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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Y un especial saludo a nuestro visitantes del Brasil: Klebert y su esposa Raquel, y su hermano Florisvaldo. Bienvenidos. Que Dios los bendiga grandemente y también a sus familiares allá en el Brasil.

Y un saludo también y felicitaciones por su cumpleaños al licenciado Oswaldo Aparecido Natale. Que Dios le bendiga grandemente en su cumpleaños, y también bendiga a su familia. Y también un cordial saludo para el misionero Miguel Bermúdez Marín y su esposa Ruth Flórez de Bermúdez, y a todos los ministros en todos los países.

Para esta ocasión tenemos una Escritura en Hebreos, capítulo 7, versos 1 en adelante, donde dice:

“Porque este Melquisedec...”

Pero antes vamos a ver algo que tengo aquí, mejor, antes de comenzar el tema. En esta ocasión quiero agradecer a todos los voluntarios por su invaluable y constante apoyo a todos los trabajos realizados en la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Esta Institución fue creada el 23 de octubre del 2012 con el objetivo de trabajar de manera integral para preservar y promover a través de diferentes proyectos, iniciativas y campañas, la paz integral del ser humano para las futuras generaciones, y también la presente generación.

A los directivos de la Embajada Mundial, coordinadores, miembros del Consejo de Proyectos y Activistas por la Paz: mi profundo agradecimiento, y esperamos contar con el respaldo de cada uno de ustedes en este próximo año, para seguir trabajando juntos por la paz; porque la paz no es una simple teoría; es más que un anhelo: es una necesidad.

La paz es un camino por recorrer, un proceso dinámico de mucho trabajo, esfuerzo, creatividad, persistencia; y por encima de todo, del compromiso de cada uno de los que conformamos la sociedad donde vivimos. Desde el lugar donde estamos y desde la medida de nuestras posibilidades, todos podemos contribuir.

A continuación quiero presentarles un documental, un video, que resume los diferentes proyectos y campañas que está llevando a cabo la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Damos paso a este video, y luego continuaré con ustedes.

[Presentación del video-documental]

Hemos visto este resumen, este documental, de los trabajos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, la cual y los cuales ustedes respaldan siempre en diferentes formas. Por lo tanto, cada uno de ustedes tiene una partecita en el éxito de estos proyectos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz.

Ahora, leemos en Hebreos, capítulo 7, versos 1 en adelante, donde dice el apóstol San Pablo, hablando acerca de Melquisedec y el Orden de Melquisedec:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.

Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,

no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

Pues se da testimonio de él:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia

(pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Y esto no fue hecho sin juramento;

porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL ETERNO.”

En la Escritura que leímos nos dice que este Melquisedec es sin principio de días. Dice, verso 3:

“…sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.”

¿Quién es este Melquisedec, que no tiene principio de días ni fin tampoco de días; no tiene fin de vida? Es el Eterno, el Dios Eterno, el cual vino a ser Dios cuando creó ángeles, querubines, serafines, arcángeles, porque Dios es objeto de adoración. Cuando no hubo nada creado, no había ángeles ni querubines ni serafines, no había quien adorara al Eterno; por lo tanto, no era Dios, era el Eterno, el que siempre ha existido. Pero cuando creó ángeles, querubines, seres celestiales, y lo adoraron, ahí vino a ser Dios, vino a ser objeto de adoración.

¿Cómo llevó a cabo la Creación? Dios por medio de Su Espíritu, que es el Logos, el cual es el Ángel del Pacto, y el cual es la imagen del Dios viviente, que era en el principio con Dios y era Dios, habló a existencia cada una de las cosas, y vinieron a creación así, cada una de ellas en el momento correspondiente.

La ciencia ha dicho que descubrió que antes de la Creación había una energía, y que eso es lo que dio origen a la Creación. Podemos ver que el Verbo que era Dios, dio a origen la Creación. Eso es lo que nos dice Hebreos y también nos dice San Juan, capítulo 1, cuando nos dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.”

El Verbo es el Logos, esa Columna de Fuego llamado el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, es la imagen de Dios.

En Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (vean, ¿por medio de quién hizo el universo Dios? Por medio del Verbo, por medio del Hijo);

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

La imagen de Dios es el Verbo, y el Verbo es el Ángel del Pacto. Vean, San Juan, capítulo 1, continuamos ahí, el verso 3 sigue diciendo:

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

Toda la Creación divina fue hecha por el Verbo; o sea, Dios en ese cuerpo teofánico angelical habló a existencia todas las cosas. Todo lo que estaba en la mente de Dios, para traer a existencia, lo habló por medio del Verbo, por medio de Su imagen, Su cuerpo angelical.

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció (el mundo ¿por quién fue hecho? Por el Verbo).

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y cuando el Verbo, que era con Dios y era Dios, a través del cual Dios habló a existencia toda la Creación, cuando se hizo carne lo conocimos por el Nombre de Jesús o Jesucristo; por eso Jesucristo decía: “El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:30] Y también Él decía: “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” [San Juan 14:10]

Es que Jesucristo es la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios, y es la semejanza física de Dios, el cuerpo humano de Dios.

Recuerden que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza; a la imagen de Dios: cuerpo espiritual o angelical, y a la semejanza de Dios: cuerpo físico humano.

Lo más que se parece a Dios es el ser humano, es la corona de la Creación. Y así como Dios tiene libre albedrío, le dio libre albedrío al ser humano; y por consiguiente, una responsabilidad para escoger entre el bien y el mal; y le recomienda que escoja el bien, que escoja la vida para que viva eternamente.

Así como el ser humano es alma, que equivale en cuanto a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el alma del ser humano equivale en Dios a lo que es el Padre; y el espíritu de la persona equivale a lo que en Dios es el Espíritu Santo; y el cuerpo físico del ser humano equivale a Jesucristo el Hijo de Dios, en la forma física, la semejanza física de Dios, que es Jesucristo.

Muchos profetas de Dios a través de la historia bíblica han dicho como Jacob: “Ví a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” (Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32).

Y también Manoa dijo en Jueces, capítulo 13, le dijo a su esposa, a la señora Manoa, cuando el Ángel de Dios le dio la noticia de que iban a tener un hijo, el cual pues sería Sansón y sería uno de los jueces de Israel en la etapa de la teocracia de Israel (la teocracia, la cual terminó con Samuel y comenzó la monarquía con Saúl, y continuó con el rey David); encontramos que Manoa le dijo a su esposa cuando vio que el sacrificio o la ofrenda que él ofreció para Dios, vio que el Ángel subió en la llama de fuego del sacrificio que Manoa había ofrecido a Dios…; entonces supo que era el Ángel de Dios.

Y vean ustedes lo que dice, le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara cara,” y lo que estaban viendo era al Ángel de Dios. Igual que Moisés en el capítulo 3 del Éxodo, se encuentra con el Ángel de Dios en aquella llama de fuego, en aquella zarza ardiendo, aquel árbol, y le dice el Ángel: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

¿Y cómo es que el Ángel es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Es que el Ángel de Dios es el cuerpo angelical de Dios donde mora Dios, y a través del cual se manifestaba a los profetas desde Adán hacia acá, y a través del cual creó el universo, y a través del cual le dio también la Ley, en el Monte Sinaí, a Moisés, para el pueblo hebreo. Por eso es que en el libro de los Hechos, capítulo 7, y Hebreos, capítulo 2, dice que la Ley fue dada por comisión de ángeles.

En el Monte Sinaí estaba el Ángel del Pacto (o sea, Dios en Su cuerpo angelical con Su Ejército), dándole a Moisés la Ley en dos tablas de piedra; y cuando fueron rotas aquellas tablas, cuando Moisés bajó y vio al pueblo en una fiesta pagana adorando al becerro de oro, él quebró las tablas, las dos tablas de piedra donde estaban escritos los diez mandamientos, y después tuvo que preparar dos tablas él mismo y subir al monte, para allí ser escritos los diez mandamientos nuevamente.

Allí estaba Dios hablándole al pueblo conforme al capítulo 13 de Deuteronomio, y capítulo 18, versos 15 al 19 de Deuteronomio.

Algunas personas no entienden el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, como dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3: “En el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del entendimiento.”

Vean, los profetas del Antiguo Testamento decían que habían visto a Dios; y luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás.” Parece una contradicción. Dice: “...el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró (o sea, le ha dado a conocer).” En palabras más claras: a Dios el Padre, el Eterno, nadie jamás lo ha visto. Todos los que dijeron que vieron a Dios, lo que vieron fue al Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, que es nada menos que el cuerpo angelical de Jesucristo.

Por eso Jesucristo decía en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dicen los judíos: “Aún no tienes 50 años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, llamado el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento; es el Ángel de Jehová, el cuerpo teofánico de Dios, el cuerpo angelical de Dios; es la imagen del Dios viviente, de la cual leímos en Hebreos, capítulo 1, cuando nos habla de Cristo como la imagen de Dios. Y en Colosenses también nos dice en el capítulo 1, verso 15:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

La imagen del Dios invisible, la imagen del Eterno. La imagen visible angelical de Dios es Cristo, el Verbo, el cuerpo angelical de Dios.

Recuerden que Dios siendo Padre, Hijo y Espíritu Santo es imagen, tiene imagen y tiene semejanza. La imagen es el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico; en palabras más claras: el cuerpo angelical de Jesucristo; y la semejanza es el cuerpo físico de Jesucristo.

Por esa causa, siendo que la imagen de Dios es el Verbo, Cristo en Su cuerpo angelical, y la semejanza física de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo; Dios el Padre está en la imagen y en la semejanza. Por eso hizo al ser humano a Su imagen: cuerpo angelical, cuerpo espiritual primero; y después le hizo la semejanza física del polvo de la tierra, tomando y formando un cuerpo físico.

Por eso el ser humano, siendo a imagen y semejanza de Dios, es alma, espíritu y cuerpo; así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso es que Cristo decía en San Juan, capítulo 10, verso 30: “El Padre y yo una cosa somos.”

Esto es así como nosotros somos: alma, espíritu y cuerpo, pero somos ¿qué? Una sola cosa, una sola persona, no somos tres personas; somos una sola persona: alma viviente con un cuerpo espiritual de otra dimensión y un cuerpo físico de esta dimensión terrenal.

Por eso cuando la persona muere, lo que murió es el cuerpo físico; pero la persona sigue viviendo en la dimensión del espíritu que tiene: va al Paraíso si sirve a Dios; no va al Paraíso si no sirve a Dios.

Ese fue el caso que mencionó Cristo del hombre rico y del mendigo Lázaro. Uno fue al seno de Abraham, donde estaba Abraham; y el otro fue a un lugar donde después no quería estar; y después no quería que sus hermanos llegaran a ese lugar, y quería que Abraham le enviara a Lázaro a sus hermanos para que les hablara lo que es después de la muerte, para que no fueran a ese mismo lugar.

Vean, se preocupó de sus hermanos después que había muerto; pero es mientras vivimos que tenemos la oportunidad de evitar ir a ese lugar terrible (llamada también la quinta dimensión o infierno); sirviendo a Cristo, recibiéndolo como Salvador, evitamos ir a ese lugar. A lo mejor el rico pensaba que eso no era así, pero cuando llegó a ese lugar se dio cuenta que lo que la Biblia decía era así.

Por lo tanto, mientras vivimos en estos cuerpos mortales es que tenemos la oportunidad de evitar el infierno e ir al Paraíso, que es la sexta dimensión; donde están los creyentes en Cristo esperando allí hasta que Cristo pase por el Paraíso y los traiga con Él en la resurrección; para resucitar en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados. Por fe vivimos creyendo esas promesas divinas.

Y así como Cristo murió, tuvo que ir al infierno —la quinta dimensión— porque Él tomó nuestro pecados, se hizo pecado por nosotros, y tuvo que ir donde nosotros teníamos que ir (para que nosotros no tengamos que ir allá, Él fue); y allá le entregó los pecados nuestros al originador del pecado, que es el diablo.

Y le quitó las llaves del infierno y de la muerte, salió del infierno, y pasó al seno de Abraham, que era el Paraíso de aquel tiempo, el cual estaba en la Tierra también; y salió con Abraham, pasó a donde estaba Abraham, y de allí salió con los santos que estaban en el seno de Abraham: Abraham, Isaac, Jacob y sus familias, los patriarcas, y sus esposas.

Y muchos de los santos que habían dormido, dice la Escritura que se levantaron con Él cuando Cristo hubo resucitado, y aparecieron a muchos en la ciudad (capítulo 27, versos 51 en adelante, de San Mateo); y aparecieron a muchos de sus familiares en la ciudad; y Jesucristo apareció a Sus discípulos y a Sus familias, a Su familia terrenal: a María, a Sus hermanos terrenales, a Sus discípulos, y así por el estilo. Y estuvo con ellos apareciéndole en un lapso de tiempo de cuarenta días; digamos todos los domingos, el primer día de la semana, les aparecía. Hay dos casos mencionados que apareció el primer día, y es normal que apareciera todos los domingos.

Cuando nos reunimos los domingos para alabar a Dios y recibir Su Palabra, también creemos que en Espíritu Santo Él está con nosotros. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, versos 20). Y San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.” O sea, que la presencia de Cristo en Espíritu Santo fue prometida por Él mismo.

Por lo tanto, cuando venimos a la Iglesia para reunirnos a adorar a Dios y recibir Su Palabra, sabemos que Cristo en Espíritu Santo está en medio del pueblo; pues Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos días, hasta el fin del mundo,” y esto es dentro del Nuevo Pacto que Él dijo que establecería con la casa de Jacob y con la casa de Israel, de Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36.

Y ahora, es bajo el Nuevo Pacto del cual dijo en Su última cena con Sus discípulos, partiendo el pan dio a Sus discípulos habiendo dado gracias, y dijo: “Comed de él todos, porque este es mi cuerpo que por muchos es partido.” Y tomando la copa y dando gracias al Padre, y dando la copa a Sus discípulos dijo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

¿Ve? Un Nuevo Pacto; y eso es lo que estaba prometido, un Nuevo Pacto que Dios haría con la casa de Judá y con la casa de Israel (conforme a Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36).

Y ahora en el Nuevo Pacto la circuncisión no es literal sino en el corazón; y el sábado representa a Cristo; y la pascua es Cristo. “Nuestra Pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros,” dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7. Y nos dice Juan el Bautista, cuando vio a Jesús en el capítulo 1 de San Juan, versos 27 en adelante, 27 al 36: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Si va a quitar el pecado entonces tiene que efectuar un sacrificio; y lo efectuó con Su propio cuerpo, el cual fue ofrecido en Sacrificio por el pecado del ser humano, llevando Él nuestros pecados; y así se hizo mortal al tomar nuestros pecados y morir por nosotros. Y cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador, se hace efectivo el Sacrificio de Cristo para la persona; mientras no lo recibe, no le es efectivo a la persona el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

La labor grande la hizo Cristo, la sencilla la hacemos nosotros en un acto de fe, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador, y siendo bautizados en agua en Su Nombre; por eso Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16 dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Muchas personas piensan que no hay vida después de la muerte física, pero quizás así pensó el hombre rico y despertó a la realidad cuando vio que había vida después de la muerte física.

Es importante entender estas cosas y saber, conocer, el misterio de Dios el Padre, y de Cristo; conocer el misterio del Eterno, del Creador de los Cielos y de la Tierra, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

De etapa en etapa de la historia de la raza humana, hay una manifestación grande de Dios, y luego unas manifestaciones menores pero importantes. Las manifestaciones menores son de edad en edad en una dispensación, pero cuando llega el tiempo para terminar esa dispensación, se llega a una etapa de oro, en donde viene una manifestación en toda la plenitud de Dios en un mensajero que envía, un mensajero dispensacional, así como había enviado mensajeros para diferentes edades. Porque la forma de Dios revelarse a los seres humanos es por medio de Su Espíritu a través de los profetas. “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas,” nos dice Dios a través de Amós, capítulo 3, verso 7.

Y la forma de Dios hablar a Su pueblo es por medio de Su Espíritu a través de los profetas. Eso está en Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, donde dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…”

¿Cómo envió Dios Su Palabra a Su pueblo? Por medio de Su Espíritu. ¿A través de quien? De los profetas.

“...por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Recuerden que en el Sinaí el pueblo estuvo escuchando esa manifestación de Dios dando los mandamientos divinos, y tuvo miedo; y le dice a Moisés: “No hable Dios con nosotros. Que Dios te hable a Ti y Tú nos hablas a nosotros, para que no vayamos a morir.” Capítulo 18, verso 15 en adelante, de Deuteronomio, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”

Hay profetas de edades y hay profetas de dispensaciones. Los profetas dispensacionales son los profetas mayores que Dios envía a la Tierra cuando se llega al final de una dispensación, para hablarle al pueblo para comenzar una nueva dispensación.

Los profetas como Moisés, en una forma menor, son los profetas de diferentes etapas o edades; y profeta como Moisés tiene que ser un profeta dispensacional. Por eso Jesús era un profeta, como Moisés era el profeta de la Dispensación de la Gracia. El Mesías tiene que ser un profeta dispensacional para ser un profeta como Moisés. Por eso en la Escritura, en el libro de los Hechos, capítulo 7, dice que Jesús era un profeta como Moisés, como estaba prometido.

Es a través de los profetas —que son el velo de carne en el cual Dios entra y se manifiesta y le habla al pueblo— que se cumplen estas promesas; y cuando Dios envía un profeta para una edad, en él viene Dios manifestado, y ahí está la Palabra de Dios para esa etapa del Programa Divino; y eso es la Luz de Dios para esa edad, para todo el pueblo; es Dios resplandeciendo a través de un velo de carne, hablando a través de un velo de carne y llevando a cabo Su Obra correspondiente a ese tiempo.

Juan el Bautista era un profeta; y de los profetas de esa dispensación, exceptuando a Moisés, Juan fue el mayor; pero Jesús dice: “Pero cualquiera de estos pequeñitos, el menor, es mayor que Juan.” Es que los profetas del Antiguo Testamento pertenecen al pueblo de los siervos, son los siervos de Dios, y los creyentes en Cristo son los hijos e hijas de Dios. Y en un reino ¿qué es mayor, un siervo o un hijo? Un hijo es mayor. Por eso el más pequeño de entre estos pequeños del Reino de Dios, es mayor que Juan el Bautista; y aun Cristo diciendo que Juan era mayor que los demás profetas dijo: “él era una antorcha (una lámpara) que ardía, y vosotros quisiste caminar a su luz; pero yo tengo mayor testimonio que Juan,” o sea, tiene mayor Luz porque es el Verbo hecho carne, es un profeta como Moisés prometido, el cual sería el Mesías.

Siempre, la Luz para una edad o para una dispensación es Dios, que es Luz, velado en un profeta en el cual coloca Su Palabra, y a través de ese profeta Dios habla al pueblo. Y esa manifestación de Dios es la Luz para esa edad o para esa dispensación. Por eso Jesús decía: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” San Juan, capítulo 8, verso 12. Así de sencillo es todo el Programa Divino.

Y siempre la manifestación de Dios para cada tiempo es con y en medio del pueblo que está bajo el Pacto vigente para ese tiempo.

Los judíos estaban esperando la Venida del Mesías dos mil años atrás; vino, y no lo conocieron; estaba en el Programa de Dios que no lo conocieran, tropezaron en el velo de carne en el cual Dios estaba velado y revelado al pueblo hebreo, haciendo las obras que estaban prometidas que el Mesías Príncipe llevaría a cabo.

Por eso Cristo les decía: “Si no creen en mí, crean a las obras, porque ellas son las que dan testimonio de mí.” [San Juan 10:25] Son las obras las que identifican la presencia de Dios en un velo de carne en cada tiempo, siempre ha sido así.

Por ejemplo, en el tiempo de Moisés, Dios estaba resplandeciendo a través de Moisés, alumbrando al pueblo; por lo tanto, Moisés era la Luz para su día. Y así es cada mensajero para cada edad, y es cada mensajero dispensacional para cada dispensación.

Ya hemos tenido seis mensajeros dispensacionales: Adán, Set, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, y falta el séptimo, que será también un profeta dispensacional como Moisés, que fue un profeta dispensacional.

Por eso es que Israel está esperando un profeta como Moisés, y también está esperando un profeta como Elías, proclamando la paz imperecedera. Y ellos saben lo que estará hablando, lo que estará haciendo ese profeta que será como Elías, y saben lo que estará haciendo ese profeta que será como Moisés.

Todo eso está envuelto en el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, que viene con Sus Ángeles, que son los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, conforme a Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, y Zacarías capítulo 4, versos 11 al 14. Ahí está el misterio del Séptimo Sello, ahí está el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles.

Por eso es que al pueblo hebreo no lo han podido convertir a Cristo; porque ellos están esperando a Elías y también a Moisés. Y como nos decía un rabino hace años en una actividad en Bogotá, Colombia: “Pero Elías no será literalmente Elías, será un hombre como nosotros, un hombre del tiempo en que se cumpla esa profecía; no será el Elías allá, Elías Tisbita”.

Cuando Dios promete enviar un profeta por segunda vez o tercera vez, o cuarta vez o quinta vez, siempre será el ministerio de aquel primero en el cual operó Dios ese ministerio por medio del Espíritu, viniendo el Espíritu Santo en otro hombre operando el mismo ministerio.

Por eso cuando le dijeron: “¿No dicen las Escrituras, no dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” Cristo les dice: “Elías, a la verdad vendrá primero y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que ya Elías vino y no lo conocieron e hicieron de él todo lo que quisieron,” y entonces entendieron que Juan el Bautista era el Elías para aquel tiempo, precursando la Primera Venida de Cristo. [San Marcos 9:11-13]

Y para precursar la Segunda Venida de Cristo, Malaquías 4 es enviado; y eso se cumplió en el reverendo William Branham que vino el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión.

Y ese ministerio de Elías para tratar con el pueblo hebreo vendrá manifestado por el Espíritu Santo por quinta ocasión, y vendrá Elías acompañado con Moisés. Y ahí no se puede explicar mucho para que no haya imitación de fanáticos que quieran hacer algo creyendo que lo estarán haciendo bien y estarán interrumpiendo el Programa de Dios.

Pero llegará el tiempo en que Dios abrirá el misterio del Séptimo Sello, y entonces todos conocerán en medio del cristianismo ese misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Dice: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta y juntarán a sus escogidos.” [San Mateo 24:31] Los ángeles son los ministerios de Moisés y Elías, y los escogidos son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

O sea, que esos ministerios operarán en favor de Israel para la restauración de las tribus de Israel, para su unificación, como obró ese ministerio de Elías Tisbita allá para la restauración de las diez tribus del norte a la fe en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque ellos se habían descarriado y estaban adorando imágenes y estaban adorando a Baal y a otros dioses ajenos, a Asera y otros dioses.

El reto en este tiempo final será en el Monte de Sión, así como fue allá en el Monte Carmelo, y así como hubo también en el Monte de la Transfiguración donde aparecieron Moisés y Elías, uno a cada lado, y ahí está el Orden de la Segunda Venida de Cristo.

Porque eso fue lo que le prometió Cristo a Sus discípulos, les dijo: “El Hijo del Hombre vendrá con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno, a cada cual, conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28. Y luego en el capítulo 17 los lleva al Monte de la Transfiguración, y allí se transfigura delante de ellos y les muestra el Orden de Su Segunda Venida.

Es importante entender estos misterios del Reino de Dios porque estas son las cosas que le van a dar la fe a los creyentes en Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y el reverendo William Branham dijo que la Tercera Etapa será la que le dará la fe para el rapto a los creyentes en Cristo, y que la fe para el rapto la darán los Truenos; y los Truenos son la manifestación de la Tercera Etapa, en donde la Voz de Cristo le estará hablando a Su Iglesia en forma consecutiva. Así como habló durante las siete etapas o edades de la Iglesia pero no en forma consecutiva, hablará después de las Siete Edades de la Iglesia, en la Edad de Oro de la Iglesia, hablará en forma consecutiva, hablará como León, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y todo esto va a llegar a su parte culminante en el cumplimiento de la Tercera Etapa, que será en una Gran Carpa-Catedral que dijo el reverendo William Branham, y que él quiso traer a cumplimiento esa Visión pero no le fue concedido ese deseo; pero él dijo que sería como fue mostrado y como fue hablado.

Por lo tanto, eso ocurrirá en medio del cristianismo, en medio de los que estarán en la etapa correspondiente al Día Postrero. No ocurrirá en medio del tiempo de San Pablo allá en Asia Menor, ya ese tiempo pasó; no ocurrirá en el tiempo en donde envió diferentes mensajeros allá en Europa, donde hubo cinco mensajeros en tiempos, etapas diferentes. ¿Por qué no será en ese tiempo? Porque ya ese tiempo pasó. No será en el tiempo de la séptima edad de la Iglesia, que se cumplió en Norteamérica. ¿Por qué no será? Porque ya ese tiempo pasó. Por lo tanto, no será tampoco en Norteamérica, ni en Europa, ni en Asia Menor. Será en el territorio donde Dios esté tratando con Su Iglesia; y desde ahí se extenderá la bendición para otras naciones.

Por lo tanto, estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en donde el Eterno tendrá la manifestación más grande que haya tenido en medio de Su Iglesia y en medio del pueblo hebreo. Será una manifestación plena de la cual el reverendo William Branham dijo: “Lo que ustedes han visto en parte…” O sea, esas manifestaciones poderosas de Dios hablando, el reverendo William Branham ungido por el Espíritu Santo, y cosas viniendo a existencia, siendo creadas por la Palabra hablada, como Dios habló también para la creación del universo, dice: “Estas cosas que ustedes han visto en parte manifestadas, serán manifestadas en toda su plenitud.”

O sea, que aquello fue la muestra de lo que Dios hará en este tiempo final; y eso será en el cumplimiento de la Tercera Etapa, que será en una Gran Carpa-Catedral; por lo tanto, en medio del cristianismo habrá una Gran Carpa-Catedral; y sobre todo, en medio del grupo que corresponda al tiempo de la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular; porque ya la edad séptima, la edad pentecostal, ya Dios hizo lo que iba a hacer, pero de esa manifestación que viene va a impactar a los escogidos que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y les va dar la fe para ser transformados y raptados; y va obrar esa manifestación para las vírgenes insensatas también, y les dará fuerza para que puedan pasar esa etapa de gran tribulación y dar sus vidas en la gran tribulación como mártires; y va a obrar también para la humanidad: la humanidad va a ser impactada y sacudida por esa manifestación poderosa de Dios en el Día Postrero; y va a impactar también a los judíos. El reverendo William Branham dice: “Cuando ellos vean a Cristo viniendo por Su Iglesia, ellos dirán: Este es al que nosotros estamos esperando.’ Pero Él no viene por ellos, viene por Su Iglesia.” Página 22 del libro de “Citas,” y página 23.

Va a ser una manifestación tan grande que nunca en la historia de la humanidad ha ocurrido, pero él dice: “Para ese tiempo ya no habrá oportunidad, ya Cristo habrá salido del Trono de Intercesión y habrá tomado el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos de Apocalipsis, capítulo 5, y vendrá para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre.”

Por lo tanto, todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, serán llamados y juntados en este tiempo final, y preparados para la transformación.

Y cuando Él haya hecho intercesión hasta por el último que está escrito en el Libro de la Vida del Cordero, entonces Él podrá salir del Trono de Intercesión para tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis, capítulo 5, abrirlo en el Cielo, y traerlo a Su Iglesia en Apocalipsis, capítulo 10; y entregarlo al que tiene que entregarlo en el Día Postrero.

Siempre, cada etapa de la Iglesia está encabezada por el Espíritu Santo manifestado en un mensajero correspondiente a ese tiempo. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, estemos preparados porque de un momento a otro entrará hasta el último que está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y ya terminará Cristo de hacer intercesión hasta por el último, y ya habrá terminado Su Obra de Intercesión como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, de ese Orden celestial al cual pertenecen todos los creyentes en Cristo; porque Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; reyes y sacerdotes de ese Orden celestial de Melquisedec.

Y Melquisedec es Jesucristo. Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; y Él es el Rey también, según el Orden de Melquisedec; y Él es el Juez, a quien Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos según el Orden de Melquisedec. A ese orden pertenecen todos los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo de edad en edad; por eso son reyes, sacerdotes y jueces.

En Apocalipsis, capítulo 1; Apocalipsis, capítulo 5; y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 20, dice que Él nos ha limpiado con Su Sangre, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Él por mil años; eso es para comenzar, mil años de reinado con Cristo.

Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos, estamos en el tiempo en que de un momento a otro se completará el número de escogidos de Dios y Cristo saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Por lo tanto, es importante que estemos firmes en la Palabra de Dios para el tiempo final, en todas las promesas correspondientes a nuestro tiempo, sirviendo a Dios por medio de Cristo, agradándole en todo, trabajando en Su Obra y creyendo todo lo que está prometido para este tiempo final.

“El ETERNO.”

Dios en Cristo es el Eterno; por eso Jesucristo es Dios manifestado en carne humana, Emanuel: Dios con nosotros, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14; y también San Mateo, capítulo 3; y San Mateo, capítulo 1. Por eso Jesucristo decía: “El padre y yo una cosa somos.” O sea, Dios es Padre (eso equivale al alma), es Espíritu (eso equivale al espíritu de la persona), y es Hijo (equivale a la forma física del ser humano).

En cuanto a Dios como hombre físico es Jesucristo; como hombre angelical es el Ángel del Pacto, el Verbo, el cuerpo teofánico, la imagen del Dios viviente, el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo espiritual de otra dimensión.

Por eso cuando Moisés quiso ver a Dios y Dios pasó, él vio las espaldas de Dios como las espaldas de un hombre; porque el cuerpo angelical, la imagen de Dios, es angelical, es un cuerpo como el de los seres humanos pero de otra dimensión; cuerpo angelical a través del cual Dios creó todas las cosas.

Ahora podemos ver quién es el Eterno. Es el mismo Dios que estuvo en los profetas, el mismos Dios que creó todas las cosas por medio del Verbo, del cuerpo angelical o teofánico. Es el mismo Dios que estaba en Jesucristo en toda Su plenitud.

Por eso Dios en el Ángel del Pacto es Dios; por eso cuando le apareció en el cuerpo angelical, le dice: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Era Dios en Su cuerpo angelical. Y luego cuando aparece con Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne llamado Jesús, seguía siendo Dios, seguía siendo el Eterno, Emanuel, Dios con nosotros, el Verbo hecho carne. El Verbo hecho carne es Dios vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús, y ya ese cuerpo está glorificado.

Por eso también vamos a ser glorificados, vamos a tener cuerpos glorificados, jóvenes y eternos como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; para eso es Su Segunda Venida: para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estamos vivos. Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

¿Para qué viene Cristo en Su Segunda Venida? Para transformar nuestros cuerpos. Esa es la promesa: para llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; porque con estos cuerpos mortales, temporales, no podemos ir a la Cena de las Bodas del Cordero, porque este es un cuerpo que está limitado a esta dimensión terrenal.

Necesitamos un cuerpo como el de Jesucristo, con el cual Cristo subió al Cielo; porque para donde va a ser llevada a cabo la Cena de las Bodas del Cordero en la Casa de nuestro Padre celestial: no hay ni aviones ni cohetes que nos puedan llevar. Será: siendo transformados y llevados por los ángeles a la Cena de las Bodas del Cordero; porque Cristo viene con Sus Ángeles para llevarnos, transformarnos y llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y estaremos con Él tres años y medio; porque mientras se lleva a cabo la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, la humanidad estará pasando por la gran tribulación, donde la Tierra, el planeta Tierra, será acondicionado con esos juicios que vendrán, preparado para el Reino del Mesías, el Reino Milenial.

Habrá una guerra atómica de Armagedón, llamada el Armagedón, habrá una guerra atómica; y eso va a enderezar el planeta Tierra, los grados que tiene de inclinación; y en el Milenio la temperatura será mejor que la que tenemos actualmente; o sea, que van a haber unos cambios muy importantes en el planeta Tierra, porque va a ser preparado para el Reino del Mesías.

No queremos estar aquí durante la gran tribulación, pero la promesa es que todos los que tiene sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, van a ser llevados con Cristo en cuerpos glorificados a la Cena de las Bodas del Cordero.

El reverendo William Branham dijo que los carros de fuego que se llevaron a Elías, también... carros de fuego, platillos voladores u ovnis, se llevarán a los creyentes también a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que esos misteriosos, llamados platillos voladores, tendrán una labor importante para llevar a cabo en esta Tierra.

Así que algo grande se avecina. El reverendo William Branham dice que cuando veamos…, cuando es visto Gabriel o Miguel en la Tierra, algo grande está por suceder; como cuando le apareció al sacerdote Zacarías y le apareció luego a la virgen María, algo grande estaba por suceder, y era la Primera Venida de Cristo y la venida del precursor Juan el Bautista.

Y dice el reverendo William Branham: “Gabriel anunció la Primera Venida de Cristo, y anunciará la Segunda Venida de Cristo.”

Ya vimos cómo la anunció dos mil años atrás. Estemos pendientes cómo la anunciará, cómo anunciará la Segunda Venida de Cristo. Estemos preparados porque todo va a ser sencillo, dice el reverendo William Branham; será Dios en simplicidad.

Por lo tanto, estemos preparados, conscientes de que algo grande va a suceder, y eso es lo que está prometido para la Iglesia del Señor Jesucristo; y va a estremecer al mundo entero.

De eso es que nos habla el reverendo William Branham, y dice que cuando venga la apretura, una apretura que va a venir contra los creyentes en Cristo, contra la Iglesia-Novia de Cristo, entonces vendrá esa manifestación poderosa de Dios. Y Él dice: “Será todo paralelo en todo a lo que fue allá en la Primera Venida y el precursor de la Primera Venida y todas esas cosas; aquello será - lo de este tiempo final será paralelo a lo que aconteció allá dos mil años atrás.

Vean, hubo un precursor para la Primera Venida de Cristo; y ya vino un precursor para la Segunda Venida de Cristo: el reverendo William Branham con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación. Así que algo grande está por suceder.

En los días de Juan el Bautista se mofaban de él, no creían, un grupo muy pequeño creyó; y en los días de Jesús los líderes importantes no creían, excepto dos o tres; y pensaban que estaba loco. Pero no estaba loco. Estaba en la Palabra de Dios, cumpliendo todo lo que había sido prometido que el Mesías llevaría a  cabo. Por eso Él decía: “Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí, y a ustedes les parece que en ellas tenéis la vida eterna, tienen la vida eterna. Escudriñen.”

Por lo tanto, también en nuestro tiempo tenemos que escudriñar qué es lo que está prometido de parte de Dios, para Dios llevar a cabo en medio de Su Iglesia; porque eso es lo que  Dios estará llevando a cabo. No será lo que una persona quiera o un grupo de personas quieran, sino lo que Dios ha prometido llevar a cabo en este tiempo final. Y eso es la Palabra prometida de Dios para el tiempo final. Y eso será lo que Dios vivificará, lo que Dios traerá a vida, lo que Dios cumplirá, lo que Dios materializará. Esa será la Palabra que será prosperada en todo aquello para lo cual Dios la envió.

Por eso será vista esa prosperidad en todo eso que Dios ha prometido, cómo va ir cumpliendose; y las personas diran: “Pero ¿cómo es que sucede?” Es porque Dios está prosperando Su Palabra que Él ha enviado para este tiempo final.

Todo está en lo que Dios ha prometido, lo cual es lo que Él respaldará en este tiempo final. Lo que el Eterno hará en este tiempo está aquí prometido.

Y en el Séptimo Sello está el misterio de todo lo que Él hará en este tiempo final después de las siete etapas de la Iglesia. Cuando sea abierto ese misterio del Séptimo Sello, entonces veremos claramente lo que Dios estará haciendo en este tiempo final.

Mientras tanto, seguimos adelante trabajando en la Obra del Señor y escudriñando las Escrituras para ver lo que dice Dios que llevará a cabo en este tiempo final.

Ninguno queremos pasar por la gran tribulación; y yo tampoco deseo que ustedes pasen por la gran tribulación.

Va a ser, la gran tribulación, más terrible que el Ébola; y el Ébola es terrible. Y hay que cuidarse no solamente del Ébola sino de cualquier otra enfermedad. Y siempre agarrados de Cristo nuestro Salvador, el cual es Dios velado y revelado a través de Jesucristo, el cual es el mismo ayer, hoy y siempre, conforme a Hebreos, capítulo 13, verso 8: “El Señor Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.”

Era Melquisedec, y sigue siendo Melquisedec, y seguirá siendo Melquisedec; y seguirá siendo el Rey de Paz, el Príncipe de Paz de Isaías, capítulo 9, versos 1 al 11; y de Isaías, capítulo 11, versos 1 en adelante.

Él es el único que puede traer la paz permanente para Israel y para toda la humanidad; porque Él es antes que Abraham y aun antes que Adán: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

Dios el Eterno, velado en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, y velado en Su cuerpo de carne llamado Jesús, el cual ya está glorificado; y esa es la trayectoria para los creyentes en Cristo también: la glorificación, la cual estamos esperando.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momento y estaremos orando por usted, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración; y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han hecho, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras damos oportunidad para que en los diferentes países continúen pasando al frente, todos los que han escuchado y ha nacido la fe de Cristo en su alma.

Recuerden que estamos en el tiempo en que Dios está llamando y juntando a todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; porque no nos podemos ir de esta Tierra hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo.

“Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos,” dice Cristo allá en San Mateo, capítulo 19, y San Lucas, capítulo 18. La voluntad de Dios es que vivamos eternamente en el Reino de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, para que Cristo les reciba en Su Reino. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo venimos a Ti con las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino.

Señor, haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Los que están presentes y los que están en otras naciones, que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, preguntaran: “¿Cuándo puedo ser bautizado?, pues Cristo dice: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

El bautismo en agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo; o sea, que el bautismo en agua es tipológico.

El mismo Cristo ordenó que fueran bautizados todos los que escucharan el Evangelio y creyeran; porque en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Aun el mismo Cristo, cuando Juan estaba bautizando en el Jordán, fue para que Juan lo bautizara; y Juan no quería. Decía Juan a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces ya no discutió más, lo bautizó.

Y cuando subió de las aguas bautismales, Juan vió el Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma, y permanecer sobre Jesús.

Por lo tanto, el que creyere y fuere bautizado tiene la promesa de que Dios lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá en él el nuevo nacimiento. Ese es el Orden Divino.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo en el Reino de Cristo por toda la eternidad.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente. Y hasta el próximo domingo, Dios mediante.

“EL ETERNO.”

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