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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Hemos visto a través del video que les fue presentado, el proyecto de la Gran Carpa-Catedral y cómo va ese proyecto, va hacia adelante, y algún día será una completa realidad en medio del Cristianismo y para beneficio del Cristianismo y de todas las personas que viven en el planeta Tierra.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 10, versos 1 en adelante, palabras del Salvador del mundo, Jesucristo nuestro Señor, y dice de la siguiente manera:

De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

JESUCRISTO, EL CAMINO DE ENTRADA A DIOS.”

Dice Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6... vamos a leer de este pasaje también, capítulo 14, verso 1 en adelante dice:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”

Que Dios bendiga nuevamente nuestras almas con Su Palabra.

Ahora, en este pasaje del capítulo 14, verso 6, dice:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jesucristo se identifica como el camino al Padre, es muy sencillo, en otro pasaje Cristo en San Mateo, capítulo 7 nos habla del camino, y dice, capítulo 7, verso 13 al 14:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

Y ahora, Cristo, siendo el camino, es el único camino que lleva al Padre, por eso dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Ahora, el Señor Jesucristo es el camino, es la vida, y también Él es la puerta, pues Él mismo dice que Él es la puerta, Él también es el pan de vida: “Yo soy el pan de vida,” también Él se identifica como la luz: “Yo soy la luz verdadera.”

Ahora, podemos ver que todas estas cosas están personificadas en Cristo, por lo tanto, es importante que cuando hablemos del camino que lleva a Dios, sepamos que el camino es un hombre llamado Señor Jesucristo. En Proverbios, capítulo 15, nos habla acerca del camino que lleva al Cielo, a Dios, y nos dice... vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro, porque todo esto se personifica o está personificado en el Señor Jesucristo, les dije capítulo 15, verso 24, dice de la siguiente manera:

El camino de la vida es hacia arriba al entendido.”

Y en San Juan nos dice, en el capítulo 3 (y lo vamos a leer), verso 13 en adelante dice:

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Ahora vean cómo nos dice la Escritura que nadie sube al Cielo sino el que descendió del Cielo, el Hijo del Hombre que está en el Cielo. El camino de la vida, el camino al Padre, es hacia arriba, ese es el camino de Dios y es Cristo nuestro Salvador. Él es también sabiduría y poder de Dios, Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno. Él es todas estas cosas porque en Él están personificadas, se han hecho realidad en una persona llamada Jesucristo, el cual vino a la Tierra dos mil años atrás para llevar a cabo una Obra que ninguna otra persona podía realizar: vino para salvar al mundo de sus pecados.

Él vino, y algunas personas no saben que la raza humana continúa existiendo porque un hombre tomó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario, vino para salvar al mundo, y así salvó al mundo de la destrucción, del juicio divino, porque en aquel tiempo la humanidad tenía que morir como sucedió en el tiempo de Noé, era tiempo de juicio divino.

Pero todo el juicio divino cayó sobre una persona, porque en Él fueron encontrados todos los pecados de la humanidad, porque Él se hizo pecado por todos nosotros y por consiguiente tenía que el juicio divino caer sobre Él, morir.

Pero hubo un propósito divino: Él vino para cumplir ese propósito, para poner Su vida y luego volverla a tomar, y fue más glorioso cuando resucitó, porque resucitó glorificado y joven para toda la eternidad, para nunca más morir, por consiguiente nunca más habrá un sacrificio por el pecado del ser humano, solamente hay uno, y es el de Jesucristo en la Cruz del Calvario.

Tampoco habrá sacrificios de animalitos porque ya los sacrificios de animalitos, que eran el tipo y figura del Sacrificio perfecto que llevaría a cabo un hombre, el cual fue Jesucristo, ya se cumplieron, ya no se necesitan más tipos y figuras, ya se tiene la realidad, el Cordero de Dios. San Pablo dice: “Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros,” (Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7).

El mismo Cristo hablando en la última cena o pascua que tuvo con Sus discípulos, al tomar el pan y dar gracias al Padre, dijo: “Comed, esto es mi cuerpo,” y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dice a Sus discípulos: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29). Y también Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29 nos habla del sacrificio de expiación por el pecado, el cual se llevaba a cabo el día diez del mes séptimo de cada año, y también en Levítico, capítulo 23 encontramos también la pascua que era llevada a cabo en medio del pueblo hebreo.

Cristo cumplió el tipo y figura mostrado en el cordero pascual y también el tipo y figura mostrado en el macho cabrío de la expiación por el pecado del pueblo. Él es el camino al Padre, ninguna persona puede acercarse a Dios a menos que sea a través de Jesucristo. El apóstol Pablo dice: “Yo todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo.”

Y ahora, Él es el único camino al Padre, no hay otro camino que nos lleve a Dios, no hay otro camino para el ser humano reconciliarse con Dios; en el tiempo de los apóstoles eran perseguidos los cristianos, y se decía que ese camino era un camino de herejía, eran tomados presos, juzgados, condenados, muchos fueron muertos, matados, y otros fueron azotados.

San Pablo decía: “Conforme al camino que llaman herejía, sirvo al Dios de mis padres,” el mismo San Pablo siendo antes siendo Saulo de Tarso, perseguía ese camino, el camino de Dios, el camino divino, el camino de Cristo, el cual es Cristo para todos aquellos que se acercan a Dios.

Y ahora, se abrió ese camino conforme estaba en las profecías de Isaías, de Jeremías y demás personas y demás profetas, ¿por qué? Porque Dios es el que abre camino; Él abrió ese camino, camino de santidad, camino para llegar a Dios, el cual es Jesucristo nuestro Salvador.

Toda persona que toma ese camino, Cristo, se acerca a Dios, Dios lo recibe, es perdonado, limpiado con la Sangre de Cristo de todo pecado, bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así queda reconciliado con Dios y entra al Reino de Dios y por consiguiente ha entrado a la Vida eterna, ha recibido la Vida eterna conforme a las palabras de Cristo:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Ahora, podemos ver la importancia del camino que lleva al Padre, el cual es Jesucristo nuestro Salvador. No hay otro camino para llegar a Dios, no hay otro camino para ser reconciliados con Dios, no hay otro camino para entrar al Reino de Dios, por consiguiente los caminos que los seres humanos llaman buenos, realmente no llevan a Dios, excepto Jesucristo nuestro Salvador.

Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero su fin, el final, son caminos de muerte, pero hay un camino de Vida eterna, el cual es Jesucristo nuestro Salvador, y el que ha tomado ese camino, vivirá eternamente con Cristo en Su Reino. En San Juan nos habla mucho acerca de Jesucristo, por ejemplo, tenemos en San Juan, capítulo 6 lo que el mismo Cristo dice, versos 39 al 40:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Esa es la garantía que nos da Cristo: que todo aquel que cree en Él, nos dice que lo resucitará en el Día Postrero, y que todo aquel que en Él cree, la voluntad del Padre es que tenga Vida eterna. Por lo tanto, tiene la promesa de la Vida eterna, tiene la promesa de la resurrección, tiene todas esas promesas divinas toda persona que ha reconocido a Cristo como el único y suficiente Salvador y lo ha recibido como su único y suficiente Salvador.

Encontramos también a Cristo hablando tipológicamente en este mismo capítulo 6 de San Juan, cuando nos dice:

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Yo soy el pan de vida.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Ahora vean, Su cuerpo, Su carne, la da por la vida del mundo; si Él no moría, el mundo moriría. Comer el pan vivo que desciende del Cielo, el cual dice Cristo que es Él, ¿cómo lo va a comer? Es por la fe, creer, creer significa comer; es sencillo: algunas veces usted escucha algunas cosas que dicen las personas, y usted dice: “Yo eso no me lo como,” o sea: “Yo eso no lo creo,” pero otra persona dice: “Eso yo lo creo,” y la otra persona le dice: “¿Tú te vas a comer eso? ¿Tú te estás comiendo eso que están diciendo?” ¿Ve? Es comer: creer. Sigue diciendo...

La Escritura dice: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios,” ¿cómo se va a comer la Palabra? Creyéndola, el que cree la Palabra de Dios está comiéndose la Palabra. Sigue diciendo:

Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (Lo que preguntan algunas personas: ‘¿Cómo vamos a comernos la carne del Hijo del Hombre?)

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.”

Y ahora vean, el que cree en la muerte de Cristo, que en Su cuerpo llevó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario por nosotros, y cree en la Sangre de Cristo que fue derramada en la Cruz del Calvario para limpiarnos de todo pecado, ¿qué está haciendo? Comiéndose la carne de Cristo, del Hijo del Hombre, y bebiéndose la Sangre en forma tipológica. Eso es comer la carne y beber la Sangre de Cristo, del Hijo del Hombre, y por eso la Santa Cena se lleva a cabo con pan, tipificando el cuerpo de Cristo, y con vino, tipificando la Sangre de Cristo con la cual nos ha limpiado de todo pecado. En Su cuerpo Él llevó nuestros pecados y por lo tanto tuvo que morir Su cuerpo físico, y Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado:

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”

Y ahora, podemos ver todo este misterio divino mostrado en forma sencilla por Jesucristo nuestro Salvador. En San Juan, capítulo 6, versos 47 al 58, fue que estuvimos leyendo. Hay otros lugares donde nos habla de estas cosas, como en San Juan, capítulo 11.

Es importante conocer estas cosas, porque si no las entendemos, sucede como en el tiempo de los apóstoles allá: que ellos se reunían y tomaban la Santa Cena, y salían los que estaban en contra de ellos, y decían que ellos habían tomado el cuerpo de Jesucristo del sepulcro, y ahora se reunían para comer Su carne y beber Su Sangre literalmente.

Pero no era así. Cristo había resucitado glorificado y estaba en medio de ellos en Espíritu Santo, y cuando ellos se reunían para comer el pan de la Santa Cena y tomar el vino de la Santa Cena (en la Santa Cena), era el tipo y figura del cuerpo y la Sangre de Cristo nuestro Salvador, recordando que Él murió por todos nosotros en la Cruz del Calvario, y con Su Sangre nos limpió de todo pecado.

La Santa Cena es simbólica, tipifica el cuerpo de Cristo: el pan, y el vino: la Sangre de Cristo, y tomarlo, tomar la Santa Cena, significa que creemos en la muerte de Cristo y en Su Sangre derramada por todos nosotros en la Cruz del Calvario, con la cual nos limpió de todo pecado.

Ahora vean lo que nos dice en San Juan, capítulo 11, esto fue cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, dice capítulo 11, verso 20 en adelante de San Juan:

Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.

Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora vean cómo Cristo dice que Él es la resurrección y la vida, y el que cree en Él, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en Él, no morirá eternamente. Por esa causa todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente están en el Paraíso esperando que Él pase por el Paraíso en la Venida del Señor, y los traiga nuevamente a la Tierra, resucite sus cuerpos nuevos, cuerpos eternos, inmortales y glorificados, y a los vivos los transforme, los creyentes en Cristo, para que sean todos iguales a Jesucristo, jóvenes con Vida eterna, y con Él se reúnan en este tiempo final y sean llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo en la casa de nuestro Padre celestial. Todas estas bendiciones están en Jesucristo nuestro Salvador para todos los creyentes en Cristo.

El mismo San Juan en su primera carta, hablando de Cristo, nos dice de la siguiente manera, y lo vamos a leer para que tengamos ya un cuadro más claro de la importancia de creer en Cristo, de comernos Su carne y beber Su Sangre, o sea, creer en Su cuerpo crucificado en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, y creer en Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario con la cual nos limpió de todo pecado y nos ha reconciliado con Dios, estando cubiertos todos los creyentes en Cristo con la Sangre del nuevo Pacto.

Ya se pasó del pacto antiguo, que estaba bajo la Dispensación de la Ley, al nuevo Pacto que está en la Dispensación de la Gracia. Y ahora, veamos Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13 dice:

El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

O sea, el que tiene al Hijo de Dios, a Jesucristo, porque lo ha recibido como Su Salvador, tiene la Vida eterna. El que no tiene a Jesucristo como Salvador, no tiene la Vida eterna, solamente tiene vida temporal que se le va a terminar, y ni siquiera sabe cuándo se le va a terminar, y cuando se le termine, y si no ha recibido a Cristo como Salvador, no vivirá eternamente; es llevado en el cuerpo espiritual, que es el espíritu de la persona, a la dimensión a la cual pertenece ese espíritu, y permanece en esa dimensión, o sea, en otro mundo, en el mundo de los espíritus, hasta la resurrección, hasta la segunda resurrección que es después del Reino Milenial de Cristo, para ir ante el Trono blanco en donde Dios estará como Juez juzgando los vivos y los muertos, o sea, Dios en Cristo y a través de Jesucristo juzgando a los que murieron y resucitaron para ir al juicio final.

Y a los que estén vivos en ese tiempo, los creyentes en Cristo, no serán juzgados, ellos serán los miembros de la Corte divina, los miembros del poder judicial divino, pues San Pablo dice que los santos juzgarán al mundo, y aun a los ángeles.

Por lo tanto, es importante que cada persona entienda esas cosas mientras vive en la Tierra, porque si no las puede entender y recibir a Cristo como Salvador mientras vive en la Tierra, y muere sin Cristo, ya no hay oportunidad después de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para venir a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo con Vida eterna.

Sigue diciendo que Dios nos ha dado Vida eterna, y toda persona busca dónde está la Vida eterna que Dios nos ha dado: está en Cristo; Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida (Él es la Vida eterna), y nadie viene al Padre, sino por mí.” Él es el camino a Dios, Él es la única verdad.

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

Y ahora, podemos comprender que todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo tienen Vida eterna, porque Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Jesucristo, y al recibirlo, Él ha impartido Vida eterna a todos los creyentes en Él, y se cumplen así las palabras de Cristo de San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante que dice:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Por lo tanto, quedan asegurados y aseguradas hombres y mujeres y niños y jóvenes que han recibido a Cristo como Salvador, quedan asegurados en el Reino de Cristo con Vida eterna, para disfrutar de la Vida eterna con Cristo y vivir por consiguiente jóvenes para toda la eternidad.

El secreto de la Vida eterna está en Jesucristo. Él es antes que todas las cosas, y todas las cosas por Él fueron creadas, fueron hechas. Él es la vida, “en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, todas las cosas por Él fueron hechas, creadas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho, y todas las cosas fueron hechas por Él y para Él.”

Él es el heredero de todas las cosas, ¿y dónde estábamos nosotros? En Jesucristo, en Él; por lo tanto, el que ha creído en Cristo, el que lo ha recibido como Salvador, sabe que ha venido de Dios a través de Cristo, y por consiguiente la angustia existencial desaparece, sabe que ha venido a esta Tierra para hacer contacto con la Vida eterna que es Cristo, y confirmar así su lugar en la Vida eterna con Cristo, ser rociado con la Sangre de Cristo y por consiguiente ser limpiado de todo pecado y reconciliado con Dios para vivir eternamente en paz con Dios.

Y por consiguiente viene la paz de Dios a nuestros corazones por medio de Cristo, porque Cristo es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno. Y también Cristo es sabiduría de Dios, por lo tanto, todo creyente en Cristo nacido de nuevo descansa tranquilo, con su fe puesta en Cristo, sabiendo que tiene Vida eterna, y por consiguiente vivirá eternamente con Cristo en Su Reino.

Si alguna persona todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, no tiene Vida eterna, pero si está presente o en algún lugar donde está conectado con esta transmisión, puede recibirlo como Salvador y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo al recibir el Espíritu de Cristo. (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6).

Por lo tanto, puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente las personas que han reconocido que el camino que lleva a Dios, el camino de entrada a Dios, es Jesucristo nuestro Salvador. “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” ese es el camino que todo ser humano está llamado a tomar para llegar a Dios y por consiguiente recibir la Vida eterna. Es importante que aseguremos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Dios tiene mucho pueblo en la República del Perú, y los está llamando en este tiempo final.

Son bienaventurados todos los que son convidados, llamados, a la Cena de las Bodas del Cordero, llamados por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, ese es el llamado, y la persona que recibe a Cristo como Salvador ha recibido el llamado, lo ha aceptado y ha entrado para formar parte de los creyentes en Cristo, han entrado a la casa de Dios que es la Iglesia de Cristo, y ha asegurado su lugar en el Reino de Cristo.

Dios tiene mucho pueblo en la República del Perú, y los está llamando, y es un privilegio grande para las personas saber que sus nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

No es la voluntad del Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos, uno de estas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo. Él dijo que Él los llama por su nombre, el buen Pastor, Cristo, los llamaría por su nombre, Él tiene el Libro en el Cielo donde están escritos los nombres de cada uno de ustedes y el mío también.

Y por consiguiente Él murió por esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, para llamarlos, invitarlos, colocarlos en la Casa de Dios para invitarlos a la Cena de las Bodas del Cordero. El Cordero es Cristo, la invitación es la predicación del Evangelio donde se extiende el llamado para venir a los Pies de Cristo, y las personas, las ovejas que escuchan esa Voz y lo reciben como Salvador, ¿son quienes? Todos nosotros.

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Nadie las puede arrebatar de la mano del Padre celestial. Han venido de Dios y regresan a Dios con Vida eterna para vivir con Cristo en el Reino de Dios por toda la eternidad.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y los que están en otras naciones también pueden estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, y si falta alguno por venir, puede venir; y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones en estos momentos escuchando la predicación del Evangelio de Cristo y escuchando el llamamiento para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

La Escritura dice en Hebreos, capítulo 3, verso 7, y Hebreos, capítulo 4, verso 7: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcáis vuestros corazones,” nos dice Cristo. No se puede endurecer el corazón si se escucha la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, ¿por qué? Porque la persona está escrita en el Cielo en el Libro de la Vida, al escuchar la Voz de Cristo, y está recibiendo la oportunidad de obtener la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador, y así tomar el camino que lleva a la Vida eterna que es Cristo nuestro Salvador. Cristo es el único camino que lleva a la Vida eterna al ser humano.

Y ahora, vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Todavía vienen más personas de camino, que como ustedes desean vivir eternamente, la fe de Cristo ha nacido en sus corazones, porque la fe viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, y este es el momento de confesar a Cristo como Salvador, para salvación y Vida eterna.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados todos los presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, que se haga realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, sálvame Señor, te lo pido, te lo ruego, en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como único y suficiente Salvador. Recordando las palabras que Él dijo, ustedes me dirán: ¿Cuándo me pueden bautizar?” porque Él dijo:

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y la pregunta es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” La pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Bien pueden ser bautizados porque Cristo ha dicho: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” y ustedes han creído al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, el bautismo es tipológico, aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; mientras Juan el Bautista predicaba y bautizaba en el Jordán, allá en Judea, llegó Cristo también, fue uno de los que estuvo escuchando la predicación de Juan, y cuando llegó el momento del bautismo en agua para todos los que escuchaban y creyeron, Jesucristo también fue y entró a las aguas del Jordán juntamente con las demás personas que entraron al Jordán para ser bautizados, y cuando le llegó el turno a Jesús para ser bautizado, Juan lo ve y le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó, y cuando subió de las aguas bautismales vio el Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús y permaneció sobre Jesús. Si Cristo tuvo que ser bautizado para cumplir toda justicia cuánto más nosotros.

Por lo tanto, siendo un mandamiento de Cristo el bautismo en agua en el Nombre del Señor, desde el tiempo de los apóstoles hacia acá, los que han recibido a Cristo como Salvador, han estado siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor, y el Señor los ha estado bautizando con Espíritu Santo y Fuego y ha estado produciendo el nuevo nacimiento en todas esas personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y ahora en este tiempo nos ha tocado a todos nosotros escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, creer, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo y obtener así el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua, siendo tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y así nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino.

Tan sencillo como eso es la tipología, el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz, y dejo con ustedes al ministro aquí presente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, el camino de entrada al Padre, el camino de entrada a la Vida eterna, sean esas bendiciones con todos ustedes, y conmigo también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

JESUCRISTO, EL CAMINO DE ENTRADA A DIOS.”

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