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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Nos dice el apóstol San Pedro en su segunda carta, Segunda de Pedro, capítulo 1, versos 19 al 211:

Tenemos también la palabra profética más permanente, á la cual hacéis bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones:

Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación;

Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos abra las Escrituras y nuestro corazón y mente para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Cuando miramos a las naciones y vemos tanta violencia, tantas guerras, tantos problemas y tantas enfermedades; para poderlo comprender, lo que está sucediendo, tenemos que estar atentos a la Palabra profética.

“EL TIEMPO PROFÉTICO PARA DIOS CUMPLIR SUS PROMESAS.”

Para todo hay tiempo en el Programa Divino. Es importante estar conscientes del tiempo que nos ha tocado vivir en el Programa Divino.

A través de la televisión y la prensa nos llegan las noticias de las cosas que están sucediendo en el planeta Tierra; y cuando nos colocamos atentos a lo que está sucediendo, y buscamos en la Biblia la Palabra profética, encontramos que estas cosas son las que están profetizadas para suceder en el tiempo final.

La Escritura nos habla de los días postreros y también nos habla del Día Postrero. Encontramos las palabras de San Pablo a los Hebreos, capítulo 1, que nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas,

En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:

El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su (poder), habiendo hecho la (limpieza) de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas.”

Aquí nos dice el apóstol Pablo, que Dios en otros tiempos - en otro tiempo habló por medio de los profetas. Esa es la forma de Dios hablarle al pueblo. Eso lo muestra Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, que nos dice:

“Empero no quisieron escuchar, antes dieron hombro rebelado (o sea, le dieron la espalda), y agravaron sus oídos para no oir:

Empero no quisieron escuchar, antes dieron hombro rebelado, y agravaron sus oídos para no oir:

Y pusieron su corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su espíritu, por mano de los profetas primeros.”

Vean cómo Dios por medio de Su Espíritu, el Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, que es Cristo en Espíritu Santo, habló a los profetas y a través de los profetas; y dice que para los últimos días: “para estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.” (Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3).

En los días de Jesús ya comenzaron los días postreros. Por eso San Pedro en el libro de los Hechos, allá en el Día de Pentecostés predicando lleno del Espíritu Santo, da testimonio diciendo que Dios ha hablado por medio de Cristo; y nos enseña el apóstol Pedro que aquello que estaba sucediendo allí, los creyentes en Cristo el Día de Pentecostés siendo llenos del Espíritu Santo, San Pedro dice que eso Dios lo había prometido a través del profeta Joel.

Capítulo 2, versos 14 en adelante, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.

Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;

Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:

Y será en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Y vuestros mancebos verán visiones,

Y vuestros viejos soñarán sueños:

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Para los días postreros, Joel (en el capítulo 1) dijo que Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne. Y el Día de Pentecostés encontramos a Dios derramando Su Espíritu sobre toda carne, conforme a la Palabra profética hablada por el Espíritu Santo a través del profeta Joel.

Algunas personas piensan que solamente estos días en que vivimos son los días postreros; pero vean, San Pedro y San Pablo dicen que ya en aquellos días de Jesús Dios estaba hablando en los días postreros.

Es que los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros; “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4).

Ya desde los días de Jesús, desde que tenía de 3 a 7 años de edad, comenzaron los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros. Así como los días postreros de la semana son: jueves, viernes y sábado; o sea, quinto día: el jueves, sexto día: el viernes, y séptimo día: el sábado; así también encontramos que el séptimo día es el día postrero de la semana.

Y desde los tiempos de Adán hacia acá han transcurrido alrededor de seis mil años, que son delante de Dios seis días. Y los milenios postreros para los seres humanos, que son delante de Dios los días postreros, son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y el Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos es el séptimo día milenial.

Así como era llamado “el día del Señor” el sábado, para los judíos, encontramos que el sábado es tipo y figura del séptimo milenio, en donde el Mesías Príncipe establecerá Su Reino.

Por eso Israel está esperando al Mesías; y por consiguiente está esperando a Elías, que venga precursando al Mesías; a Elías, que venga proclamando la paz imperecedera que está prometida para el pueblo hebreo, que le ha de traer el Mesías Príncipe, conforme a Isaías, capítulo 9, versos 1 en adelante. Porque el único que le puede traer la paz permanente a Israel es el Príncipe de Paz, que es el Mesías prometido para Israel.

Para lo cual, los ministerios de los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 10 al 14, que corresponden a los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, aparecerán en la Tierra para Dios manifestarse por medio de estos ministerios al pueblo hebreo. Por eso aparecen en Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14, para llamar y juntar a Israel; y por consiguiente restaurar a Israel.

Todo esto corresponde al tiempo profético del Día Postrero en el cual Dios volverá a tratar con Israel; porque de las setenta semanas habladas por el Ángel Gabriel al profeta Daniel, en el capítulo 9, ya sesenta y nueve semanas y media han sido cumplidas; porque cada semana de año corresponde a siete años; y la semana número setenta ya tiene la primera parte cumplida en el ministerio de tres años y medio de Jesucristo en medio de Israel.

En la Cruz del Calvario, allí se detuvo la semana setenta, y le queda a Israel tres años y medio de trato de Dios con el pueblo hebreo; lo cual corresponde al tiempo de la gran tribulación, que durará tres años y medio, en donde Dios estará libertando al pueblo hebreo, estará restaurando al pueblo hebreo; y eso dará cumplimiento a San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, en donde nos dice que el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos.

Los escogidos de Israel son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que serán llamados y juntados en este tiempo final para llevarse a cabo el cumplimiento del tiempo profético con Israel.

Hasta que esos ministerios sean manifestados a Israel, Israel continuará en la misma condición, sin saber lo que sucedió en aquel tiempo en que aquel joven Jesús apareció en medio del pueblo hebreo; pero todo tenía que suceder en esa forma para poderse llevar a cabo la redención del ser humano en la Cruz del Calvario, lo cual estaba profetizado también.

Por eso es que siempre tenemos que ir a la Palabra profética, que nos alumbra en lugar oscuro como una antorcha; es como una antorcha que alumbra.

Dios, todo lo que hace es lo que Él ha prometido en Su Palabra profetica. En la Palabra profética está el Programa que Dios llevaría a cabo a través de la trayectoria de la Obra Divina.

Hay Palabra profetica para este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo; y tenemos que estar atentos a esa Palabra profética como una antorcha que alumbra en lugar oscuro en este mundo que está en tinieblas y en oscuridad.

La Palabra profética para el cristianismo es que en el Día Postrero, conforme a Apocalipsis 1, verso 10 al 11, así como Juan el apóstol escuchó detrás de él una gran voz como de trompeta que decía: “Yo soy el Alfa y Omega, el primero y el último,” esa misma Voz, que es la Voz de Cristo, la estará escuchando el cristianismo en este tiempo final. Será la Voz de Cristo por medio de su Espíritu hablándole a Su Iglesia, la cual esta representada en el apóstol San Juan.

Y así como San Juan fue arrebatado al Cielo en el capítulo 4, los creyentes en Cristo tienen la promesa de que serán transformados en el Día Postrero, pues el mismo Cristo es el que promete estas bendiciones para los creyentes en Él.

Por eso es tan importante entender lo que es el Día Postrero y lo que está prometido para los creyentes del Día Postrero. En San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante, nos dice el mismo Jesús:

Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Para cuando Cristo dice que Él va a resucitar a los creyentes que el Padre le dio para que los busque y les dé vida eterna? Para el Día Postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.”

Nuevamente hemos visto que promete la resurrección de todos los creyentes en Él, que han muerto físicamente, para el Día Postrero.

Y en el verso 44 de este mismo capítulo 6 de San Juan, dice:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ahí tenemos nuevamente la promesa de la resurrección para el Día Postrero. Por esa causa es que Marta la hermana de Lázaro, el cual murió y Jesús fue a resucitarlo al cuarto día de estar muerto…, llega a la aldea donde vivía Lázaro, lo recibe Marta, en el capítulo 11 de San Juan, verso 20 en adelante, dice:

“Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; más María se estuvo en casa.

Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;

Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.”

Marta sabía que para el Día Postrero su hermano resucitaría. Y resucitará Lázaro en el Día Postrero, en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios; pero siendo Lázaro tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo que va a resucitar en el Día Postrero, Cristo resucita a Lázaro en esa ocasión, aunque luego más adelante murió; pero Lázaro es tipo y figura de la resurrección de los muertos en Cristo en el Día Postrero.

Jesús estableció que Él resucitará a los creyentes en Él, que han muerto en el Día Postrero.

Y ahora, entendiendo lo que es el Día Postrero (lo cual es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá), tenemos que examinar las profecías y el calendario para saber en qué Día delante de Dios estamos viviendo; porque las promesas para el Día Postrero, el Día en que el Señor vendrá por Su Iglesia que está viva, que estará viva en la Tierra en esos días para transformarla y para resucitar a los muertos; está establecido por Cristo mismo que será en el Día Postrero.

Las profecías son como una antorcha que nos alumbra en lugar oscuro, en este mundo que está oscuro, en oscuridad, en tinieblas espirituales.

Por eso dice Efesios, capítulo 5, verso 14: “Despiértate tú que duermes, levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”

Él es la Luz del mundo, Él es la Luz de la vida, Él es la Luz de nuestra alma para alumbrarnos el camino a la vida eterna, el cual es el mismo Cristo.

EL TIEMPO PROFÉTICO PARA DIOS CUMPLIR SUS PROMESAS.”

Tenemos promesas de parte de Cristo: que Él resucitará a los creyentes que murieron, en cuerpos glorificados, inmortales, eternos. Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 en adelante.

Y en Filipenses nos habla claramente el apóstol Pablo y nos da a conocer para qué viene Cristo en el Día Postrero conforme a lo que Él prometió. Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, donde dice2:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

¿Por qué nuestra ciudadanía está en los Cielos, si cada uno de nosotros tenemos una ciudadanía del país, de la nación donde nacimos? Porque el nuevo nacimiento es del Cielo; y si el nuevo nacimiento es del Cielo, usted nació del Cielo y es ciudadana o ciudadano celestial, está sentado o sentada con Cristo en lugares celestiales.

Tenemos una doble ciudadanía: la terrenal, por el nacimiento físico que tuvimos a través de nuestros padres terrenales; y la ciudadanía celestial, por medio del nuevo nacimiento que Cristo por medio de Su Espíritu operó en nosotros.

“...de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo…”

¿De dónde lo esperamos? Del Cielo, porque Él está como Sumo Sacerdote en el Cielo, haciendo intercesión por todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador; y mantiene limpio a cada creyente con Su Sangre preciosa que nos limpia de todo pecado.

“…el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza…”

Otras versiones dicen: “transformará el cuerpo de la humillación nuestra”

“…para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, para tener un cuerpo eterno, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad; y mucho y pronto que lo necesitamos.

Y Él tiene el poder para hacerlo, dice:

“...por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.”

Recuerde que Él tiene el poder y lo va a llevar a cabo, porque Él lo prometió; pero primero tiene que completar Su Iglesia; porque están escritos los nombres de los que formarían Su Iglesia, están escritos en Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esas son las ovejas del Padre que le fueron dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna.

“EL TIEMPO PROFÉTICO PARA DIOS CUMPLIR SUS PROMESAS.”

Hay promesas para el Día Postrero, para el séptimo milenio de Adán hacia acá; y entre ellas está la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estarán vivos en ese tiempo; y el arrebatamiento o rapto de la Iglesia para ir a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, y estar tres años y medio en el Cielo, en la gran fiesta celestial; mientras la Tierra estará pasando por los tres años y medio de la gran tribulación. Tan sencillo como eso. Eso es lo que dice la Palabra profética para este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a dar unos minutos mientras se le da la oportunidad a las personas que han escuchado y no habían recibido a Cristo, y nació la fe de Cristo en su alma mientras escuchaban la predicación del Evangelio de Cristo.

Lo más importante en la vida es la misma vida. No hay nada más importante para el ser humano que la vida. La vida es el tesoro más preciado que Dios le ha dado al ser humano, y nos da la oportunidad de hacer contacto con Cristo para recibir la vida eterna que tanto anhelamos; y que Él la otorga gratuitamente, porque Él tiene la vida eterna de parte de Dios para otorgarla a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Él tiene la exclusividad de la vida eterna. Ninguna persona le puede dar vida eterna a usted o a mí, excepto el Señor Jesucristo; por lo cual todos los seres humanos necesitamos a Cristo para que nos dé vida eterna.

Podemos comprender el porqué Cristo estuvo dispuesto a morir en la Cruz del Calvario: para darnos vida eterna.

Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, Él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” O sea, muchos hijos e hijas de Dios como el Señor Jesucristo el Hijo de Dios.

Cristo nos ama y por eso murió por nosotros en la Cruz del Calvario. San Juan, capítulo 3, versos 16, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Es vida eterna lo que Cristo tiene para toda persona que escucha Su Palabra, cree y lo recibe como su Salvador.

Bien dijo Jesús en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi voz (o sea, el Evangelio), y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” O sea, quedan seguras esas personas en las manos de Cristo, con vida eterna.

Todos queremos vivir eternamente, pues la vida en estos cuerpos terrenales es temporal, se nos acaba muy rápidamente la vida terrenal; pero el propósito de esta vida terrenal es para que hagamos contacto con Cristo, recibiéndolo como Salvador, para que nos dé la vida eterna.

Sin vida eterna el ser humano dejará de existir, pero con vida eterna el ser humano vivirá por toda la eternidad.

El proyecto divino de la redención es para vida eterna del ser humano. Por eso es que Él mandó a predicar el Evangelio a toda criatura: “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Todos queremos la Salvación y vida eterna; por eso lo recibimos como nuestro Salvador, conforme al Programa Divino de Salvación de parte de Dios para las personas.

La decisión más grande que una persona puede hacer es una sola. Hace muchas decisiones en la vida, importantes; pero la más importante, la única que lo coloca en la vida eterna, es: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Ninguna otra decisión coloca al ser humano en la vida eterna, solamente recibir a Cristo como único y suficiente salvador; porque Él es el Salvador, el Redentor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, Padre celestial. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Quiero ser bautizado porque Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Es un mandamiento de Cristo el bautismo en agua en Su Nombre.

El mismo Cristo en una ocasión estuvo en las actividades de Juan el Bautista mientras él bautizaba en el Jordán, e hizo el turno correspondiente para ser bautizado por Juan.

Y cuando le toca a Juan bautizar a Jesús, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no lo quería bautizar.

Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales, descendió el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús; y ahí Juan vio la señal que le había sido dicha que sería vista por él sobre el Mesías: vería al Espíritu Santo descendiendo en forma de paloma sobre el Mesías.

Y por eso Juan luego dijo: “Este es aquel del cual yo dije que después de mí vendría otro mayor que yo. El que me mandó a bautizar me dijo que sobre el cual yo viera el Espíritu Santo, Ése sería el Mesías, Ése sería Él.” Y dio testimonio de Jesús como el Mesías prometido en la profecía bíblica.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es tipológico. Y en la tipología del bautismo en agua, está que nosotros nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ese es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor. Porque estábamos con Él eternamente, y hemos sido manifestados en la Tierra para ocupar nuestro lugar en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Para lo cual tenemos que entrar al Reino de Dios por la puerta, que es Cristo, el cual dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare hallará pastos; y saldrá, y hallará pastos.”

El que entra por la puerta, que es Cristo, obtiene la vida eterna, entra al Cuerpo Místico de Cristo; y por consiguiente entra al Reino de Dios.

“De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar al Reino de Dios,” le dijo Cristo a Nicodemo. No hay otra forma para entrar al Reino de Dios.

El mismo Cristo también dijo… Eso fue en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6; y en San Juan, capítulo 14, verso 6, dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios, de ser reconciliado con Dios, de recibir la vida eterna de parte de Dios, solamente a través de Jesucristo.

Y ahora, bien pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Para lo cual, pido al reverendo Andrés Cruz Gallego que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Así como hizo San Pedro el Día de Pentecostés, que todos los que creyeron, dice que fueron bautizados aquel día como tres mil personas; y luego en otra ocasión otro grupo de miles de personas creyeron, y también fueron bautizadas; y así fueron siendo añadidas a la Iglesia las personas que formarían el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

En cada país o ciudad o iglesia dejó también al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL TIEMPO PROFÉTICO PARA DIOS CUMPLIR SUS PROMESAS.”

1 Versión Reina Valera 1909

2 Combina ambas versiones: Reina Valera 1960 y 1909

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