cristo dice en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Queremos que Él nos confiese delante del Padre celestial como creyentes en Él, en Cristo personas que luego han recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

También tenemos la Escritura de San Juan, capítulo 3, versos 35 al 36, dice:

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Aquí tenemos lo que será para los creyentes en Cristo: Vida eterna, y para los rehúsan creer en Cristo la ira de Dios; nosotros escogimos la Vida eterna.

Y ahora, en San Marcos, es importante conocer esto, porque así nuestra fe en Cristo se afirma cada día más. Vean en el capítulo 8 de San Marcos, versos 36 en adelante, dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Esa es la realidad bíblica a la cual todos tenemos que enfrentarnos estando vivos, para que así sepamos elegir nuestro futuro; y queremos un buen futuro para nosotros y para nuestros hijos, queremos la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ya vamos a orar por las personas que han venido a los pies de Cristo, con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados, los que están presentes y los que están en otras naciones.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y produzcas en mí el nuevo nacimiento luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre. Quiero vivir contigo en Tu Reino, quiero vivir eternamente.

Sálvame, Señor, yo de todo corazón acepto Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados, Señor, Sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id y predicad el evangelio a toda criatura en todo el mundo. El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible, pues es un mandamiento del Señor Jesucristo. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En una ocasión en que Juan el Bautista estaba bautizando en el Jordán, llegó Jesús, entró al Jordán, a las aguas del Jordán, donde Juan estaba, se para frente a Juan y Juan cuando lo ve le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia;” y entonces lo bautizó. Y si Cristo dice que conviene cumplir toda justicia, a Él, siendo bautizado por Juan, cuánto más nosotros tenemos la necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual se ha estado cumpliendo a través de estos dos mil años, desde el Día de Pentecostés, donde como tres mil personas fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, conforme al libro de los Hechos, en el capítulo 2, versos 35 en adelante. Dice:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y luego dice aquí en el verso 41:

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas en agua y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo, y así ha sido todo el tiempo: las personas escuchan la predicación del Evangelio, reciben a Cristo como Salvador, son bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en las personas el nuevo nacimiento; y así ha estado siendo añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo todos los que han de vivir eternamente con cuerpos eternos y glorificados, y “el Señor añadía cada día a Su Iglesia (dice) los que han de ser salvos.”

Eso es importante para todos los seres humanos: saber que Cristo añade a Su Iglesia los que han de ser salvos, los que han de vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Una persona no puede vivir en el Reino de Cristo si no lo ha recibido como su Salvador, Él es el dueño de ese Reino.

Así que, es importante saber que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua.

Y luego el bautismo en agua dice el apóstol Pedro, lo cual fue tipificado por el bautismo de agua del diluvio sobre el planeta Tierra, dice:

“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.” [Primera de Pedro 3:21].

Y ahora, el agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, el bautismo es tipológico y es un mandamiento del Señor Jesucristo, donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Conscientes del simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del señor Jesucristo. Si tienen bautisterios y ropas bautismales y ministros que le bauticen, bien pueden ser bautizados. Y que Dios los les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con nosotros aquí el ministro, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL CONOCIMIENTO DEL ORDEN DIVINO PARA LOGRAR LA PAZ.”

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Martes, 08 de diciembre de 2009
Ciudad Juárez, , México

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