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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que se encuentran en otras naciones y otros lugares de la República de Colombia; es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, el primer sábado del mes. Leemos en Segunda de Juan, capítulo 1, verso 7 al 9, dice:

“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.

Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.

Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido!”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“PERSEVERANDO EN LA DOCTRINA DE CRISTO.” “PERSEVERANDO EN LA DOCTRINA DE JESUCRISTO.”

Eso es lo que nos enseña el apóstol San Juan en este pasaje de su segunda carta, porque no hay otro nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos; y si no hay otro nombre, entonces Cristo es la única esperanza de salvación y Vida eterna para el ser humano. Él pagó por nuestros pecados en la Cruz del Calvario, nosotros mismos no podíamos pagar el precio de nuestra redención, pero por cuanto Dios nos amaba, nos ama y nos amará eternamente, envió a Su Hijo al mundo para morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Por eso San Juan, capítulo 3, verso 16, dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito (¿para qué?), para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Es por medio de Cristo que el ser humano obtiene la Vida eterna, la cual y de la cual cayó cuando Adán y Eva pecaron en el Huerto del Edén; por eso la Escritura llama a Jesucristo: el segundo Adán. Por medio del primer Adán vino, entró, la muerte a Adán y a Eva y a toda la descendencia de Adán y Eva, y por medio del segundo Adán entró la Vida eterna para todos los que creen en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. En San Mateo, capítulo 7, nos dice, verso 13 al 14:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

Aquí nos habla de una puerta estrecha y de un camino estrecho que lleva a la Vida eterna. El camino de la vida es hacia arriba. Muchas personas, cuando Cristo ofrece Agua de Vida eterna... en el tiempo de los conquistadores estaban buscando un río, un lugar con aguas, en donde las personas y los conquistadores meterse, bañarse y obtener la inmortalidad; pero es más sencillo. Cristo dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba,” y también en el libro del Apocalipsis, capítulo 21, versos 5 al 7, dice:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.”

Aquí tenemos, en el Apocalipsis, la oferta de parte de Dios para el que tenga sed, sed no de agua física, sino del Agua de la Vida eterna, porque es que todos queremos vivir eternamente. Hemos probado lo que es la vida en este cuerpo mortal, y es buena, y si podemos tener una vida sin problemas, mucho mejor; y en la oportunidad que Dios nos da de obtener la Vida eterna tomando de la fuente del Agua de la vida, obtendremos la inmortalidad y la solución a todos nuestros problemas.

Y ahora, aquí nos dice que le dará gratuitamente del Agua de la vida eterna, de la fuente del Agua de la Vida eterna, al que tenga sed, y Cristo es la fuente del Agua de la Vida eterna; por eso Él dijo en San Juan, capítulo 7, verso 37 al 39, el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos, dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Era una promesa que se haría una realidad cuando Cristo efectuara Su Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario, fuera sepultado, y resucitara al tercer día glorificado, entonces, al sentarse en el Cielo en el Trono de Dios, Él enviaría el Espíritu Santo sobre todos los creyentes en Él, lo cual hizo el Día de Pentecostés, y ha continuado haciéndolo con todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador y son bautizados en agua en Su Nombre. Cristo dijo a Su Iglesia representada allá en los apóstoles:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

¿Por qué esperar ser condenados cuando hay la oportunidad de ser salvos y vivir eternamente con Cristo en Su Reino? ¿Y por qué para vivir eternamente hay que recibir a Cristo como Salvador? Porque el único Reino que existirá es el Reino de Cristo, y para entrar al Reino de Cristo hay que entrar por la puerta, que es Jesucristo; Él dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo; y entrará y hallará pastos.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Él es la raíz y linaje de David y por eso Él vino a través de la descendencia de David, como un descendiente del rey David, y por consiguiente Príncipe de la familia de David, un Príncipe heredero al Reino de David, como le dijo el Arcángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36. Aquí lo tenemos lo que le dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Aquí podemos ver que el heredero al Reino de David y Trono de David es el Señor Jesucristo, y para entrar y vivir en el Reino eterno de Cristo, hay que entrar por la puerta, que es Cristo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo,” así que la puerta angosta es Cristo y el camino angosto es Cristo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” dice Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6.

Encontramos que la única esperanza de Vida eterna es Cristo, la única esperanza de gloria, la única esperanza de ser glorificados y ser iguales a Jesucristo, a imagen y semejanza de Cristo, y jóvenes para toda la eternidad, la única esperanza es Cristo; no hay otra forma en que la persona pueda esperar la glorificación, y todos queremos ser glorificados, todos queremos vivir eternamente.

Ahora, continuamos aquí, ya vimos que Cristo es la raíz y el linaje de David, ¿por qué es la raíz? Porque viene antes de David, ¿y cómo puede ser que Cristo era antes de David? Sencillo, San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, que lo explique el mismo Cristo:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Y un hombre que diga: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” normalmente el noventa por ciento de las personas dirá: “Ese hombre está loco,” eso mismo pensaban de Cristo, y miren lo que hicieron:

“ Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.”

Ahora, ¿estaría diciendo Cristo la verdad, que es antes que Abraham? El Ángel del Pacto que le aparecía a Adán, a Abel también, a Set, a Noé, a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés, ese Ángel que le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” y en una ocasión lo vio en Su cuerpo angelical (hablaba cara a cara con Dios), ese Ángel es el Ángel del Pacto, y por eso la Escritura dice que la Ley fue dada por comisión de Ángeles en el Monte Sinaí (capítulo 7 del libro de los Hechos y capítulo 2 del libro o carta a los Hebreos).

La Escritura nos dice que Jacob en una ocasión se encontró con un hombre, un Ángel, un Varón, en el capítulo 32, versos 24 al 32, del Génesis, y luchó toda la noche con ese hombre de otra dimensión, y no lo soltaba, y el Ángel le dice: “Suéltame, porque raya el alba,” tenía que irse, y Jacob le dice: “Yo no te voy a soltar si no me bendices,” o sea, que “hasta que me bendigas, no te puedes ir,” y el Ángel le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Ya lo había herido también en la cadera, pero aún no lo soltaba, y Jacob le dice: “Jacob, me llamo Jacob” (que significa engañador), y el Ángel le dice: “No se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”

Siempre que se lucha, y más buscando las bendiciones de Dios, hay que luchar ¿hasta cuándo? Hasta obtener la victoria, hasta obtener la bendición de Dios. Y los creyentes en Cristo (así como Él quería un cambio), pues hasta que seamos cambiados, transformados; y después, pues continuar con Dios, continuar con Jesucristo, en Su Reino.

Vean en lo que consistió la bendición que le fue echada: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel,” y ahora Jacob le pregunta: “¿Cuál es tu Nombre?” lo que usted hace siempre, usted saluda una persona que no conoce, y la persona le pregunta: “¿Y cómo tú te llamas?” y usted le dice cómo usted se llama, y entonces usted le pregunta: “¿Y usted cómo se llama?” Pero aquí el Ángel no le quiso dar a conocer cuál era Su Nombre.

Hay otro caso en el libro de los Jueces, capítulo 13, en donde Manoa y su señora se encuentran con el Ángel. Ella fue la primera que se encontró con el Ángel, a la cual le fue hecha la promesa de que tendría un hijo; ella era estéril, no tenía niños, y se lo contó a su esposo, y su esposo oró a Dios para que Dios enviara nuevamente a ese Ángel, a ese Varón.

Recuerden que cuando se habla de que vino un Ángel, un Varón, es un hombre de otra dimensión, “Dios hace a Sus Ángeles espíritus, y a Sus ministros llama de fuego,” y un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Dios envió nuevamente al Ángel que le había aparecido a la esposa de Manoa, ¿cómo se llamaba la esposa de Manoa? Señora Manoa, y cuando le aparece de nuevo a ella, ella va corriendo a donde su esposo, y le dice: “El mismo Varón que me apareció primero, ha vuelto,” Manoa supo que su oración había sido contestada, fue corriendo a donde estaba el Ángel, con su esposa, fueron los dos corriendo, y le pregunta: “¿Fuiste tú el Varón que le apareció a mi esposa?” él le dice: “Sí, yo soy,” y Manoa pregunta: “¿Qué se hará con el niño que has dicho que vamos a tener?” “Se hará como le dije a ella,” y le repite a Manoa lo que le había sido dicho a la señora Manoa.

Y Manoa todavía no sabe quién es ese Ángel, y por supuesto del susto a cualquiera se le olvida hasta preguntar por el nombre, Manoa escucha bien atentamente, y luego le pregunta, le dice: “¿Cuál es tu nombre?” porque todos quieren saber cuál es el nombre del Ángel, y el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi Nombre, el cual es Admirable?” y lo lleva a Isaías, capítulo 9; y ese es el Príncipe, el niño que nacería, Admirable, Dios fuerte, Príncipe de Paz, el Mesías, es el Mesías en Su cuerpo angelical, Cristo en Su cuerpo angelical, por eso Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Y le dice Manoa: “Te voy a preparar un cabrito,” porque recordaba que cuando tres Ángeles le aparecieron a Abraham, Abraham le ofreció una ternera, un becerro tierno, de almuerzo, y Elohím, pues uno de ellos era el mismo Dios en cuerpo angelical. ¿Y qué significa eso? Que era Dios en el cuerpo angelical de Cristo. “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó,” lo está viendo allí en cuerpo angelical; Cristo es el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, y por eso es que tenía que venir en carne humana para establecer el nuevo Pacto, y Su Sangre sería la Sangre del nuevo Pacto.

En la última cena con Sus discípulos, Él les dice, dando gracias al Padre por el pan y partiendo el pan, da a Sus discípulos, y les dice: “Comed, este es mi cuerpo,” (San Pablo dice: “Que por muchos es partido”), y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, Cristo da a Sus discípulos, y les dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Él es el Ángel del Pacto, el único que podía establecer el nuevo Pacto y el mismo que les había dado el pacto antiguo en el Monte Sinaí. La comisión... fue por comisión de Ángeles que fue dada la Ley, Cristo por medio de ese Programa Divino dio la Ley al pueblo hebreo, o sea, Dios en Su cuerpo angelical dio la Ley al pueblo hebreo, y Él es el único que podía dar un nuevo Pacto, el cual está prometido en Isaías, también en Jeremías, en Ezequiel, y así por el estilo.

Ahora encontramos el porqué Jesucristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” es que Él es el Ángel del Pacto, el mismo Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Se encontró con Moisés, y Moisés también quiso saber el Nombre de ese Ángel, y a Moisés sí le fue revelado el Nombre, a un profeta dispensacional le fue revelado el Nombre del Ángel del Pacto, y ahí no vamos a explicar mucho porque hay promesas grandes de parte de Dios, el mismo Cristo dice que Él tiene un Nombre nuevo, eso va a ser revelado algún día.

Ahora, en la Escritura encontramos que estas personas dicen que vieron a Dios cara a cara, Jacob dice: “Vi a Dios cara a cara y fue librada por alma,” por eso le puso por nombre al lugar: Peniel; y Manoa, cuando le ofrece el cabrito al Ángel... recuerden que conocía la historia de cuando tres Ángeles le aparecieron a Abraham y comieron con Abraham, eran Dios en Su cuerpo angelical que es el cuerpo angelical de Cristo, y los Arcángeles Gabriel y Miguel.

Cuando algo grande va a suceder en la Tierra o va a haber un cambio de Dispensación, aparecen esos Arcángeles, son los Ángeles de la diestra del poder de Dios, y tienen sus huestes celestiales, sus ejércitos celestiales.

El Ángel le dice: “No comeré de tu comida, pero si quieres sacrificar, sacrifícalo a Dios,” o sea, “haz un sacrificio para Dios,” recuerden que en ese tiempo, en esos tiempos, se sacrificaban animalitos a Dios, los cuales eran tipo y figura del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Manoa lo trae todo preparado y lo coloca sobre una roca, una piedra, y echa el caldo también sobre el sacrificio, sobre la ofrenda, lo ofrece, y en la llama de fuego que subía, subió el Ángel, y Manoa le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara,” su esposa le dice: “No vamos a morir, porque nos ha prometido que vamos a tener un niño,” y entonces fue que Manoa comprendió qué Ángel fue el que lo visitó: era el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, era Dios en Su cuerpo angelical.

El cuerpo angelical de Dios es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Cristo, Él es el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, en quien moraba Dios, y luego se hizo carne en la persona de Jesús; ese cuerpo de carne llamado Jesús es la semejanza física, semejanza humana, de Dios. Por eso Jesús decía: “El Padre y Yo, una cosa somos. El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Y ahora, encontramos que aparentemente hay una contradicción entre el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento, porque el Antiguo Testamento dice que Abraham, que Jacob, que Manoa, y otros más, como Gedeón, y otras personas, dicen que vieron a Dios, y algunos dicen que vieron el Ángel de Dios; y la Escritura dice que Moisés hablaba con Dios cara a cara; y luego encontramos en San Juan, capítulo 1, verso 18, que aparentemente echa por el piso todos esos reclamos de esos profetas de Dios que dijeron que vieron a Dios cara a cara, y el pasaje dice de la siguiente manera, capítulo 1, verso 18 dice:

“A Dios nadie le vio jamás...” Y aparentemente está diciendo que aquellas personas, profetas de Dios, mintieron, pero ellos no mintieron:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Fue que vieron a Dios en el unigénito Hijo de Dios; Jesucristo en Su cuerpo angelical apareció, en el cual estaba Dios. Luego encontramos también en el capítulo 1, verso 14, que dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

El Verbo que era con Dios y era Dios, San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Hasta el verso 5 les leí; y el verso 9 de este mismo capítulo 1 dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

El misterio de la creación, el origen de la creación, que tanto la ciencia está buscando, miren, está aquí en el Libro de Dios: la Biblia, la creación fue llevada a cabo por Dios: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra,” ¿cómo lo hizo? Por medio del Verbo, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical habló a existencia todas las cosas. Recuerden que Cristo, cuando estaba en carne en la Tierra, también habló, creó, multiplicó los peces, los panes y los peces, y alimentó miles de personas.

Y ahora, aquel Verbo, el Ángel del Pacto, se hizo carne y habitó entre nosotros los seres humanos, y a través de la Escritura podemos ver Su gloria manifestada; era Dios en toda Su plenitud visitando la familia humana, Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto en y dentro de Su cuerpo de carne llamado Jesús, por eso Él podía decir: “El Padre y Yo, una cosa somos; el que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Por eso también decían de Él: “Siendo hombre, se hace Dios.”

Él no se estaba haciendo Dios, Él era Dios en Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne llamado Jesús, Dios el Padre dentro del cuerpo de carne llamado Jesús.

Jesús, como hombre no hizo milagros... usted me dirá: “la Biblia está llena de los milagros que Jesús hizo, pues Jesús dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras”. Era Dios el Padre el que hacía los milagros a través de Jesucristo. Jesucristo de sí mismo decía: “Yo de mí mismo no hablo ni hago las obras, es el Padre que mora en mí el que hace las obras, y como yo veo hacer al Padre (lo veía en visión), así yo hago.” Y el que hacía el milagro era Dios.

Ahí tenemos el misterio de Dios el Padre y de Cristo, del cual nos habla Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, de lo cual nos dice San Pablo que debemos conocer. Dice:

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Y ahora, nadie jamás ha visto a Dios, el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer, ha sido dado a conocer Dios por medio del cuerpo angelical llamado Jesucristo en Su cuerpo angelical, y/o Ángel del Pacto, o el Nombre que le dio a Moisés: YHWH. A Moisés le fue revelado ese Nombre tan importante.

Encontramos que ese Ángel del Pacto es nada menos que Jesucristo. Ahora podemos comprender por qué Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” y no solamente antes que Abraham, sino antes que Noé, y antes que Adán también. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, por Él fueron hechas todas las cosas,” en Él fueron creadas todas las cosas, dice San Pablo en Colosenses, capítulo 1, verso 15 en adelante, dice:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

¿Y cómo podemos entender que en Él fueron creadas todas las cosas y que por Él fueron creadas todas las cosas? Usted toma una semilla, digamos, de aguacate, que muy bien conocemos porque lo usamos bastante en la América Latina, y en ese aguacate fue creado un árbol de aguacate, hojas de aguacate, ramas de aguacate, y muchos aguacates, con la cáscara también fue creada en aquella semilla, y todo el aguacate y la semilla también de ese otro aguacate, y de todos los aguacates que tenga el árbol, y todo está creado en una semilla de aguacate.

Es como en un huevo que sea original, o sea, que sea del gallo y la gallina; de esos que venden: huevos de purina, eso no, no tiene vida, porque la vida viene del gallo, y por consiguiente, si no tiene vida dentro del huevo, no puede nacer un pollito.

Ahora, el huevo correcto: ahí está un pollito, o digamos, ya un gallo o una gallina, potencialmente está ahí, con todos los huesos, toda la carne, toda la piel, las plumas también, todo está ahí, y usted no lo ve, pero usa el medio de reproducción, lo coloca bajo la gallina (los huevos) o en una incubadora, y luego de cierto tiempo comienzan a romperse esos huevos y comienzan a nacer pollitos.

El que no entiende ese proceso divino, dice: “Es un milagro, porque ahí no habían pollitos,” usted no los vio, estaban ahí creados, y usted no lo sabía, uno que tiene granjas sí lo sabía; igual que el árbol de aguacate con muchos aguacates, los agricultores sí sabían que en la semilla estaba un árbol de aguacate con muchas ramas y muchos aguacates.

Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva,” ¿por qué? Porque en ese grano de trigo está creada una planta de trigo con muchos granos de trigo, y se coloca en el proceso correspondiente y aparece la planta de trigo y luego más adelante aparecen los granos de trigo.

Cristo es representado en ese grano de trigo, y con Su muerte, luego el Día de Pentecostés nace la Iglesia del Señor Jesucristo, la planta producto del grano de trigo a causa de la vida que estaba en el grano de trigo, en Cristo, la vida que estaba en Cristo, el Espíritu Santo, trae a existencia el Día de Pentecostés la planta de trigo, la Iglesia del Señor Jesucristo, y ahí es donde los granos de trigo, los granos de trigo que son los hijos e hijas de Dios miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, nacerían: nacerían en la Iglesia del Señor Jesucristo por medio del Espíritu de Cristo que es el que produce el nuevo nacimiento en las personas. Ahí es donde nacen como hijos e hijas de Dios.

Y esa es la forma en que Cristo se reproduce a través de Su Iglesia. Cristo, el segundo Adán, se reproduce por medio de Su Espíritu a través de la segunda Eva que es Su Iglesia; Él es el grano de trigo, la vida que estaba en Él es el Espíritu Santo, y se reproduce en muchos granos de trigo a través de la planta de trigo que es Su Iglesia.

Y ahora, vimos cómo es que en Cristo fueron creadas todas las cosas. A través de Cristo Dios origina la creación del mundo invisible primero, y luego del mundo visible “porque las cosas que se ven fueron hechas de las que no se veían,” dice San Pablo en Hebreos, capítulo 11, verso 1 al 3.

O sea, que todo viene del mundo invisible, y por eso usted puede ver a Jesucristo viniendo del mundo invisible, invisible a la vista humana, pero visible a los que están en ese mundo invisible que está lleno de huestes celestiales, y que hay árboles también, y que hay animales también; es otro mundo, pero que está en espíritu, cuerpos espirituales.

Y ahora todo viene a materializarse gradualmente aquí en la Tierra, todo fue creado por medio de Él (de Cristo) y para Él:

“Y él es antes de todas las cosas (antes de la creación. Han descubierto que antes de la creación hubo una energía, Cristo: poder de Dios), y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.”

Y la cabeza de la Iglesia es Jesucristo nuestro Salvador, por lo cual los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su Cuerpo Místico de creyentes, persevera en la doctrina de Jesucristo; no hay otro Salvador, no hay otro que nos pueda llevar a la Vida eterna, no hay otro que diga que tendrá un Reino eterno; los reinos de este mundo, dice Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 en adelante, que van a pasar a ser los Reinos de nuestro Señor. Dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”

Y Él reinará por los siglos de los siglos, o sea, pasarán siglos y siglos, y nunca terminará el Reino de Cristo, y por consiguiente, los que estarán en ese Reino, vivirán, pasarán los siglos y los siglos y los siglos, y nunca morirán, y allí yo voy a estar, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Es importante cada día estar más firmes en la doctrina de Cristo, en la doctrina de nuestro amado Salvador Jesucristo, el cual vino para morir por nosotros y realizar así la Obra de Redención, la cual se hace efectiva en la persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, y se hace efectivo el perdón en y para la persona que lo acepta, y nunca más será recordado todo error, falta o pecado, que haya cometido la persona, porque ahí está el secreto del perdón: que cuando se da un perdón, ya queda anulada toda acusación que haya contra la persona.

Aun en Corte, cuando se prueba que se extendió un perdón a la persona, ya no hay caso contra la persona, así es delante de Dios; por eso la Escritura nos dice que hemos vencido al enemigo de Dios por medio de la Palabra de Dios y la Sangre de Jesucristo, lo hemos vencido, dice capítulo 12, verso 11, de Apocalipsis, dice:

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.”

La Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado, y por lo tanto Dios nos ve sin pecado, porque el perdón Él lo otorgó y nosotros lo recibimos.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para perseverar en la doctrina de Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y así tenga la esperanza de vivir eternamente con Cristo en Su Reino, para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

“PERSEVERANDO EN LA DOCTRINA DE JESUCRISTO.”

Para los que ya están perseverando en la doctrina de Cristo: siempre tenemos que recordar las palabras de Cristo, que el que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino, para el Reino de Cristo.

Dios tiene mucho pueblo en Bogotá y en toda la República de Colombia, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Cuerpo Místico de creyentes para que estén perseverando en la doctrina de Cristo nuestro Salvador.

Recibimos a Cristo para permanecer con Cristo perseverando en Su doctrina, la doctrina de Jesucristo nuestro Salvador. No hay otro sacrificio de expiación por el pecado del ser humano, solamente hay uno, el cual fue tipificado en los sacrificios de animalitos que el pueblo hebreo llevaba a cabo; ya no hay que llevar a cabo sacrificios de animalitos, porque ya se hizo el Sacrificio perfecto en la Cruz del Calvario por Jesucristo nuestro Salvador.

Bien lo presentó Juan el Bautista, el precursor de la primera Venida de Cristo, cuando dijo, al señalar a Cristo, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (San Juan, capítulo 1, versos 29 en adelante, hasta el 36).

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con las personas que han venido a Tus Pies en esta ocasión para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des Vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración las personas que han venido a los Pies de Cristo y se encuentran presentes, o en otras naciones, o en otros lugares, ciudades o comunidades de Colombia o de algún otro país. Repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo que no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente en Tu Nombre hay salvación y Vida eterna. Creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad en mí Tu salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para todos los que te recibirían como único y suficiente Salvador.

Sálvame Señor, haz realidad Tu salvación en mi vida. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor,” porque Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ustedes me dirán: “Ya creí en nuestro amado Señor Jesucristo como mi único y suficiente Salvador, por lo tanto, ¿cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestra alma, de vuestro corazón. Bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Conociendo el simbolismo del bautismo en agua, entonces comprendemos que el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, y si Cristo tuvo la necesidad de ser bautizado, cuánto más nosotros. Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro aquí con ustedes, al reverendo Iván Sarmiento para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada lugar, en cada país, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y siempre perseverando en la doctrina de Jesucristo nuestro Salvador.

“PERSEVERANDO EN LA DOCTRINA DE JESUCRISTO.”

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