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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Para esta ocasión leemos en Apocalipsis, capítulo 4, versos 1 en adelante, donde dice: “Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.” Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. “EL LLAMADO A SUBIR.” Es nuestro tema para esta ocasión. Este pasaje es muy importante porque nos muestra que hay una puerta que se abre al Cielo, y por consiguiente debemos conocer lo que esto significa conforme al Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo. Es tan importante, que Juan cuando vio esta puerta abierta, escuchó una Voz que le dijo: “Sube acá,” y esta Voz que lo llama, es una Voz como de trompeta; no es una trompeta literal sino una Voz como de trompeta. Por lo tanto, necesitamos conocer lo que es la puerta, lo que significa ser abierta esa puerta. Vemos que esa puerta abierta en el Cielo y lo que esa Voz como de trompeta, lo cual es muy importante para todos los creyentes en Cristo porque Juan el apóstol tipifica, representa, a la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual escuchará esta Voz en el Día Postrero cuando llegue el momento para cumplirse esta profecía de esta puerta abierta en el Cielo. Es tan importante que el mismo reverendo William Branham en uno de sus mensajes titulado: “Revelación, capítulo 4,” predicada esta conferencia, dictada esta conferencia, el 31 de diciembre de 1.960 en Jeffersonville, Indiana, dijo: “La misma Voz que llamó a Juan que subiera, la misma Voz que dijo a Juan: ‘Sube acá,’ es la misma Voz que llamará a la Iglesia algún día (dice). Llama a la Iglesia también, la misma Voz que llamó a Juan que subiera, es la misma Voz que llamó a Lázaro de la tumba, esa misma Voz del Arcángel (es la misma Voz del Arcángel, dice aquí).” “Cristo es la Voz del Arcángel, la Voz del Arcángel, ¿ve? Oh, esa Voz de trompeta de Cristo llamó a Juan que subiera, la misma Voz llamó a Lázaro del sepulcro. Él habló con fuerte Voz, esa misma Voz dijo a Juan: ‘Sube acá, yo te enseñaré unas cosas que han de suceder,’ esa misma Voz sonará cuando los muertos en Cristo resuciten, porque la trompeta, la trompeta. ¿Qué es una trompeta? La Voz de Cristo, el mismo que dijo: ‘Sube acá.” Esta es la Gran Voz de Trompeta de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 21, de la cual San Pablo dijo que hablará, y esto es para el tiempo final, para el Día Postrero, en el cual va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que creyentes en Cristo que estén vivos. Dice el apóstol Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 14 en adelante: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” Esa Voz de Arcángel es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia, la misma Voz que llamó a Lázaro de la tumba diciéndole: “Lázaro, ven fuera,” y Lázaro salió. Lázaro representa a los creyentes en Cristo que han muerto y serán resucitados en el tiempo en que la Voz de Arcángel, la Voz de Cristo, esté hablando en el Día Postrero. Para eso es que se espera la Venida del Señor conforme a Colosenses, capítulo 3, y también a Filipenses, capítulo 3. Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 dice: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” La Venida del Señor para el Día Postrero será con los creyentes que murieron, los cuales serán resucitados, y los creyentes vivos en el Cuerpo Místico de Cristo serán transformados, y entonces todos serán jóvenes, inmortales; estarán glorificados como el Señor Jesucristo está glorificado y joven para toda la eternidad, eso será la adopción física de los hijos e hijas de Dios por la cual claman la naturaleza y toda la creación, y nosotros también clamamos por esa adopción que es la redención del cuerpo. Primera de Corintios también nos habla de esto, cuando nos dice en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio...” este es un misterio del Reino de Dios. Veamos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos...” o sea, que no todos vamos a morir, habrá un grupo de creyentes en el Día Postrero que no verá muerte, sino que será transformado cuando Cristo resucite a los creyentes que murieron físicamente. Sigue diciendo... dice: “... pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta (aquí nos habla también de esa final trompeta, de esa Trompeta de Dios, que es la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, hablando en el Día Postrero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo); porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” Es en el tiempo de esa Voz de Trompeta que ocurrirá la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos en el Cuerpo Místico de Cristo. Por lo tanto, ya podemos ver que hay una bendición grande para el Día Postrero para todos los que estarán escuchando esa Voz como de Trompeta que dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.” A medida que ha transcurrido el tiempo, la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado pasando por diferentes etapas o Edades siempre subiendo, de una Edad a otra Edad, de otra Edad a otra Edad más alta, a medida que Dios por medio de Su Espíritu ha estado llamando a los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, para subir a la etapa que corresponde al tiempo en que la persona está viviendo. Y esa misma Voz que está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hacia acá y que estuvo con los discípulos hablándoles a través de Jesucristo, es la misma Voz que en este tiempo final estará llamando a las personas, a los creyentes en Cristo que lo reciben como Salvador, a subir más arriba de las Edades pasadas o etapas pasadas de la Iglesia; a subir a una etapa más alta, la Edad o etapa para la adopción, que es la Edad de Piedra Angular de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo; en el tiempo de esa etapa va a ocurrir esa resurrección, va a cumplirse la Venida del Señor y los creyentes en Cristo nacidos de nuevo en el Cuerpo Místico de Cristo, serán transformados. Y luego de eso es que ocurrirá el rapto literal o arrebatamiento de la Iglesia del Señor Jesucristo; todos estarán en esta etapa de Edad de Piedra Angular, Edad de adopción, esperando la adopción, la redención del cuerpo, estarán esperando a medida que van escuchando, y a medida que esperan van escuchando la Voz de Cristo, la Gran Voz de Trompeta, la Trompeta Final, esa misma Voz que escuchó el apóstol Juan en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1 en adelante. Y las cosas que él vio en el Cielo, las entenderán los creyentes del tiempo final porque estarán viendo, entendiendo, todo aquello que Juan el apóstol vio en el Cielo; por ejemplo, estarán viendo, entendiendo, este escrito que dice que él vio veinticuatro tronos, y en ellos veinticuatro ancianos sentados. Esos ancianos sentados en esos veinticuatro tronos son los doce patriarcas hijos de Jacob o Israel, y los doce apóstoles del Señor Jesucristo; aunque Judas perdió la bendición de sentarse en un trono, luego el apóstol Pablo vino a ser apóstol para los gentiles. O sea, que la bendición no se pierde, sino que la pierde la persona, el que la pierde, pero le es pasada esa bendición a otra persona, como la parábola de los talentos y de las minas, que la mina o el talento que no usó la persona, le fue quitado y le fue dado al que tenía más talentos. Y ahora, encontramos que los que van a ser transformados y raptados, llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la Casa del Padre celestial, a la séptima dimensión, a la presencia de Dios, suben más arriba de la séptima etapa o Edad de la Iglesia gentil, suben a la etapa o Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad de Adopción para todos los hijos e hijas de Dios, los cuales en esta etapa de la Iglesia o Edad, estarán escuchando la misma Voz que le dijo a Lázaro: “Lázaro, ven fuera,” porque esa es la Voz de Cristo hablando allá, esa es la Voz de Cristo hablando en este tiempo final y mostrándonos todas las cosas que deben suceder pronto en este tiempo final. Es la misma Voz que le dijo a Lázaro: “Lázaro, ven fuera.” Por lo tanto, así como Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó con Él a un monte alto y se transfiguró delante de ellos, ahí apareció glorificado, y a cada lado del Señor Jesús dos personajes bíblicos que habían vivido en esta Tierra, los cuales son Moisés y Elías. Por lo tanto, habrá una etapa de la Iglesia que será la etapa para la glorificación de la Iglesia, representada allá en el Monte de la Transfiguración en donde aparecerán los dos ungidos, los dos Olivos, de Apocalipsis 11, en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Encontramos que en el tiempo de Jesús no todos vieron a Jesús glorificado, transfigurado, y a Moisés y a Elías: solamente Pedro, Jacobo y Juan. Por lo tanto no todo el Cristianismo va a ver los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, no todos los van a ver en lo que será el Monte de la Transfiguración en el Día Postrero, porque ese Monte allá tipifica a la Iglesia del Señor Jesucristo que es el Reino en la esfera espiritual; y a la parte alta o en la parte alta de ese Monte es que estará el Señor en el Día Postrero. Ahí es donde van a aparecer los ministerios de Moisés y Elías, los dos Olivos, conforme a Apocalipsis, capítulo 11, y también Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 6, donde dice que Elías será enviado: “He aquí, yo os envío el profeta Elías,  antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” Al mismo Señor Jesucristo, los discípulos cuando bajaron del Monte de la Transfiguración, le preguntan: “Señor, ¿por qué dicen que Elías tiene que venir primero?” Capítulo 17, verso 9 en adelante del Evangelio según San Mateo, dice: “Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos. Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas (‘a la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas,’ está hablando de Elías que va a venir en el tiempo final para restaurar todas las cosas). Mas os digo que Elías ya vino,  y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” El ministerio de Elías siempre es operado por el Espíritu Santo en un hombre, y cuando se habla de que Elías vendrá, se nos está hablando de que el Espíritu Santo estará en otro hombre operando el ministerio de Elías Tisbita, porque el que tiene ministerios es el Espíritu Santo, Cristo, el Ángel del Pacto. Operó ese ministerio en Elías Tisbita, por segunda vez lo operó en Eliseo cuando cruzaron el Jordán y vino un carro de fuego o platillo volador y se llevó al profeta Elías, Eliseo quedó llorando al ver lo que sucedió, tomó el manto de Elías que se le había caído y regresó al Jordán, se paró frente al Jordán, y dijo: “¿Dónde está el Dios de Elías?” hirió las aguas como lo había hecho Elías, y se abrieron también. Pasó el Jordán y los hijos de los profetas cuando vieron eso dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo,” ahí tenemos el ministerio de Elías repitiéndose, siendo operado por el Espíritu Santo en otro hombre, en Eliseo. Ese fue el segundo Elías. Pero no era Elías literal, sino era Eliseo, pero con una doble porción del espíritu que estaba en Elías, porque esa fue la petición que había hecho Eliseo, “que una doble porción del espíritu que está en ti, venga sobre mí.” Y ese era el Programa Divino: darle una doble porción. Luego en el tiempo de Juan el Bautista Cristo da a conocer que Juan el Bautista es el Elías que vendría preparándole el camino al Señor, lo tenemos aquí en *San Mateo, capítulo 11, dice verso 9 en adelante, hablando de Juan el Bautista dice Jesús: “Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito:  He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu  faz, el cual preparará tu camino delante de ti (ahí tenemos al Elías que le prepararía el camino a Jesús, al Mesías, en Su primera Venida). De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.” Aquí tenemos identificado a Juan el Bautista como el precursor de la Primera Venida de Cristo, como el Elías que tenía que venir en aquel tiempo. Eso está también en Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, donde nos dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (o sea, que le preparará el camino a aquel que lo está enviando); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” O sea, ha dicho el Eterno, el Señor. ¿Quién vendría después del mensajero que le estaría preparando el camino al que lo está enviando? Luego vendría el Señor, a quien el pueblo hebreo buscaba, o sea, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque la promesa de la Venida del Mesías es que será Emanuel, que traducido es: “Dios con nosotros.” (Isaías, capítulo 7, verso 14, y San Mateo, capítulo 1, versos 17 al 23). O sea, que vendrá el Señor, y dice: “Vendrá el Señor a quien vosotros buscáis, y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros.” Y el Ángel del Pacto. El Ángel del Pacto que le dio la Ley al pueblo hebreo a través del profeta Moisés en el Monte Sinaí, y el Ángel del Pacto es nada menos que la teofanía o cuerpo teofánico o cuerpo angelical en el cual Dios se revelaba desde el Génesis hasta el tiempo de Jesús. Encontramos que ese Ángel del Pacto vendría, vendría en medio y al pueblo hebreo y en medio del pueblo hebreo. ¿Cómo vendría? Recuerden que ese Ángel del Pacto es la imagen del Dios viviente, es el mismo Ángel que le aparecía a Abraham, el cual en una ocasión le apareció como Melquisedec, sin padre, sin madre, y el cual también... eso fue en el capítulo 14 del Génesis, y en el capítulo 17 y 18 le apareció a Abraham con otros dos Ángeles o Arcángeles, que son Gabriel y Miguel, que le acompañaron el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Ese Ángel o Varón al cual Abraham le dijo: “Mi Señor,” era nada menos que el mismo Dios en Su cuerpo angelical, el cual se materializó allí delante de Abraham, comió con Abraham juntamente con los Arcángeles Gabriel y Miguel (estaban en sus teofanías, y los encontramos con Abraham). Después del almuerzo se levantan los Arcángeles (dos de los Ángeles) y se van a Sodoma, y se queda uno de ellos, el cual es Dios, Elohím, con Abraham hablando, y dice: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy hacer?” Porque no hará nada el Señor sin que revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas. [Amós 3:7]. Dios siempre da a conocer las cosas antes que acontezcan, antes de Dios llevar a cabo las cosas, Él las revela, las da a conocer, a Sus siervos Sus profetas, y ellos las dan a conocer al pueblo de Dios. Por eso para cada tiempo en que Dios va a darle a conocer a Su pueblo algo, Él tendrá un profeta en la Tierra en medio del pueblo. Los profetas tienen las dos conciencias juntas, pueden ver en la dimensión angelical, pueden escuchar, también recibir la revelación de parte de Dios, oír la Voz de Dios, y luego dar a conocer lo que Dios le ha dicho que le diga al pueblo, así ha venido siempre la Palabra de Dios para el pueblo. Zacarías, capítulo 7 nos da una idea clara de cómo es que Dios le habla a Su pueblo, y todavía no ha cambiado esa forma de hablar a Su pueblo.  Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12 dice: “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros (¿cómo enviaba Dios Su Palabra al pueblo? Por medio de Su Espíritu a través de Sus profetas); vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.” Usamos el nombre, aquí: Jehová, que es la traducción que tiene esta versión de la Biblia, pero en otras versiones lo traducen o lo colocan como el Señor, como el Eterno o Elohím o como lo hayan colocado diferentes versiones. Ahora vean aquí, Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante, dice: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.” ¿A quién, dice Dios, que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios levante en medio del pueblo, el profeta que Dios envíe, porque a ese profeta y a través de ese profeta será que Dios le hablará al pueblo, traerá Su Palabra por medio de ese profeta: “Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová (o sea, el Señor, Elohím, el Eterno) me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca...” ¿Dónde Dios coloca Su Palabra? En la boca del profeta que Él envía. Por eso el Mesías también tiene que ser un profeta, tanto en Su Primera Venida como en Su Segunda Venida tiene que ser reconocido como un profeta, porque viene para hablar la Palabra de Dios y así es que escucharán la Voz de Dios los que la tengan que escuchar en el Día Postrero, el Espíritu Santo hablando en medio de Su Iglesia, Su pueblo, y después al pueblo hebreo:  “...y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.” O sea, que no es un asunto de que las personas digan: “A mí no me interesa lo que esté siendo hablado,” debe interesarle, porque Dios dice: “Cualquiera que no escuchare lo que él hablare en mi Nombre, yo le pediré cuenta.” la persona no escuchó a Dios, no escuchó la Voz de Dios, hablando por medio de Su Espíritu a través de un hombre, de un velo de carne, como siempre Él lo ha hecho. Por eso es que tenemos la Biblia, porque Dios por medio de Su Espíritu ha estado hablando por medio de seres humanos, por medio de profetas y apóstoles, diferentes mensajeros. Hemos visto la forma de Dios hablar: es por medio de Su Espíritu, Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico, dentro y a través de un hombre, de un profeta, un hombre que tiene las dos conciencias juntas, eso ha sido siempre todo profeta que Dios ha enviado en medio de Su pueblo. Para el Día Postrero tenemos la promesa de que Dios enviará a Elías, eso es el ministerio de Elías siendo repetido por el Espíritu Santo en diferentes hombres, mensajeros, profetas. En Elías Tisbita primero el Espíritu Santo operó ese ministerio, luego lo operó por segunda vez en Eliseo,  luego lo operó por tercera vez en Juan el Bautista, y luego lo operó por cuarta vez en el reverendo William Branham, y lo operará de nuevo en el Día Postrero conforme a la promesa de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, y también conforme a Malaquías, capítulo 4. Será la quinta ocasión en que el Espíritu Santo operará ese ministerio en medio de Su pueblo. Por lo tanto, ese ministerio va a estar primero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y después con el pueblo hebreo; también va a ser operado el ministerio de Moisés en el Día Postrero, y eso será el Espíritu Santo operando ese ministerio en otro hombre. Así es cuando es prometido un profeta que días... ya vino en otro tiempo, cuando vuelve ese ministerio, ese ministerio profético, viene en otro hombre siendo operado ese ministerio por el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, en medio del pueblo de Dios. Para el Día Postrero en el cual vivimos, en la parte alta, en la etapa más alta de la Iglesia, que es la etapa final, porque así el reino de los gentiles comenzó con la cabeza de oro en el tiempo de Nabucodonosor, y fue bajando de la cabeza de oro al pecho y los brazos de plata del imperio Medopersa, y luego bajó más, al vientre y los muslos de bronce en el tiempo del imperio de Grecia con Alejandro el Grande, y luego siguió bajando a las piernas de hierro, el imperio romano, y luego siguió bajando a los pies de hierro y de barro cocido que es la etapa en la cual vivimos desde hace cientos de años; esa es la última etapa del reino de los gentiles.  En la etapa de las piernas de hierro el imperio romano crucificó a Cristo en la Cruz del Calvario. En el tiempo de los pies de hierro y barro cocido será en que la segunda Venida de Cristo será realizada, y el Mesías, como la piedra no cortada de manos, herirá a los pies, a la estatua en los pies de hierro y de barro cocido y será quitado el reino de los gentiles y establecido el Reino de Dios, el Reino del Mesías, porque la piedra luego crece y se hace un gran Monte, un gran Reino: el Reino del Mesías, que será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, y será la restauración del Reino de David y el Trono de David. Por lo tanto, los judíos tendrán una bendición grande en este tiempo final, porque el Trono de David estará en Jerusalén, y Jerusalén será la Capital de ese Reino, y todo Israel será el Distrito Federal del Reino del Mesías, por lo tanto, Israel estará a la cabeza de todas las naciones, así como la cabeza de un país es la capital, ahí está el presidente, ahí está la administración de ese gobierno, y así por el estilo. Por lo tanto, la administración de ese Reino y los que pertenecerán a la administración de ese Reino, los miembros del gabinete de ese Reino, van a vivir y a trabajar en y desde Jerusalén en la administración, en la gobernación, del Reino del Mesías; con el Mesías Príncipe estarán reinando por mil años y luego por toda la eternidad. Así como los miembros del gabinete de un gobierno, gobiernan, reinan, con el presidente de la nación por el lapso de tiempo que les corresponde, y luego, si son elegidos de nuevo, continúan reinando, gobernando, la mayor parte de esas personas que pertenecen a la administración de ese gobierno. Y en el Reino del Mesías gobernarán, reinarán, con Cristo, con el Mesías, mil años, y luego continuarán un término indefinido, un “término indefinido” que se le llama, por la eternidad, eternamente. ¿Y quiénes serán los que estarán reinando con Cristo en la administración de ese Reino y luego volverán el otro término que será eterno también, a gobernar, reinar con Cristo? Son todos los creyentes en Cristo juntamente con el pueblo hebreo, porque ese Reino tendrá su lugar en la tierra de Israel. Por lo tanto, será reconocido como un Reino judío el Reino del Mesías, y esa es la única esperanza que tiene Israel para no desaparecer de la Tierra: la Venida del Mesías y el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra. En el Monte de la Transfiguración fue visto el orden de la Venida del Señor, que será con Moisés y Elías, como fue allí mostrado; y por consiguiente primero aparecerá, se verá, Elías, o sea, veremos el ministerio de Elías siendo manifestado en medio del pueblo de Dios. Primeramente en medio del Cristianismo aparecerá el ministerio de Elías, pues eso será por quinta ocasión, y en la cuarta ocasión en que se manifestó el ministerio de Elías, fue en medio del Cristianismo también, en el reverendo William Branham, que fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Por lo tanto, la Segunda Venida de Cristo será conforme a como fue profetizada por el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham, que vino con el espíritu y virtud de Elías, o sea, el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión, por lo tanto, los mensajes o conferencias del reverendo William Branham son muy importantes para el Cristianismo y para los judíos, porque darán luz con relación a la Venida del Mesías, detalles muy importantes, que deben conocer los cristianos y los judíos, porque ambos están esperando al Mesías. Y para poder ver al Mesías, primero verán a Elías y después a Moisés y después al Mesías; como fue en el Monte de la Transfiguración: Jesús glorificado allí, transfigurado, con Moisés y Elías, uno a cada lado, la Voz del Cielo dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, a Él oid.” Por lo tanto, en Él estará la Palabra de Dios para todo el pueblo, pero primero, tanto el Cristianismo y en medio del Cristianismo y después en medio de los judíos, estará el ministerio de los dos Olivos, el ministerio de Elías y el ministerio de Moisés, y la Venida del Mesías será lo último que verán. Por lo tanto, es importante conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, que el Espíritu Santo estará dando a conocer en este tiempo final: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.” Hay que subir a una Edad celestial, a una etapa celestial, que es la etapa que corona la Iglesia del Señor Jesucristo, la etapa o Edad de adopción, la etapa de Piedra Angular, la etapa de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde estará la Voz de Dios, la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Cristo, llamando a la gente a subir a esa etapa de la Iglesia, que es la etapa para la adopción de todos los hijos e hijas de Dios. Es en esta etapa de la Iglesia donde aparecerán y serán vistos los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero. El Monte de Sion en lo espiritual es la Iglesia del Señor Jesucristo, como también es Jerusalén, y por consiguiente es ahí donde Dios traerá a Su Reina, primeramente a la Iglesia del Señor Jesucristo en esa etapa de Piedra Angular, y luego al pueblo hebreo. Tan sencillo como eso: vendrá el libertador a Sión y de Sión; ‘a Sión’ dice Isaías, capítulo 59, y ‘de Sion’ dice San Pablo en Romanos, capítulo 11, versos 21 al 27. Por lo tanto, tenemos que estar a la expectativa porque estamos viviendo en el tiempo que corresponde a la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, y que es paralela al tiempo de Jesucristo dos mil años atrás. Aquel tiempo fue tiempo en donde el Año del jubileo se cumplía, tiempo en donde el mensaje de Año de jubileo fue proclamado por Cristo, y donde se llevó a cabo la Obra de Cristo, el Mesías, la Obra de Redención, que tenía que llevarse a cabo. Por esa causa damos gracias a Dios porque Cristo murió por nosotros en la Cruz del Calvario en medio del pueblo hebreo, y por esa causa es que Cristo dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Cristo pidió perdón para Israel, para los judíos, porque ellos no sabían lo que estaban haciendo: estaban dando cumplimiento al Programa de Dios para llevarse a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Por lo tanto, fue una bendición lo que vino con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, bendición para los judíos y bendición para los gentiles también, porque de entre los gentiles Dios ha estado tomando para Su Nombre un pueblo, tomando diferentes personas de entre los gentiles para Su Nombre. Estamos en el tiempo en que la Iglesia está en la etapa en donde la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, nos dice: “Sube acá,” subimos a la Edad de Piedra Angular, ya no estamos ni en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, o séptima Edad de la Iglesia, sino que estamos en la etapa de Piedra Angular, la etapa más gloriosa para la Iglesia del Señor Jesucristo, la etapa de y para la adopción de todos los hijos e hijas de Dios. Esta es la etapa que todos los creyentes en Cristo de tiempos pasados desearon vivir, pero nos ha tocado a nosotros, por lo tanto, el “sube acá” en el Cuerpo Místico de Cristo como llamado a una nueva etapa de la Iglesia, es subir a la etapa de Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo en el Monte de Dios, el Monte de Sión espiritual que es la Iglesia del Señor Jesucristo, sin quitar la parte literal que corresponde a Israel, Sión, un Monte allá de Jerusalén. Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos en donde todas las cosas que deben suceder están prometidas que serán dadas a conocer en esa etapa celestial, en esa etapa de adopción, para la Iglesia del Señor Jesucristo; luego de esa etapa no hay otra etapa para la Iglesia del Señor Jesucristo, ya las otras etapas pasaron, transcurrieron, y no se llevó a cabo la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, porque no era para esas etapas pasadas sino para nuestro tiempo. Pero no sabemos el año en que va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que están vivos; no sabemos el año, por lo tanto, cada año nos mantenemos esperando el regreso de Cristo con los santos creyentes en Él que murieron físicamente y que regresarán en este tiempo final en la etapa gloriosa de la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, el llamado de Gran Voz de Trompeta, de Trompeta de Dios, el llamado de Cristo, es subir, subir a una etapa más alta, y por consiguiente una dimensión más alta, en el Cuerpo Místico de Cristo, para ver y entender todas las cosas que deben suceder en este tiempo final, y para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Estamos en el tiempo de una puerta abierta en el Cielo: la puerta es Cristo, Él es la puerta del Templo espiritual suyo, Él dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Por lo tanto, para el Día Postrero el que es de Dios escuchará la Voz de Dios, la Voz de Cristo, llamándole a subir más arriba, una etapa o dimensión más arriba en el Cuerpo Místico de Cristo; porque el Reino de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, así como el Reino de los gentiles representado en la estatua que vio Nabucodonosor, vino pasando por diferentes etapas de arriba (la cabeza de oro) hacia abajo, hasta los pies de hierro y de barro cocido, el Reino de Cristo, el Cuerpo Místico de Cristo, ha estado pasando por etapas, pero no de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba: del tiempo de los apóstoles allá en Israel, del tiempo de San Pablo entre los gentiles, y del tiempo de cada mensajero y cada etapa de la Iglesia entre los gentiles, subiendo de etapa, de Edad en Edad, hasta llegar a la Edad de Oro, la Cabeza de Oro, del Cuerpo Místico de Cristo. Esta es la etapa más gloriosa de todas las etapas en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.  Mientras el reino de los gentiles va decayendo, el Reino de Cristo ha estado subiendo, pasando de gloria en gloria, hasta llegar a la Edad de Oro, la Cabeza de Oro, del Cuerpo Místico de Cristo. Cristo es la Cabeza de Oro, el oro representa deidad, divinidad. Por lo tanto, Cristo en la Edad de Oro en el tiempo final en medio de Su Iglesia, es la Cabeza de Oro con Su Reino, Sus hijos e hijas en el Día Postrero. No se puede ver, no se puede comprender todas estas cosas que deben suceder que vio Juan el apóstol desde que subió en Apocalipsis, capítulo 4, a menos que se suba a una etapa de la Iglesia en donde todas estas cosas el Espíritu Santo las esté revelando, y esa etapa es la etapa de Edad de Piedra Angular, la etapa de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo. “EL LLAMADO A SUBIR.” Si hay alguna persona que todavía no ha subido, el llamado de Cristo es: “Sube, sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.” Por lo tanto, Cristo por medio de Su Espíritu estará hablando en medio de Su Iglesia de todas estas cosas que Juan el apóstol vio cuando subió al Cielo. Jesucristo dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...” ¿de qué cosas? De todas estas cosas que deben suceder, y sigue diciendo:  “... Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, también dice el Señor: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” Por lo tanto, hay que subir en respuesta al llamado de Cristo por medio de Su Espíritu Santo en este tiempo final en medio de Su Iglesia en la etapa de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo; ahí es donde Cristo por medio de Su Espíritu estará hablándole a Su Iglesia, así como le habló por medio de Su Espíritu Santo en etapas pasadas de la Iglesia por medio de los diferentes mensajeros que Él envió. Por lo tanto, en el Día Postrero serán bienaventurados los que subirán, porque estarán escuchando así dice el Señor Jesucristo en medio de Su Iglesia y en Su Iglesia, en el Día Postrero, en la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, y estará dándoles la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; ahí es donde el Séptimo Sello también será revelado, será abierto, a los creyentes en Cristo. Y es en esa etapa de la Iglesia en donde se cumplirá también la visión de la Carpa-Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham, y ahí será que se cumplirá también la Tercera Etapa, que será para la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, será para, por supuesto, las vírgenes prudentes, será también para las vírgenes insensatas, las cuales van a pasar por la gran tribulación, y la cual será también para el mundo. O sea, que cubrirá toda la humanidad esa Tercera Etapa, y por consiguiente será también para los judíos, es en el cumplimiento de la Visión de la Carpa en donde el Espíritu Santo estará hablando y estará ahí cada creyente en Cristo escuchando la Voz de Cristo, la Voz del Ángel del Pacto, la Voz del Espíritu Santo, y estará recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y ahí también será que los judíos estarán escuchando la Voz del Ángel del Pacto, la Voz de Dios, la Voz del Espíritu Santo, dando a conocer todas estas cosas y haciendo todas las cosas que Él dijo que estará haciendo en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, ahí es que los judíos dirán: “Éste es el que nosotros estamos esperando. Esto es lo que nosotros estábamos esperando.” Todo eso será en el cumplimiento de la Tercera Etapa, en donde la Palabra, que es la Espada del Espíritu, estará siendo manifestada en toda Su plenitud, y dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y dándonos así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, abriéndonos el Séptimo Sello y por consiguiente dándonos la fe para ser transformados. El Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Segunda Venida de Cristo. “EL LLAMADO A SUBIR.” Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes dándoles a conocer este tema: “EL LLAMADO A SUBIR.”  Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted. Los que están en otras naciones también pueden pasar al frente donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo, y los niños de diez años en adelante también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en diferentes naciones.  Dios tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en todo el Caribe, en toda la América Latina, en Norteamérica también, y en todos los países, y los está llamando en este Día Postrero a subir más arriba, a subir a una etapa nueva, a una nueva dimensión en el Cristianismo, a una nueva dimensión en el Cuerpo Místico de Cristo, en donde todas estas cosas que deben suceder pronto son reveladas, abiertas, a todos los que suben a la etapa o Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde Cristo en Espíritu Santo estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y así estaremos siendo preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, estaremos orando por los que están viniendo a los Pies de Cristo en diferentes naciones: Padre nuestro que estás en los Cielos, Santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino y hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra, y el pan nuestro de cada día danoslo hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal, porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén. Dios eterno, Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, en Tus manos los encomiendo. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego. Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración: Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Señor, reconozco que no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, solamente en Tu Nombre. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor. Haz realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén. Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén. La Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado, el bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Él mismo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia. Y si Él fue bautizado, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados. El mismo Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Esas son palabras de Cristo nuestro Salvador, es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.  Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso en el bautismo en agua en el Nombre del Señor la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador. Continúen pasando una tarde feliz, y nos veremos el próximo domingo Dios mediante como de costumbre.  Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y concluir. Que Dios les bendiga y les guarde a todos. En cada país queda el ministro correspondiente. Bueno, que Dios les bendiga y les guarde,  y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. “EL LLAMADO A SUBIR.”

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