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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de Internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en el libro de los Hechos, capítulo 16, versos 11 en adelante, esto fue en uno de los viajes del apóstol Pablo, y dice:

"Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.

Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.

Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba

oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.

Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.

Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.

Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.

Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.

Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;

y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.

Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.

Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.

El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.

Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.

Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido.

Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.

El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;

y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?

Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y enseguida se bautizó él con todos los suyos.

Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios."

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"SALVO TÚ Y TU CASA."

La pregunta fue: "¿Qué debo hacer, qué debo hacer para ser salvo?" "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa."

"SALVO TÚ Y TU CASA." ¿Cómo? Creyendo en nuestro amado Señor Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador.

El ser humano en el Huerto del Edén, unos seis mil años atrás, pecó ante Dios, y perdió por consiguiente la Vida eterna, y solamente le dejó como herencia a su descendencia, a la raza humana, vida temporal, que es la que nosotros hemos heredado de Adán y Eva. Esa es la causa por la cual el ser humano nace en esta Tierra, vive una temporada, y luego muere.

Luego Dios estableció sacrificios de animalitos para cubrir los pecados del ser humano, los cuales tenían que efectuar esos sacrificios, comenzando con Adán, pero el primer sacrificio lo efectuó Dios, el cual le dio pieles a Adán y Eva para cubrir su desnudez, por lo cual tuvo que morir el animalito del cual fueron tomadas esas pieles.

Y así el ser humano continuó efectuando sacrificios de animalitos por sus pecados, para que quedaran cubiertos sus pecados, y al Dios mirar, no ver los pecados del ser humano, aunque estaban allí; todos esos sacrificios algún día dejarían de existir, cuando esos sacrificios, los cuales eran tipo y figura del Sacrificio del Mesías, el cual lo llevaría a cabo en Su Venida, lo efectuara en Jerusalén. Cuando vino Jesucristo, Él sabía para qué había venido.

Las demás personas no comprendían, y mucho menos podían entender por qué Él les hablaba de que Él iba a morir, de que Él pondría Su vida en expiación por los pecados, por la vida del mundo, "porque el Hijo del Hombre no vino para condenar al mundo sino para salvar al mundo." Para lo cual tenía que tomar los pecados del ser humano, hacerse pecado por el ser humano, y recibir la condenación del juicio divino señalado por el pecado del ser humano, e ir al infierno donde tiene que ir todo pecador, por lo cual, iba a ser una etapa muy dura para el Mesías en Su primera Venida.

Dice San Juan, capítulo 3, verso 16:

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

Así que, Jesucristo vino a la Tierra con una misión divina en favor de la familia humana. Porque el Hijo del Hombre no vino para condenar al mundo, sino para salvar al mundo, para lo cual tenía que hacerse pecado y morir en lugar del ser humano.

También en San Juan, capítulo *10, verso *11 en adelante, dice: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas." Dice: "Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen." También dice: "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor." Dice también: "Nadie me quita la vida, Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre." Todo esto está en el capítulo 10 de San Juan. Y en ese mismo capítulo 10 de San Juan, verso 27 en adelante dice:

"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre."

Ahí podemos ver que hay personas representadas en ovejas que vienen a este planeta Tierra para escuchar la Voz de Cristo, el buen Pastor, que es la predicación del Evangelio de Cristo, del cual el mismo Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

Por lo tanto, al predicarse el Evangelio de Cristo, todas las personas que escuchan solamente pueden hacer una cosa de dos cosas que hay para hacer: o creer, o no creer. El que cree, recibe Vida eterna, será salvo; mas el que no cree, es condenado, y pierde la oportunidad de vivir eternamente con Cristo en Su Reino en cuerpo eterno, inmortal, joven, cuerpo glorificado, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Lo más importante es la Vida eterna, para lo cual el ser humano tiene que ser salvo por Jesucristo, lo cual ocurre cuando la persona lo recibe como único y suficiente Salvador. Ya la obra de Salvación la efectuó Cristo en la Cruz del Calvario, y ahora le corresponde al ser humano obtener esa bendición creyendo en Cristo como su único y suficiente Salvador.

La pregunta del carcelero era: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa." Y así sucedió con él y su familia. Lo más importante es la salvación del alma del ser humano, porque el ser humano es alma viviente, viviendo en un cuerpo de carne, y con un espíritu dentro de ese cuerpo de carne la persona es alma viviente, por lo tanto el ser humano es cuerpo, espíritu y alma, así como Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y ahora, encontramos que todo ser humano en esta Tierra tiene la misma oportunidad de obtener la salvación, que es lo más importante, lo más grande que una persona puede obtener en este planeta Tierra, y es para lo cual Dios nos ha enviado a este planeta Tierra: para que escuchemos y obedezcamos el Evangelio de Cristo, lo recibamos como Salvador, seamos rociados con la Sangre de Cristo, limpiados de todo pecado, bautizados en agua en Su Nombre, y recibamos Su Espíritu Santo y obtengamos así la salvación y Vida eterna. Tan sencillo como eso es el Programa de Salvación y Vida eterna de parte de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido." (San Lucas, capítulo 18, verso 10, y San Mateo, capítulo 19, versos 11 al 14). "Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos," no es la voluntad de Dios que se pierdan las personas… San Mateo capítulo 18, versos 11 al 14, y San Lucas, capítulo 19 (estoy corrigiendo la cita aquí)... y San Lucas, capítulo 19, verso 10:

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido."

O sea, que vino con una misión divina en favor de cada uno de nosotros, y ya efectuó el Sacrificio de Expiación, y ahora le toca al ser humano escuchar las buenas noticias de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, para que pueda obtener la salvación y Vida eterna creyendo en Cristo como su único y suficiente Salvador. San Pablo hablando en Romanos, capítulo 5, versos 6 al 10, dice:

"Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación."

Por medio de Cristo hemos sido reconciliados con Dios. Porque la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y eso nos coloca dentro del nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo nuestro Salvador, la cual nos limpia de todo pecado y quedamos delante de Dios como si nunca en la vida hubiésemos pecado, quedamos justificados delante de Dios. Por lo tanto la pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo? La respuesta es: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa."

El Sacrificio de Cristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario, es nada menos que lo que Dios exigía para el ser humano obtener el perdón, ser limpio totalmente de todo pecado y ser reconciliado con Dios, lo cual fue tipificado en los sacrificios de animalitos que el pueblo hebreo llevaba a cabo.

Y por cuanto ya se efectuó el Sacrificio de Cristo como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, ya no hay sacrificios de animalitos, el templo fue destruido, y tampoco Dios acepta sacrificios de animalitos, porque lo único que Dios acepta, desde la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, es el Sacrificio de Cristo, Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario; y ese es el Sacrificio que opera, que está reconocido en el Templo celestial, donde Jesucristo está como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, y Su Sangre en el Trono celestial de Dios, en el Trono donde se coloca la Sangre de la Expiación: el Trono de misericordia allá en el Cielo, en el Templo celestial.

Está ese Sacrificio allí, está esa Sangre allí colocada, por lo cual convirtió el Trono de Dios en un Trono de misericordia. Está allí por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también, por todos aquellos que lo recibirían como único y suficiente Salvador.

Y si hay alguna persona que todavía no ha a recibido a Cristo como Salvador, y se pregunta: "¿Qué debo hacer para ser salvo y vivir eternamente?" "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa," por lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así nazca en el Reino de Dios, nazca del Cielo, porque el nuevo nacimiento es del Cielo, y tenga esta esperanza de la cual San Pablo nos habla en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, donde nos dice:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."

Toda persona que recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, obtiene el nuevo nacimiento, ha nacido de nuevo, ha nacido del Cielo porque el nuevo nacimiento es del Cielo; y por consiguiente, la persona es ciudadana del Cielo, está sentado en lugares celestiales con Cristo Jesús, está con Cristo representado en el Cielo; es ciudadano celestial, miembro de la Familia de Dios, como un hijo o una hija de Dios.

Lo más importante es la vida, y si esta vida es tan importante, cuánto mas la Vida eterna. Sin esta vida terrenal no estaríamos nosotros viviendo aquí en la Tierra, y sin la Vida eterna no podríamos vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno. Por lo tanto, estamos en este planeta Tierra para hacer contacto con Cristo recibiéndole como nuestro Salvador, para confirmar nuestro lugar con Cristo en Su Reino eterno.

"A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos."

Si le negamos, Él nos negará delante del Padre celestial. Si le confesamos como nuestro único y suficiente Salvador delante de los seres humanos, Él nos confesará delante del Padre celestial, y nos dará la entrada al Reino de Dios. (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).

También dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6:

"De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios."

Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del espíritu es nacer del Espíritu Santo al recibir el Espíritu de Cristo, al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego, y así nacemos del agua y del Espíritu en el Reino de Dios, entramos al Reino de Dios; y por consiguiente, nuestra ciudadanía, como creyentes en Cristo, es del Cielo, celestial, y nuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Es importante que toda persona sepa por qué está en este planeta Tierra, y como único lo puede saber es a través de la Palabra de Dios; a través del Evangelio de Cristo obtenemos el conocimiento de dónde hemos venido, por qué estamos aquí en la Tierra y a dónde iremos luego que termine nuestra vida terrenal en estos cuerpos mortales. Cuando la persona obtiene el conocimiento de dónde ha venido, por qué está aquí en la Tierra, y hacia dónde va después que termine esta vida terrenal, desaparece la angustia existencial que tiene el ser humano.

Por lo cual, la persona obtiene la salvación y Vida eterna y entonces sabe el porqué vive en este planeta Tierra, entonces es que la vida para la persona tiene sentido; porque una vida que la persona pueda pensar, su propia vida, de lo cual puede pensar que vino a la Tierra y no sabe de dónde vino, no sabe por qué esta aquí, y no sabe a dónde va cuando muera, y piense que deja de existir, no tiene sentido el vivir en esta Tierra. Pero saber que hay una vida después de esta vida terrenal, y que por medio de Cristo obtenemos la salvación y Vida eterna, para vivir eternamente con Él en Su Reino, eso sí tiene sentido, y eso nos llena de fe, de esperanza, de amor, y nos mantiene firmes apreciando esta vida terrenal que hemos obtenido para hacer contacto con Cristo y obtener la Vida eterna para vivir eternamente con Él en Su Reino.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo. Los niños también, de diez años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo.

Dios tiene mucho pueblo en la República del Ecuador, y los está llamando en este tiempo final. Y tiene mucho pueblo en toda la América Latina, en todo el Caribe, en Norteamérica, en Canadá, y en todas las naciones, y los está llamando para darles la salvación y Vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los que faltan por venir, pueden venir para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos segundos.

La Escritura dice: "Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón." Recuerda que estás escuchando la predicación del Evangelio de Cristo porque tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y ha nacido la fe de Cristo en tu alma, si no lo habías recibido como tu Salvador. Ha nacido la fe de Cristo en tu alma, y ahora tienes la oportunidad de dar testimonio público de tu fe en Cristo, para que así se cumplan en ti las palabras del apóstol San Pablo: "Con la boca se confiesa para salvación," se confiesa a Cristo públicamente como único y suficiente Salvador.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Todavía veo que vienen más personas, por eso estamos esperando unos segundos, es que Dios tiene mucho pueblo en la ciudad de Quito, Ecuador, y en toda la República del Ecuador, y los está llamando en este tiempo final.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio único de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador, y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, haz Tu salvación una realidad en mi vida, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Él dijo:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

Ustedes me dirán: "Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí, y ahora deseo ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, ¿cuándo me pueden bautizar?" Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

El mismo Señor Jesucristo fue donde Juan el Bautista estaba bautizando en el Jordán, en el territorio de Judea, entró a las aguas bautismales como las demás personas entraban a las aguas bautismales, y cuando le tocó el turno para ser bautizado, Juan le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?" Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia." Y entonces lo bautizó, y cuando fue levantado de las aguas bautismales, el Espíritu Santo descendió en forma de paloma sobre Jesús (Juan lo vio descender) y así fue lleno del Espíritu Santo, fue ungido por el Espíritu Santo.

Toda persona también tiene la oportunidad de recibir a Cristo, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, y recibir el Espíritu Santo, y obtener el nuevo nacimiento. Es para todos los creyentes en Cristo el bautismo del Espíritu Santo, así como también el bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Es importante que toda persona crea y obedezca el mandato de Cristo de ser bautizado en agua en Su Nombre, en el Nombre del Señor, por lo cual bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, como ha sucedido con millones de seres humanos que han escuchado el Evangelio de Cristo en tiempos pasados y en nuestro tiempo, y han sido bautizados y Cristo les ha recibido en Su Reino.

Y los que ya murieron físicamente, están en el Paraíso seguros, viviendo hasta regresar para recibir un cuerpo glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo; en la Venida del Señor Jesucristo se cumplirá esa promesa. Y para los que estén vivos en ese tiempo, creyentes en Cristo, ocurrirá la transformación de sus cuerpos, y todos serán iguales a Jesucristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí, y también al ministro correspondiente en cada país y en cada lugar, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Pasen todos muy buenas noches. "SALVO TÚ Y TU CASA."

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