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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros de diferentes iglesias, congregaciones de la República Mexicana, y también los que están a través del satélite Amazonas o de Internet en diferentes lugares.     Mis saludos y aprecio y agradecimiento por el respaldo que le han estado dando a la Campaña “Alcemos nuestra voz: Paz en Tierra Santa,” la cual fue un éxito, la manifestación que se llevó a cabo en estos días, la concentración que se llevó a cabo en 19 países simultáneamente. Esto fue el jueves, jueves pasado, el día 10, y fue un total éxito. Mi aprecio y felicitaciones a los coordinadores que trabajaron arduamente para la logística y todas las cosas concernientes a estas actividades en todos los países, y a todos los que participaron en esta importante concentración en el país en el cual cada uno vive y participó. La campaña “Alcemos nuestra voz: Paz en Tierra Santa” continúa hasta que haya paz en Tierra Santa, así que continuaremos trabajando por la paz de Tierra Santa y por consiguiente de todo el Medio Oriente y de toda la humanidad.     La Escritura dice que busquemos la paz y la sigamos, por lo tanto si se busca para seguirla, entonces hay una forma para encontrarla.     Ya vieron las tomas en video, o parte, de algunos países, y pueden entrar a Internet para ver el resto que se estará colocando sobre la campaña “Alcemos nuestra voz: Paz en Tierra Santa” y sobre la concentración que se llevó a cabo el día 10, el jueves 10 de este mes de noviembre en cada país. De seguro habrá más trabajo, porque siempre cuando comenzamos o hacemos algo, se multiplica y hay que trabajar más, aparece más trabajo.     También no solamente personas de iglesias sino de diferentes organizaciones, académicas y políticas también, personas del campo político y demás entidades sin fines de lucro y otras entidades, y también del campo del comercio, también han participado y participarán porque todos deseamos la paz en Tierra Santa. Si hay paz en Tierra Santa, se extiende hacia todo el Medio Oriente, y por consiguiente, hacia el mundo entero; así como se extendió el Evangelio de Cristo a todas las naciones, pero vino ¿de dónde? De Tierra Santa, de Tierra Santa vienen muchas bendiciones para todas las naciones, porque la promesa es que en Abraham y su simiente, la cual es Cristo, serán benditas ¿qué? todas las naciones.     Así que, ya hemos localizado el lugar de donde vienen las bendiciones para todas las naciones, por lo tanto hay que proteger el lugar, buscar la paz para ese lugar.     Ahora buscamos la Escritura en San Juan, capítulo 12, versos 20 en adelante, donde nos dice Jesús, dice:     “Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.     Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.     Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.     Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.     De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.     El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.     Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.     Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.     Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.     Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado.     Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros.     Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.     Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.     Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.”     Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “EL PADRE HONRA AL SERVIDOR.”      El Padre honra a toda persona que sirve a Cristo, Él mismo nos dijo:     “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”     Por lo tanto, hay grandes bendiciones para todas las personas que sirven a Cristo, que sigan a Cristo, y seguir a Cristo significa creer en Él, creer en Su Palabra, haberlo recibido como Salvador, haber sido bautizado en agua en Su Nombre, y haber recibido Su Espíritu, y Él haber producido el nuevo nacimiento en las personas. Esas personas han sido bendecidas grandemente, y se cumple en ellas lo que dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del agua (o sea del Evangelio) y del espíritu (del Espíritu Santo) no puede entrar al Reino de Dios.”     Pero si nace del agua, del Evangelio de Cristo, porque oye, cree, y lo recibe como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, ha producido en la persona el nuevo nacimiento, por lo tanto ha nacido en el Reino de Dios, ha entrado al Reino de Dios, y por eso su ciudadanía ¿dónde está? Su ciudadanía está en el Cielo como una persona que ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios, y por consiguiente ha recibido el Espíritu de Cristo y tiene un cuerpo teofánico, angelical, llamado el ángel que tiene cada persona.     ¿Recuerdan cuando Pedro estuvo en la cárcel y fue libertado por el Señor? Y llegó Pedro a la casa donde estaban orando por él, toca la puerta, y una joven llamada Rode va para abrir la puerta, y cuando escucha, cuando se acerca a la puerta y escucha que es Pedro, porque conocía la voz de Pedro, de seguro les había predicado y ella estaba pendiente al mensaje que Pedro predicaba, por lo tanto conocía la voz de Pedro, así como conocemos la voz de nuestros familiares, ella conocía la voz de Pedro, y de gozo no abrió la puerta. Va a los que están dentro de la casa y les dice: “Es Pedro el que está llamando a la puerta,” y ellos le dicen: “Rode, estás loca.” No creían que era Pedro, pero ella sí sabía que era Pedro.     Así sucede cuando Cristo resucitó de entre los muertos. Muchos escucharon que Cristo había resucitado, las mujeres que lo habían visto decían: “Ha resucitado; lo vimos, habló con nosotras y nosotras con Él.” Pero, ¿qué pensaban de ellas? Que estaban locas, no creían lo que ellas decían. Pero Él apareció, y aún viendo a Jesús, no creían que era Él. O sea que lo veían, y por cuanto la resurrección es en cuerpo glorificado, y el cuerpo glorificado es joven, de 18 a 21 años de edad, y ellos habían visto por última vez en la cruz a Jesús, y algunos cuando fue bajado de la cruz envuelto en sudario, algunos quizás lo vieron, y sobre todo las mujeres, y lo vieron todo golpeado, desfigurado; y ahora que aparezca un joven, no creían que era Él.     Ahora, cuando les hablaba a los caminantes de Emaús ardía el corazón de ellos como un fuego cuando les citaba las Escrituras, y les mostraba que el Mesías tenía que pasar por esas etapas, por esas situaciones. Y les censuró su incredulidad, de que no habían creído lo que las mujeres habían dicho, las creyentes que habían dicho que había resucitado Jesús.     Y cuando llegan a Emaús, ya es de tarde, ya ha caído el sol, y por consiguiente ya está comenzando un nuevo día para los judíos, y Él hace como que se va, como algunas veces cuando vamos con alguna persona y sabemos que va a entrar a algún negocio a comer algo, o a la casa, le decimos: “Bueno, ¡nos vemos!” para que nos inviten a comer algo; no vaya a ser que se les olvide. Entonces Él hizo como que iba de largo, y le dicen: “No, no te vayas; quédate con nosotros.” Les gustó lo que les estaba hablando Jesús a ellos, y les estaba hablando lo que correspondía al momento, y mostrándole por las Escrituras: la Ley y los profetas y los Salmos, todo lo que hablaba la Escritura acerca del Mesías, acerca de Jesús.     Pero ellos no sabían que Él estaba hablando de Él mismo; y cuando entran, sirven la mesa, y Él toma el pan, da gracias al Padre, bendice el pan, lo parte y da a los discípulos, se dan cuenta que lo que estaba haciendo era lo mismo que Jesús hacía cuando estaba con ellos; y les fueron abiertos los ojos: “¡Pero si es Jesús!” Y ahí desapareció, porque el cuerpo glorificado, por cuanto es interdimensional, puede aparecer y desaparecer, como el cuerpo angelical también puede aparecer y desaparecer, puede ser visto, los ángeles pueden ser vistos si se dejan ver, y si no, pues, nadie los puede ver porque están en otra dimensión. Y el cuerpo glorificado tiene esas cualidades también, se puede viajar, pues en este cuerpo viajamos a pie; pero para viajar más lejos necesitamos: o bicicleta, o automóvil, o aviones, y si es más lejos, pues entonces ser enviados en esos equipos que envían a la Luna o a otros planetas.     Pero no queremos ir en esas naves a esos lugares, tenemos la promesa de que será en carros de fuego. Y ya Elías se fue en uno. Y por cuanto no dice que Jesús se fue en uno, pues decimos: “En la forma en que Jesús se fue, nos va a llevar también a la Cena de las Bodas del Cordero;” ya con cuerpos eternos, inmortales, cuerpos glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo.     Porque el cuerpo glorificado es la imagen o la semejanza física de Dios, ese es el cuerpo glorificado de Jesucristo; y la imagen física nuestra, actualmente es nuestro cuerpo físico, y la semejanza física nuestra es el cuerpo físico que tenemos. Y la semejanza física que vamos a tener será el cuerpo glorificado igual al de Jesucristo, y la imagen es el espíritu, el cuerpo angelical, que cada persona tiene, el ángel del Señor que acampa en derredor de los que le temen y los defiende. Cada persona tiene un ángel un cuerpo angelical, que es un espíritu, es un cuerpo de otra dimensión.     Por eso muchas veces cuando la persona sale...o duerme, viaja, ¿y cómo viajó si su cuerpo está en la cama? Viajó en el cuerpo espiritual; así fue transportado Juan el apóstol al Día del Señor en su cuerpo angelical, su cuerpo espiritual; fue transportado en espíritu, y por eso vio, y oyó, y luego escribió las cosas que le fueron mostradas.     Es importante saber todas estas cosas para poder comprender que tenemos una herencia porque somos hijos e hijas de Dios, y por consiguiente herederos de Dios, porque son los hijos los que heredan al Padre, y coherederos con Cristo.     Siempre el mayor, el primogénito, tiene una doble herencia, por lo tanto Cristo, como el Hijo primogénito de Dios, tiene doble herencia: es heredero de los Cielos y de la Tierra, es heredero del mundo invisible y del mundo visible, es heredero de todo. Pero son los creyentes en Cristo coherederos con Él, a todo lo que Cristo es heredero, son también coherederos los creyentes en Él.     Por ejemplo, Él dice, Cristo dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” Pero en otro lugar dice, por ahí, por San Mateo: “Vosotros sois la luz del mundo,” ¿ve? Él también es la Estrella resplandeciente de la mañana, la Columna de Fuego, y los creyentes en Él son estrellas, y aún los mensajeros de cada edad están representados en estrellas; y por eso Cristo en Apocalipsis, capítulo 1, tiene en Su mano siete estrellas: los siete mensajeros de las siete edades. Y cuando usted ve eso en Apocalipsis, capítulo 1, verso 2 en adelante, ¿cuántas estrellas usted ve? Yo veo ocho. “Pero si son... dice que son siete estrellas que tiene, que se ven,” sí, pero el que las tiene es la Estrella mayor, es Cristo; siete estrellas en la mano de la Estrella resplandeciente de la mañana.     Por lo tanto, todo lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Cristo; a todo lo que Él es heredero, son coherederos con Él todos los creyentes en Cristo, por lo tanto tienen una herencia grande, la herencia de los hijos e hijas de Dios en el Cielo, la cual corresponde a Cristo y a los creyentes en Cristo como coherederos.     La Vida eterna pertenece a Cristo. Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo, en Jesucristo. Y dice: “En Él estaba la vida,” y todavía está. Él dijo:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna...”     ¿Quién nos da Vida eterna? Cristo, porque Él tiene la exclusividad de la Vida eterna. “Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, y en Él estaba la Vida, y la Vida era la luz de los hombres (San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante).Y aquel Verbo fue hecho carne (hecho hombre), y habitó entre nosotros (en medio de la raza humana, entre los seres humanos) (y vimos Su Gloria, Gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad (lleno de gracia y virtud).”     El Verbo que era con Dios, o sea, cuerpo angelical de Dios, el Ángel del Pacto, recuerden que es llamado también el Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical es el Espíritu Santo, es el Ángel del Pacto, por eso la Ley fue dada por comisión de ángeles; fue Dios a través de Su cuerpo angelical que dio la Ley en el Monte Sinaí a Moisés para que le entregara al pueblo hebreo.     Por eso es que Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” ¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, era Cristo en Su cuerpo angelical, y por consiguiente, esa es la imagen del Dios viviente. San Juan, capítulo 1, verso 18, dice, y lo vamos a leer directamente:     “A Dios nadie le vio jamás...”     ¿Y cómo dicen algunas personas a través de la Biblia, desde el Génesis en adelante, que vieron a Dios? Como Abraham, que comió con Dios, con Elohim, en el capítulo 18 del Génesis y en el capítulo 19, y recibió la visita, había recibido la visita (en el capítulo 14) de Melquisedec, que es Rey de Salem, o sea, Rey de paz. Él es nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical, el cual es el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el orden celestial de Melquisedec, por eso está en el Cielo como Sumo Sacerdote desde que subió al Cielo haciendo intercesión por todos los que lo reciben como Salvador, y manteniendo limpios con Su Sangre a todos los que ya creyeron y cometen alguna falta, error o pecado, y lo confiesan a Cristo, Cristo con Su Sangre los limpia de todo pecado.     Por lo tanto, el cristiano no puede desanimarse en la vida si ha cometido algún error, falta o pecado, porque tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo que se compadece por nosotros, el cual fue tentado en todo, así dice la Escritura; por lo tanto puede compadecerse de nosotros si confesamos a Cristo nuestras faltas, errores o pecados, por lo tanto no se quede usted atascado en que en algún momento le falló a Dios, y que ya se acabó para usted la Vida eterna. No, usted fue salvo por Cristo, y Él dice que ninguno se va a perder, por eso San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30, dice:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás...”     Cristo, cuando salva a una persona, la salva para toda la eternidad.     “...y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.             Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”     Por eso nos habla San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30:     “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”     Para el día de la redención física, porque ya hemos recibido la redención espiritual, ya tenemos Vida eterna en nuestra alma, ya el cuerpo espiritual angelical que tenemos tiene Vida eterna, y ahora nos falta (ya tenemos la adopción espiritual), nos falta la adopción física, que es la redención del cuerpo, la glorificación para los que están vivos, esa transformación que está prometida, y para lo que murieron la resurrección en cuerpos eternos, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad.     Eso es la adopción, esa es la redención del cuerpo, y para eso hay que estar en la etapa de adopción de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Edad de Piedra Angular, la edad de oro de la Iglesia del Señor Jesucristo. ¿Y por qué tiene que ser en esta edad en este tiempo final? Porque no sucedió en tiempos pasados, aunque ellos creían que sería en su tiempo, porque así tiene que estar el creyente todo el tiempo en el ciclo divino o edad que le toca vivir, creyendo que será en su tiempo la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos; y eso lo fortalece para mantenerse firme en la fe de Cristo.     Y pensar, si muere, no hay ningún problema, va al Paraíso, vive allí una temporada, y en la resurrección en la Venida de Cristo será resucitado en cuerpo glorificado. Estar en el Paraíso es muy bueno, no hay problemas como los hay acá, pero es mejor estar acá porque acá se trabaja en la Obra del Señor, se puede hacer algo en favor del Programa Divino; allá, pues, están tranquilos, ya no tienen nada para hacer, para trabajar, porque ya su tiempo de trabajo en la Tierra terminó. San Pablo decía: “Quisiera estar ante la Presencia de Dios, de Cristo, pero por amor a vosotros, por el bien del pueblo, de la Iglesia, prefiero permanecer acá” Porque estando en la Tierra podía ayudar, trabajar, predicar, dar más conocimiento a la Iglesia, fortalecer a los creyentes en Cristo, establecer más congregaciones, y ayudar a todos los ministros.     Por lo tanto, la acción es acá en la Tierra, mientras estamos en estos cuerpos; la recompensa será de acuerdo a como Cristo dice: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Sus obras realizadas acá en la Tierra, o sea que aquí estando en la Tierra es que hacemos tesoros en el Cielo.     Y siempre hay luchas, hay una batalla siempre, porque el enemigo de Dios y la dimensión del enemigo de Dios, la quinta dimensión, están en contra del Programa de Dios, están en contra de Cristo y todos los creyentes en Cristo; están en contra de todos los creyentes en Cristo, y por consiguiente hay esa lucha. Pero no se preocupe, para el comienzo del Reino milenial el diablo va a estar atado, el Reino milenial lo pasaremos tranquilitos todos, en el sentido de que tendremos el cuerpo glorificado, no habrá problemas, y no habrán limitaciones en cuanto a lo que podamos hacer en el Reino del Mesías, en el Reino del Señor.     Y con el diablo atado, se verá que todos los problemas de la Tierra los trajo ¿quién? El mismo diablo, porque en el milenio, si surge algún problema será entre aquellos que entrarán al milenio, no como parte del Cuerpo Místico de Cristo, porque los que entran como parte del Cuerpo Místico de Cristo estarán en cuerpos glorificados; y los santos del Antiguo Testamento, que resucitaron con Cristo, también estarán en cuerpos eternos. Y los que ayudarán, los que estarán trabajando y sirviéndole a la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, ellos resucitarán para comenzar en el Reino del Mesías, al final de la gran tribulación; ellos tienen que morir en el tiempo de la gran tribulación, porque no pertenecen a la Iglesia del Señor Jesucristo, pero son elegidos por Dios para un propósito divino, ellos van a aparecer en su tiempo correspondiente.     Y ahora, continuemos aquí, nos detuvimos aquí donde dice:     “A Dios nadie le vio jamás...”     Pero Abraham vio a Elohim, a Dios, comió con Él; también estando Dios en Su cuerpo angelical, bendijo a Abraham (en el capítulo 14, Melquisedec); también Jacob luchó con el Ángel de Dios, que es el cuerpo angelical de Dios, en donde estaba Dios; y no lo soltó hasta que recibió la bendición de Él (capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis).     Y Jacob quiso saber el nombre, pero no le fue permitido saber el nombre del Ángel, porque el Nombre del Ángel es el Nombre de Dios que está en el Ángel, porque el Ángel es el cuerpo angelical de Dios, por lo tanto el Nombre de Dios está en el cuerpo angelical y luego en el cuerpo de carne que tuvo para llevar a cabo la Obra de Redención, ahí está el Nombre de Dios para redención, para salvación; por eso el Nombre del Señor Jesucristo significa “Salvador, Redentor.”     Y ahora, encontramos también a Manoa en el capítulo 13 del libro de los Jueces, que dice que vio a Dios, y por eso pensó que iba a morir. Jacob también dice: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma,” por eso le puso “Peniel” al lugar, que significa ‘Rostro de Dios.’ Y otras personas más vieron a Dios; los profetas, Isaías, capítulo 6, por ahí dice que vio a Dios sentado en Su Trono.     También Moisés vio a Dios, aun se veía la presencia de Dios allá en el Monte Sinaí. Moisés sacó al pueblo para recibir a Dios, y con todas estas cosas, aún dice la Escritura que nadie jamás ha visto a Dios; lo que han visto es el cuerpo angelical en donde moraba, mora y morará Dios, la imagen del Dios viviente, que es Jesucristo en Su cuerpo angelical, el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas.     “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.     En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”     Eso está en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, y Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3. Y dice San Pablo, hablando de Cristo, recuerden que era el apóstol que tenía el conocimiento más grande de Jesucristo, aunque no dice que él lo vio personalmente, según la carne él no lo conoció. Dice capítulo 1, verso 1 en delante del libro o Carta a los Hebreos, dice:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”     Vean cómo hablaba Dios: por medio de los profetas, que venían a ser el velo de carne en el cual Dios entraba con Su cuerpo angelical, y a través de ellos le hablaba al pueblo; porque Dios no tenía cuerpo físico todavía, porque sería más adelante que Él crearía en el vientre de una virgen una... la vida, célula de vida ahí, y se multiplicaría célula sobre célula hasta que aparecería un bebé que nacería, digamos a los nueve meses, que es lo normal, y ese sería el cuerpo físico de Dios, por lo cual el Nombre de Dios sería colocado ahí, de Dios como Salvador; por eso Jesús decía: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”     Y ahora, por medio de los profetas era que Dios hablaba, ellos venían a ser los velos de carne, la semejanza física que Dios tenía, temporera o temporal, en lo que obtendría o tendría la semejanza física permanente, cuerpo que más adelante sería glorificado. Vean aquí, capítulo 7 de Zacarías, verso 1 al 12, dice:     “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oir;     y pusieron su corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu...”     La Palabra que el Señor enviaba por Su Espíritu, vean, a través ¿de quién? de los profetas, por medio de los profetas primeros.     “...vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”     Y ahora Dios, Jehová de los ejércitos:     “...para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu...”     O sea, enviaba por Su cuerpo angelical, por el Ángel del Pacto. Por eso cuando le apareció el Ángel a Moisés en el capítulo 3, verso 1 en adelante del Éxodo, le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea de Amram, el padre de Moisés), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Es que era Dios hablándole a través de Su cuerpo angelical a Moisés, y Su cuerpo angelical podía aparecer en forma de una Llama de Fuego, porque Dios hace a Sus ángeles espíritus, y a Sus ministros llamas de fuego.     Ahora vean, dice que enviaba Su Palabra por medio de Su Espíritu o a través de Su Espíritu:     “...y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros...”     O sea, que Dios por medio de Su Espíritu, Su cuerpo angelical, entraba a los profetas y hablaba a través de ellos, por eso hablaban ungidos por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, Dios por medio de Su Espíritu, por medio de Su cuerpo angelical, hablando a través de estos velos de carne llamados profetas.     Por eso eran llamados dioses también, porque era Dios en esas personas hablando a través de un velo de carne; el profeta era el velo de carne, pero el que estaba hablando a través de ellos era Dios por medio de Su Espíritu, por medio de Su cuerpo angelical. Y ahora continuamos acá:     “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo...”     El heredero de los Cielos y de la Tierra, el heredero del mundo invisible y del mundo visible, porque por medio de Él fue que Él creo todas las cosas, aquí mismo lo dice:     “...a quien constituyó heredero de todo...”     Pero ¿qué pasa? Somos coherederos con Él.     “...y por quien asimismo hizo el universo...”     Ahí tienen el origen de la Creación, lo cual la ciencia está buscando y no lo encuentra; este Libro tiene el registro del origen de la Creación, en el Génesis, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:    “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”     Y aquí nos dice cómo fue. En el capítulo 1 de San Juan, dice todo cómo se llevó a cabo, y en Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice también cómo Dios llevó a cabo la creación por medio de Cristo. ¿De dónde salió? De Cristo, porque Él es la semilla, la Simiente original de donde saldrían todas las cosas, porque Él es el cuerpo angelical de Dios llamado el Espíritu Santo. Dice:     “...el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”     Cristo es el resplandor de Su Gloria, y la semejanza misma de Su sustancia, y por eso se podía ver a Dios a través de Su imagen, que es Cristo en Su cuerpo angelical.     “...y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas...”     En el Cielo, en la Jerusalén celestial, en el Trono de Dios, el Trono donde Dios ha estado sentado con Su cuerpo angelical, nunca se había sentado un cuerpo físico, solamente Dios con Su cuerpo angelical. Pero ahora la promesa es que Cristo se sentaría en el Trono de Dios, se sentaría a la Diestra de Dios, diestra significa: poder. Y ahora, el poder ¿dónde está? En el Trono, por eso Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” (San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20). Y también dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). ¿Cómo estará, cómo estaría? En Espíritu Santo, estaría en medio de Su Iglesia, de Su pueblo.     Pero Su cuerpo glorificado, allá en el Trono de Dios como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre hasta que complete Su Iglesia.     Y ahora, continuamos con San Juan, capítulo 1, verso 18, donde dice (y ahí nos detuvimos):     “A Dios nadie le vio jamás...”     Por lo tanto, la pregunta o el deseo que tenían los discípulos del Señor Jesucristo en San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante, que le decían a Jesús: “Muéstranos al Padre y nos basta.” ¿Ven? Y Jesús le dice: “¡Tanto tiempo hace que estoy con vosotros (¿quién, Felipe?), Felipe, y no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre, ¿no crees...?” Vamos a tenerlo directo aquí, es que ese es el misterio de Dios el Padre y de Cristo, que Cristo es el cuerpo angelical, la imagen de Dios, y es el cuerpo físico, el cuerpo físico que tuvo en la Tierra, que murió como expiación por nuestros pecados, fue sepultado, y al tercer día resucitó glorificado; ya está glorificado y está en el Cielo.     San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante:     “Jesús le dijo (esto fue a Tomás): Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”     O sea, la forma de acercarse a Dios es por medio de Cristo, la forma de recibir Vida eterna de parte de Dios es por medio de Cristo, Él es el intermediario entre el ser humano y Dios, Él es el eslabón entre el ser humano y Dios.     “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”     Esas palabras, quizás para el tiempo en que Él las dijo, si las escuchó algún enemigo de Jesús, diría: “Éste está loco, es un hereje,” porque lo acusaban de que siendo hombre se hacía Dios.     No comprendían el misterio de Dios el Padre y de Cristo, no comprendían que el cuerpo físico de Jesús era el velo de carne de Dios, y Dios moraba en Él; y que el Espíritu Santo era la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios.     “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.     Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?     ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.     Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.     De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.”     Por las obras, entonces tenían que creer y saber que esas obras eran las que Dios llevaría a cabo. Y las llevaría a cabo a través del Mesías, a través del Cristo, a través del velo de carne, de la semejanza física que Dios tendría en el momento señalado cuando una virgen concibiera y diera luz a un hijo, y sería Emanuel, ‘Dios con nosotros,’ conforme a las profecías de Isaías, capítulo 7, verso 14, y San Mateo, capítulo 1, en donde nos habla acerca de esa promesa divina, y el Ángel le dice a José acerca de esa promesa divina. Dice el Ángel a José en el capítulo 1, verso 19 en adelante dice... aún un poquito antes, es que todo es importante, dice:     “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.”     O sea, que estaba comprometida, y al estar comprometida, delante de Dios ya es un compromiso muy grande.     “José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.     Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.     Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre porque él salvará a su pueblo de sus pecados.     Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:     He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,     Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”     Así visitaría Dios a Su pueblo Israel: en un velo de carne que nacería a través de una virgen, lo cual sería por obra del Espíritu Santo según el Ángel Gabriel le dijo a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36.     “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.     Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.”     Y ahora, hemos visto el misterio del nacimiento de Jesús, fue nada menos que por creación divina, por obra y gracia de Dios a través del Espíritu Santo, porque todas las cosas que Dios hizo, hace o hará, será por medio del Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Y la obra que se ha estado llevando a cabo de la evangelización, la predicación, personas hablando inspiradas por el Espíritu Santo, ha sido Cristo en Espíritu Santo a través de esas personas hablando el Evangelio, una Obra del Espíritu Santo, esa es la Voz de Cristo hablando en la predicación del Evangelio de Cristo.     Recuerden que Él dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 18:     “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz...”     ¿Cómo van a oír la Voz de Cristo, si Cristo está en el Cielo con Su cuerpo glorificado? Pues en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, llevando a cabo la Obra de la Dispensación de la Gracia en donde llama y junta a Sus ovejas en Su redil.     “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”     Ahí tenemos a todos los gentiles, todas las demás personas que escucharían el Evangelio, creerían, y entrarían a formar parte del redil del Señor, de la Iglesia del Señor Jesucristo. El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los creyentes en Cristo, y habrá un rebaño: la Iglesia, y habrá un redil: la Iglesia; habrá un pastor: Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Y así se iría llevando a cabo la Obra del Señor por medio de Su Espíritu en esta Tierra, en medio de Su Iglesia y a través de Su Iglesia.     Para lo cual Él dio dones a los hombres, ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores, y maestros, y Él ha colocado diferentes personas en diferentes posiciones en Su Iglesia, trabajando en Su Iglesia, les dio talentos. En San Mateo habla de talentos, capítulo... vamos a darle el capitulo de San Mateo donde habla de esos talentos, porque a todos les ha dado talentos para trabajar en la Obra; cada persona tiene sus talentos dados por Dios para que trabaje en la Obra del Señor, y trabaje con y por amor divino.     San Mateo y San Lucas nos habla de talentos; San Mateo, capítulo 24, versos 14 al 30, vamos a ver si estamos bien (es lo que tengo aquí escrito, está equivocado aquí el...), es el 25, 25: 14 al 30 nos habla en esa parábola de los talentos, y luego también en San Lucas 19, nos habla de minas, ambas cosas es dinero; en esa forma está representado el talento o los talentos que cada persona ha recibido de parte de Dios.     Algunos tienen el talento del canto, de la música, y así por el estilo, y otros diferentes talentos, unos tienen dones o ministerios también diferentes, pero cada persona tiene aunque sea uno, un talento o una mina para trabajar en el Reino de Dios; y hay que usarlo, porque fueron dados para trabajar.     Por ejemplo en San Lucas 19 dice, verso 12 en adelante:     “Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.”     Ese fue Cristo, un hombre noble, de la nobleza, es el Príncipe heredero al trono de David. Se fue a un lugar lejano: al Cielo, para recibir un Reino, allá lo recibió, por eso todo poder le fue dado en el Cielo, en el Reino celestial; se sentó en el Trono de Dios, por lo tanto recibió el Reino, porque el que tiene Reino es el que está en el Trono. Él es el Rey de reyes y Señor de señores.     “Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.”     Son dados esos talentos o esas minas para negociar. Luego al final, cuando en Su Venida, (y eso es luego de la Cena de las Bodas del Cordero), serán repartidas las recompensas, los galardones para los que han trabajado en la Obra del Señor. Nos dice, miren, y esto tiene que ver con el Reino milenial, verso 15, dice:         “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.     Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas (o sea que lo multiplicó 10 veces). El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.”     Ya está hablando del Reino literal terrenal y la posición en que Él va a colocar a todos los que han trabajado en Su Obra. Un alcalde tiene autoridad sobre ¿qué? sobre una ciudad, un gobernador tiene autoridad sobre muchas ciudades, así que, vean, depende el Estado o departamento cuántas ciudades tenga.     Y estaría entonces sobre los alcaldes, pero esas son posiciones que Él va a repartir en Su Reino como también le prometió a Sus discípulos: “Ustedes que me habéis seguido, que han estado conmigo todo el tiempo, en el Reino (dice Cristo) os sentaréis sobre doce tronos y juzgaréis a las doce tribus de Israel.”     Eso nos habla de teocracia gobernando, lo mismo que es para los creyentes en Cristo que reciben esos talentos o esas minas, también encontramos que para los apóstoles les fue prometido un trono para juzgar a las tribus de Israel, tiene que ver con Israel. Lo otro acá, de lo cual estamos leyendo, tiene que ver con el resto de la humanidad, porque el Reino del Mesías será mundial. Como Hijo del Hombre Él es el Rey del planeta Tierra completo, como Hijo de David, Rey del pueblo hebreo, descendiente del rey David; cada uno de los títulos tiene un significado y una herencia.     Y ahora vamos a ver:     “Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.     Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.”     ¿Ve? Su trabajo, sus negocios en el Reino del Señor, recuerden a Cristo que dijo: “En los negocios de mi Padre me conviene a estar,” y a los que han sido repartidos los talentos o minas, les conviene estar en los negocios del Señor. Miren, todo lo que ganen, después ¿para quién va a ser? Para ellos mismos.     Todo lo que Cristo trabajó ¿para quién fue? Para Él mismo, porque Él es el heredero de todo y nosotros somos coherederos con Él. Un hijo que no se interese en los negocios de su padre, su padre nunca va a querer que él sea su heredero; tiene que interesarse en los negocios de su padre, tiene que trabajar en ellos, y tiene que conocer esos negocios para ser adoptado en los negocios de su padre.     “Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo...”     ¿Ve que no es una mina que están sacando oro o cosas? Sino una moneda, “Tu mina.”     “...porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.     Entonces él le dijo...”     Recuerden: no se puede tener miedo de trabajar en la Obra, hay que trabajar con lo que Dios nos da. Algunos dicen: “Si yo fuera millonario yo haría muchas cosas en la Obra,” pero a lo mejor no te dio, no tienes, no te dio la capacidad para hacer eso, no te ha dado la riqueza para hacer eso pero algo tienes. Y es con lo que tienes que tienes que trabajar porque sobre eso es que Dios coloca Su bendición. Él no te va a exigir más de lo que puedes producir, porque no pone carga que la persona no puede llevar; de acuerdo a la facultad que tenga la persona para trabajar, le será demandado; y podrá producir.     Por ejemplo, en la parábola del sembrador dice que unos producen a 30, es como las plantas, usted ve algunas plantas que tienen cierta cantidad de fruto, pero después sigue caminando y ve otra que tiene más fruto, y dice: “Ésta está más hermosa, produce más fruto que aquella.” Y después pasa a otro lugar en la misma finca, y ve otras que tienen muchos frutos y frutos grandes; unas a 30 por uno, una plantita fue producto de una semilla, y produce 30 en fruto, digamos 30 gramos de la misma semilla; viene otra planta y produce 60, a 60 por uno; y viene otra planta que nació de una semilla, y produce a ciento por uno, produce 100 veces lo que fue sembrado.     ¿Cuál quiere ser usted? Entonces tiene que saber la técnica para poder producir como usted quiere. Si usted tiene una plantación y le echa un poquito de agua a ésta parte que está aquí, y luego le echa agua en las ocasiones que debe echarle a esta otra parte, pues, va a dar más fruto ésta, y si a esta otra le echa agua también y le echa un poquito de vitamina, entonces va a crecer mejor y va a dar más fruto.     “No solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” Por lo tanto, tenemos que ser alimentados con la Palabra cada día obteniendo más conocimiento de la Palabra, y así siendo alimentados y vamos a producir más fruto.     La humedad ayuda para que la planta se desarrolle bien, y la humedad de la Lluvia Tardía y Temprana es la mejor. La Lluvia Tardía y Temprana, la Lluvia Temprana del Evangelio de Cristo de la Dispensación de la Gracia, y la Lluvia Tardía del Evangelio del Reino, ¿ven? Y eso nos va a ayudar mucho para producir fruto en abundancia, y para estar representados en las personas que dice Cristo, donde nos dice:     “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”     Vean cómo está honrando a estas personas, les está dando a uno, les está dando diez ciudades para que gobierne sobre ellas, digamos: gobernador, por el voto de uno, eso es nombrado plunominal: Cristo nombrando gobernadores, porque Él es el Rey, el dueño del Reino, Él puede nombrar en diferentes posiciones a las personas que Él quiera, y será de acuerdo a lo que hayan trabajado.     El que recibió un talento y no hizo nada, ese no puede estar en el Reino, lo mandó para las tinieblas de afuera y le quitó el talento y se lo dio a otra persona: al que tenía más. Porque al que tiene, le será dado más para que tenga más, porque ése trabajó mejor, si usted va a dar a alguien para que multiplique su dinero, pues se lo va a dar al que lo sabe multiplicar mejor para que tenga más ganancia, y eso es lo que Cristo hace dándole el talento o la mina al que tenía más; porque al que tiene le será dado, y al que no tiene le será quitado aun lo que tiene, porque aun lo que tiene no es de él, le fue dado por el Señor.     Y ahora, estamos viendo ese Programa Divino que ha estado llevándose a cabo desde que Cristo subió al Cielo; y cualquier persona puede pensar: “Pero Cristo resucitó y se fue y dejó a los creyentes en Él aquí en la Tierra con todos los problemas.” No. Él ha estado en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia todo el tiempo, desde el Día de Pentecostés, y Él ha estado llevando a cabo la Obra del Programa Divino a través de los creyentes en Cristo; de ministros, evangelistas, pastores, profetas, maestros, y así por el estilo, y todo el Cuerpo Místico de Cristo trabajando en el proyecto divino del Programa de la Dispensación de la Gracia, en donde se está llevando a cabo la creación de una nueva raza, con cuerpos angelicales igual al cuerpo angelical de Cristo y luego vendrá la parte física que será el cuerpo físico glorificado; y jóvenes para toda la eternidad, ¿no es eso una nueva creación? Porque la creación actual, por cuanto pecó Adán y Eva en el Huerto del Edén, perdió la Vida eterna, y solamente nos dejó vida temporal que se nos acaba, a la mayor parte de las personas se les acaba antes de los 100 años.     En los tiempos de Adán y Eva, Abel, Set, y todas estas personas, todavía duraban bastante tiempo, 800 ó 900 años pero no llegaban a 1000 años, porque no podían llegar a 1000 años. Un día delante del Señor son mil años, y no podían pasar o llegar a mil años o un día delante del Señor; tuvieron que morir antes de vivir 1000 años, luego de la caída. Pero aunque nos dejaron poquito para los que vivimos en este tiempo, fue menguando el tiempo de vida, fue disminuyéndose, porque lo importante no es vivir muchos años, es estar en el Programa Divino para el tiempo en que uno vive y así confirmar su lugar en la Vida eterna en el Reino de Dios.     Es mejor vivir pocos años pero seguros en el Reino de Dios, y no cientos de años y después no tener Vida eterna, después no poder vivir eternamente.     Así que, lo importante es comprender que estamos en la Tierra con y para un propósito divino: para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, que nazca la fe de Cristo en nuestra alma, creer con toda nuestra alma, nuestro corazón, en Cristo, dar testimonio público de Cristo, de nuestra fe en Cristo, recibiéndole como Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre, y recibir Su Espíritu, y así obtener el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Cristo en la esfera espiritual, y así obtener la Vida eterna. Y ya de ahí en adelante, estar en el Reino de Cristo trabajando en los negocios de nuestro Señor Jesucristo, en el tiempo que nos toca vivir.     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”     Todo conocimiento que se tiene acerca de Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ha sido Dios por medio de Cristo, por medio del Ángel del Pacto, por medio del Espíritu Santo, revelándose al ser humano.     “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre...”     O sea, Cristo en Su cuerpo angelical, Él le a dado a conocer. Toda revelación de Dios ha venido por medio de Cristo en Su cuerpo angelical a través de la historia de la raza humana, y siguió viniendo por medio de Cristo en Su cuerpo angelical a través de la Dispensación de la Gracia. Dios revelándose por medio de Cristo, revelando el misterio de Su primera Venida en carne humana y mostrando cómo fue ese misterio de Dios el Padre y de Cristo.     Y ahora, mostrando también que fue para la redención del ser humano por medio del cuerpo de carne siendo sacrificado, colocado como Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; ya no necesita tenerlo de carne que pueda ser mortal, ya lo tiene glorificado, y por consiguiente, para nunca más morir.     Pero nosotros estamos en los cuerpos de carne, cuerpos mortales, y necesitamos un cambio, una transformación para poder vivir físicamente con Cristo en Su Reino como reyes, como sacerdotes y jueces ocupando esas posiciones, digamos posiciones políticas; ahí todos vamos a ser políticos, y esa es la política de Dios, pero esa posición la obtendremos en Su Reino cuando sea establecido en la Tierra.     O sea, que el Reino del Mesías tendrá el aspecto espiritual, el aspecto judicial, y el aspecto político también. Y por consiguiente, esos tres poderes estarán ahí manifestados, el más fuerte será el espiritual; siempre ha sido así, porque es el que tiene que ver con el mundo espiritual, con el mundo invisible.     “EL PADRE HONRA AL SERVIDOR.”     Por lo tanto, todos ustedes que están y estarán trabajando en la Obra del Señor, de Cristo, serán honrados por el Padre celestial, y yo también. Vamos a estar allí, y vamos a ver las bendiciones tan grandes que vamos a recibir en Su Reino, y yo siempre he dicho que las bendiciones mayores van a ser para los creyentes en Cristo de este tiempo final.     Y que los que tienen la oportunidad en este tiempo de almacenar tesoros en el Cielo y de que el tesoro o la recompensa sea grande, ya no son los del pasado porque ya ellos terminaron su labor, son los de este tiempo.     Por lo tanto, firmes en el Señor, con la fe puesta en Cristo, y que la fe siga creciendo en vuestras almas porque la fe viene por el oír la Palabra y la fe crece por el oír la Palabra; por lo tanto continuamos escuchando la Palabra revelada para nuestro tiempo, y a medida que vamos escuchándola va aumentando nuestra fe, va creciendo nuestra fe, y va creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo a medida que escucha y nace la fe de Cristo en el alma de las personas, sigue Cristo añadiendo a Su Iglesia, y va creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo que es un Templo espiritual aquí en la Tierra.     Y el día de la repartición de las recompensas, ahí yo voy a estar, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Así que, trabajamos por amor divino, con amor divino, y con la fe puesta en Cristo sabiendo lo que estamos haciendo en la Obra del Señor.     Es el único lugar seguro para almacenar tesoros en el Cielo, almacenemos entonces tesoros en el Cielo, y luego todas estas cosas que hemos visto en estas parábolas se convertirán en una realidad, cuando Cristo, el cual dice: “He aquí vengo pronto y mi galardón conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra.”Así que, va a depender de lo que usted y yo hayamos hecho, la recompensa va a depender de eso.     La salvación depende de haber creído en Cristo, pero luego los galardones serán por lo que hayamos trabajado en la Obra del Señor.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y sobre mí también. Y nos vemos ¿cuándo? mañana Dios mediante, tempranito en la mañana, ya que hay otros compromisos después, por lo tanto tempranito en la mañana estaremos aquí ¿a qué hora? A las 8:00 de la mañana, así que estaremos aquí Dios mediante mañana a las 8:00 de la mañana, y en los demás países, van a ser como las 10:00 de la mañana en Puerto Rico, son dos horas de diferencia, así que son las 10:00 de la mañana en Puerto Rico y también en otros países las 10:00 de la mañana y en algunos quizás las 9:00, y en otros quizás las 11:00 de la mañana, depende el país; hora de México 8:00 de la mañana.     Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     Dejo con ustedes... tengo que mirar para ver a quién dejo con ustedes, el reverendo Andrés Cruz Gallego con ustedes para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.     Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     “EL PADRE HONRA AL SERVIDOR.”

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