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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes. Para esta ocasión leemos un pasaje de la Escritura en el capítulo 17, verso 1 en adelante, de San Juan.

También quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento a todos los que se unieron a la campaña: "Alcemos nuestra voz: Paz en Tierra Santa," la cual ha sido y sigue siendo un éxito total; y también les extiendo el agradecimiento y aprecio a los que se han unido al proyecto de La Gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico, el cual esta bien adelantado, ese proyecto está muy pero que muy adelantado.

Y ahora, leemos San Juan, capítulo 17, verso 1 en adelante que dice:

"Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;

como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;

porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Para hoy nuestro tema es: "ESTA ES LA VIDA ETERNA."

Todo ser humano desea la Vida eterna porque todo ser humano desea vivir eternamente en este mundo y en el mundo venidero. Estamos conscientes de que tenemos vida, pero la vida que tenemos es temporal, y se acaba a cierto tiempo de años, a la mayor parte antes de los 100 años se le acaba la vida terrenal.

Ahora, hay vida para el cuerpo físico y hay vida para el espíritu y hay vida para el alma; y tenemos que saber hacer la diferencia entre lo que es la vida para el cuerpo y lo que es la vida para el alma o para el espíritu. La vida para el cuerpo es temporal y depende aquí en la Tierra de muchas cosas: la edad, enfermedades, accidentes, cualquiera de esas cosas puede quitar la vida física del ser humano. Esa es la vida física que heredamos de Adán y Eva.

Ahora, está la vida para el espíritu de la persona, la cual continúa, aunque el cuerpo físico muera lo que murió fue la vida temporal, la vida del cuerpo físico, pero la persona sigue teniendo vida en el cuerpo espiritual que tiene y sigue viviendo en otra dimensión en la dimensión a la cual pertenece ese cuerpo espiritual o espíritu de la persona; y está la vida para el alma la cual depende de Dios.

El ser humano tiene vida temporal y Dios le ha dado la oportunidad al ser humano que obtenga la Vida eterna conforme al Programa Divino de salvación y Vida eterna, para lo cual mandó a Jesucristo a la Tierra para llevar a cabo ese programa y colocar bajo ese programa, bajo un Nuevo Pacto, a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador. Cristo es el único que le puede impartir Vida eterna al ser humano, porque Él es el camino, la verdad y la Vida, y nadie viene al Padre sino por Cristo.

Ahora, todo persona que quiera vivir eternamente necesita a Cristo obligatoriamente. Toda persona desea vivir eternamente, por lo cual toda persona necesita conocer el Programa de la Vida eterna, en donde la Escritura dice: "Y esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado." Tan sencillo como eso nos muestra Cristo que es la Vida eterna para el ser humano de parte de Dios.

Hay un Programa Divino de Vida eterna para el ser humano obtener la bendición más grande que una persona puede obtener: la Vida eterna. Así como hemos obtenido la vida terrenal por medio de nuestros padres terrenales, a través de Cristo, el segundo Adán, obtenemos la Vida eterna que está señalada por el Padre para que sea otorgada a los seres humanos que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

El ser humano anhela vivir eternamente, lo cual muestra que el ser humano cayó de la Vida eterna, perdió la Vida eterna, y solamente le quedó vida temporera o temporal, y es tan corta que se nos pasa sin darnos cuenta, y cuando nos miramos en el espejo algunas veces, han transcurrido años sin vernos bien, y no nos damos cuenta que ya el cabello blanco comenzó a salir, lo cual indica que el ser humano va en decadencia en cuanto a la vida terrenal, que se le está terminando la vida terrenal.

Pero cuando miramos la Escritura y vemos esas promesas divinas y vemos la Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, podemos vernos en el espejo de la Palabra, y decir: "Aunque la vida terrenal se me está terminando, aquí en el espejo de la Palabra me veo, veo que hay Vida eterna para mí." Por lo tanto, se mete en la Palabra, cree en Cristo conforme a la Palabra, y obtiene la Vida eterna, y por consiguiente obtiene la esperanza de vivir en el Reino de Dios con Cristo por toda la eternidad.

La primera Venida de Cristo tuvo un propósito divino el cual solamente comprendía Jesucristo, Sus discípulos no lo comprendían. Muchos de los que leyeron el Antiguo Testamento tampoco comprendían la Venida del Mesías en aquel tiempo, porque todos pensaban que con la Venida del Mesías todo terminaría allí, Él no moriría; pero cuando Él les habla que tiene que morir, se sorprenden algunas personas, y dicen: "El Cristo vivirá eternamente ¿cómo pues dices Tú que vas a morir?" Es que están confundiendo las personas la Venida del Señor, no sabían que tenía que venir para llevar a cabo el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano. Si viene a salvar al mundo, si viene a redimir, pues tiene que morir; porque solamente con el Sacrificio de Expiación se lleva a cabo la Redención del ser humano, por consiguiente se lleva a cabo la salvación y Vida eterna; no hay otra forma en que el ser humano pueda ser limpio de todo pecado, solamente por medio de Jesucristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario, lo cual fue tipificado en los sacrificios que efectuaba el pueblo hebreo allá en el antiguo pacto o Antiguo Testamento.

Por eso en la última Cena con Sus discípulos, Jesús (en el capítulo 22, de San Lucas, y capítulo 26, de San Mateo, versos 26 al 29), tomando el pan y dando gracias al Padre, dice a Sus discípulos: "Comed; esto es mi cuerpo". Y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, da a Sus discípulos diciendo: "Tomad de ella todos porque esto es mi Sangre del Nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados." Ahí tenemos el Programa Divino de la Redención, ahí tenemos el Programa Divino del Sacrificio de Cristo, ahí tenemos el Programa Divino de la Sangre divina que está señalada como la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre del Pacto eterno, para ser limpios de todo pecado todos aquellos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Esa es la Sangre divina, la Sangre de Dios, la Sangre del cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo físico de Jesús, la única Sangre sin contaminación de pecado; y por consiguiente no tenía, esa Sangre, gérmenes de enfermedad, no tenía nada de pecado, ni de los frutos del pecado en ella. Pero Cristo toma nuestros pecados, se hace pecado por nosotros, y al ser colocados nuestros pecados en la Sangre de Cristo, la Sangre de Cristo es mas poderosa y desintegra el pecado, desintegró el pecado cuando murió. Él descendió al infierno, la quinta dimensión, y llevó allá los pecados al originador del pecado, que es el diablo, y resucitó sin pecados, porque los dejó allá, resucitó glorificado, resucitó justificado; y por consiguiente pasa por el Paraíso, recoge allí los que están en el Paraíso, Abraham, Isaac, Jacob y los patriarcas, y todas esas personas que allí estaban esperando por Él, esos patriarcas creyentes en Dios. Y cuando Cristo resucita, resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento conforme a San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante, y le aparecieron a muchos en la ciudad, y Jesús apareció a Sus discípulos.

Y ahora, quedó efectuado el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano. Cristo subió al Cielo, se presenta, presenta Su Sangre en el Cielo, y es aceptada delante de Dios. Luego encontramos que le aparece a Sus discípulos, está con ellos unos cuarenta días apareciendo en diferentes ocasiones y después sube al Cielo para sentarse en el Trono celestial donde se encuentra como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Él es mi Salvador, Él es la Vida eterna: reconocerlo, creer en Él, conocerlo a Él, es recibir la Vida eterna; ninguna otra persona nos puede dar Vida eterna excepto Jesucristo, porque a Este envió Dios el Padre para que efectuara el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados para que nos diera Vida eterna.

Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo; ahora podemos comprender los sufrimientos de Cristo y porqué Él aceptó sufrir tanto, lo aceptó por amor a nosotros, y Dios el Padre lo envió por amor a nosotros. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito para que todo que en Él cree no se pierda mas tenga Vida eterna." Lo envió por nosotros, para que todo aquel que en Él cree no se pierda," pueda entonces tener ¿qué? Vida eterna.

Por lo tanto, todos los creyentes en Cristo han recibido Vida eterna, y por eso tienen la esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios con Jesucristo nuestro Salvador.

Para este tiempo final,, cuando Él termine de completar Su Iglesia, Él se levantará del Trono del Padre, tomará el Libro de la Vida del Cordero que es el Libro sellado con siete Sellos conforme a Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, lo abrirá en el Cielo, y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; me reclamará a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también, y nos transformará, así nos impartirá Vida eterna física conforme al Programa Divino de la Redención que Cristo está llevando a cabo.

Ahora viene la Redención del cuerpo que es la glorificación o transformación de los que estén vivos y la resurrección de los muertos creyentes en Cristo siendo resucitados en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, como el de Jesucristo nuestro Salvador, y jóvenes para toda la eternidad. Por lo tanto, aunque usted se mire en el espejo y vea que ya tiene unos cuantos años y que le han salido algunas canas o arrugas, no se preocupe, mire en el espejo de la Palabra y usted verá que hay un cuerpo joven, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo que Dios tiene para mí. ¿Y para quién mas? Para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, con la fe puesta en Cristo, firmes, adelante sin mirar hacia atrás, mirando siempre hacia adelante, a Cristo nuestro Salvador, nuestro Redentor, porque en Él está la Vida eterna para mí. ¿Y para quién mas? Para cada uno de ustedes también, y Él es el que nos da la Vida eterna.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, para lo cual puedan pasar acá al frente y estaremos orando por usted; y así usted tendrá el tesoro más valioso: la Vida eterna, la cual Cristo le impartirá a usted porque Jesucristo es la Vida eterna. La única esperanza que hay para el ser humano es Jesucristo; no hay otra esperanza para el ser humano, solamente hay una y es Jesucristo. Sin Cristo el ser humano está perdido.

Cristo dijo: "Mi ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). También Él dice en el capítulo 10, versos 14 en adelante de San Juan. "Yo soy el buen pastor, y el buen pastor Su vida da por las ovejas." Él dio Su vida por esas ovejas, esas personas que están escritas en el Cielo en el Libro de la Vida. También sigue diciendo: "También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. "Nadie me quita la vida, (dice también Cristo), Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar. Ese mandamiento recibí de mi Padre."

Ahora, vean, Él vino con un mandamiento divino, una misión divina: poner Su vida en Expiación por nuestros pecados y luego volver a tomar la vida; por eso Él resucitó y está vivo y joven, glorificado, sentado en el Trono de Dios. Él dice que tiene también otras ovejas, esos son los que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo, creerían, y serían colocados en el Redil del Señor.

Ese Redil, ese lugar para las ovejas, es la Iglesia del Señor Jesucristo, donde son reunidas todas las ovejas del Señor. Ese Rebaño son los creyentes en Cristo. Y el buen pastor: nuestro amado Señor Jesucristo. Esas son las personas que lo recibirían como único y suficiente Salvador; esas son las personas que escucharían Su Voz, ¿y cuál es la Voz de Cristo, del buen pastor? El Evangelio de Cristo. Cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo está escuchando la Voz de Cristo llamándolo, llamándolo para colocarlo en Su Redil, colocarlo en Su Cuerpo Místico de creyentes.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, tú eres una oveja del Señor por lo cual estás escuchando el Evangelio de Cristo, por esa causa has estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en tu alma, crees en Cristo, y ahora tienes la oportunidad de dar testimonio público de tu fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, para lo cual pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir para que Cristo les reciba en Su Reino.

Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador porque Él es la Vida eterna, en Él está la Vida eterna y Él es la Vida eterna. Él dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí." (San Juan, capítulo 14, verso 6).

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: "Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis porque de los tales es el Reino de los Cielos."

Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra. Él es el unigénito Hijo de Dios, Él es antes de todas las cosas, Él es la Vida eterna para todo ser humano. Dios por medio de Él y a través de Él creó todas las cosas.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración todos los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra, de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Señor, en Tus manos entrego mi alma, quiero vivir eternamente contigo. Señor, haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, quiero ser salvo Señor, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amen.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente salvador, reconociendo que Jesucristo es la Vida eterna.

Ustedes me dirán: "Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere, será condenado." San Marcos capítulo 16, versos 15 al 16. La pregunta desde lo profundo de vuestro corazón es: "¿Cuándo me pueden bautizar?" Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El Señor Jesucristo ordenó el bautismo en agua; es un mandamiento de Cristo nuestro salvador. Aun cuando Juan el Bautista predicaba y bautizaba allá en el Jordán, en el territorio de Judea, Jesucristo vino de Nazaret, descendió de Nazaret y fue a Judea donde Juan estaba bautizando en el Jordán, entró en las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan, y cuando le toca el turno a Cristo, Juan le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?" Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia," y entonces lo bautizó, y vio el Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús, y permanecer sobre Jesús.

Si para cumplir toda justicia Jesús tenía que ser bautizado, tenía necesidad de ser bautizado, cuanto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Ahora, recordando que el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado.

El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; así ha sido siempre. Y son millones los seres humanos que han recibido a Cristo y han sido bautizados en el Nombre del Señor, millones que se han identificado con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, y que Cristo les imparta la Vida eterna, y nos veremos eternamente con Cristo y en el Reino de Cristo por toda la eternidad, porque ESTA ES LA VIDA ETERNA: que conozcan a Dios el Padre, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual Él ha enviado.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la Vida eterna que es Jesucristo nuestro salvador, y que creer en Cristo como nuestro salvador es Vida eterna para cada persona que lo recibe como su salvador.

Dejo al ministro correspondiente en estos momentos para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor los que están presentes aquí en El Salvador, y los que están también en otras naciones que han escuchado y han recibido a Cristo como su único y suficiente salvador.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes aquí presentes en San Salvador, El Salvador, y los que están en otras naciones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

"ESTA ES LA VIDA ETERNA."

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