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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Génesis, capítulo 1, verso 1 también, y dice:

" En el principio creó Dios los cielos y la tierra."

El viviente, el Dios viviente, creó los Cielos y la Tierra.

"EL DIOS VIVIENTE." El que tiene vida en Sí mismo, Creador de los Cielos y de la Tierra.

El ser humano ha estado buscando el origen de la creación, y últimamente han descubierto (me han informado) que antes de la creación había un poder, había una energía, y ese es un buen descubrimiento, porque están llegando al origen realmente de la creación; a quién originó la creación están llegando.

A través de la Escritura se nos habla del Dios viviente. Josué habló del Dios viviente, Daniel también; en el libro de Daniel se habla del Dios viviente, cuando Daniel fue echado en el foso de los leones, pero veamos lo que nos dice, Daniel, capítulo 6, verso 18 en adelante dice:

"Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.

El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones.

Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?

Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre.

Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.

Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios."

Aquí podemos ver que el rey mismo le llama al Dios de Daniel: el Dios viviente. El rey Darío, y el rey Ciro también, encontramos que fueron reyes a los cuales Daniel sirvió.

Y ahora, tenemos aquí el nombre del Dios viviente al cual como Darío le llamó al Dios de Daniel. El Dios viviente envió Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es nada menos el Ángel de Dios que le apareció a Adán, a Abel, a Set, a Noé, a Abraham y a un sinnúmero de personas creyentes en el Dios viviente, le apareció también a Jacob.

Ahora, es un misterio y es el misterio más grande de la Biblia, y es el misterio más grande en medio de la raza humana: el Dios viviente, Él es el que origina toda la creación. Ahora nos preguntamos acerca de Dios, ¿y qué fue lo primero que surgió visible? Porque se habla de Dios, del Dios invisible, pero hay muchas personas que han dicho a través de la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, que han visto a Dios y conversaron con Dios y Dios conversó con ellos.

Jacob dice: "Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma," (Génesis, capítulo 32,versos 24 al 32). También Elohím, con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, o sea, Dios con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, visitaron a Abraham en Génesis, capítulo 18 y 19, y comieron con Abraham.

También encontramos a Manoa, al cual le apareció un Ángel (en el capítulo 13 del libro de los Jueces), le apareció primero a la esposa de Manoa, y luego a Manoa a petición de Manoa que oró a Dios para que enviara ese Ángel que le había aparecido y hablado a su esposa, la señora Manoa, y le había dicho que ella iba a tener un niño; ella era estéril e iba a tener un niño, y ese niño iba a librar a Israel, era uno de los jueces en la lista de los jueces.

Y Manoa pide a Dios que envíe nuevamente el Ángel, ora a Dios (era un creyente en el Dios viviente) y Dios envía al Ángel, le repite lo mismo que le había dicho a la señora Manoa, porque Manoa le pregunta: "¿Que tú fuiste el varón que le apareciste a mi esposa y le dijiste tales cosas? ¿Qué se debe hacer? ¿Cómo se debe criar al niño?" el Ángel le dice: "Como yo le dije a tu esposa, como yo le dije a ella, así debe ser criado el niño."

Manoa le dice: "¿Cuál es tu Nombre? Para que cuando se cumpla lo que has dicho, te honremos," el Ángel le dice: "¿Por qué preguntas por mi Nombre?" y no le dio a conocer cuál era Su Nombre. Manoa le dice que le va a preparar una comida, el Ángel le dice: "Si vas a ofrecer, ofrendar algo, ofrécelo a Dios," lo trae el cabrito guisado, lo coloca sobre una roca, y ahí lo ofrece a Dios, y cuando está subiendo el fuego, el Ángel subió en la llama de fuego y entonces Manoa dice que era el Ángel de Dios, supo que era el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová. Primero pensó que era alguno de los Ángeles, pero ahora se da cuenta que es el Ángel de Dios, y le dice a su esposa, la señora Manoa: "Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara." La señora Manoa le dice: "No hemos de morir, porque si no, no nos hubiese prometido que vamos a tener un niño." Por la lógica ella sabía que no iban a morir.

Y ahora, encontramos que Manoa dice que vieron a Dios cara a cara. Luego seguimos, continuamos viajando a través de la Escritura, y muchas otras personas dicen también que vieron a Dios, y también que Dios les hablaba. Por ejemplo, tenemos el caso de Moisés, al cual le apareció una luz, una llama de fuego, en un árbol, una zarza, y él fue a ver por qué la zarza no se quemaba, no se consumía, y fue a ver esa visión; supo que era una visión, fue allá, cuando llega, desde la Luz oye la Voz que le dice: "Moisés, Moisés, quita los zapatos, las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas, santo es. Yo soy el Dios de Abraham, y aún más: Yo soy el Dios de tu padre (o sea, de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob." ¿Cómo ese Ángel dice que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Siendo el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, ahí está el misterio divino.

Cuando Dios, el Dios viviente, encontramos que creó al ser humano, en Génesis, capítulo 1, versos 26 en adelante, dice:

"Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."

Y ahora, Dios dijo que haría al hombre conforme a Su imagen y semejanza, y aquí cuando crea al hombre, lo crea a Su imagen. ¿Y qué pasó con la semejanza? La semejanza la lleva a cabo en el capítulo 2, verso 7 del Génesis, donde dice:

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente." (La segunda parte, la lleva a cabo en el capítulo 2).

Ahora, la imagen de Dios: para poder estudiar al Dios viviente, que es nuestro tema en esta ocasión, tenemos que entonces saber cuál es la imagen del Dios viviente y cuál es la semejanza del Dios viviente, porque Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza."

A través de la Escritura escuchamos hablar de Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahí tenemos a Dios con Su imagen y semejanza; vamos a continuar viendo para que así tengamos el cuadro claro de quién es Dios y cómo es Dios, el cual es el Creador de los Cielos y de la Tierra. San Juan, capítulo 1 nos da a conocer mucho acerca del Dios viviente. Todos los que dijeron que vieron a Dios cara a cara, estaban correctos; pero ahora vamos a ver lo que nos dice San Juan, capítulo 1, verso 18, y aparentemente es una contradicción, pero en la Biblia no hay contradicciones, capítulo 1, verso 18 dice:

"A Dios nadie le vio jamás..."

Y ahora, aparentemente todo lo que dijeron esos hombres de Dios y esos profetas: que vieron a Dios y hablaron con Dios, ahora este verso (aparentemente) dice lo contrario:

"A Dios nadie le vio jamás (pero aquí está la explicación); el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer."

Todos los que vieron a Dios, hablaron con Dios, y Dios les habló, lo que vieron fue la imagen de Dios, que es el cuerpo angelical de Dios, que es llamado también el unigénito Hijo que está en el Seno del Padre. Ese es el Verbo que era con Dios, en el mismo capítulo 1 de San Juan, dice:

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho."

Todas las cosas fueron hechas por el Verbo que era con Dios y era Dios, el Verbo es el Unigénito Hijo de Dios, es el Ángel del Pacto, es el cuerpo angelical de Dios, salió de Dios, y en ese cuerpo angelical Dios ha morado y ha hablado a existencia toda la creación; Dios manifestando Su poder creador, trajo a existencia toda la creación, hablando a existencia toda la creación:

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra," dijo Dios, y las cosas venían a existencia, así llevó a cabo la creación de los Cielos y de la Tierra. El Verbo que era con Dios y era Dios es el Hijo de Dios porque salió de Dios.

Cuando sale de alguien, entonces eso viene a ser hijo, y de quien sale, es padre. Por ejemplo, tenemos muchas cosas: el padre de la medicina, el padre de tal cosa, y así por el estilo, porque surgió de esa persona. Y cuando se dice: "Padre Abraham," el padre de todos los descendientes de Abraham, porque salieron de él, y Dios es el Padre de la creación, porque la creación salió de Él.

Ahora, el Verbo que era con Dios y era Dios, vean ustedes, dice la Escritura que por Él fueron hechas, dice:

"Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho."

La creación y en la creación no tiene intervención ninguna otra persona, no existían; el Verbo que era con Dios y era Dios, es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente, dice:

"En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres."

En Él estaba la vida, y todo lo que vino a vida, a existencia, salió de Él:

"La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (o sea, Juan el Bautista).

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz."

Recuerden que el Verbo que salió de Dios, lo primero que se ve es una luz tenue, suave, y por eso aparece Dios en luz, en esa Columna de Fuego:

"Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció."

Ahora vean, Dios por medio de esa Luz, que es el Verbo, que es el Ángel del Pacto, creó todas las cosas:

"...el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron (¿y cómo vino al pueblo hebreo? vamos a verlo).

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios."

Esa luz verdadera que alumbra a todo hombre, el Verbo, tiene un Nombre. Dice:

"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios."

Son engendrados por el Espíritu Santo, no es por medio de nacer de un hombre y una mujer, es por creer en Cristo como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre, Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento, de lo cual le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, cuando le dijo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Espíritu, no puede ver el Reino de Dios."

Así como para ver el reino terrenal en el cual vivimos tuvimos que nacer. Y luego le dice, por cuanto Nicodemo no entendía y pensó que tenía que entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo, le explica: "El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios."

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo y obtener así el nuevo nacimiento. Tan simple, tan sencillo como eso es el nacer de nuevo, nacer en una nueva raza, en una raza con Vida eterna que está creando Dios a través del segundo Adán que es Jesucristo.

Y los hijos que tenían que venir por medio de Adán y Eva allá en el principio, que tenían que venir con Vida eterna, serían los creyentes en Cristo; pero hubo una brecha, y entonces, por causa del pecado, han estado viniendo hijos e hijas de Adán y Eva con vida temporal, porque ellos perdieron allá el derecho a vivir eternamente, al pecar.

Pero los hijos con Vida eterna y para Vida eterna, luego vendrían más adelante por medio del segundo Adán, que es Jesucristo, por medio de ese nuevo nacimiento en el cual entrarían descendientes de Adán y Eva, obtendrían el nuevo nacimiento y entrarían al Reino de Dios con Vida eterna.

Ahora, hablando del Verbo que era con Dios y era Dios y que vino a este mundo:

"A lo suyo vino (al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios."

Vean, esos son los creyentes en Cristo, los que han creído en Él, han creído en Su Nombre, han obtenido el nuevo nacimiento y han obtenido la Vida eterna. Sigue diciendo el verso 14 de este mismo capítulo 1 de San Juan:

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad."

El Verbo que era con Dios, a través del cual Dios creó todas las cosas, y que es el Ángel del Pacto, y que es el Espíritu Santo, y que es la imagen del Dios viviente, ahora se hizo carne y habitó en medio de la raza humana, y fue conocido por el Nombre de Jesús, y se le llama: Señor Jesucristo, porque Dios lo ha hecho Señor y Cristo.

Y ahora, estamos viendo el misterio del viviente, el Dios viviente. En cuanto a la creación, leemos en Colosenses, capítulo 1... este es el tema más difícil y más importante de todos los temas sobre el cual puede hablar una persona, y puede ser hablado ese tema en el campo científico o en el campo religioso. Dice Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante:

"Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (los santos en luz tienen una herencia: son hijos de Dios, son herederos de Dios);

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, del reino de las tinieblas y el príncipe de las tinieblas que es el maligno, el diablo, nos ha librado Dios de ese reino), y trasladado al reino de su amado Hijo (hemos sido trasladados al Reino de Jesucristo),

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados."

Solamente por medio de la Sangre de Cristo hay redención, tenemos redención y perdón de pecados. Sigue diciendo el verso 15:

"El es la imagen del Dios invisible..."

Y ahora, llegamos al misterio de la imagen de Dios, la imagen del Dios viviente es Cristo en Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová, el cual es el mismo Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, es Cristo en Su cuerpo angelical, es la imagen del Dios viviente, y por eso también el ser humano tiene espíritu, esa es la imagen de la persona: el espíritu que tiene la persona, porque Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, le creó un cuerpo espiritual llamado: espíritu, como Dios tiene un cuerpo espiritual llamado el Espíritu Santo o Ángel del Pacto, el cual es el Espíritu, el Ángel con la unción o presencia de Dios, a través del cual Dios creó todas las cosas, es el cuerpo angelical de Dios.

Y ahora, aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, así como nosotros hemos sido hechos carne para habitar en este planeta Tierra. Y ahora, el cuerpo de carne que tenemos es la semejanza física que nosotros tenemos para vivir en esta Tierra.

Y ahora, ¿cuál es la semejanza de Dios, la semejanza física de Dios? "Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros," el Verbo hecho carne, conocido por el nombre de Jesús, es la semejanza física de Dios, y la imagen de Dios es Cristo en Su cuerpo angelical, dice aquí:

"Él es la imagen del Dios invisible..."

El Dios invisible se ha hecho visible por medio de Su imagen que es llamada el Unigénito de Dios, el Unigénito Hijo de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical. Recuerden a Jesucristo hablando en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, hablándole a los judíos les dice:

"Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy."

¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el cual visitó a Abraham con dos Arcángeles, Gabriel y Miguel, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y comió con Abraham, almorzó con Abraham (capítulo 18 y 19 del Génesis).

Y ahora, leemos también lo que dice Hebreos acerca de la imagen de Dios, capítulo 1 de Hebreos, verso 1 al 3... recuerden que estamos estudiando quién es el Dios viviente, el Dios de la Biblia. Es importante conocer al Dios de la Biblia, porque en el Dios de la Biblia está depositada nuestra fe a través de Jesucristo nuestro Salvador. Capítulo 1, verso 1 al 3 de Hebreos, dice San Pablo:

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿cómo hablaba Dios? por medio de los profetas),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo."

Vean, en los días de Jesús ya habían comenzado los días postreros delante de Dios, que son los tres milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, y en la actualidad ya estamos en el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá conforme al calendario gregoriano.

Y ahora vean, nos dice que Dios nos ha hablado en estos postreros días por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo." Dios creó el universo por medio de Cristo en Su cuerpo angelical en el cual estaba Dios hablando a existencia todas las cosas.

Ahora podemos comprender quién es Jesucristo antes de venir en carne humana, el Unigénito Hijo de Dios, a través del cual Dios creó todas las cosas:

"El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (¿ven? Ahí nos dice San Pablo que Cristo es la imagen misma de Su sustancia), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas."

Dios por medio de Cristo creó todas las cosas, Dios por medio de Cristo sustenta todas las cosas con la Palabra de Su poder y por medio de Cristo, Dios otorgó el cuerpo físico de carne en Sacrificio vivo llevando nuestros pecados y muriendo por nuestros pecados en la Cruz del Calvario. Y luego de morir, ser sepultado y resucitar al tercer día, luego se sentó en el Trono celestial a la diestra de Dios; la diestra significa el poder, porque el que está en el Trono es el que tiene el poder.

Por eso Él dijo luego en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20: "Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra," porque el que está sentado en el Trono celestial tiene el poder de los Cielos y de la Tierra. Y ahora, pasamos nuevamente a Colosenses, el verso 15 nos dijo:

"Él es la imagen del Dios invisible..."

Y la imagen es el cuerpo angelical que aparece en algunas ocasiones en una Columna de Fuego, y luego habla desde la Columna de Fuego, pero el que ha aparecido a muchas personas en la forma de un hombre, un Ángel, una persona de otra dimensión; de esa luz ha aparecido un hombre hablando:

"Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación (el primero, dice la Escritura que es el primero y el último, el Alfa y Omega).

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten."

Y ahora, siendo que Él es antes que todas las cosas y que todas las cosas por Él fueron hechas y que en Él fueron creadas todas las cosas, entonces podemos ver lo que hubo antes de la creación del universo: la imagen del Dios viviente, esa luz, la Columna de Fuego, el Pilar de fuego de donde aparece ese Ángel, un hombre, el Verbo que era con Dios y era Dios; y la Columna de Fuego, ese resplandor, esa gloria en la cual está envuelta el Ángel del Pacto, vean, aparece en diferentes ocasiones a través de la Escritura.

"Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo," y cuando vino, fue el Verbo hecho carne, se hizo carne, creó en el vientre de la virgen María una vida, la vida la creó ahí, y ahí surgió la vida de ese cuerpecito que nació y fue llamado Jesús, se hizo carne ahí, en el vientre de María, el Verbo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo. Fue por obra y gracia del Espíritu Santo la vida que surgió ahí en el vientre de María, fue creación divina.

Y luego, al nacer, le fue puesto por nombre Jesús que significa Salvador, Redentor, porque esa sería la Obra que Él llevaría a cabo en beneficio de la familia humana. Él mismo dijo: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida." ahí se identifica como la luz verdadera que alumbra a todo hombre, el Verbo que era con Dios y era Dios y se hizo carne para llevar a cabo la Obra de Salvación, de Redención, "porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido," (San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14).

Y ahora, el cuerpo de Jesús que nació de la virgen María es la semejanza física de Dios, la imagen de Dios es el cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, que es también llamado el Espíritu Santo, y la semejanza de Dios es el cuerpo físico llamado Jesús, que nació, vivió y murió en la Cruz del Calvario y resucitó glorificado y se sentó en el Trono de Dios en el Cielo, y todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra.

Algunas personas pueden pensar: "¿Y entonces Dios se quedó sin poder y se quedó sin Trono?" No, Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo, Dios estaba en Su cuerpo de carne, cuerpo en el cual moró Dios, y ya glorificado mora también en ese cuerpo que está sentado en el Trono de Dios.

Todas las cosas que Jesús hacía, los milagros, y lo que predicaba, Él decía que no hablaba nada de Sí mismo, sino lo que escuchaba al padre hablar, y que no hacía nada de Sí mismo, sino que el Padre que moraba en Él, era el que hacía las Obras.

Era Dios en medio de la raza humana, Emanuel, dice Isaías, capítulo 7, verso 14: "Porque he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará Su nombre Emanuel," ¿y qué significa Emanuel?, San Mateo, capítulo 1, verso 18 en adelante dice, hablando del nacimiento de Jesús:

"El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David (le dice a José: hijo de David, porque José es descendiente del rey David, es un príncipe), no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es."

María también es decendiente del rey David, por lo tanto es una princesa, aunque fueran pobres, el título no lo pierden, y Jesús: un Príncipe, eso es lo que anuncia la Escritura que sería el Mesías. Vamos a continuar leyendo:

"Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (le pone por nombre Jesús, el ángel le dice que le coloque por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados, el nombre Jesús significa: Salvador, Redentor).

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros."

Emanuel, Dios con nosotros, o sea que el que nacería sería Emanuel, o sea, sería Dios con nosotros, y le pondría por nombre, a Dios con nosotros en un cuerpo de carne, le pondría por nombre Jesús, Salvador; no le puso por nombre Emanuel, sino Jesús. En el capítulo 9 de Isaías, verso 6 en adelante dice:

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro (el principado, por lo tanto es el heredero al Trono de David ese Príncipe)... el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte (¿Dios qué? Dios fuerte), Padre eterno (Padre eterno también), Príncipe de paz."

Este niño que nacería, que sería el Mesías y que es Jesús que nació de la virgen María, miren todo lo que es Él, es Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz:

"Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto."

Y ahora, hemos visto que el que nació de la virgen María es este Príncipe de Paz; es nada menos que Emanuel, Dios con nosotros, el Dios fuerte, el Padre eterno, el Creador de los Cielos y de la Tierra, vestido de un cuerpo humano llamado Jesús.

Ese cuerpo llamado Jesús es la semejanza física de Dios, y luego que murió llevando nuestros pecados y pagando el precio de la Redención, luego dejó en el infierno, al originador del pecado, que es el diablo, le dejó todos los pecados de la familia humana.

Él llevó nuestros pecados, Dios cargó en Él, en ese cuerpo llamado Jesús, los pecados de todos nosotros, y así cumplió también lo que Él dijo: "Yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvar al mundo." Esa fue la forma en que el mundo fue salvado en aquel momento, en aquel tiempo en que estaba la humanidad condenada a desaparecer por los pecados, como sucedió en el tiempo de Noé.

Pero al Cristo tomar nuestros pecados, así salvó a la humanidad, Juan el Bautista cuando vio a Jesucristo en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36 dijo: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo," ¿cómo lo quitó? Pues tomándolos, haciéndose pecado por nosotros y muriendo por nuestros pecados en la Cruz del Calvario.

Si no tomaba nuestros pecados, no podía morir, Él decía: "Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar," y para poner Su vida tuvo que tomar nuestros pecados para que se cumpliera en Él; Él lo ha dicho: "La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es Vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."

Y ahora, Él siendo el eslabón entre el ser humano y Dios, tomó nuestros pecados, el mismo Dios, el mismo Dios en Su cuerpo de carne, llamado Jesús, tomó nuestros pecados y se hizo pecado por nosotros, Jesús, y tomó la sentencia del juicio divino contra el pecado, que es la muerte, por eso murió.

Gracias a que murió, y murió en el lugar correcto allá en Jerusalén, por lo cual no tenemos que estar criticando a los judíos por la muerte de Cristo, estaba en el Programa Divino para la salvación de judíos y gentiles, y por consiguiente damos gracias a Dios por el pueblo hebreo y por la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario allá en Jerusalén. El mismo Cristo dijo: "Padre perdónalos, no saben lo que hacen."

Por lo tanto, estaba en el Programa Divino que Cristo muriera en Jerusalén en la Cruz del Calvario, y eso estaba en la mente de Dios, y para probar que eso estaba en la mente de Dios, tenemos la Escritura que nos habla, está hablando de los hijos de Dios y está hablando también de la bestia, del anticristo que persigue a los hijos de Dios, y dice que a la bestia la adoraron las personas que no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero [Apocalipsis 13:7-8], vamos a leerlo, dice:

"Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos (contra los creyentes en Cristo). También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo."

El Libro de la Vida del Cordero es el Libro sellado con siete Sellos en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, el cual Cristo toma en el Cielo en el tiempo final, lo abre en el Cielo, como León de la tribu de Judá lo presenta al anciano, Juan lo ve como el Cordero de Dios porque así lo conoció en la Tierra a Jesucristo. No es un Cordero literal ni un León literal, es Jesucristo, el cual es el Cordero de Dios y el cual también es el León de la tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores.

También encontramos en el capítulo 17, verso 8, hablando acerca de la bestia y también de las personas que no tienen sus nombres escritos en el Cielo, dice:

"La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será."

Y ahora, podemos ver que está el Libro de la Vida en el Cielo, en donde están escritos los nombres de los hijos e hijas de Dios que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo. En una ocasión, cuando Cristo envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio, y echar fuera demonios, a sanar enfermos, y a resucitar muertos, van y predican el Evangelio, echan fuera demonios, sanan enfermos, a los leprosos también los sanan, resucitan muertos, y cuando regresan, le dicen a Jesús: "Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu Nombre."

Cristo envió a predicar y hacer milagros en el Nombre Suyo, usando el Nombre del Señor Jesucristo, la Escritura dice: "Y todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo."

Y ahora, encontramos que desde antes de la fundación del mundo están escritos en el Cielo los nombres de los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, y hay otra sección en ese Libro de la Vida, llamada esa sección: la sección del Libro de la Vida, donde están personas escritas que pueden ser borradas de esa sección, pero en la sección del Libro de la Vida del Cordero, que corresponde a los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, de ahí no puede ser borrado ningún Nombre.

Cristo, cuando salvó a cada uno de los escritos en el Libro de la Vida del Cordero y los llamó en esta Tierra y materializó la salvación en ellos, esas personas no se pueden perder. Cristo dijo: "Ninguno se perdió, sino el hijo de perdición," el hijo de perdición, que fue Judas, estaba en la otra parte de donde pueden ser borrados los nombres de las personas.

Cristo, en una ocasión, en esa ocasión cuando los mandó a predicar y a echar fuera demonios y sanar enfermos, cuando regresan, vienen muy felices diciendo: "Los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre," o sea, los mandan a salir de las personas y salen; Cristo les dice: "No os gocéis de que los espíritus, los demonios, se os sujetan en mi Nombre a ustedes, les obedecen, no se gocen de eso, gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos." Eso es lo importante, por eso murió Cristo en la Cruz del Calvario.

En una ocasión Cristo, hablando en San Juan, capítulo 10, dice: "Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen..." capítulo 10, verso 27 en adelante de San Juan, dice:

"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna..."

Vean a quién le da Vida eterna Cristo: a Sus ovejas, a los que oyen Su Voz, Su Evangelio:"Id y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado." (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).

"...y yo les doy Vida eterna."

La persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en el alma de la persona, porque con el alma, con el corazón, se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. O sea, que la persona, luego de nacer la fe de Cristo en su alma al escuchar la predicación de la Biblia, del Evangelio de Cristo, porque la fe viene por el oír la Palabra, luego nace la fe de Cristo en su alma, y cree para justicia, y luego confiesa públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador. Recuerde que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33:

"A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (y también dijo).

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos."

Si le confesamos como nuestro Salvador, Él nos confiesa delante del Padre celestial como creyentes en Él que lo hemos recibido como nuestro Salvador. Si le negamos delante de los hombres, si no creemos, si no lo confesamos como nuestro Salvador, entonces Él nos niega como creyentes en Él, como parte de Sus ovejas, y entonces el Padre no nos da la entrada a Su Reino eterno. "El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios," dijo Cristo en San Juan, capítulo 3, a Nicodemo. Sigue diciendo:

"Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (no perecerán jamás, vivirán eternamente), ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos."

Y ahora, parece una contradicción: hablando del Padre y ahora dice que el Padre y Él son uno. También en el capítulo 14 de San Juan, verso 6 en adelante dice:

"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto."

¿Y cómo estaban viendo al Padre? ¿Y cómo estaban conociendo al Padre?

"Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras."

Y ahora, el misterio de Dios el Padre y de Cristo lo está mostrando Cristo aquí; esto es de lo cual también San Pablo hablaba en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, cuando dice:

"Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento."

Conocer el misterio ¿de quién? de Dios el Padre y de Cristo. Aquí Cristo, en el capítulo 14 de San Juan, lo explicó, por eso Él dice: "El que me ha visto a mi, ha visto al Padre, el Padre que mora en mí, Él hace las obras," es que el cuerpo físico llamado Jesús, es el velo de carne de Dios, es el cuerpo físico de Dios, es la semejanza física de Dios, y el cuerpo angelical de Jesucristo, llamado el Ángel del Pacto, llamado el Ángel de Dios o Ángel de Jehová, o llamado Espíritu Santo, es ese cuerpo angelical de Cristo, la imagen del Dios viviente.

Por eso "a Dios nadie le vio jamás (Dios el Padre), el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer." Dios el Padre se reveló a través de Su imagen que es el Hijo del Dios viviente, es el Hijo Unigénito de Dios, salió de Dios; Cristo decía: "Salí del Padre y vuelvo al Padre, salí de Dios y vuelvo a Dios."

Y ahora, hemos visto el misterio de Dios el Padre y de Cristo, Dios el Padre tiene un cuerpo angelical, esa es Su imagen, es el cuerpo angelical de Jesucristo llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios o el Verbo que era con Dios y era Dios; y tiene una semejanza física, el cual es o la cual es el Verbo hecho carne, el Verbo hecho carne es llamado Jesucristo, Jesús. Ese cuerpo físico que nació de la virgen María es la semejanza física de Dios.

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, por eso Cristo podía decir: "El Padre y Yo, una cosa somos," por eso podía decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. El cuerpo físico de Dios, la semejanza física de Dios, es Jesucristo en Su cuerpo físico; la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios, es Cristo en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, el cual le dio ese pacto al pueblo hebreo en el monte Sinaí a través de Moisés.

Por eso la Escritura dice en Hebreos, capítulo 2, y el libro de los Hechos, capítulo 7, que la Ley fue dada por comisión de Ángeles; fue el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, el que dio al pueblo hebreo la Ley, o Dios por medio del Ángel, por medio de Su cuerpo angelical, le dio la Ley al pueblo hebreo.

Esa es la forma en que ha sido visto Dios el Padre: por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, el Unigénito Hijo de Dios. Y encontramos luego que se hizo carne, el Verbo se hizo carne, el Ángel del Pacto se hizo carne, el Espíritu Santo se hizo carne en aquel cuerpecito llamado Jesús, que nació a través de la virgen María, y por consiguiente encontramos ahí a Dios en toda Su plenitud en Jesús: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Ese es el misterio de Dios el Padre y de Cristo, misterio grande pero sencillo para entenderlo, tan sencillo que todos lo pueden entender. Les voy a leer un lugar y luego les doy la cita:

"¿Quién subió al cielo y descendió?"

En San Juan, capítulo 3, dice: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo." Ahora dice este Proverbio, Proverbios, capítulo 30, verso 4 en adelante:

"¿Quién subió al cielo, y descendió (¿quién subió al Cielo y descendió?)?

¿Quién encerró los vientos en sus puños?

¿Quién ató las aguas en un paño?

¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?

¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?"

Y ahora, teniendo el conocimiento de que Cristo dijo: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió, el Hijo del Hombre que está en el cielo," el cual es Cristo. Y ahora:

"¿Cuál es su nombre...? (Señor Jesucristo)."

Si lo sabes, ¿cuál es Su Nombre?: Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso. El cuerpo angelical de Dios es llamado el Hijo Primogénito de Dios o el Hijo Unigénito de Dios, porque antes no tuvo ni después tendría Él... después tampoco saldría, por eso es Unigénito, pero también la Escritura dice que Dios tiene muchos hijos, ¿cómo? A través del Unigénito vienen todos los demás hijos, porque Cristo es el primero, el Unigénito, el único, y en Él fueron creadas todas las cosas, de Él saldrían todas las cosas, toda la creación: el Universo con todo lo que tiene, el Universo visible, pero antes el Universo invisible, porque lo que se ve es hecho de lo que no se veía, y en Él estaban todas las cosas: lo invisible y lo visible; reinos, principados, huestes celestiales, todo eso, ángeles, querubines, todo eso está en el mundo invisible, y después se materializa en el mundo visible las cosas que hay en la creación invisible.

Primero Dios creó al ser humano en el mundo invisible, y después le dio la parte visible, que es el cuerpo del polvo de la tierra, le dio la semejanza física. Primero le dio la imagen que es del mundo invisible, del mundo de los espíritus; del mundo de los espíritus es el cuerpo angelical de Dios llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, es un cuerpo teofánico, y esa es la imagen del Dios viviente, Cristo en Su cuerpo teofánico, en Su cuerpo angelical. Y Cristo en Su cuerpo de carne es la semejanza física de Dios.

Por eso, así como cuando una persona ve el cuerpo suyo, dice: "Estoy viendo a fulano de tal," y dice el nombre suyo. Así pasa con Cristo: cuando las personas estaban viendo a Jesucristo, Cristo decía: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre," estaba viendo al Padre en el cuerpo humano, cuerpo de carne, que Él se creó en el vientre de María, era Emanuel: Dios con nosotros.

En una ocasión, cuando Cristo resucitó al hijo de la viuda de Naín, que había muerto y lo llevaban a enterrar, la gente dijo: "Dios ha visitado a Su pueblo porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros." Esa es la forma en que Dios visita a Su pueblo: a través de carne humana, y a través de Cristo estaba Dios en toda Su plenitud, la plenitud de la Divinidad moró en Jesucristo y mora en Jesucristo, esto es Padre, Hijo y Espíritu Santo; todo estaba en Jesucristo, porque Él es la imagen y también la semejanza física del Dios viviente, no hay otra explicación para dar a conocer al Dios viviente. En Colosenses, que estábamos leyendo, sigue diciendo:

"Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia (verso 18 del capítulo 1 de Colosenses)...Y él es la cabeza de cuerpo que es la iglesia..."

La cabeza de la Iglesia es Jesucristo, de Él viene la Iglesia del Señor Jesucristo, y la Iglesia viene a ser la segunda Eva y Cristo viene a ser el segundo Adán para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios, y por consiguiente nacen en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su Cuerpo Místico de creyentes.

Así como Eva era parte de Adán, la Iglesia es parte de Cristo, así como Adán fue herido en el costado y de su costado sacó una parte Dios, una costilla, para formar a Eva, y para que por medio de Eva se reprodujera, se multiplicara Adán, Cristo fue herido en el costado en la Cruz del Calvario y salió agua y Sangre de Él, y de Sus heridas, de Su herida nace la Iglesia del Señor Jesucristo.

Del Sacrificio de Cristo, de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es que nace la Iglesia del Señor Jesucristo el Día de Pentecostés, y por medio de la Iglesia Cristo se está reproduciendo en muchos hijos e hijas de Dios, por eso los miembros de la Iglesia son hijos e hijas de Dios, descendientes de Dios, y nuestro hermano mayor es Jesucristo:

"Y él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado (¿cómo?)

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro."

Y ahora, podemos ver que por medio de Cristo nosotros hemos sido reconciliados con Dios por medio del cuerpo de Su carne que murió en la Cruz del Calvario por todos nosotros. Por lo tanto, es importante entender estas cosas para estar firmes en la fe de Cristo sin movernos en ningún momento de la fe en Cristo.

Es importante comprender estas cosas para así tener segura la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tenemos que estar bien firmes para no perder la corona de la vida. La Escritura nos habla acerca de estar firmes, y nos habla también de los que hablen en contra de Cristo. Dice capítulo 2, verso 22, de Primera de Juan. Dice:

"¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo."

Y ahora, el que niega a Cristo como Salvador, como Redentor, es anticristo, pueden decir: "Era un profeta, era un hombre bueno," pero eso no basta, si lo niega, si niega a Jesús como el Cristo, si niega que Jesucristo es el Cristo, el Ungido, el Mesías, esa persona que lo niega se convierte en un anticristo, y hay muchos anticristos. Sigue diciendo también...

Así que cualquier persona que le diga que Jesús no es el Mesías, no es el Ungido, no es el Cristo, sepa que le quiere desviar de la Vida eterna, le quiere desviar de la salvación, no preste atención a personas que le digan que Jesús no es el Mesías, que Jesús no es el Cristo. Mesías, Ungido, y Cristo, es lo mismo. Capítulo 5, verso 1 de Primera Juan dice:

"Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él."

Y ahora, todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; el que no cree que Jesús es el Cristo, pues no dice que es nacido de Dios. Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Ungido, es nacido de Dios, ha obtenido ese nuevo nacimiento, es un creyente en Cristo, está en el Cuerpo Místico de Cristo, y tiene Vida eterna.

Estas son las personas que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo en orden de parte de Cristo de ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, "y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado." (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y por cuanto "con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación," estas son las personas en las cuales nace la fe de Cristo, creen, y lo confiesan como único y suficiente Salvador, y así están recibiendo a Cristo en su alma, en su corazón, y Cristo entra y habita en él en Espíritu Santo, y se cumple lo que Él dijo: que el que lo ama, será amado por el Padre, y dice: "Y vendremos a él, y haremos con él morada."

Mora Cristo en el corazón, en el alma de la persona, produciendo así el nuevo nacimiento en la persona, y lo mismo es para la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes: mora en medio de Su Iglesia, y por consiguiente Dios está en Su Iglesia manifestándose y viene a ser el Cuerpo Místico de Cristo a través del cual Cristo en Espíritu Santo obra en esta Tierra, y en el individuo como individuo el Espíritu Santo obra en la persona y lo usa en Su Programa del tiempo en que la persona está viviendo.

Eso es así para todos aquellos que han creído en Cristo como su Salvador, como el Mesías, como el Cristo, y lo han recibido y han sido bautizados en agua en Su Nombre, arrepentidos de sus pecados, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en ellos el nuevo nacimiento.

Cuando Pedro predicó el Día de Pentecostés su primer mensaje, abriéndose allí la Dispensación de la Gracia, miren ahí lo que sucedió, capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 36 en adelante, dice:

"Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (por eso le llamamos a Jesús: Señor Jesucristo, en Él está la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, el Padre... decía Él: "El Padre que mora en mí, Él hace las obras).

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."

Como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor. Y luego el verso 47 dice que ellos después estaban siempre:

"Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos."

¿Dónde son colocados los que han de ser salvos? En la Iglesia del Señor Jesucristo. La Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los creyentes en Cristo, está esperando también la segunda Venida de Cristo con los muertos que va Él a resucitar, los traerá del Paraíso y les dará cuerpos nuevos y eternos y glorificados, y a los que vivimos nos transformará, y entonces todos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Por lo tanto, los que hayan recibido a Cristo como Salvador y murieron, están seguros en el Paraíso viviendo en sus cuerpos angelicales, cuerpos espirituales; pero regresarán a la Tierra en la Venida del Señor para tomar, recibir, un cuerpo físico glorificado, eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Y los que estemos vivos en ese momento, y los veamos, seremos transformados, y entonces tendremos cuerpos jóvenes que representarán de 18 a 21 años de edad, cuerpos inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos que no se pondrán viejos, cuerpos que no morirán, cuerpos glorificados. Todo eso para el tiempo en que esté sonando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la predicación del Evangelio del Reino juntamente con la predicación del Evangelio de la Gracia. La Final Trompeta: la predicación del Evangelio del Reino, el mensaje final de Dios, para todos los seres humanos.

Y ahora, es la oportunidad para toda persona, que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, recibirlo como Salvador, sabiendo, conociendo, el misterio de Dios el Padre y de Cristo. Es que el Padre tiene un cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical y es la imagen del Dios viviente, llamado también el Espíritu Santo; y tiene un cuerpo físico, Dios tiene un cuerpo físico llamado Jesús, que nació de la virgen María y está glorificado, y en Él Dios habita con Su cuerpo espiritual y está sentado en el Trono celestial de Dios.

Así que, podemos ver que Jesucristo es Emanuel: Dios con nosotros, Dios vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús; ese es el misterio divino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como el ser humano es un misterio también: es alma, que equivale al Padre; es espíritu, que equivale al Ángel de Dios o a la imagen de Dios o Espíritu de Dios (el espíritu del ser humano es un cuerpo espiritual parecido al cuerpo físico, pero de otra dimensión), y es cuerpo físico de carne, que equivale al cuerpo físico de Dios, a la semejanza física de Dios equivale la semejanza física nuestra que es el cuerpo físico, pero va a ser cambiado, va a ser glorificado, como el cuerpo físico de Jesucristo fue glorificado también; nunca más puede morir, y nunca más podrá morir el cuerpo glorificado que hemos de recibir los creyentes en Cristo.

Si hay alguno que todavía no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, lo puede hacer en estos momentos. Ya escuchó la predicación del Evangelio de Cristo en el tema: "EL DIOS VIVIENTE," y ahora la fe de Cristo nació en su alma y ahora sabe por qué Cristo tuvo que morir y que Dios estaba en Cristo reconciliando al ser humano con Él.

Pudimos ver cómo es que Cristo, que Jesucristo es Dios, y que Dios es Jesucristo, ahora podemos comprender por qué Él dijo: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre," y por qué pudo decir: "El Padre y yo una cosa somos."

Así como usted, que es alma viviente, puede decir: "Mi espíritu y mi cuerpo una cosa somos; mi alma, mi cuerpo, y mi espíritu, una cosa somos." Alma, espíritu, y cuerpo, es el ser humano.

Dios tiene mucho pueblo aquí en el Estado de Tabasco, en la ciudad de Villahermosa, y en todas las ciudades del Estado de Tabasco, y los está llamando en este tiempo final, y en toda la República Mexicana, y también en toda la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final.

Es que el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida. "Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos, en el cielo, en el libro de la Vida." Por lo tanto, ustedes escucharían el Evangelio de Cristo en este tiempo final. Todo eso está determinado por Dios desde antes de la creación.

Usted desde antes de la creación, desde antes de la creación del Universo, Dios colocó el nombre suyo y el mío en el Libro de la Vida, para en este tiempo escuchar el Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en nuestra alma, creer, y recibirlo como nuestro Salvador dando testimonio público de nuestra fe en Cristo.

Es una Obra divina la que ha sido hecha en usted y en mí. No es por lo mucho o poco que usted haya estudiado, es porque su nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, en el Libro de la Vida del Cordero están los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, y por eso usted responde a la predicación del Evangelio de Cristo.

Todavía vienen más personas que como ustedes han recibido el llamado en el alma, en el corazón, de la Voz de Cristo en este tiempo final. Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues Cristo dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos." Dios tiene lugar en Su Reino para los niños también. Por eso también los presentamos a Dios por medio de Cristo; cuando nacen se presentan a Dios, son presentados a Dios, el ministro ora y los encomienda a Dios para que desde que nacen ya estén en el Reino de Dios.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, todavía pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están presentes y los que están también en otras ciudades de la República Mexicana, en otros auditorios, en otras Iglesias, y también los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos.

Dios está llamando para entrar a la Cena de las Bodas del Cordero. Dios está llamando a los últimos. En la parábola de la cena que hizo un rey a su hijo, cena de boda, luego de ir por ciudades y por todos los lugares llamando a la cena, y trayéndolos a la cena, luego el Siervo, el Espíritu Santo, dice: "Se ha hecho como mandaste, y todavía hay lugar," hay lugar en el Reino de Cristo, hay lugar en el Cuerpo Místico de Cristo, todavía, para los últimos que entrarán a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, y esa es la parte más importante en nuestro tiempo, porque ya las edades pasaron, y ahora nos encontramos en un tiempo paralelo al de Noé y también al de Lot y Abraham, y al de Jesús; nos encontramos en el tiempo más importante de la historia del Cristianismo.

Para los creyentes en Cristo es la Edad de Oro, la etapa más gloriosa en donde se completará la Iglesia del Señor Jesucristo; no sabemos cuánto tiempo durará esta etapa, pero al final, al final serán transformados los creyentes en Cristo, y los que murieron serán resucitados, porque este es el tiempo de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta; por lo tanto, es el tiempo más glorioso para el Cristianismo, para todos los creyentes en Cristo que viven, y para los que murieron también, porque van a regresar a la Tierra para obtener el cuerpo glorificado, el cuerpo nuevo y eterno y joven, que Cristo les dará. Eso es de acuerdo a Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 11 al 21, y Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, donde nos dice que estamos esperando la Venida del Señor.

¿Y para qué estamos esperando la Venida del Señor? Para nuestra transformación, y para nuestra transformación primero tenemos que recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento.

Hay un Programa Divino de Redención, de Salvación y Vida eterna, por eso dice San Pablo, dice capítulo 3, verso 20 al 21 de Filipenses:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."

Con ese poder que Él tiene va a transformar nuestros cuerpos en Su Venida. Somos ciudadanos celestiales porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, el que nace en la Tierra a través de sus padres terrenales tiene la ciudadanía del país en que nació. Pero el que nace de nuevo, del Espíritu Santo, del Agua y del Espíritu, nace del Cielo, porque el nuevo nacimiento no es terrenal sino que es celestial, es del Cielo, de la nueva Jerusalén o Jerusalén celestial, y por consiguiente es ciudadano de la Jerusalén celestial.

Para esas personas, esas personas son las que están esperando la Venida del Señor, son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo esperando la Venida del Señor para nuestra transformación y resurrección de los creyentes que murieron; resucitarán en cuerpos glorificados, y los que estemos vivos seremos transformados y entonces tendremos cuerpos glorificados como el de Jesucristo nuestro Salvador que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Cuando lo veamos, no vamos a ver un ancianito, vamos a ver un joven que representará de 18 a 21 años de edad, y cuando Él nos vea transformados, nos va a ver también en una apariencia física de 18 a 21 años de edad.

Así será para los creyentes en Cristo que van a ser transformados, y para los que van a ser resucitados también, porque han creído en el Hijo de Dios, en Jesucristo nuestro Salvador, en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y han obtenido el nuevo nacimiento. Han visto a Dios en Jesucristo velado y revelado al ser humano por medio de Cristo.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos y nuestros ojos cerrados, los que están presentes y los que están en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, he creído en Tu Sacrificio expiatorio en la Cruz del Calvario para salvarme a mí y a todo aquel creyente en Ti. Señor, sálvame, haz realidad Tu salvación en mi vida. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, Tu Nombre eterno y glorioso, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: "Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?" es la pregunta de lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es tipológico, y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, por eso nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El Señor Jesucristo, cuando Juan el Bautista estaba predicando y bautizando en el Jordán, fue desde Nazaret, de allá del territorio donde Él vivía allá en Galilea, bajó a Judea, fue hasta el territorio donde Juan estaba bautizando, allá en el Jordán, entró al Río Jordán donde estaban entrando muchas personas para ser bautizados por Juan el Bautista, y cuando le llegó su turno, se paró frente a Juan el Bautista en el Jordán, en el agua, y Juan le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?"

Recuerden que según la carne eran primos, porque María y Elisabet, la madre de Juan el Bautista, y María la madre de Jesús, eran parientas, y se habían visitado, y por consiguiente, por lo que vemos cuando niños ellos se conocían. Pero luego Juan pasó mucho tiempo en otro lugar y ya quizás no se vieron por algún tiempo.

Ahora, Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia," y entonces lo bautizó; y vio al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús, y después Juan decía: "Éste es aquél del cual yo decía que después verían uno mayor que yo, el cual les bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; éste es Él, éste es del cual yo daba testimonio de estas cosas, y yo vi el Espíritu Santo descender sobre Él en forma de paloma y permanecer sobre Él; el que me mandó a bautizar me dijo que sobre el que yo viera el Espíritu Santo descender en forma de paloma y permanecer sobre Él, ese sería el Mesías, y yo le vi descender sobre Jesús." Y lo presentó como el Mesías.

Si a Jesús le convenía ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más a nosotros. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Recuerden que cuando recibimos a Cristo como Salvador, la persona muere al mundo. Cuando lo sumerge en las aguas bautismales el ministro, está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados ustedes que están aquí presentes y los que están en otros países que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Andrés Cruz Gallego para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Pasen todos muy buenas tardes.

"EL DIOS VIVIENTE."

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