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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o por internet en diferentes naciones. Es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión aquí en Honduras, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos un pasaje muy importante y muy conocido por todos los que han leído la Biblia, se encuentra en San Mateo, capítulo 13, versos 9 al 23, donde Cristo nos habla de la parábola del sembrador. Dice de la siguiente manera (luego de Cristo dar esa parábola), dice:

"El que tiene oídos para oír, oiga.

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

De oído oiréis, y no entenderéis;

Y viendo veréis, y no percibiréis.

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyen pesadamente,

Y han cerrado sus ojos;

Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos,

Y con el corazón entiendan,

Y se conviertan,

Y yo los sane.

Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;

pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"LA PALABRA DEL REINO PARA SER ENTENDIDA." Ese es nuestro tema para esta ocasión.

A través de la Escritura encontramos diferentes parábolas relacionadas al Reino de Dios, y sobre todo en los mensajes del Señor Jesucristo encontramos muchas parábolas que hablan acerca del Reino de Dios, y por consiguiente están los misterios del Reino de Dios dentro de esas parábolas.

En esta parábola que hemos leído, encontramos la Palabra del Reino, que es la Palabra de Dios, la cual el sembrador salió a sembrar: el Evangelio de Cristo, y llega esa Palabra del Reino a miles o millones de personas, y las personas, al escuchar, encontramos que están en cuatro grupos; en uno de esos grupos está cada persona.

Los que junto al camino, esos son un grupo de personas que escuchan cuando se predica el Evangelio. También están otros, los que están señalados como pedregales, terreno de pedregales. Otro también está señalado como terreno lleno de espinos o espinas, o sea, de hierbas espinosas o hierba mala que hay en ese campo. Y otro terreno está señalado como un terreno bueno.

O sea, que hay en esta parábola cuatro tipos de personas que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo. Los de junto al camino son aquellos (dice Cristo), que oyen la Palabra y no la entienden, y luego viene el maligno, el diablo, dice Cristo, y arrebata lo que fue sembrado en el corazón de la persona, este es el que fue sembrado junto al camino.

Recuerden que cuando se predica el Evangelio, llega al corazón, pero el que no entiende, entonces el diablo saca eso que fue sembrado en el corazón, y la persona queda como si no hubiese escuchado la predicación del Evangelio de Cristo.

Luego está el que está señalado como terreno de pedregales, este es el que recibe la Palabra al momento con gozo, o sea, las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y aceptan esa Palabra y aceptan a Cristo como Salvador:

"Pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza."

Son las personas que luego de haber recibido la Palabra, el Evangelio, con gozo, y haber recibido a Cristo como Salvador, vienen las pruebas, los problemas, llega a la casa, y si no son cristianos sus familiares, entonces se ríen de él: "Ahora te metiste a la religión, ahora eres creyente en Cristo, ahora estás en la religión..." y comienzan a burlarse de él, y si comete alguna falta o error, enseguida lo critican y comienza la apretura, la persecución para la persona, la aflicción; y la persona dice: "Bueno, si yo... yo pensé que al recibir a Cristo como Salvador las personas se iban a poner contentas, y ahora veo que se mofan de mí," y la persona tropieza, porque a nadie le gusta que se burlen de él, y esas son etapas difíciles para algunas personas, pero lo que tiene que pensar la persona es: "A Jesucristo le hicieron más que a mí, sobre Jesucristo y contra Jesucristo se burlaron más que lo que se pueden burlar de mí."

Por lo tanto, si la persona piensa en esa forma, habla como San Pablo, San Pablo decía: "Los sufrimientos que faltaron a Cristo, yo los llevo." O sea, que así como Cristo sufrió, los creyentes en Cristo también pasarían por diferentes etapas de prueba, de sufrimientos.

Es importante entender esto, para la persona que recibe a Cristo como Salvador, sepa que no todo el mundo lo va a felicitar por haber recibido a Cristo, aún el mismo Cristo no le dice a usted que va a ser un camino de rosas, Él dice: "Si alguno quiere seguir en pos de mí, tome su cruz y sígame."

Es que el que cree en Cristo, el que lo ha recibido como Salvador, tiene una meta: va a rumbo a la eternidad, recibe Vida eterna cuando recibe a Cristo y por consiguiente tiene que saber que durante su trayectoria como cristiano pasará por diferentes pruebas, como también Cristo pasó por diferentes pruebas, los apóstoles también, todos los creyentes a través de la historia, y usted y yo no vamos a ser la excepción que no vamos a pasar por diferentes etapas de pruebas.

El que es creyente, será probado, y mostrará que realmente es un creyente en Cristo y que no importa lo que pase en su vida o a su alrededor, continuará siguiendo a Cristo. El mismo Cristo dice: "Si alguno pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino," o sea que es importante que sepamos estas cosas para que a ninguno de ustedes les pase como al que está representado junto al camino o el que está representado en pedregales. Ya me imagino que ustedes dicen: "A ninguno de esos dos grupos yo pertenezco," pero vamos a pasar al otro, a uno de los otros dos usted pertenece.

Ahora vean, ese que fue sembrado en terreno pedregoso la Palabra y él no tienen raíz, no se arraigó la Palabra en la vida de la persona, es importante que esa Palabra se arraigue en la persona, y la persona se arraigue en la Palabra sabiendo que no hay otra esperanza para el ser humano, sino Cristo, y está aquí en la Palabra todo el programa de salvación.

"El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa."

Aquí tenemos un grupo de personas que viven en la Tierra y están pensando en hacerse ricos, habla acerca de esas personas que nunca tienen tiempo para servir a Dios, y si han recibido a Cristo como Salvador, casi no tienen tiempo para ir a la Iglesia, para dedicar tiempo para Dios, primero para ellos son los negocios, el dinero, esos tienen graves problemas, hay un sitio para ellos, lo muestra Cristo en San Lucas, capítulo 16, verso 20 al 25, y es donde fue el hombre rico.

Pero para los creyentes está el Paraíso, en aquel tiempo era el Seno de Abraham donde fue Lázaro; actualmente, bajo la dispensación del Cristianismo, es el Paraíso, las sexta dimensión, donde están todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente y están muy felices allá en sus cuerpos espirituales, y esperando allí la Venida del Señor al Paraíso, para venir con Él a la Tierra y recibir el cuerpo físico glorificado en la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, porque para eso es la Venida de Cristo: para la resurrección de los creyentes en Él que murieron y para la transformación de los que estén vivos.

Ahora vimos tres grupos de personas que escucharon el Evangelio de Cristo y recibieron a Cristo como Salvador, ¿y a cuál de esos tres grupos usted pertenece? Yo no pertenezco a ninguno de ellos, ¿y usted? pues tampoco. Vamos a ver el cuarto grupo.

"Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno."

La Palabra, el Evangelio de Cristo, es para entenderlo. Es importante que usted entienda que no hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo; es importante que usted entienda que todo ser humano necesita un Sacrificio de Expiación por sus pecados, y ese Sacrificio lo realizó Cristo en la Cruz del Calvario, y que ya no necesita sacrificios de animalitos como se efectuaban allá en el Antiguo Testamento en el templo que construyó el rey Salomón, o el templo que luego fue restaurado en diferentes ocasiones.

Ya no se necesitan sacrificios de animalitos, esos sacrificios eran tipo y figura de Cristo, por eso cuando Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, vean, Juan dice: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo." Para quitar el pecado tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano. San Juan nos habla claro acerca de Cristo con relación a Su Sacrificio, el mismo Cristo dice: "Yo soy el buen Pastor, y el buen Pastor Su vida da por las ovejas." Está hablando de que va a morir por las ovejas, va a morir como el Sacrificio de Expiación por los pecados de las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna, porque para eso Él fue enviado a la Tierra.

Él dice: "Yo pongo mi vida para volverla a tomar, nadie me la quita, Yo de mí mismo la pongo, tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar, por eso me ama el Padre." O sea, que Cristo vino para llevar a cabo una misión divina de parte del Padre en favor de la raza humana, en favor de la familia humana, ¿a favor de quién? De cada uno de nosotros.

La Escritura nos dice en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7, San Pablo hablando dice: "Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros." Así como el Cordero pascual fue sacrificado en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos hebreos, así Cristo como el Cordero pascual fue... como el Cordero pascual fue sacrificado por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también. El nombre suyo y el mío está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por consiguiente Él tenía que morir por esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo.

Y ahora, hemos estado viendo a Cristo y el porqué Él vino a la Tierra y murió, tenía que morir, Él mismo dijo: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva," San Juan, capítulo 12, verso 24. Él siendo la simiente original, el Hijo de Dios, tenía que morir para luego reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios por medio de Su Iglesia. Él, siendo el grano de trigo, la Iglesia siendo la planta de trigo, ¿y a través de qué se reproduce el grano de trigo? A través de la planta de trigo que es parte de él, viene de él, la cual es la Iglesia del Señor Jesucristo que nació el Día de Pentecostés.

Y esa manifestación de Cristo en Su Iglesia a través de la historia del Cristianismo, Cristo ha estado reproduciéndose en millones de hijos e hijas de Dios, por eso se predica el Evangelio de Cristo y por esa causa millones de seres humanos han creído, ha nacido la fe de Cristo en su alma, porque la fe nace, viene, por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Es un milagro divino el que sucede en el corazón de la persona, y Cristo, al escuchar la confesión de la persona que lo recibe como Salvador, perdona sus pecados, con Su Sangre lo limpia de todo pecado, es bautizado en agua en el Nombre del Señor, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así nace un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, y viene a ser una persona nacida del Cielo porque el nuevo nacimiento es del Cielo. Por eso San Pablo dice:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas." (Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21).

Y ahora, estamos viendo cómo nacen en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, hijos e hijas de Dios a la Vida eterna, nacen en el Reino de Dios. Recuerden a Cristo hablándole a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, donde le dice: "De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Espíritu no puede ver el Reino de Dios."

Así como para ver este reino terrenal tuvimos que nacer todos, el que no nació, pues no existe o no existió en la Tierra, y así para ver el Reino de Dios la persona tiene que nacer, nacer en el Reino de Dios, lo cual se requiere nacer de nuevo; es un nuevo nacimiento, no es nacer a través de sus padres terrenales, sino nacer del Espíritu Santo, lo cual ocurre en la persona que recibe a Cristo como Salvador, que es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento.

Más adelante, por cuanto Nicodemo no comprendía ese misterio del nuevo nacimiento, Cristo le dice: "De cierto, de cierto te digo que el no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios." Y toda persona desea entrar al Reino de Dios.

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo que es predicado y nace la fe de Cristo en su alma, y nacer del Espíritu, es recibir el Espíritu de Cristo cuando la persona ha recibido a Cristo y ha sido bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y así produce el nuevo nacimiento en la persona. Esos son los mismos representados en la buena tierra que lleva fruto a ciento por uno, a sesenta por uno o a treinta por uno.

Y ahora, ¿quiénes son los que están representados en la buena tierra? Todos nosotros. Todos ustedes y yo también estamos representados en esa buena tierra que lleva fruto como creyentes en Cristo, que lleva el fruto del Espíritu de Cristo, que lleva el fruto de Cristo en su vida como un creyente en Cristo nacido de nuevo que está en el Cuerpo Místico de Cristo, y que trabaja también en el Reino de Cristo y que espera su transformación cuando llegue el momento de la transformación de todos los que estén vivos, o si muere físicamente, estará esperando la resurrección en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, y entonces ya nunca más morirá.

Todos los creyentes en Cristo representados en la buena tierra vivirán eternamente con Cristo en Su Reino, con cuerpos eternos, inmortales, jóvenes para toda la eternidad, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando se fue al Cielo, al Trono celestial.

Esa es la clase de cuerpo que Él ha prometido para todos los creyentes en Él, esa es la clase de cuerpo que Él ha prometido para todos aquellos que escuchan la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y la entienden, y reciben a Cristo como único y suficiente Salvador. ¿Y quiénes son representados en esa buena tierra? Cada uno de ustedes y yo también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Ahora, usted ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, la Palabra de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma, y ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, recordando que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Cristo en una ocasión preguntó:

"Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras." (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante, y la Vida eterna solamente la podemos recibir a través de Jesucristo nuestro Salvador. Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo, en Jesucristo; "el que tiene al Hijo, tiene la vida, la Vida eterna, el que no tiene el Hijo, porque no lo ha recibido como Salvador, no tiene la Vida eterna." (Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13).

Y la buena noticia es que Dios nos ha dado Vida eterna, y esa vida está en Jesucristo, por eso Él dice: "Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre."

Recibimos a Cristo como Salvador cuando se predica el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, para que Él nos dé Vida eterna. Él tiene la exclusividad de la Vida eterna, ninguna otra persona nos puede dar Vida eterna porque el único que tiene la exclusividad de la Vida eterna es Jesucristo nuestro Salvador, Él es el único que murió por cada uno de nosotros en la Cruz del Calvario como nuestro Salvador, como nuestro Redentor, llevando nuestros pecados.

Por lo tanto, la buena noticia es que todos los creyentes en Cristo tienen Vida eterna, es la Vida eterna lo más preciado, lo más importante, y usted no la puede comprar, ya Cristo la compró en la Cruz del Calvario para nosotros, Él pagó el precio de nuestra salvación para que gratuitamente todos la recibamos como un don divino:

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

Es para tener Vida eterna que Cristo vino a la Tierra y murió en la Cruz del Calvario, para que tengamos Vida eterna, y la parte que no podíamos hacer nosotros la hizo Cristo en la Cruz del Calvario, ahora nos ha tocado a nosotros la parte más sencilla: escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y creer en Cristo como nuestro único suficiente Salvador.

Por la fe en Cristo obtenemos la salvación y Vida eterna, por lo tanto, eso es entender la Palabra para ser salvo, para obtener la Vida eterna, y así estar tranquilos viviendo en la Tierra, sabiendo que si nuestro cuerpo físico muere, vamos al Paraíso a vivir con nuestro cuerpo espiritual y esperaremos allí hasta la resurrección de los muertos creyentes en Cristo.

Recuerden que la persona es alma viviente, el cuerpo físico es una casa terrenal temporal que la tenemos por una cantidad de tiempo, pero lo que en realidad es la persona, es alma viviente, por eso Cristo dice: "¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?" Es que el ser humano es alma viviente.

"LA PALABRA DEL REINO ES PARA SER ENTENDIDA."

El Evangelio de Cristo es para ser entendido, ser escuchado, entender que hay un Salvador que murió por nosotros en la Cruz del Calvario para con Su Sacrificio limpiarnos de todo pecado y darnos Vida eterna. Ninguna otra persona ni pudo hacer ese Sacrificio por nosotros, ni habrá otra persona que lo pueda hacer, solamente con un Sacrificio efectuó la Obra de Redención.

Dios tiene mucho pueblo en la República de Honduras, y los está llamando en este tiempo final, porque están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, y Cristo dice de esas personas: "Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre."

Por lo tanto, aunque usted no sabía que su nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, lo sabe ahora, por esa causa usted está escuchando la predicación del Evangelio de Cristo nuestro Salvador. Usted es una oveja del Señor, por lo cual usted está escuchando la predicación del Evangelio de Jesucristo nuestro Salvador; y usted está entendiendo la Palabra del Reino, el Evangelio de Cristo, está entendiendo que Cristo es nuestro Salvador que murió llevando nuestros pecados, murió en la Cruz del Calvario por cada uno de nosotros, para así darnos Vida eterna.

Todavía vienen más personas que como ustedes desean vivir eternamente, han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, han entendido la Palabra del Reino, nació la fe de Cristo en su alma, y ahora vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Bien dijo Cristo en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33:

"A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos."

Si lo confesamos como nuestro Salvador, Él nos confiesa delante de nuestro Padre celestial como creyentes en Él que lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, y el Padre nos da la entrada a Su Reino eterno. También para los que no creen, dice:

"Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos."

Si le negamos, Él nos negará delante del Padre celestial, y entonces no podemos entrar al Reino de Dios, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino. Pero los que han escuchado, ha nacido la fe de Cristo en su alma y dan testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como Salvador, así confiesan a Cristo como Salvador, y el Padre le da la entrada al Reino celestial.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo, pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que es un asunto de Vida eterna. Es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Es la decisión más grande que una persona puede hacer: recibir a Cristo como Salvador, y es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Hay muchas decisiones en la vida que el ser humano hace, pero ninguna de ellas coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo, excepto recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, si falta alguno por venir, puede venir. Recuerden que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Señor, reconozco, creo, entiendo y doy testimonio que Tú ganaste mi salvación en la Cruz del Calvario, hazla una realidad en mi vida, sálvame Señor. Te lo pido en el Nombre glorioso tuyo, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: "Cristo dijo:

´Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.´

¿Cuándo me pueden bautizar?" es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón, porque Cristo dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo." Usted me dirá: "Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí, y ahora quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo."

El bautismo en agua es tipológico, no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por lo tanto, el bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, por eso nos identificamos con Cristo en el bautismo en agua en Su Nombre.

Y ahora, Cristo nuestro Salvador le confesará delante de vuestro Padre y de nuestro Padre celestial, como un creyente en Cristo que lo ha recibido como único y suficiente Salvador.

Es importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Millones de seres humanos que han recibido a Cristo como Salvador desde el tiempo de los apóstoles hacia acá, han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y continúan siendo bautizados todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Millones, creyentes en Cristo, ya están en el Paraíso, pero confirmaron su lugar con Cristo en Su Reino eterno, y por consiguiente vivirán con Cristo por toda la eternidad, resucitarán en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados. Son los creyentes en Cristo los que tienen esa esperanza. Usted no puede tener esa esperanza a menos que sea un creyente en Cristo, porque Cristo es el que ha prometido resucitar a todos los creyentes en Él en el Día Postrero, conforme a San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40.

Para que tengan un cuadro claro de la bendición tan grande que tienen los creyentes en Cristo, veamos los que nos dice aquí: capítulo 6, versos 39 al 40 de San Juan, dice Cristo:

"Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero."

Es una promesa de Cristo para todos los creyentes en Él, por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, recordando que aun el mismo Cristo, cuando Juan predicaba (Juan el Bautista), fue al Jordán donde Juan estaba bautizando y entró a las aguas bautismales para que Juan lo bautizara, y Juan, cuando lo ve, le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?" Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia," y entonces lo bautizó.

Si Jesús tuvo necesidad de ser bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados ustedes que han recibido a Cristo en estos momentos aquí en Honduras, y los que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo aquí al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados, ¿si tienen bautisterio aquí? Aquí tienen bautisterio, por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones y recibieron a Cristo en estos momentos como Salvador, también pueden ser bautizados, para lo cual también dejo al ministro correspondiente en cada nación para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

"LA PALABRA DEL REINO PARA SER ENTENDIDA."

 

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