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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de Internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.     Para lo cual buscamos la Escritura en San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante, hasta el 36, donde Jesucristo nos habla de las señales que estará viendo la Iglesia, los creyentes en Cristo, que marcarán el tiempo final o fin del tiempo. Dice Jesucristo, capítulo 21, verso 25 al 36 de San Lucas:     “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;     desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.     Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.     Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.     También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.     Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.     Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.     De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.     El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.     Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.         Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.     Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”     Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.     “LAS SEÑALES DEL FIN DEL TIEMPO,” es nuestro tema para esta ocasión.     A través de la naturaleza, y a través del Cielo, las estrellas, el Zodíaco, todas estas cosas que están en el Cielo, veremos en el tiempo final cosas acontecer que son señales para los seres humanos, señales en el Cielo que marcan el tiempo final.     Por ejemplo, tenemos señales en el Cielo, de aviones, de cohetes, de cohetes que envían con tripulantes a la Luna o a algún otro lugar (algunos regresan, otros no); tenemos satélites en el Cielo también, y también carros de fuego o platillos voladores que han estado siendo vistos, y un sinnúmero de cosas en el Cielo sucediendo. También en la Luna señales, en el Sol también las explosiones solares, y otras muchas otras cosas que suceden en el Cielo, en las estrellas, de las cuales muchas personas no tienen información porque no leen los periódicos o ven las noticias, o hay poca información sobre esas cosas que suceden en el Sol, la Luna y las estrellas; y aun los eclipses solares y las alineaciones planetarias son señales también en el Cielo.     Recuerden que para el nacimiento de Jesús hubo una señal grande en el Cielo, la cual en medio del Cristianismo se la llama: la estrella de Belén, que vieron los magos, aquellos hombres sabios que habían venido del Este hacia Israel, o sea, que vinieron de Babilonia o Ur de los Caldeos, de donde había vivido el profeta Daniel; y muchos de esos sabios que vivieron allá tenían conocimiento de la Palabra profética divina, porque el profeta Daniel les había enseñado esas profecías.     Y ahora, era importante saber que la Escritura decía que de Jacob saldría una estrella, y por consiguiente, eso tendría un significado espiritual y físico también; y se cumplió en la venida o nacimiento de Cristo, se cumplió en ambas formas, recordando que Dios le prometió a Abraham que su simiente sería como las estrellas del Cielo, por lo tanto en cada estrella está representado un descendiente de Abraham.     Es muy importante entender estas cosas, para así saber que las señales en el Cielo tienen el sentido literal y el espiritual. Fue dicho que de Jacob saldría una estrella, el Mesías Príncipe, según la carne siendo descendiente de Abraham es una estrella, es la Estrella Resplandeciente de la Mañana, tipificado en la estrella resplandeciente de la mañana que es Venus.     Ahora miren, Números, capítulo 24, verso 17, por medio del Espíritu de Dios hablando este hombre Balaam, el cual vendió su primogenitura por dinero y fama, pero que era un profeta, dice, capítulo 24, verso 15 en adelante dice:     “Y tomó su parábola, y dijo:     Dijo Balaam hijo de Beor,     Dijo el varón de ojos abiertos;     Dijo el que oyó los dichos de Jehová,     Y el que sabe la ciencia del Altísimo,     El que vio la visión del Omnipotente;     Caído, pero abiertos los ojos:     Lo veré, mas no ahora;     Lo miraré, mas no de cerca;     Saldrá ESTRELLA de Jacob,     Y se levantará cetro de Israel,     Y herirá las sienes de Moab,     Y destruirá a todos los hijos de Set.”     Aquí está profetizando de la Estrella que saldrá de Jacob, el cual sería el Mesías como descendiente de Abraham. Por eso en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, Cristo dice de la siguiente manera, y lo vamos a leer para que tengan el cuadro claro, dice:     “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”     ¿Quién es la Estrella Resplandeciente de la Mañana? Jesucristo; Él es el Ángel del Pacto que le apareció a Moisés en aquella llama de fuego, en un árbol, una zarza. Él es esa Luz, esa Columna de Fuego, Él es esa Estrella resplandeciente, la Columna de Fuego, el Espíritu Santo: Cristo en Su cuerpo angelical. Y también hablándonos acerca de la Estrella de la Mañana, nos dice en el capítulo 2 del libro del Apocalipsis, verso 28, de la siguiente manera, y lo vamos a leer, dice:     “…y le daré la estrella de la mañana.”     Esto es al vencedor, si leemos un poco antes, desde el verso 26 en adelante, dice:     “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,     y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre…”     Como Cristo recibió ese poder, esa autoridad, y se sentó en el Trono celestial, y el que tiene el poder, la autoridad, es el que está sentado en el Trono de ese Reino. Cristo subió al Cielo victorioso y se sentó en el Trono celestial de Dios (eso es a la diestra de Dios, el poder de Dios), y por consiguiente todo el poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra, como dice el mismo Cristo en San Mateo 28, versos 16 al 20.     Y ahora, Él promete hacer con el vencedor en la misma forma que el Padre ha hecho con Él, con Jesucristo, por eso le dará la Estrella Resplandeciente de la Mañana, que es el Espíritu Santo; y por consiguiente, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto estará en el vencedor hablando, trayendo estas cosas que deben suceder, dándolas a conocer y mostrando el cumplimiento de ellas en cada ocasión en que sea necesario.     Si le va a dar la Estrella de la Mañana, no significa que le va a dar el planeta Venus, aunque puede cumplirse también en lo literal; pero en lo espiritual significa que le dará el Espíritu Santo. Y por eso aparece en Apocalipsis, capítulo 7, verso 1 en adelante, donde dice:     “Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra…”     O sea, para que no soplasen guerras sobre la Tierra, aguantando las guerras o la guerra, porque habrá una tercera guerra mundial, y será atómica, y esa guerra ha estado siendo aguantada, detenida; detenida, aguantada desde otra dimensión, la dimensión de los ángeles.     “…para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.    Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo…”     Un ángel, un mensajero, que tiene el Sello del Dios vivo, el Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención,” dice San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30.     Por lo tanto, este ángel mensajero, este hombre mensajero, viene con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo, con la Estrella Resplandeciente de la Mañana en él, con Cristo en Espíritu Santo en él, hablándole al pueblo; primero estará hablándole a la Iglesia del Señor Jesucristo, y después al pueblo hebreo. La Estrella Resplandeciente de la Mañana, Cristo en Espíritu Santo, ha estado en medio de Su Iglesia, como Él dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 20:     “…yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”     ¿Cómo estaría y cómo ha estado? En Espíritu Santo. Él es el Ángel del Pacto, el mismo que le apareció a Moisés y libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés; fue Él en Moisés, velado en el cuerpo de Moisés y hablando a través del profeta Moisés. Ningún hombre puede hablar y las cosas suceder como acontecía cuando Moisés hablaba, era Dios en Espíritu Santo en el cuerpo angelical de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical (llamado el Espíritu Santo), dentro de ese velo de carne hablando esas palabras, hablando esas plagas que vinieron sobre Egipto.     Moisés no libertó al pueblo hebreo, fue Dios por medio de Su Espíritu, por medio del Ángel del Pacto, a través del profeta Moisés.     Y ahora, este ángel viene con el Espíritu Santo, con el Sello del Dios vivo, para llevar a cabo una Obra divina, Dios a través de Él. Sigue diciendo:     “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios (los siervos de Dios: el pueblo hebreo).     Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.”     O sea, de las doce tribus de Israel, de las diez tribus del Norte y de las dos tribus del Sur.     “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.     De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.     De la tribu de Aser, doce mil sellados...”     Y así sigue enumerando doce mil sellados de cada una de las tribus de Israel, y luego, más adelante, aparece otra multitud.     Estos ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu, son exclusivamente del pueblo hebreo, de las diez tribus del reino del Norte y de las dos tribus del reino del Sur, que componen toda la casa de Israel; nos habla del reino del Norte como la casa de Israel o como la casa de Efraín, y el del reino del Sur como la casa de Judá. Van a ser nuevamente unidos esos dos reinos en el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, en la restauración del reino de David, el Mesías Príncipe unirá esos dos reinos, la gente de esos dos reinos, y así restaurará el Reino de Dios en la Tierra, que es la restauración del reino de David y trono de David, de lo cual Cristo dijo que orando pidieran la Venida del Reino de Dios. San Mateo, capítulo 6... por ahí por el capítulo 6 de San Mateo, Cristo pide que se ore por la Venida del Reino de Dios, y por consiguiente todo cristiano está llamado a estar orando por la Venida del Reino de Dios, en el cual hay grandes bendiciones para todos los creyentes.     Ahí en el capítulo 6, verso 10:     “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”     Es en el Reino del Mesías, en el Reino de Dios restaurado en la Tierra, que se hará la voluntad de Dios, como se hace en el Cielo se hará en la Tierra. Para lo cual será establecido el Reino del Mesías en la Tierra, su capital será Jerusalén, por lo cual hay que estar orando por Jerusalén, por la paz de Jerusalén y por la paz de todo el territorio de Israel y por la paz del Medio Oriente; y no solamente orando sino trabajando para que venga la paz para el Medio Oriente.     Ahora, sigue diciendo aquí Apocalipsis, capítulo 7, verso 9 en adelante:     “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.     Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.     Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?     Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.     Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;     porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.”     Estas personas son los que pasan por la gran tribulación, personas del Cristianismo, representados en las vírgenes insensatas que no tenían aceite en sus lámparas, por eso tienen que pasar por la gran tribulación para ser purificados allí; y también los ciento cuarenta y cuatro mil judíos o hebreos, doce mil de cada tribu, tienen que pasar por la gran tribulación para ser purificados allí.     Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, no tendrán que pasar por la gran tribulación porque han sido lavados con la Sangre del Cordero, han sido purificados, y por consiguiente no tienen pecado, por lo cual no tienen que pasar por la gran tribulación; porque la gran tribulación es para purificar el planeta Tierra, purificar los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, y purificar a las vírgenes insensatas o vírgenes que no tenían aceite en sus lámparas, que no tenían el Espíritu Santo, y por consiguiente no habían nacido de nuevo; llamadas “vírgenes fatuas,” porque no tomaron aceite en sus lámparas.     Y es para el tiempo final en donde dice la Escritura que a medianoche se oyó un clamor: ¡“He aquí el Esposo viene, salid a recibirle!” (Eso está en San Mateo, capítulo 25, verso 1 al 13). Y ese mensaje, ese clamor, es el mensaje que precursa la segunda Venida de Cristo, está diciendo: “¡He aquí el Esposo viene; salid a recibirle!” Está preparando al pueblo, precursando la Venida del Señor: “¡He aquí el Esposo: Cristo, viene; salid a recibirle!”     Y dice que todas despertaron, se levantaron, y aderezaron sus lámparas, las que tenían aceite, y las que no tenían pedían a las que tenían aceite; y las que tenían aceite, las vírgenes prudentes, le dicen: “Para que no les falte a ustedes y a nosotras, vayan ustedes a comprar a los que venden.” Y mientras ellas iban a comprar (las insensatas) vino el Esposo.     Luego del clamor o mensaje del precursor, tiene que cumplirse la Venida del Esposo, la Venida de Cristo, y tiene que cumplirse ¿dónde? Viniendo a Su Iglesia, lo cual será un misterio muy grande, porque la Venida de Cristo a Su Iglesia antes de la gran tribulación será para darle la fe para ser transformados los creyentes en Cristo que estén vivos, y los que murieron luego también serán resucitados en ese tiempo tan importante, en donde estarán siendo preparados los creyentes en Cristo para así tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.     Dice que mientras iban a comprar aceite las insensatas, vino el Esposo, viene el Esposo: Cristo, a Su Iglesia. Ese es el misterio más grande de todos los misterios del Cielo, porque en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, y capítulo 8, verso 1 en adelante, dice que cuando fue abierto el Séptimo Sello (que es y que contiene el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia), dice que hubo silencio en el Cielo como por media hora. No sabían, y de momento, cuando es abierto ese misterio, ese Sello, conocen lo que es el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia. Pero hubo silencio para que nadie supiera, para que las personas no supieran, y para que el enemigo de Dios no supiera y fuera a afectar la Venida del Señor en el Día Postrero; porque el enemigo de Dios, el diablo, siempre imita las cosas que Dios va a hacer para que cuando Dios las haga, las cumpla, digan: “Eso es lo mismo que habían hecho otras personas.”     Como la Venida del Señor dos mil años atrás, luego encontramos que Gamaliel, ese hombre sabio, dijo que antes de Jesús, antes de que ocurrieran esas cosas que los discípulos de Cristo hablaban, predicaban, dice: “Antes vinieron Teudas y Judas diciendo que eran personas importantes (o sea, eran personas que estaban apareciendo como si fueran el Mesías, o si fueran un profeta importante, dice), y le siguieron muchas personas; pero murieron esas personas, murió cada uno de ellos, y se deshizo todo ese movimiento y todas esas personas que los seguían.     Si esto es igual, pasará en la misma forma; pero si esto es de Dios, nadie lo podrá detener; si esto es de Dios, tengan cuidado, no vayan a ser encontrados resistiendo a Dios, no vayan a ser encontrados luchando, peleando, en contra del Programa de Dios, del Programa que Dios tiene para el tiempo.”     Y entonces comprendieron que debían tener cuidado con levantarse en contra de ese movimiento de Cristo seguido por los apóstoles y seguido por todas las personas que estaban recibiendo a Cristo como Salvador, lo cual creció, a tal grado que ha llenado el mundo entero el Cristianismo.     Pero vean la forma en que nació, y lo que San Pablo dice: “Conforme al Camino que llaman herejía, sirvo al Dios de mis padres.” Era llamado herejía el Camino de Cristo, el camino cristiano; el Cristianismo era llamado un camino de herejía, un camino hereje, y por eso perseguían a los cristianos y los mataban. Pero vean, lo que era una herejía, llamada herejía para aquel tiempo, vino a ser la Verdad divina conforme al Programa Divino que fue llevado a cabo en aquel tiempo y fue creciendo y ha llegado hasta el día presente.     Ahora, hemos estado viendo estas cosas que tienen que suceder, tanto en el Cielo, en la Tierra también, en las estrellas, en el Sol, en la Luna, y en el Cuerpo Místico de Cristo en medio de los creyentes en Cristo, en estas parábolas de Cristo encontramos todas estas cosas. En las parábolas Cristo hablaba al mundo, a las personas, pero aparte les hablaba abiertamente a Sus discípulos, aunque ellos no entendían muchas cosas; y cuando Pedro hace ciertas preguntas, habla algunas cosas con Cristo, Cristo le dice: “Lo que no entiendes ahora, lo entenderás después.”     Ellos no entendían cómo Cristo podía decir: “Destruyan este Templo, y en tres días Yo lo levantaré.” Porque Él estaba frente allá al templo, y pensaban que estaba hablando de aquel templo, y una persona que habla en contra de un edificio de gobierno o de algún grupo religioso, queda señalado como terrorista y tiene problemas con las autoridades de gobierno. Pero Él no hablaba del templo literal, aunque había dicho que iba a ser destruido el templo y la ciudad de Jerusalén y el templo que estaba en Jerusalén, esas profecías, había dicho esto.     Y ahora, en ese momento del capítulo 2 de San Juan, Él está hablando luego que sacó los vendedores, los comerciantes los sacó del templo, le preguntan o le dicen: “Muéstranos con qué autoridad tú has hecho esto, muéstranos señal (querían una señal).” Él dice: “Destruyan este Templo, y en tres días Yo lo levantaré.” Pero ellos pensaban que estaba hablando del templo literal y le dicen: “En cuarenta y seis años fue levantado este templo, construido, ¿y ahora tú dices que en tres días lo vas a levantar?” Ellos están interpretando las cosas en la forma literal, y entonces ¿quién se iba a arriesgar a destruir ese templo? iba a ir preso.     Pero Él hablaba del Templo de Su carne, de Su cuerpo físico; los discípulos pensaban que estaba hablando del templo literal, pero cuando murió, resucitó, entonces comprendieron que hablaba de Su Templo de carne, Su cuerpo físico, y luego San Pablo hablando del cuerpo de los creyentes dice: “¿No saben ustedes que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”     El que destruye el Templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Por lo tanto, toda persona que persiga y mate, destruya los creyentes en Cristo, está destruyendo el templo humano de Dios que forma parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque cada creyente en Cristo es un templo donde mora el Espíritu de Dios; y por consiguiente tendrá problemas delante de Dios toda persona que haga algo en contra de los creyentes en Cristo, y también los que hagan algo en contra del pueblo hebreo.     Por lo tanto, es importante que cada persona comprenda esto: que es un Templo de Dios todo creyente en Cristo nacido de nuevo, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros, el Espíritu Santo. Y Él es el que hace la Obra de Dios a través de cada creyente en Cristo. Él hace el querer, coloca en la persona, en su alma, el querer hacer las cosas que están establecidas que cada creyente debe hacer, y también el hacer. O sea que le ayuda a la persona y obra en la persona y a través de la persona para que sean hechas las cosas que debe hacer cada creyente en Cristo.     Por lo tanto, es una Obra de Dios por medio de Su Espíritu Santo a través de cada creyente en Cristo. Y es una obra de fe, porque la fe sin obras es muerta; es una obra de fe toda labor que cada creyente en Cristo hace en la Iglesia del Señor Jesucristo.     Por lo tanto, es el Espíritu Santo obrando a través de cada creyente en Cristo, así como Dios obró por medio de Su Espíritu a través de Jesucristo, y luego Cristo dice que “el Espíritu Santo será el que estará en vosotros, y el que les revelará todas las cosas que han de suceder,” y por consiguiente será el que obrará por medio de los creyentes en Cristo. Todo el poder divino Dios lo colocó en Cristo, y todo el poder de Cristo ha sido colocado en la Iglesia del Señor Jesucristo. Dios todas las cosas las hizo por medio de Cristo, y Cristo ha hecho todas las cosas por medio de Su Iglesia, y continúa obrando por medio de Su Iglesia en este tiempo final.     Por lo tanto, es importante mirar y ver las señales del campo espiritual y del campo físico también, que nos indican que estamos viviendo en el fin, estamos viviendo en el Día Postrero, en el Día milenial número siete o séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá; en el Día Postrero, del cual Cristo dijo: “Yo le resucitaré en el día postrero,” esto es para todos los creyentes en Cristo, conforme a San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40. Por lo tanto, la promesa de la Venida de Cristo es para la Iglesia del Señor Jesucristo, la promesa de la Venida de Cristo antes de la gran tribulación; luego la promesa de la Venida de Cristo después de la gran tribulación, al final de la gran tribulación, es para el pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.     Y ahora, será un misterio muy grande la Venida de Cristo a Su Iglesia en el Día Postrero, porque viene para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y esa fe girará alrededor de la Venida de Cristo para el Día Postrero, de la segunda Venida de Cristo, que será a Su Iglesia. Y ellos lo reconocerán viniendo a Su Iglesia. Es una bendición grande para la Iglesia del Señor Jesucristo prometida en la Escritura, por eso será como ladrón en la noche la Venida del Señor; el mundo está en tinieblas, está en oscuridad, está de noche. Pero la Iglesia del Señor Jesucristo y para la Iglesia del Señor Jesucristo nacerá el Sol de Justicia, o sea, nacerá un nuevo día, un nuevo día dispensacional y un nuevo día milenial, para ver la Luz que es Cristo resplandeciendo en medio de Su Iglesia.             Por lo tanto, estemos apercibidos y preparándonos para nuestra transformación y arrebatamiento al Cielo con Cristo, para estar en la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo, que es la Cena de las Bodas del Cordero, de los cuales dice que son bienaventurados los que son llamados, invitados, convidados, a la Cena de las Bodas del Cordero.     Las señales del fin del siglo las estamos viendo en el Cielo, en la Tierra, en las estrellas, en todos los lugares. Y dice Cristo: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, ustedes viéndolas con vuestros propios ojos, levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.” La redención del cuerpo es nuestra transformación, la redención del cuerpo, la adopción en cuerpos eternos con Vida eterna y juventud eterna, por consiguiente, nunca se pondrán viejos los creyentes en Cristo cuando sean transformados, cuando ya tengan el nuevo cuerpo glorificado.     Y esa promesa es para mí ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, creyentes en Cristo nuestro Salvador, miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.     Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, pues no tiene esa esperanza, por lo cual puede pasar al frente, estaremos orando por usted para que así usted lo reciba como Salvador, pues la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación; tiene ahora la oportunidad de confesar a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.     Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como Salvador; pueden pasar acá al frente y oraremos por usted. Y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente, y así quedarán incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.     Vamos a dar unos minutos para que puedan pasar al frente todos los que todavía no han recibido a Cristo, para recibirlo como único y suficiente Salvador.     Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna. Sin Vida eterna no hay futuro para el ser humano, sin Vida eterna el ser humano solamente tiene un cuerpo mortal, corruptible y temporal que se le va a terminar, y no sabe cuándo se va a terminar su vida terrenal, la vida del cuerpo físico, mortal. Y si no ha confirmado su lugar en la Vida eterna con Cristo, no tiene esperanza de vivir eternamente, por eso es que la persona, cuando no ha recibido a Cristo como Salvador, no cree que va a vivir eternamente, ¿por qué? Porque él no ha recibido la Vida eterna a través de Cristo. Cristo dijo:     “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.     Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).     Por lo tanto, lo más importante es la Vida eterna. Sin Vida eterna, la vida que vive el ser humano en la Tierra no tiene mucho significado, solamente tiene un significado temporal, pero queremos vivir eternamente, y todos tenemos la misma oportunidad de obtener la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador.     En Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13, dice:     “…Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (o sea en Jesucristo). El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios (o sea, no tiene a Cristo porque no lo ha recibido como Salvador) no tiene la vida.”     No tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporal, y se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a terminar. Porque la vida terrenal se acaba en un momento en que la persona ni siquiera sabía que se le iba a terminar; puede ser después de los 100 años, y algunas personas pueden decir: “Todavía me faltan muchísimos años para que se me acabe la vida.” Pero a otros se les ha terminado a menos de 100 años, a los 90, a los 80, a los 70, a los 60, otros a los 50, otros a los 40, otros a los 30, otros en la década de los 20, otros en la década de los 10, otros en la década de comienzo de un año a 10 años, y otros antes del año.     Por lo tanto, no hay un año de la vida del ser humano en que se vaya a terminar la vida, que usted pueda decir: “A los tantos años terminará la vida mía.” Como la de todos los seres humanos, a unos se les acaba primero, y a otros después; y la cosa es que nadie sabe en qué año, qué mes y que día se le va a terminar, y que hora. Por lo tanto, tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, para así tener la fe y la esperanza de una Vida eterna que está prometida para todos los creyentes en Cristo.     Los niños de 10 años en adelante pueden también continuar viniendo, los que están presentes y los que están en otras naciones.     Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos.     Cristo tiene muchas almas, mucho pueblo, en esta ciudad de Santa Cruz, Bolivia, y los está llamando en este tiempo final.     Y tiene mucho pueblo en toda la América Latina y los está llamando en este tiempo final, y también en Norteamérica, en Canadá y en otras naciones Él tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final. Es que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida, Libro que contiene los nombres de todos los que vivirán eternamente; tiene los nombres de todas las personas por las cuales Cristo murió en la Cruz del Calvario, el Libro de la Vida.     Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración, los que están presentes y los que están en otras naciones:     Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.     Reconozco que soy pecador, y necesito un Salvador. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.     Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino; sálvame Señor, que se haga una realidad en mí la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para todos tus hijos e hijas, para todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.     Señor, sálvame, haz en mí realidad Tu salvación. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén y amén.     Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.     Cristo les ha recibido en Su Reino, porque ustedes han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo. Recuerden que Él dijo: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre que está en los Cielos.” Ustedes me dirán: “Cristo dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Usted me dirá: “Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí, quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, como Él ordenó, ¿cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.                                                                                                        Bien pueden ser bautizados, porque Cristo ordenó que fueran bautizados los que creyeran en Él.     El bautismo en agua es tipológico, por lo cual el agua no limpia, no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua, aunque es tipológico, es un mandamiento de Cristo y es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.     Cuando el ministro sumerge a la persona en el bautismo, en las aguas, encontramos que eso tipifica sepultura, como también cuando la persona ha recibido a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida con Cristo, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; esa es la tipología, el simbolismo, del bautismo en agua en el Nombre del Señor.     El mismo Jesucristo fue donde Juan estaba bautizando en el Jordán, en Judea, entró al Jordán y cuando le tocó el turno de ser bautizado, y Juan lo ve, le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y el Espíritu Santo vino en forma de paloma sobre Jesús y permaneció sobre Jesús; esa era la señal que Dios le había dicho que sería vista sobre aquel que él estaba preparándole el camino; esa era la señal del Mesías: que el Espíritu Santo reposaría sobre el Mesías y permanecería sobre Él, para lo cual fue bautizado por Juan el Bautista, y vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús cuando fue levantado de las aguas bautismales.     Si Jesús, para cumplir toda justicia delante de Dios tuvo que ser bautizado, cuánto más nosotros tenemos que ser bautizados en el agua en el Nombre del Señor al creer en Cristo y conforme a la orden de Cristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Por lo tanto, es un mandamiento del Señor Jesucristo.     El primer mensaje que predicó San Pedro fue el Día de Pentecostés, y está en el Libro de los Hechos, y dice que cuando él estuvo predicando, fueron compungidos de corazón las personas, eso fue en el Día de Pentecostés cuando vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes en Cristo, vean lo que sucedió, lo cual es muy importante conocer.     Dice, cuando está predicando y les muestra que Jesús es el Mesías, en el capítulo 2, verso 32 en adelante, del libro de los Hechos:     “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.     Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.     Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,     Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.     Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.     Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.     Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.     Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.     Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”     Como tres mil personas escucharon la predicación de Pedro y creyeron, lo recibieron como Salvador a Cristo, y fueron bautizados en ese momento. Y en esta ocasión han creído ustedes y han venido a los Pies de Cristo, y la pregunta desde el corazón es: “¿Qué haremos? ¿Cuándo me pueden bautizar?” Pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.     Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y sobre los que están en otras naciones y han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, los cuales también pueden ser bautizados en estos momentos.     Para lo cual dejo al ministro correspondiente, reverendo Joel Lara, para que les indique aquí cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.     Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.     “LAS SEÑALES DEL FIN DEL TIEMPO.”

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