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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 16, versos 13 al 20, donde nos dice de la siguiente manera.

"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo."

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

"LA IGLESIA, PRODUCTO DE LA OBRA MAESTRA."

La obra maestra de Dios es Jesucristo, y ustedes pueden ver cómo desde el Génesis hasta Juan el Bautista, Dios fue formando esa obra, reflejando a Cristo en todos los profetas y demás hombres de Dios hasta llegar a Jesucristo. En todos esos hombres de Dios estuvo el Espíritu de Dios, el mismo apóstol San Pedro nos dice que el Espíritu de Cristo estaba en esas personas y era el que profetizaba por medio de esos instrumentos. Dice Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 19 al 21:

"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo."

O sea, que esa Palabra divina no fue traída por voluntad humana, sino que fue el Espíritu Santo hablando por medio de diferentes hombres, de diferentes profetas; eso es lo que nos dice también Zacarías, capítulo 7, versos 11 en adelante para que tengamos un cuadro claro de lo que estamos tratando en esta ocasión. Nos dice la Escritura capítulo 7, verso 11 al 12 de Zacarías, dice:

"Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros (¿cómo Dios enviaba Su Palabra? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas); vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos."

Y ahora, veamos lo que nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1... recuerden que Dios viene construyendo una obra maestra que culminará en el Mesías Príncipe en el cual Dios habrá traído a existencia un hombre perfecto, una obra perfecta, una obra maestra. Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, 1 al 3 dice:

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿cómo Dios habló? Por medio de los profetas),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo."

Vean, el origen del universo está aquí revelado en la Biblia: fue por medio de Cristo, el Hijo de Dios, que Dios creó el universo:

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." (San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante).

Ahí tenemos claramente que Dios creó por medio de Jesucristo el universo completo; porque Cristo, antes de tener Su cuerpo de carne, era el Ángel del Pacto, tenía Su cuerpo angelical, era nada menos que la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios, ese es Cristo, el cual dijo también: "Antes que Abraham fuese, yo soy."

¿Cómo era? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios (San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58). Por eso Él también podía decir: "El Padre y yo, una cosa somos," porque Cristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical o teofánico de Dios, y Cristo en Su cuerpo de carne es el velo de carne de Dios, la semejanza física de Dios, es el templo humano de Dios.

¿Recuerdan las palabras de Cristo en San Juan, capítulo 2, que dice: "Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré"? Pensaban que estaba hablando del templo de piedras allá en Jerusalén, pero Él estaba hablando de Su templo como cuerpo o templo de Dios (San Juan, capítulo 2, versos 19 en adelante).

La Escritura nos dice en el capítulo 3 de Primera de Corintios, nos dice que somos templo de Dios, "¿no sabéis que vosotros sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" así dice San Pablo en el libro de Primera de Corintios; y en el capítulo 3 San Pablo dice que él como perito arquitecto puso el fundamento y que otro edificará encima, y "el que edifica mire cómo edifica porque nadie puede poner otro fundamento que el que está escrito, el cual es Jesucristo," y dice que el que destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él.

Todos los creyentes en Cristo como individuos son un templo humano de Dios donde mora el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, y la Iglesia del Señor Jesucristo que es como Cuerpo Místico de creyentes un Templo espiritual, es la Casa de Dios, la Iglesia de Dios, del Dios viviente; es la Iglesia del Señor Jesucristo un Templo formado por piedras vivas como nos dice Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10.

Siendo un Templo, entonces tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo. La Iglesia del Señor Jesucristo es lo más grande que Dios tiene en la Tierra, y Su Espíritu mora en Su Iglesia; Él dijo: "No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros," ¿cómo vendría? En Espíritu Santo. También en San Mateo dice, capítulo 28, verso 20: "Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." ¿Cómo estaría? En Espíritu Santo en Su Iglesia, que es Su Casa, Su Templo espiritual, y en cada creyente en Cristo que es un templo humano espiritual donde mora el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo.

Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente, y Cristo en Su cuerpo de carne es la semejanza física de Dios, es Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Se hizo hombre para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y luego producir el nacimiento de Su Iglesia, que es producto de Cristo crucificado, del cual ha venido Su Iglesia, la cual ha nacido del Agua y del Espíritu. El Espíritu es la vida de la Sangre; por eso Cristo habló a Nicodemo que es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6).

Y ahora, Jesucristo es nada menos que la única persona en donde ha morado, mora y morará eternamente la plenitud de la Divinidad, la plenitud de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo; en Cristo estaba toda la plenitud de Dios; por eso Él podía decir: "El Padre y yo, una cosa somos." (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30). Y Él dice: "El Padre mayor es que yo," porque Dios es mayor que Su cuerpo angelical y es mayor que Su cuerpo físico llamado Jesús, así como usted y yo, en cuanto a nuestra alma, que es lo que en realidad somos, nuestra alma es mayor que nuestro cuerpo espiritual y es mayor que nuestro cuerpo físico.

Recuerden que por cuanto Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, encontramos que el ser humano es como Dios: alma, espíritu y cuerpo; Padre, Hijo y Espíritu Santo equivalen en el ser humano a alma, espíritu y cuerpo, la única creación a imagen y semejanza de Dios, pues los ángeles no tienen cuerpo físico, no tienen la semejanza física de Dios; tienen imagen, la imagen de Dios, pero no tienen la semejanza física de Dios.

La semejanza física de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya está glorificado, y por esa causa es que todos los creyentes, así como nacen de nuevo y tienen un cuerpo espiritual angelical, teofánico, luego en la segunda parte de la Redención obtendrán la semejanza física de Dios, y la semejanza física de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya fue glorificado, y por eso es que los creyentes en Cristo van a obtener un cuerpo físico glorificado cuando los muertos en Cristo resuciten y los vivos sean transformados y todos serán a imagen y semejanza de Jesucristo, o sea, de Dios.

Recuerden que Cristo es Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Todos seremos iguales a Jesucristo. Recuerden que a todo lo que Cristo es heredero, también los creyentes en Cristo lo son. Cristo dijo: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida" (San Juan, capítulo 10, verso 9); y también en San Mateo Cristo dice: "Vosotros sois la luz del mundo."

O sea, que a todo lo que Cristo es heredero, también los creyentes en Cristo son herederos y coherederos con Cristo, herederos de Dios y coherederos con Cristo nuestro Salvador; eso está en Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, hasta el 31 pueden leer y ahí encuentran un cuadro claro de todas estas cosas de las cuales les estoy hablando.

Cristo es la imagen del Dios viviente, y también Cristo es la semejanza física del Dios viviente. Colosenses capítulo 1, verso 12 al 25, nos habla que Cristo es la imagen de Dios, y en Hebreos, capítulo 1 donde estamos leyendo y nos detuvimos hace unos minutos, dice:

"El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos."

Aquí nos muestra que Cristo es el resplandor de Su gloria y la imagen de Dios. La imagen, "...y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder." Cristo es la obra maestra de Dios; le tomó unos cuatro mil años, desde Adán hasta Juan el Bautista, para llegar a ser, a tener una obra maestra creada por Dios mismo, el cual es Jesucristo.

Y ahora, encontramos que todo lo que Dios es, lo derramó, lo colocó, en Jesucristo; y todo lo que Jesucristo es, lo colocó en Su Iglesia. Su Iglesia es Su Templo espiritual, es Su Casa, Su Familia. ¿Que la Iglesia del Señor Jesucristo es la Familia de Cristo? Vamos a ver, Hebreos, capítulo 3, verso 5 en adelante dice... vamos a leer verso 1 en adelante hasta el 6 (de Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6), dice:

"Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús (es Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, ¿quién? Cristo);

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza."

Y ahora, Cristo sobre Su Casa, la cual Casa ¿qué? Somos nosotros, Su Casa, Su Familia, Su Casa compuesta por todos los creyentes en Él, Su Casa, Su Familia de hijos e hijas de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador; Él ha sido colocado como Hijo sobre Su Casa, Él es el primogénito de toda la creación, Él es el primogénito de todos los que resucitan en la primera resurrección, el primogénito de los muertos, Él es las primicias de los que durmieron.

Él es las primicias, la gavilla mecida que fue mecida cuando Él resucitó domingo en la mañana de aquella semana tan importante, luego el primer día de la otra semana, de la semana siguiente, resucitó bien temprano en la mañana, el día primero de la otra semana, de la semana que comenzó, o día octavo contando la semana y contando el domingo como día octavo.

Él es las primicias de todo el fruto de la cosecha que se recogería en aquellos tiempos. Lo literal en la agricultura tipifica lo espiritual. Por eso es que también los creyentes en Cristo son representados en el trigo.

Y ahora, Cristo siendo la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, llamado el Ángel del Pacto. Cada creyente en Cristo también tiene su cuerpo angelical, su cuerpo teofánico. Vean lo que nos dice Santiago, hablando de Cristo y Su resurrección, capítulo 1, verso 18, de Santiago, dice:

"El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas."

Las primicias, los primogénitos de Dios, son los creyentes en Cristo bajo el nuevo Pacto que Dios estableció por medio de Cristo. Todos los creyentes en Cristo que nacerían en el Reino de Dios por medio del Espíritu Santo, nacerían del Agua y del Espíritu como le dijo Cristo a Nicodemo, tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por eso San Pablo en Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante dice:

"Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos..."

La congregación de los primogénitos inscritos en el Cielo, o en los Cielos, es la Iglesia del Señor Jesucristo, escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete Sellos que aparece en Apocalipsis, capítulo 5, en la diestra de Dios, del que está sentado en el Trono:

"...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel."

El mediador del nuevo Pacto es Cristo, con Su propia Sangre hace intercesión, hace mediación por y en favor de todos los que le reciben como único y suficiente Salvador. Miren, Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21 lo que nos dice:

"Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno."

¿Cuál es la Sangre del Pacto eterno? La Sangre de Cristo, es la Sangre del nuevo Pacto, del Pacto eterno; por eso en la última cena con Sus discípulos, tomando el pan y dando gracias al Padre, parte y da a Sus discípulos, les dice: "comed, este es mi cuerpo..." San Pablo explica un poquito y más y dice. "Este es mi cuerpo que por mucho es partido, y tomando la copa de vino, y dando gracias al Padre dice: "Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados." (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29). Sin derramamiento de Sangre no se hace remisión y no se hace un pacto.

Y ahora, el nuevo Pacto lo hizo Cristo, lo estableció Cristo porque Él es el Ángel del Pacto que vino a establecer el nuevo Pacto, y todos los que reciben Cristo como Salvador al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nacer la fe de Cristo en su alma y recibirlo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego, han nacido de nuevo, y por consiguiente han nacido en el Reino de Cristo y han entrado a la Vida eterna, han entrado al nuevo Pacto establecido por Dios, y por consiguiente esa es la Familia de Dios bajo el nuevo Pacto; esa es la Casa de Dios, el Templo de Dios bajo el nuevo Pacto, de lo cual nos habló San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, versos 14 al 16, y dice San Pablo escribiéndole a Timoteo:

"Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad (la Iglesia del Dios viviente es la Casa de Dios y es columna y baluarte de la verdad).

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria."

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo es la Casa de Dios, el Templo de Dios, y por consiguiente la Venida del Señor dos mil años atrás fue a Su Casa, Su cuerpo físico, Su templo espiritual, y luego también fue al templo que estaba en Jerusalén, el cual fue construido por Herodes.

Ahora, es más importante el templo humano que el templo de piedras. El templo de piedras representa el templo humano, el templo de piedras representa también a la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por piedras vivas, seres humanos. Vean que Cristo dijo (Juan el Bautista dijo también), que "Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras," está hablando de personas que estaban siendo bautizadas por Juan el Bautista, no estaba hablando de piedras literales, porque piedras literales no son hijos e hijas de Dios.

Y ahora, encontramos que la Casa de Dios bajo el nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, es el cuerpo de carne a través del cual Cristo se ha estado manifestando desde el Día de Pentecostés hacia acá. Y así como hubo grandes promesas para la venida del Mesías, Su primera Venida, esas mismas promesas son luego aplicadas y cumplidas en la Iglesia del Señor Jesucristo, porque la Iglesia es Su Cuerpo Místico de creyentes.

Encontramos que así como Cristo, luego de morir, resucitaría al tercer día, la Iglesia del Señor Jesucristo comenzó unos dos mil años atrás el Día de Pentecostés, allí nació la Iglesia del Señor Jesucristo que estaba en Cristo.

Han transcurrido ya unos dos mil años y ya estamos en el tercer día en donde los muertos creyentes en Cristo van a resucitar en cuerpos glorificados y los vivos van a ser transformados, tercer día milenial, "porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día," lo mismo es aplicable para Israel. En Oseas, capítulo 6, verso 1 en adelante dice:

"Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará ; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él."

¿Para qué día, delante de Dios, será la resurrección para Israel y por consiguiente para la Iglesia del Señor, que es la Casa de Cristo, la Familia de Cristo, la descendencia de Cristo? Para el tercer día milenial; "porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día." (Salmo 90, verso 4, y Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8).

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Familia de Dios, que es la Casa de Dios, el Templo de Dios, bajo el nuevo Pacto, recibe la bendición de estas profecías también. Las mismas profecías que son aplicadas a Cristo, luego también son aplicadas a la Iglesia del Señor Jesucristo que está compuesta por los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Así las profecías aplicadas a Jesucristo, el primogénito de Dios, son aplicadas a la Iglesia del Señor Jesucristo como los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, la Iglesia primogénita de Dios, e Israel, como pueblo, como nación, es también la única nación terrenal llamada por el mismo Dios Su pueblo primogénito: "Israel es mi hijo, mi primogénito." (Éxodo, capítulo 4, verso 22 en adelante). O sea, que las profecías tienen dobles y triples cumplimientos, múltiples cumplimientos.

Y ahora, esto nos deja saber que la Segunda Venida de Cristo es para el Templo del Señor Jesucristo, que es Su Iglesia. Tan sencillo como eso. Los judíos están esperando la venida del Señor, no están esperando Segunda Venida de Cristo, porque ellos no lo recibieron en Su primera, por lo tanto para ellos la Venida del Mesías será la primera Venida del Mesías y después es que se darán cuenta que la primera ya ocurrió dos mil años atrás, y entonces comprenderán que lo que acontecerá en este tiempo final será la segunda Venida del Mesías, o sea, del Ungido de Dios, donde la plenitud del Señor estará manifestada.

Así como en Cristo estuvo la plenitud de Dios, y fue la obra maestra, la segunda Venida de Cristo será esa obra maestra y la Iglesia del Señor Jesucristo será esa obra maestra. La Iglesia del Señor Jesucristo tendrá, en el Día Postrero, la plenitud de Cristo. Cristo en toda Su plenitud se manifestará en Su Iglesia para llevar a cabo la Obra de Reclamo, para llevar a cabo la segunda parte del Programa de Redención, para la redención del cuerpo que es la adopción para los hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, ser adoptados físicamente, y transformados, la transformación que será la adopción; y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego de esa fiesta, que durará tres años y medio en el Cielo, regresar a la Tierra para comenzar el glorioso Reino del Mesías, también conocido como el Reino Milenial de Cristo, del Mesías.

Todo es sencillo, pero ha estado sellado bajo esos siete Sellos o ese Libro sellado con siete Sellos, que es un Título de Propiedad abstracto, o sea, que no se había concretado, pero se va concretando, se va haciendo realidad, cumpliéndose, materializándose, a través de las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, y de eso no vamos hablar mucho en esta ocasión, ya que eso nos llevaría a hablar de cosas que van a ser reveladas cuando Cristo complete Su Iglesia.

Cuando Cristo complete Su Iglesia será que Él saldrá del Trono de Intercesión, tomará ese Título de Propiedad como León de la tribu de Judá, lo presenta el anciano en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, pero Juan, cuando mira, ve que es Jesucristo, y lo menciona como un Cordero ensangrentado, porque Juan no conocía a Cristo como León, sino como el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo.

Pero el León de la tribu de Judá y el Cordero de Dios es la misma persona: es Jesucristo nuestro Redentor, nuestro Salvador. Esto ocurrirá cuando Cristo complete Su Iglesia y entonces habrá concretado ese Título de Propiedad, Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todas las personas que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, comenzando desde los apóstoles hacia acá, hacia nuestro tiempo.

O sea, que ese Título de Propiedad tiene nombres escritos, los nombres de los que formarían Su Iglesia, y por consiguiente allí está mi nombre, ¿y el de quién más? el de cada uno de ustedes también, el nombre que Dios eligió para cada uno de Sus hijos e hijas que formarían Su Iglesia.

Se concretará, se terminará de materializar, ese Título de Propiedad con los escogidos de este tiempo final, y entonces los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos en la Obra de Reclamo de Cristo, que reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre y los que estemos vivos seremos transformados.

Por lo tanto, aunque su cuerpo ya esté avanzado en edad, aguante un poquito, que cuando se complete el número de los escogidos, de los elegidos, de los hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, vendrá la resurrección, y luego la transformación de los que estemos vivos, los cuales veremos a los muertos en Cristo cuando resuciten.

Resucitarán jovencitos, en cuerpos jóvenes, porque el cuerpo glorificado es joven, eterno, inmortal incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y cuando los veamos, seremos transformados. Luego estaremos una temporada de 30 a 40 días aquí en la Tierra ya adoptados y por consiguiente con todo el poder de Cristo manifestado en y a través de Su Iglesia y por consiguiente de cada uno de los hijos e hijas de Dios, todos tendrán todo el poder divino.

Pero habrá un orden divino siempre en medio de la Casa de Dios, la Familia de Dios. Cada mensajero representará a su grupo, cada mensajero es como los doce patriarcas hijos de Jacob y como los doce apóstoles del Señor Jesucristo, que en Apocalipsis, capítulo 4 y capítulo 5 aparecen sentados sobre 24 tronos; doce tronos para doce patriarcas y doce tronos para doce apóstoles, y tienen que ver con el pueblo hebreo. Y así también los apóstoles del Señor Jesucristo, los mensajeros para las diferentes etapas de la Iglesia entre los gentiles, sus siete mensajeros tendrán una posición como los doce apóstoles y como los doce patriarcas. Así que eso luego lo vamos a ver con más detalles más adelante, cada mensajero representará a su grupo y presentará su grupo a Cristo.

Y ahora, la Iglesia producto de Cristo, la obra maestra, en donde Cristo ha colocado todo Su poder, todo lo que es Cristo lo ha colocado en Su Iglesia, como todo lo que es Dios, Él lo colocó en Cristo, y Cristo está haciendo Su obra maestra de etapa en etapa; puso el fundamento con los apóstoles y profetas, y la principal piedra es Jesucristo nuestro Salvador. Luego han transcurrido diferentes etapas o edades de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde ha ido creciendo esa obra maestra que Cristo está llevando a cabo.

Se coronará esa obra maestra con la Iglesia del Señor Jesucristo que esté viviendo en este tiempo final, la cual llegará a la perfección, y esa será la obra maestra de Dios por medio de Cristo, o sea, la obra maestra de Cristo, el cual ha estado creando, construyendo, por creación, Su Iglesia, Su Templo espiritual. Ella es la ungida, la Iglesia Mesías, la Iglesia ungida; todo lo que Cristo es, lo es Su Iglesia.

En Su Iglesia está el Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés, ha continuado en Su Iglesia, y Él dijo: "Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo," Él todavía está en Su Iglesia en Espíritu Santo. Es para este tiempo final en donde la adopción de Su Iglesia y por consiguiente de cada creyente en Cristo nacido de nuevo, se llevará a cabo; y así será coronada la Iglesia del Señor Jesucristo en la etapa de oro de la Iglesia, la etapa de Edad de Piedra Angular como allá dos mil años atrás fue coronada la Iglesia del antiguo pacto con la presencia de Cristo lleno de la plenitud de Dios.

En Cristo fue que se coronó esa obra maestra que Dios de etapa en etapa fue construyendo por medio de la manifestación del Espíritu de Dios en todos los profetas desde Adán hasta Juan el Bautista, y luego en Cristo se realizó, se manifestó, la obra maestra; lo que fue Dios haciendo gradualmente, luego en Cristo se completó y apareció un profeta perfecto ungido con la plenitud de la Divinidad.

Así también será para la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final. Por lo tanto, la Iglesia en este tiempo final, el grupo de creyentes en Cristo nacidos de nuevo del Día Postrero, será el grupo que llegará a la perfección, y por consiguiente en ese grupo será que la obra maestra de Cristo se cumplirá. Una obra maestra es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual llegará a la perfección en este tiempo final, y eso será la obra maestra de Cristo, como Cristo es la obra maestra de Dios, y ahí es donde cada uno de los creyentes en Cristo llegarán a la perfección y por consiguiente serán como individuos la obra maestra de Cristo que los llevará a la perfección y serán a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador, llegarán a ser como Cristo. Llegaremos, porque es una promesa.

LA IGLESIA, PRODUCTO DE LA OBRA MAESTRA, la Iglesia, producto de Cristo, la obra maestra, el cual está haciendo una obra maestra y ya lleva dos mil años desde el Día de Pentecostés hacia acá, o desde la Cruz del Calvario hacia acá, y como individuos todos somos una obra que será coronada y será la obra maestra de Cristo como individuos.

La Iglesia por consiguiente es la obra maestra de Cristo, como Cristo es la obra maestra de Dios. A Dios le tomó cuatro mil años hacer esa obra maestra, traer por creación divina esa obra maestra, el cual es Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, para la Iglesia como una obra maestra ha tomado unos dos mil años, le ha tomado a Dios por medio de Cristo unos dos mil años para traer una Iglesia perfecta en el Día Postrero, una obra maestra en la cual va a estar la plenitud de Dios, va a estar Cristo en toda Su plenitud y por consiguiente todos serán transformados y llegarán a la perfección, serán iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, eso es lo que está prometido y por consiguiente lo que tiene que suceder, y eso es lo que estarán creyendo todos los creyentes en Cristo miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo. Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas."

Vean, el propósito de la Venida del Señor en el Día Postrero ¿será cuál? Transformar nuestros cuerpos y hacerlos como Su cuerpo glorificado, y resucitar a los creyentes en Él que partieron en diferentes tiempos pasados y algunos de los nuestros que han partido, dice:

"El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya."

Para que sea igual al cuerpo glorificado que Él tiene, el cual es un cuerpo inter-dimensional que puede pasar de una dimensión a otra sin ningún problema, un cuerpo inmortal, incorruptible, glorificado, "a la final trompeta, porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero incorruptibles y nosotros los que vivimos seremos transformados," (Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58); y luego se acabó el problema de morir, se acabó el problema de ponerse vieja la persona, porque permanecerá joven para toda la eternidad, como Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo.

Así será con la Iglesia del Señor Jesucristo, con todos los creyentes en Cristo pertenecientes a la Iglesia del Señor Jesucristo, y la Iglesia será la obra maestra de Cristo que llegará a su perfección en este tiempo final, y cada creyente en Cristo como individuo será una obra maestra de Cristo nuestro Salvador, cuando seamos transformados y tengamos el cuerpo glorificado como Él lo ha prometido.

Por lo tanto, estemos preparados, porque de un momento a otro se completará la Iglesia del Señor Jesucristo y por consiguiente llegará a ser la obra maestra de Cristo, será la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero la que recibirá a Cristo en Su Venida para su transformación, vendrá a Su Templo, Su Templo espiritual, que es Su Iglesia.

La Iglesia, producto de la obra maestra de Dios, producto de Cristo, la obra maestra, y por consiguiente: la Iglesia del Señor Jesucristo la obra maestra de Cristo. Por cuanto todavía faltan algunas personas de venir a los Pies de Cristo, los cuales están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, si oyes hoy Su Voz y todavía no has recibido a Cristo como Salvador, no endurezcas tu corazón, si ha nacido la fe de Cristo en tu alma al estar escuchando la predicación del Evangelio de Cristo en estos momentos, tienes la oportunidad ahora de dar testimonio público de tu fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, para lo cual puedes pasar acá al frente para orar, para que oremos por usted.

Y también los que están en otras naciones pueden venir a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo en esta ocasión. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

No hay nada más importante que la vida, y si la vida física es tan importante, cuánto más la Vida eterna para todos los creyentes en Cristo. No hay otra cosa más importante en la vida que la Vida eterna. Sin la vida no hay futuro, sin la vida nada valen las riquezas, nada valen los estudios, la vida es lo más preciado que el ser humano tiene, y la tiene para que haga contacto con Cristo, la Vida eterna, para que obtenga la Vida eterna y tenga la esperanza de vivir en el Reino de Cristo por toda la eternidad.

Sin esa esperanza no hay paz en el alma de la persona, sin esa esperanza el ser humano viene a ser como la hierba del campo y la flor del campo que están y después dejan de existir. Pero Job dijo en una ocasión: "Yo sé que mi Redentor vive, y después de desecha esta mi carne, en mi carne he de ver a mi Redentor." Por lo tanto lo hemos de ver a Cristo en Su cuerpo glorificado muy pronto.

Sabemos que esas son promesas divinas las cuales van a ser cumplidas, porque si Él lo prometió, Él lo va a cumplir. Aun el salmista David en el Salmo 17, verso 15, dice:

"En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;

Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza."

Cuando despierte a la semejanza de Dios, esto es cuerpo inmortal, glorificado, así decía el salmista y así dice cada creyente en Cristo; si muere, despertará, será resucitado, recuerden que los santos no mueren, sino que duermen. Recuerden a Cristo diciéndole a Sus discípulos: "Lázaro nuestro hermano, nuestro amigo duerme," los discípulos le dicen a Cristo: "Si duerme, estará bien," y ellos no entendían que Cristo les estaba hablando de que había muerto Lázaro, Su amigo, y entonces les dice: "Lázaro nuestro hermano ha muerto, nuestro amigo ha muerto y me alegro de no estar allá cuando eso ocurrió, vamos, voy a despertarlo," o sea, "voy a resucitarlo."

Lázaro representa a todos los creyentes en Cristo que han muerto, los cuales serán despertados, despertarán de entre los muertos, serán resucitados. Por lo tanto, el creyente en Cristo no tiene miedo a la muerte, sabe que va a resucitar en cuerpo eterno en la resurrección de todos los creyentes en Cristo en la Venida del Señor.

Es importante tener esa seguridad, tener esa esperanza, y así desaparece la angustia existencial, porque el ser humano que no tiene esta esperanza tiene la angustia existencial que no sabe de dónde ha venido, no sabe por qué está aquí en la Tierra, y no sabe a dónde va cuando muera, y a lo más que le tiene miedo la persona, de esa angustia existencial, no es tanto de dónde ha venido ni por qué está aquí, sino adónde va a ir después que muera.

Es importante asegurar, asegurar que vamos a ir al paraíso cuando muera nuestro cuerpo físico, y que luego resucitaremos en cuerpos glorificados en la Venida del Señor, pero si permanecemos vivos, pues seremos transformados, así que no hay problema, Pablo decía que no había problema, si vivimos o morimos, no hay ningún problema.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Las personas que están en otros países también pueden estar puestos de pie para la oración por todos los que han estado viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos, y nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, Santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino y hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra, y el pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo me acerco a Ti trayendo estas personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino, Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti, reconociendo que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, Tú ganaste para mí la salvación en la Cruz del Calvario. Hazla una realidad en mi vida, sálvame Señor, materialízala en mí. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, y ustedes me dirán: "Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16) ¿Cuándo me pueden bautizar?" es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón." Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo, el cual Él dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo," y dijo también: "Bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." (San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20).

Y el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es: Señor Jesucristo. Por eso bautizaban los apóstoles en el Nombre del Señor Jesucristo a todos los que recibían a Cristo como único y suficiente Salvador, y el apóstol San Pablo también bautizaba en esa misma forma, y en esa misma forma San Pablo fue bautizado.

El bautismo en agua, siendo tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; ese es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El mismo Cristo fue donde Juan estaba bautizando allá en el Jordán para ser bautizado por Juan, y Juan, cuando lo ve, le dice: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?" y Jesús le dice: "Nos conviene cumplir toda justicia," y entonces lo bautizó.

Por lo tanto, nos conviene también a todos ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, pues es un mandamiento del Señor Jesucristo, y es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y así nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Será hasta el próximo domingo, Dios mediante, en que estaré nuevamente con ustedes. Dejo al reverendo José Benjamín Pérez con ustedes para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que las bendiciones de Cristo nuestro Salvador sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí, y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

"LA IGLESIA, PRODUCTO DE LA OBRA MAESTRA."

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