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Muy buenos días, maestras de niños; es una bendición grande estar con ustedes, verles, y ver que la labor que están llevando a cabo ha tenido éxito grande en favor de los niños, en favor de la familia; y los niños tienen temor de Dios, conocen de Dios, porque ustedes les han estado enseñando. Y quién mejor que una maestra para darle clases a los niños; porque ya como tienen niños, la mayor parte de las maestras, ya saben cómo bregar con los niños; y vienen a ser como hijos también para las maestras (los niños), y los niños se sienten también así como si fuera una madre, una segunda madre, que les ama y les instruye en el camino de Dios.     Y se cumple: “Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea mayor, viejo, no se apartará de él.” Entonces, pues también inspira a las mamás también a enseñarle en los hogares, también de la escritura; y los niños algunas veces le enseña a las mamás, también a los papás; después hay una buena comunicación y un deseo siempre de buscar a Dios.     Algunas veces los niños son los primeros que quieren llegar al culto y hacen entonces que los papás se apuren un poquito, madruguen un poquito más también.     Es bonito que desde niños sirvan al Señor y se trabaje también en la Obra del Señor de acuerdo a la capacidad que ellos tienen. Y es una bendición y privilegio grande el ser maestra de niños. Y ese privilegio yo sé que ustedes lo aprecian, y que lo llevan acá en el corazón; o sea, que todo lo hacen de corazón. Aman a los niños y aman la Obra del Señor siempre.     Que Dios les bendiga, les guarde, y que todos ustedes también en la Carpa Catedral, tengan allí... les voy a decir... a la gente no les gusta que les digan que van a tener mucho trabajo. Pero yo creo que ustedes quieren tener mucho trabajo, que tengan mucho trabajo en la Obra con los niños. Y que Dios añada muchos niños y muchos padres, muchas familias para escuchar la Palabra, y muchos niños para recibir la enseñanza de las maestras.     Y sigan siendo de grande bendición para los niños ustedes, y al que tiene, dice Cristo, se le dará más. Por lo tanto, que Dios les dé más, y si necesita más maestras la Obra, pues que Dios añada más maestras también. Sé que no van a decir: “No, no queremos más maestras.” Si hacen falta, pues oran a Dios para que Dios provea más maestras para atender los niños también.     Bueno, que Dios les bendiga. Ha sido una bendición estar con ustedes en esta ocasión, y platicar con ustedes estos momentos y saber que están brazo a brazo trabajando también ustedes por el proyecto de la Gran Carpa Catedral, que ya vemos cómo los permisos y todo ha estado saliendo y cómo todo ha estado progresando, cómo Dios ha usado a Benjamín en esa labor también tan importante, porque otra persona no puede llevar a cabo esa labor que están haciendo de ese proyecto. Él sabe cómo hacerlo y las personas que necesita, pues él las buscará. Así que este hombre es de grande bendición. Oren mucho por él para que Dios le dé fuerza, y cada día más conocimiento en ese proyecto, para que pronto lo tengamos hecho una realidad.     Ya vimos las máquinas, hemos visto cómo han estado haciendo algunos trabajitos y mañana tiene una sorpresa guardada. Mañana entonces veremos alguna otra sorpresita.     Y estén siempre brazo a brazo en ese proyecto. Y nada que pueda interrumpir ese proyecto, nada interrumpa el proyecto, ya que todos oramos por ese proyecto, es un proyecto bíblico; y que toda Iglesia que se haga para la Obra del Señor Jesucristo es un proyecto bíblico, porque para acomodar las personas, las personas que quieren escuchar, que reciben a Cristo como Salvador, y para los niños ser educados en el conocimiento del nuevo Pacto de Vida eterna por medio de Cristo.     Así que estén siempre unidos teniendo la meta de trabajar por los niños y la meta del nuevo Templo, y que está siendo construido, porque ya desde que se consiguen los terrenos y se consiguen máquinas, y todo, ya empezó el trabajo; pero tiene diferentes etapas y todos queremos ser útiles en cada etapa del proyecto. Y cada uno colaborará en la forma en que pueda colaborar; unos con oraciones, otros con oraciones y animando a los demás también; y creyendo.     Que ninguno tenga mente negativa. No sé si ustedes han visto algún ejercicio que se hace, que se pone una persona de espaldas y entonces le dicen a las otras personas: “Piensen mal de esa persona,” y se le pone las manos así, y con un dedo la tumban. Después, sin que él se dé cuenta, se le hace una señal así al público, y eso significa que piensen positivo acerca de él, y traten de bajarle la mano, y no hay quién se la baje.     Entonces eso es así. Siempre piensen positivo de los que están trabajando. En el proyecto de enseñanza de los niños ustedes son las mejores.     Y ningún problema que tenga una persona u otra, vayan a tenerlo como motivo para pensar mal. En las cosas de Dios el deseo de servir a Dios es bueno y eso Dios lo mira.     Todo lo que hacemos es de corazón, por lo tanto Dios ve eso. Y pensar bien los unos de los otros, de frente y de espalda también; porque de frente siempre hablamos bien, pero de espaldas también, para que la fuerza con que está trabajando no se le vaya a agotar, sino para darle más fuerza. Y decirle: “Adelante, porque vas bien,” tenga o no tenga fallitas; cualquier fallita, pensando positivo y animándolo, ya eso va a ser corregido en algún momento. Cristo los va a ayudar, tanto a ustedes, como a Benjie, como a mí, y como a todos los ministros.     En el tiempo pasado del Antiguo Testamento, de David, todos los que estaban con David, tenían sus fallas. Pero eran los valientes de David. Pero si los fueran a buscar por su récord, a lo mejor eran la mayor parte gentiles, quizás, la mayor parte de ellos tenían problemas en sus países, y se unieron a David, porque vieron que en David estaba la unción para ser rey; y la reconocieron y estaban dispuestos a dar sus vidas por David.     Es un valiente, entre ellos habían treinta y pico principales, y entre los treinta y pico, tres eran los principales; y con ellos, los guerreros, que no eran un ejército reconocido por el gobierno, era en contra del gobierno de Saúl, pero defendiéndose de Saúl, no era porque querían hacerle daño a Saúl. Y si David dice: “No, esta gente tiene muchas fallas...” Se quedaba solito, nunca llegaba a sentarse en el Trono, lo hubieran matado rapidito a David, Saúl que lo quería matar.     En vez de Saúl unirse a David: “Sí, yo sé que Dios te ungió para ser rey. El mismo que usó para ungirme a mí (podía decírselo) para ser rey, luego porque no hice lo que Dios me dijo, entonces me desechó y te ungió a ti. Por lo tanto, yo te voy a respaldar. Yo te dejo el trono, porque tú eres el hombre ungido, y en el trono quien debe estar es un hombre ungido, y no uno que haya sido desechado por Dios porque falló a Dios. Así que yo te voy a ayudar en todo, me dejes puesto o no en el reino.”     David de seguro le iba a decir: “Tú vas a ser el primer ministro.” Y de seguro hubiera ayudado a David. Pero no quiso, entonces, pues hubo problemas. Entonces no debe haber problemas en la Obra, porque salen perjudicados los que ponen los problemas. Hay que respaldar el Programa de Dios siempre para que Dios pueda obrar. Y Dios a quien tiene para llevar a cabo la Obra, Dios por medio de Su Espíritu, es a los creyentes en Cristo, a todos nosotros: a ustedes, a mí, a Benjie, a todos, a todos los ministros y todos los hermanos y hermanas creyentes en Cristo.     Por lo tanto, bien unidos en Amor Divino, sabiendo la meta: la meta es nuestra transformación. Por lo tanto, Él nos prometió que nos va a transformar; y si alguno se va antes, pues lo va a resucitar en cuerpo nuevo, glorificado. Por lo tanto, no pierde, lo único que pierde es un tiempito de trabajar en la Obra, que cuando mire de allá para acá, va a decir: “No, yo quisiera estar todavía allá trabajando.” Pero se le termina el tiempo y se tiene que ir, o que por alguna cosa Dios se lo lleve, porque si va a entorpecer la Obra, pues Dios dice: “No, vente acá y de acá miras, desde la balconeta, de acá tú miras cómo está la obra y ves que no interrumpiste porque te traje antes de interrumpir.”     Pero todos queremos quedar acá para ser parte, no expectadores sino actores, creyentes activos también, o proactivos, en la Obra de este tiempo final. Y luego Dios se encargará de premiar a cada uno, darle el galardón correspondiente a cada uno.     Y yo siempre he dicho que yo creo que los que van a tener los galardones más grandes son los de nuestro tiempo, porque es en donde se culmina todo el Programa, donde llega al tope, llega a la etapa de Oro del Programa Divino.     Bueno, esto fue un... como dice Miguel: “Un postre.” Pero para él por poco el postre es mayor que lo primero.     Bueno, que Dios les bendiga, les guarde y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. Y adelante trabajando en la Obra, y que Dios añada muchos niños más. Nunca van a decir que no pueden. Y si ven que son muchos para poderles enseñar, pues entonces Dios proveerá más maestras.     ¿Con cuántas maestras empezaron? ¿Quiénes eran? ¿Y después quiénes eran? O sea, que todavía hacen falta. Así que a medida que haga falta más personas, más maestras. Es preferible que sean maestras y no maestros, sino maestras, porque las maestras saben bregar con niños, pues tienen niños la mayor parte de las maestras; y mejor maestras bregar con los niños, como son madres también, saben cómo bregar con niños.     Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, ha sido un placer y una bendición grande estar con ustedes en esta mañana, en estos momenticos que Benjie me permitió visitarles, me trajo para visitarles también; y ustedes me han recibido en esta ocasión.     Bueno, Benjie con ustedes.     “PALABRAS DE BENDICIÓN A LAS MAESTRAS.”

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