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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros, y congregaciones también que se encuentran en otras naciones. También reciba un cordial saludo la Lic. Laura Elena Rejón Caballero, Secretaria de Vinculación con la Sociedad Civil del Comité Ejecutivo Nacional del PRI; y el Lic. Máximo Moscoso Pintado, Delegado Federal de profesión; y el Lic. Manuel Andrade, ex Gobernador del estado de Tabasco.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y nos hable directamente a nuestra alma, a nuestro corazón; y así nos enseñe el sentido de lo que está escrito, y obre en nuestra alma y en nuestro corazón. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión; a ustedes que están presentes y los que están en otros países conectados con esta transmisión vía satélite e internet.

Para esta ocasión leemos en Habacuc, capítulo 2, verso 14, donde nos dice:

“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.”

Y también leemos en Amós, capítulo 8, verso 11, que dice:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.”

Y en San Mateo, capítulo 4, palabras de Jesús que dice: Capítulo 4, verso 4:

“El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “CON LA PALABRA DE DIOS SE EDUCA EL ALMA.”

El ser humano, siendo creado a imagen y semejanza de Dios..., como nos dice Génesis, capítulo 1, versos 26 en adelante, donde dice:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen,conforme a nuestra semejanza.”

Lo único que ha sido creado por Dios a Su imagen y semejanza es el ser humano; por eso el ser humano es la corona de la Creación.

Así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. La imagen de Dios es Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico, llamado el Espíritu Santo y también llamado el Ángel del Pacto, el cual es Jesucristo en Su cuerpo angelical; por eso es que Jesucristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” [San Juan 8:58]. Y decía: “Y Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Le dicen: “No tienes aún cincuenta años ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era posible que un joven carpintero de Nazaret, que había nacido en Belén de Judea y tenía de 30 a 33 años de edad, pudiera decir y estar correcto en decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy”? Es que Cristo en Su cuerpo angelical era antes que Abraham y era antes que Adán también. Ese es el misterio de esas palabras de Cristo, de San Juan, capítulo 8, verso 56 al 59.

Por eso es que San Pablo hablando acerca de Cristo, en Hebreos, capítulo 1, versos 1 en adelante, nos dice lo siguiente:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

Dios por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical hizo el universo. Ese es el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, del cual nos habla San Pablo en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3.

Jesucristo es un misterio para la raza humana; y el misterio de Jesucristo es que Él es el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente, y es también el cuerpo físico de Dios que nació a través de la virgen María. Por lo tanto, Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra.

A toda persona le gustaría conocer la persona más importante que vive en el planeta Tierra o que ha vivido en el planeta Tierra; pues le tengo una buena noticia: Su Nombre es Señor Jesucristo, y Su historia está en la Biblia.

“...y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

San Pablo dice que Jesucristo es la imagen misma de la sustancia de Dios; o sea, la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios.

A través de la Biblia encontramos más detalles acerca de Jesucristo; como en Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, donde nos dice:

“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (hay una herencia);

el cual nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo…”

Recuerden que Cristo le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” [San Juan 3:5]

Toda persona quiere entrar al Reino de Dios. Y así como para entrar a este reino terrenal tenemos que nacer en esta Tierra; así también para entrar al Reino de Dios tenemos que nacer en el Reino de Dios, del Agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (o sea del Espíritu Santo). Ese es el nuevo nacimiento del cual le habló Cristo a Nicodemo; y no hay otra forma para entrar al Reino de Dios; así como no hay otra forma para entrar a este reino terrenal: hay que nacer en este planeta Tierra.

Sigue diciendo:

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Aquí San Pablo nos dice que Jesucristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

A través de la Biblia encontramos que nos dice que Adán, y también que Abraham, y también que Jacob, vio a Dios; y no solamente ellos, sino el rey David también y otros personajes de la Biblia, dicen que vieron a Dios cara a cara.

Jacob dice: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma,” y por eso le colocó por nombre Peniel al lugar donde tuvo esa experiencia (Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32). Pero nos sorprendemos cuando encontramos en San Juan, capítulo 1, verso 18, que nos dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

¿Y cómo es que dice la Biblia en el Antiguo Testamento, que diferentes personas vieron a Dios, y luego acá en el Nuevo Testamento (en San Juan, capítulo 1, verso 18) dice que nadie jamás ha visto a Dios?

Aparentemente hay una contradicción, pero la Biblia no tiene contradicciones. Dice que el unigénito Hijo de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, el unigénito Hijo de Dios le ha dado a conocer.

Todos los que conocieron a Dios en el Antiguo Testamento, y que dijeron que vieron a Dios, lo que vieron fue el cuerpo angelical de Dios, que es el cuerpo teofánico o angelical de Jesucristo, llamado en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento: el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Para poder entender todas estas Escrituras bíblicas, tenemos que comenzar conociendo que Dios y el ser humano son con alma, espíritu y cuerpo. El ser humano ha ido creciendo en conocimiento. Los animales no crecen en conocimiento científico, conocimiento académico, sino que siguen como han sido siempre; pero el ser humano cada año es más sabio. ¿Por qué? Porque tiene alma.

La diferencia entre el ser humano y el animal es que el animal no tiene alma; el ser humano sí tiene alma, y por eso puede obtener una educación para su espíritu, y también puede obtener una educación para su alma.

La educación para el espíritu la podemos obtener en la escuela y universidades, para educar nuestros sentidos por medio de los sentidos del cuerpo y entre los sentidos del espíritu; y obtenemos una educación. Y por medio de una educación obtenemos títulos, doctorados en diferentes campos del saber. Estamos alimentando así el espíritu, con conocimiento.

¿Pero cómo alimentamos nuestra alma, que es lo más importante y que es lo más grande que tenemos?, porque en realidad lo que somos es alma viviente. El espíritu que tenemos es un cuerpo de otra dimensión, parecido al cuerpo físico que nosotros tenemos; y el cuerpo físico: el que ya todos conocemos como de carne y huesos y sangre.

Así como Jesucristo dijo: “El Padre mayor es que yo,” así también usted puede decir: “Mi alma es mayor que mi cuerpo y que mi espíritu.”

Ahora, vamos conociendo a Dios y quién es Dios, y vamos conociéndonos a nosotros mismos como seres humanos, en este estudio bíblico de hoy domingo, en donde en todas las iglesias se tiene la escuela bíblica.

Hoy en nuestro estudio bíblico, ya podemos ver que el alma de la persona equivale a Dios el Padre; y el espíritu de la persona equivale al Espíritu Santo; y el cuerpo físico equivale al cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo físico de Jesucristo.

Y así como Jesucristo fue glorificado, el cuerpo físico de los creyentes en Cristo será glorificado; y si murieron, serán resucitados en cuerpos eternos y glorificados, como Jesucristo en Su cuerpo físico murió, fue sepultado y luego fue resucitado, glorificado.

Por lo tanto, Cristo traerá en Su Segunda Venida a los que murieron, los cuales fueron creyentes en Él, los cuales están vivos en alma y espíritu, en alma y en cuerpos espirituales, cuerpos angelicales en el Paraíso, que es la sexta dimensión.

Cristo, así como pasó por el Paraíso (a donde estaban Abraham, Isaac y Jacob y todos los santos del Antiguo Testamento), y el domingo en la mañana, domingo de resurrección, resucitó con ellos; así Jesucristo en Su Segunda Venida pasará por el Paraíso, y traerá con Él en Su Venida a los que murieron, y los resucitará en cuerpos eternos y glorificados, y a los que vivimos nos transformará; cuando los veamos seremos transformados.

Esta es una promesa para todos los creyentes en Cristo. Por eso podemos ver la esperanza que tienen todos los creyentes en Cristo: es una esperanza en las promesas divinas, que no pueden fallar.

Cristo dijo: “Mis palabras son Espíritu y son Vida”; y también dijo: “Los cielos y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán,” por lo tanto, se cumplirán.

Ahora, siendo que el cuerpo físico necesita alimento…; y si no le damos alimento muere físicamente: va poniéndose demacrado y delgado, y cualquier problema de salud lo ataca y destruye el cuerpo físico, si no esta bien alimentado.

Por eso tenemos que comer; y trabajamos..., una de las causas es para tener dinero para comprar alimento para nosotros; y nuestro espíritu tiene que ser alimentado con conocimiento. Y por eso las madres y los padres, y las madres a sus niños les van enseñando.

Cuando nacen los niños y ya van creciendo, el padre y la madre casi siempre tienen una competencia; y cuando la madre se descuida, el papá comienza a decirle al niño: “Pa-pá, papá.” Y cuando la mamá se da cuenta de eso, rapidito le está diciendo al niño: “Ma-ma, mamá.” Porque cada uno de ellos desea que diga - el papá quiere que diga primero: “papá,” y la mamá quiere que diga: “mamá.” La mamá tiene más ventajas, porque el niño siempre está con la mamá.

La madre tiene una responsabilidad muy grande de enseñar al bebé. Lo va enseñando a hablar, lo va enseñando a pedir las cosas; porque mientras no tiene ese conocimiento él pide las cosas llorando; pero la mamá lo entiende, pero ella quiere que ya comience a hablar como le corresponde a todo ser humano. Para lo cual se requiere una educación, una enseñanza; y los primeros maestros son los padres de los bebés.

Y después, cuando ya están más grandecitos, son enviados a la escuela para continuar la educación; aunque los padres continúan educando a sus hijos, enseñándoles valores, enseñándoles buenas costumbres, enseñándoles a ser respetuosos; y tienen que comenzar respetando a sus padres.

Los niños que no respetan a sus padres tampoco van a respetar a los demás seres humanos; por eso los padres tienen la responsabilidad muy grande en la sociedad. La educación comienza en el hogar.

Todos queremos que nuestros hijos sean bien educados, sean respetuosos, sean amables y serviciales. Esa es la forma correcta para criar a los niños. Y que pidan permiso cuando van a salir, para los padres saber dónde están ellos, y si necesitan ir a buscarlos saber dónde van a buscarlos; porque los padres tienen que estar pendientes de sus hijos para que no vayan a tener amistades que los metan en problemas de drogas u otras clases de problemas.

Es importante la educación para el ser humano desde que nace y aun desde que están en el vientre de la madre. Hay forma de educar a los niños cuando están en el vientre de la madre: con grabaciones que colocan en el vientre de la madre para que ellos escuchen; hay métodos para llevar a cabo esa labor.

Tenemos que alimentar el cuerpo, el espíritu y el alma de nuestros hijos aun desde que están en el vientre. Y nos preguntamos: ¿Y cómo vamos a alimentar el cuerpo físico de nuestros hijos cuando están en el vientre? Hay una forma provista por Dios, en donde el niño está conectado con la madre; y cuando nace le cortan esa conexión, y lo que le queda es lo que llamamos: el ombligo. Y después tiene que estar alimentando con la boca; continúa el cuidado para los niños.

Así es en lo espiritual también: también se va educando el espíritu de los niños con una educación correcta.

Pero ¿y qué para el alma de los niños y de los mayores? La Escritura nos dice en una de las citas que leímos (de Amós, capítulo 8, verso 11), que Dios dice por medio del profeta Amós que habrá - que vienen días en que habrá hambre sobre la Tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra del Señor, la Palabra de Dios. Y Cristo cuando dijo: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.”

Esa Palabra que sale de la boca de Dios es el alimento para el alma de todo ser humano. Si no tiene ese alimento: espiritualmente estará débil, estará enfermo espiritualmente; y por eso los veremos metidos en las drogas y en otros problemas que afectan al ser humano. Es un problema espiritual el que los lleva a esa condición, por falta del alimento espiritual para el alma del ser humano.

Por lo tanto, es necesario que el ser humano tenga a su disposición el alimento para el alma, para que su alma sea educada en el Programa Divino; y de su alma (que está en el corazón de la persona) salga hacia el espíritu, a su intelecto; y luego en manifestación humana a través de los hechos de su cuerpo. Y así todos estén bien alimentados espiritualmente, en el alma, en el espíritu y en el cuerpo físico también; para que no estemos débiles ni físicamente, ni intelectualmente, ni espiritualmente en el alma.

El alma es lo más importante que está en el cuerpo físico que usted tiene; porque  usted y yo somos alma viviente.

Por eso tenemos que cuidar que los seres humanos (aun desde bebes hasta que partan de esta Tierra) tengan a su disposición el alimento para el cuerpo, el alimento para el espíritu, y el alimento para el alma.

“Porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” Ese es el alimento para nuestra alma. Y así educar nuestra alma en el camino de Dios, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

En una ocasión Jesucristo dijo: “El Padre y yo una cosa somos.” Y también dijo: “Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.” Y también decía: “Yo no hago nada, sino lo que oigo o lo que veo hacer al Padre.” O sea que las cosas que Jesús hacía no eran de Sí mismo sino del Padre que moraba en Él: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” decía Jesucristo; y el Padre equivale al alma en el ser humano. 

Por consiguiente, las cosas que usted hace, las hace como alma viviente a través de su espíritu y de su cuerpo. Tan sencillo como eso. Por eso hay que cuidar, no solamente el cuerpo físico, sino el espíritu y el alma también.

El cuerpo físico tiene una cantidad de tiempo de vida, a causa de la caída del ser humano allá en el Huerto del Edén; pero si muere siendo un creyente en Cristo nacido de nuevo, no tiene de qué preocuparse la persona ni sus familiares: va al Paraíso, va a esa dimensión angelical; y de allá puede mirar hacia acá y ver a todos los creyentes en sus actividades, y escuchar los cánticos...; porque de allá se ve hacia acá, pero de aquí hacia allá es que no se ve, por causa de que nuestros sentidos físicos no tienen una visión interdimensional, lo que tienen es una visión terrenal.

En el cuerpo nuevo que Cristo va a dar a todos los creyentes en Él, en la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estén vivos, habrá visión interdimensional.

Es importante saber todas estas cosas para que las personas puedan comprender por qué nos agarramos de Jesucristo con toda nuestra alma.

Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo; porque Él está glorificado. Así van a estar todos los creyentes en Él. ¿Y quiénes son esos creyentes en Él que van a estar glorificados? Todos ustedes y yo también, porque Él lo prometió.

Él dijo en San Juan, capítulo 5 y capítulo 6. En el capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Cristo ha prometido resucitar a todos los creyentes en Él, en el Día postrero. El Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá; y en algún momento del séptimo milenio, Él en Su Venida resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos nos transformará.

También, en el capítulo 11 de San Juan, cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro Su amigo, dice... Capítulo 11 de San Juan, verso 23 en adelante, dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta sabía que su hermano Lázaro resucitará en el Día Postrero; o sea, en la resurrección de todos los creyentes en Cristo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Marta sabía que la resurrección sería en el Día Postrero; ya Cristo lo había dicho en el capítulo 6. Por lo tanto, la resurrección es para el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá; y de los tres días postreros (que son: el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio), el postrero, el último de los días postreros, es el séptimo milenio.

Recuerden que “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” nos dice San Pedro en su segunda carta: Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4.

Conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá; y por consiguiente, en el Día Postrero delante de Dios. Y en algún año y día de este séptimo milenio, Cristo vendrá con todos los santos que murieron y los resucitará en cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad; y a los que vivimos nos transformará.

Estaremos unos días aquí en la Tierra con el cuerpo nuevo, así como Jesucristo ya resucitado estuvo cuarenta días con Sus discípulos, apareciéndoles en diferentes ocasiones. Y luego subió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios.

Así también, cuando todos estemos transformados estaremos todos jóvenes, juntamente con los muertos en Cristo que resucitarán; y después de unos treinta o cuarenta días ya transformados, nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, que es la fiesta más importante que se habrá llevado a cabo en el Cielo; la cual y a la cual hemos sido invitados.

Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10, dice: “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.”

Cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo, está escuchando la invitación. Y si recibe a Cristo como Salvador: ha recibido la invitación. Y Cristo lo tendrá en la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en donde estarán todos los santos del Antiguo Testamento: Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas y todos los demás santos del Antiguo Testamento.

Por allá vamos a ver a Adán y a Eva; pues a muchas personas les gustaría ver a Adán y a Eva, y ver cómo eran ellos, pues ellos están en el Cielo ya resucitados; y los vamos a ver, y vamos a verlos jovencitos.

Vamos a ver a todos esos santos y a los profetas que hablaron la Palabra del Señor para Su pueblo. Y vamos a ver a la persona más importante del Cielo, que todos deseamos ver: a nuestro amado Señor Jesucristo. Lo vamos a ver jovencito, y todos vamos a estar jovencitos también.

Lo más importante en la vida es asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Ese es el propósito por el cual Dios nos ha enviado a este planeta Tierra para vivir una temporada. No se necesitan muchos años para vivir en la Tierra, solamente lo necesario, para hacer contacto con Cristo, que es la Vida Eterna, para que Él nos otorgue vida eterna. Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

El mismo Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:27-30]

¿Para qué se predica el Evangelio de Cristo? Para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas y lo reciban como Salvador; para que Cristo les dé vida eterna y no perezca su alma, no perezca la persona, sino que viva eternamente en el Reino de Dios con Cristo. Él es el Rey que gobernará sobre este planeta Tierra.

Por lo tanto, recibir a Cristo como Salvador y recibir al Rey de los Cielos y de la Tierra, es la persona más importante. A toda persona le gustaría recibir al Presidente de su nación en su hogar; pero más importante que eso es recibir al Rey de los Cielos y de la Tierra acá en nuestra alma, en nuestro corazón.

Para lo cual, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino y le dé vida eterna. Para lo cual, puede pasar al frente, y estaremos orando por usted.

Recuerden que de todas las decisiones importantes que el ser humano hace en la Tierra, la más importante es recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador; porque es la única decisión que lo coloca en la vida eterna, es la única decisión que lo coloca en el Reino de Dios.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, en Villahermosa y en todo el estado de Tabasco, y en toda la República Mexicana; y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Redil, colocarlos en Su Reino, con vida eterna.

Lo más importante es la vida, y sobre todo, la vida eterna. Sin vida eterna nuestra trayectoria en esta Tierra, nuestra pasada por esta Tierra, no tendría importancia. La Escritura nos enseña que estamos en esta Tierra para ser rociados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador. Ese es el propósito de nuestra estadía en este planeta Tierra: las demás cosas son añadidas. Por eso Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y las demás cosas serán añadidas.” [San Mateo 6:33] 

¿Para qué buscar el Reino de Dios? Para entrar al Reino de Dios y obtener, por consiguiente, la vida eterna.

Nadie le podrá asegurar el futuro eterno, la vida eterna, excepto el Señor Jesucristo. Él es el único que me asegura a mí y a usted la vida eterna; por lo cual, se predica el Evangelio y se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Lo más grande que un ser humano puede hacer en la Tierra es recibir a Cristo como su Salvador; porque eso es lo único que le da a usted la vida eterna. Cristo es el único, porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

Y los que no lo quieren recibir, están enmarcados en las palabras de Cristo, de San Juan, capítulo 5, verso 40, donde dice: “y no queréis venir a mí para que tengáis vida eterna.”

El que no quiere venir a Cristo, pues no quiere tener vida eterna. El que viene a los Pies de Cristo recibiéndolo como Salvador, es porque quiere tener vida eterna, y sabe que el único que le pueda dar vida eterna es el Señor Jesucristo.

Por eso ustedes están aquí recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador: porque quieren asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Y después que tengamos asegurado nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, las demás cosas son las añadiduras de la vida cotidiana del ser humano; pero lo que trasciende, lo que trasciende al Reino de Dios y a la vida eterna, es recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Todavía vienen más personas para recibir a Cristo, por eso estamos esperando que lleguen los que faltan por venir.

Recordemos las palabras de Cristo cuando dijo [San Mateo 16:26]: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? o ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?” De nada le habrá servido vivir en la Tierra si pierde su alma. Y para no perder su alma, recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para hacer la oración por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

En los demás países también pueden recibir a Cristo como Salvador, pasando al frente, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador, aquí en Villahermosa, Tabasco, República Mexicana.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo, que están aquí presentes o en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mí corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz en mí una realidad la Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Me preguntarán y me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio, nació la fe de Cristo en mi alma. La Escritura dice: ‘Con el corazón se cree para justicia (ya he creído); pero con la boca se confiesa para salvación (he hecho confesión pública de mi fe en Cristo).’ Y ahora, Cristo también dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuando me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón, desde lo profundo de vuestra alma.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Jesucristo fue donde Juan el Bautista estaba predicando y bautizando (allá en el Jordán), para que Juan el Bautista lo bautizara. Y Juan, reconociendo quién era Jesucristo, dijo: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesus le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales, descendió el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús.

Y es Cristo el que dijo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16] Porque el que no cree: no va a ser bautizado; porque el bautismo es un acto de fe.

El bautismo no quita los pecados de la persona, es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Es requisito indispensable recibir a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre. “Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso.

La parte difícil la hizo Cristo en la Cruz del Calvario. La nuestra: recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, para obtener el nuevo nacimiento al recibir Su Espíritu Santo luego de ser bautizado en agua en el Nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua. Y es importante saber lo que significa, para estar conscientes de porqué somos bautizados en agua en el Nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo, y el porqué Él lo ordenó —a los que creyeran— que fueran bautizados en Su Nombre.

Y así ha sido desde el Día de Pentecostés hacia acá; y todavía siguen miles y millones de personas escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, recibiéndolo como Salvador y siendo bautizados en agua en Su Nombre; y Cristo bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego, y produciendo el nuevo nacimiento en esas personas; y entrando al Reino de Dios miles o millones de personas cada año.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes dándoles testimonio del tema de la Palabra de Dios que tuvimos: “CON LA PALABRA DE DIOS SE EDUCA EL ALMA.”

El alma es lo más importante que tenemos: somos alma viviente; y el alma nuestra necesita la salvación y vida eterna. Somos educados para heredar la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y les fortalezca espiritualmente, y siempre tengan el alimento espiritual para el alma, todos los días de vuestra vida; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Andrés Cruz Gallego para continuar.

“CON LA PALABRA DE DIOS SE EDUCA EL ALMA.”

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