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Muy buenos días, y buenas tardes, para los que están en la mañana y para los que están en la tarde en los diferentes países. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para comprender; y nos bendiga grandemente desde el Cielo con la Palabra revelada para nuestra alma, como el evento espiritual para el alma. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes hoy, el “Día de la Raza,” 12 de octubre, en el cual se conmemora el descubrimiento del nuevo mundo, el continente americano, que el marinero Rodrigo de Triana divisó desde la embarcación: “¡Tierra!” Y creyó, o creyeron que estaban descubriendo o llegando a las Indias o la India, pero era el nuevo mundo, en ese primer viaje de Colón.

Se estaban encontrando dos continentes, dos mundos; el viejo mundo se estaba encontrando con el nuevo mundo que iba a nacer. Y cuando el viejo ve el nuevo que nace, ya sabe que sus días están contados. Las grandes promesas es para el nuevo que nace, que es el heredero de todo lo que tenía el viejo, y es donde se entrelaza el viejo mundo con el nuevo mundo para surgir el continente americano, y sobre todo, la América Latina y el Caribe.

Así que hoy “Día de conmemoración de la Raza”, es un día importante para todos los del continente americano, que es el nuevo mundo. En alguna ocasión hablaremos más de la historia del nuevo mundo, en donde veremos que las grandes bendiciones del Día Postrero serían para el nuevo mundo, como la séptima edad de la Iglesia y luego la edad que le sigue a la séptima edad.

En esta ocasión buscamos en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 al 52 donde nos dice el apóstol Pablo:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA IMPORTANCIA DE CONOCER LAS PROMESAS DE DIOS PARA NUESTRO TIEMPO.”

Y ¿qué tiene que ver esta lectura que tuvimos con las promesas de Dios para nuestro tiempo? Veamos qué tiene que ver.

La Escritura dice en Amós, capítulo 3, verso 7: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele Sus secreto a Sus siervos Sus profetas.” Por lo tanto, lo que Dios hará para cada tiempo ya lo habló, lo reveló; ya sea en forma simbólica, profética o en alguna otra forma, y ya eso es profecía; y basado en eso que Dios habló por ese profeta, es que Dios va llevar a cabo Su Obra en cada tiempo.

Para cada tiempo de la trayectoria de la raza humana hay promesas, hay ciclos divinos que se llevan a cabo en el Programa de Dios; como también hay dispensaciones; y de acuerdo a la Palabra de Dios, que es Su Programa dado a conocer, es que Dios obra en cada dispensación.

Por esa causa la persona necesita saber en qué dispensación está viviendo, porque esa dispensación y de acuerdo a la Palabra para esa dispensación es que Dios va a estar obrando, va a estar manifestándose.

No puede la persona irse a una dispensación que ya pasó y decir: “Esto es lo que hay que hacer porque esto es lo que dice la Biblia.” Eso es lo que dice la Biblia para aquella dispensación.

Por ejemplo, cualquier persona que diga: “Vamos a reunirnos, vamos a hacer un grupo, y vamos a hacer sacrificios como los hacía Adán, como los hacía Abel, como los hacía Enoc, como los hacía Noé, como los hacía Matusalén también; porque entonces podremos quizás vivir como Matusalén, que vivió 969 años; o como hacía Abraham, o Isaac, o Jacob, o alguno de los patriarcas, o Moisés.”

Eso estuvo correcto para aquellos tiempos, y aquello era el tipo y figura, la sombra de lo que vendría en una nueva dispensación; la Dispensación de la Gracia, en donde aquellos tipos y figuras se convertirían en realidades en la vida de Cristo, que como el Cordero de Dios moriría y quitaría el pecado; y todo aquel que en Él creyera sería salvo. Tan sencillo como eso.

Hay que vivir la edad y dispensación que le ha tocado a uno en el tiempo que ha venido a la Tierra. También en las dispensaciones hay etapas o edades; y uno tiene que conocer en qué etapa del cristianismo, de la Iglesia, estamos viviendo; porque para cada etapa de la Iglesia hay un Mensaje de parte de Dios por medio del Espíritu Santo; o sea, por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia manifestándose por medio del instrumento, el mensajero que Él tenga para ese tiempo.

Y por medio de esa manifestación de Cristo en Espíritu Santo en ese mensajero hablando con Gran Voz de Trompeta, llama y junta a los escogidos de ese tiempo y los coloca en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia.

Con esa Palabra, ese Mensaje, es que somos llamados y juntados los escogidos en cada tiempo; y eso es una Obra de Cristo por medio del Espíritu Santo.

Tenemos que entender esas etapas para saber en qué etapa estamos viviendo. Por ejemplo, si estuviéramos viviendo en el tiempo de Noé, teníamos que estar junto a Noé escuchando el Mensaje de Dios para el ser humano, y trabajando en el Programa: construyendo el arca donde se salvarían Noé y su familia.

La cantidad no es lo que cuenta; lo que cuenta es los creyentes: sean muchos o sean pocos eso es lo que cuenta para Dios. Los incrédulos son incontables, ¡nadie los puede contar!, son tantos que ni siquiera tenemos tiempo para contarlos.

Pero en el tiempo de Noé ocho personas (con Noé); Noé y siete personas más; creyeron el tiempo en que estaban viviendo, creyeron que habían llegado al fin del mundo antediluviano; y aquel tiempo era de grande progreso. No crean que estaban en una condición de poco conocimiento. A tal grado que Cristo cuando dice acerca del tiempo final, dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé; y menciona (Génesis, capítulo 5 y el capítulo 6) que en aquel tiempo la gente estaban apartados de Dios, y la Tierra estaba llena de violencia.

¿No está acaso también la Tierra, las naciones, llenas de violencia? Es porque estamos en el tiempo final, en el tiempo en que la Venida del Hijo del Hombre tiene que convertirse en una realidad; porque esa es una de las promesas de Dios para nuestro tiempo, para el Día Postrero.

También está la promesa que la Venida del Hijo del Hombre será también como en los días de Lot, o sea, como en los días de Sodoma y Gomorra; por eso en este tiempo la situación del ser humano ha cambiado bastante, y cada día más se asemeja a la de Sodoma y Gomorra.

No vamos a estar luchando, peleando, por esta situación, porque son profecías que tienen que cumplirse. Lo importante es estar en el Programa de Dios para el tiempo en que nos toca vivir, recibiendo nuestro alimento espiritual para el alma.

Cada uno tiene que ocupar la posición que le corresponde en el tiempo que le toca vivir. Unos ocupan la posición de incrédulos, otros ocupan la posición de creyentes; unos para condenación y otros para salvación y vida eterna.

Por lo tanto, es un asunto individual; por eso es tan importante conocer las promesas de Dios para nuestro tiempo. Usted y yo estamos tipificados, representados, en personajes del pasado, de otras edades y de otras dispensaciones.

Usted debe mirar cuáles eran los creyentes de cada tiempo y decir en su alma, en su corazón: “Yo soy como Set, también como Abel, como Set; como Enoc que caminó con Dios y se lo llevó Dios en el rapto; como Matusalén, como también Noé.” Recuerden que no era fácil vivir en aquellos tiempos, como no es fácil vivir en este tiempo.

En este tiempo la lucha es mental, espiritual. En los tiempos de Daniel no solamente la lucha era mental, sino física también. Un descuido significaba estar en la boca de un león o en un horno de fuego. Hoy por las leyes establecidas en la protección de los Derechos Humanos hemos tenido ciertas ventajas, pero no podemos poner nuestra confianza en eso, sino en las promesas de Dios para nuestro tiempo; permanecer fieles y firmes a Cristo en la etapa o edad que nos toca vivir.

Si viviéramos en el tiempo de Moisés estaríamos haciendo lo mismo que hacemos en nuestro tiempo. Si somos creyentes actualmente, seríamos creyentes de Moisés en aquel tiempo y también en el tiempo de Josué, en el tiempo de los jueces, en el tiempo de los profetas, en el tiempo de los reyes…; en el tiempo de Juan el Bautista también: hubiéramos creído el Mensaje de Juan y hubiéramos sido bautizados por Juan el Bautista; y cuando Jesús apareciera y fuera bautizado, y Juan dijera: “Este es el hombre, este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Éste es el cual del que yo dije que después de mí vendría uno mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado. ¡Éste es Él!”

¿Qué haríamos? Haríamos como aquellos dos discípulos de Juan el Bautista, que cuando oyeron a Juan decir eso acerca de Jesús... Juan quedó acá y Jesús se fue hacia acá. [El Dr. Soto señala con sus brazos en direcciones opuestas –Editor] ¿Y para dónde ellos iban a ir? Se fueron detrás de Jesús, se fueron detrás del que vendría después de Juan, se fueron detrás de Uno mayor que Juan el Bautista; cambiaron de una Luz pequeña a una Luz mayor.

Juan era una antorcha que ardía, una lámpara que ardía y alumbraba; y los que siguieron a Juan quisieron caminar a su luz. Porque cuando Dios envía un mensajero con la Palabra para ese tiempo, la Palabra en ese mensajero manifestada es la Luz para ese tiempo.

Y luego cuando apareció Jesús, era la Luz en toda Su plenitud, porque era la plenitud de Dios en Jesús; por eso Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” [San Juan 8:12]

Es importante seguir la Luz para el tiempo que a la persona le toca vivir, en el cual la Palabra para la edad se hace carne; y Dios comienza a manifestarse en y a través de ese mensajero, cumpliendo lo que está prometido para ese tiempo, y hablando lo que está prometido para ese tiempo, y abriendo las Escrituras, y el corazón y la mente de las personas de ese tiempo, para entender, para conocer las promesas de Dios para ese tiempo.

En los días de Juan el Bautista y de Jesús se estaba viviendo en el tiempo en que la Piedra del Ángulo, Piedra Angular, la Piedra de corona llegó; y era un hombre llamado Jesús; la Piedra que los edificadores (los religiosos de aquel tiempo) desecharon, la Piedra del Ángulo. Y seguir a Jesús significaba seguir a Dios manifestado en carne humana en Jesús; creer en Jesús significaba vida eterna para las personas.

El que seguía a Jesús estaba siguiendo al Plan Divino para ese tiempo, y eran  bienaventurados los que seguían a Jesús. Cristo les dijo [San Mateo 13:16]: “Bienaventurados vuestros ojos, porque ven.” ¿Qué estaban viendo ellos? La promesa hecha carne, hecha realidad en aquel tiempo, en Jesús. “Y bienaventuradas vuestros oídos, porque oyen.” ¿Qué estaban oyendo ellos? Las promesas de Dios para aquel tiempo, siendo cumplidas en Jesús y a través de Jesús. Y esas personas eran bienaventuradas, los bienaventurados de aquel tiempo, porque estaban conociendo el Programa de Dios para aquel tiempo.

Aun cuando Cristo les pregunta: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Pedro dice: “¡Tú! Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Y Jesús le dice: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” [San Mateo 16:13-17]

O sea, que conocer el Programa Divino, conocer las promesas de Dios para el tiempo en que la persona vive, es una revelacion del Cielo dada por Dios a través de Su Espíritu Santo al individuo. Y es un privilegio grande ser una persona que está escuchando y viendo, entendiendo, las promesas de Dios para el tiempo en que está viviendo la persona, porque esa persona ha tenido la bendición de que Dios le ha abierto el entendimiento.

Aun algunos de Sus discípulos…, Sus discípulos no entendían todo, pero entendían que Jesús era el Mesías, el Cristo. Y Pedro en una ocasión tuvo Palabra de Jesús que le dijo: “Lo que no entiendes ahora, lo entenderás después.” Por lo tanto, ellos no lo entendían todo. Nosotros tampoco lo entendemos todo.

Por eso es que cada día vamos escuchando, Dios va revelándonos y va abriéndonos el entendimiento, y va aumentando nuestro conocimiento; por eso la Escritura dice: “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” [Habacuc 2:14] O sea que va en aumento.

Si va a ser lleno del conocimiento una persona o una nación o la humanidad, para ser lleno tiene que estar vacío primero, y se va llenando gradualmente; a medida que se va echando agua se va llenando el vaso, el envase; y así se va llenando nuestra alma y nuestro espíritu, nuestro ser, con la Palabra revelada, el agua de la Palabra revelada para nuestro tiempo. Y así vamos obteniendo amplio conocimiento de las promesas de Dios para nuestro tiempo.

Para conocer las promesas de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo, tiene que saber en qué edad y dispensación está viviendo; porque esas son las promesas que necesita conocer para recibir la bendición que Dios tiene para ese tiempo; porque esas son las promesas que se tienen que cumplir, que se tiene que materializar en el tiempo en que la persona está viviendo.

“Bienaventurado vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen.” ¿Qué es lo que veían y oían ellos? La Palabra prometida de Dios siendo revelada, siendo cumplida en aquel tiempo.

Por eso les decía: “Escudriñad las Escrituras, porque en ellas os parece que tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí,” decía Cristo [San Juan 5:39]. Y esas mismas Escrituras son las que dan testimonio de usted y de mí. Y usted tiene que encontrarse en la Escritura, representado en los creyentes del pasado.

Es importante conocer las promesas de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo; y hay que pedir conforme a lo que Dios ha prometido para el tiempo en que la persona está viviendo.

Hay muchas promesas, pero la más que nos gusta es la de la transformación. ¿Por qué la de la transformación? Porque los que serán transformados estarán vivos, serán transformados sin ver muerte; pero si se tiene que ir, entonces le gusta la de la resurrección de los muertos en Cristo, porque será resucitado en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado. No hay problema si tiene que irse; lo único, que sí se va, hasta ahí llegó el trabajo en la Obra del Señor, y por consiguiente, la recompensa no cubre el tiempo que usted esté en el Paraíso; la recompensa cubre el tiempo en que usted ha vivido en la Tierra y ha trabajado en la Obra del Señor. 

Por eso dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 12: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Por lo tanto, tenemos que conocer el tiempo en que nos toca vivir y las promesas que son para este tiempo; para lo cual, los creyentes en Cristo en el Día Postrero estarán escuchando la Voz de Dios, la Voz del Cristo, la Voz del Espíritu Santo, en el tiempo que les toca vivir, como sucedió a través de las edades y dispensaciones.

Dios habla a Su pueblo por medio del instrumento que Él tenga para cada tiempo. Esa es la forma de Dios hablar. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” [Amós 3:7] Y ellos hablan al pueblo lo que le fue revelado.

Veamos lo que nos dice Zacarías, capítulo 7, y lo entenderemos mejor. Ya esta Escritura es muy conocida por nosotros. Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, que nos dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…”

¿Cómo es que Dios habla al pueblo y envía Su Palabra? Por medio de Su Espíritu Santo. Dice:

“...para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros…”

Es por medio de los profetas que viene la Palabra al pueblo, porque la Palabra viene a los profetas.

La Palabra revelada viene a los profetas y ellos lo hablan al pueblo. Esa es la forma de Dios y Él no la ha cambiado, ni la cambiará. Por eso cuando el Mesías vino dos mil años atrás, era un profeta también; porque Dios levantaría un profeta como Moisés. Un profeta como Moisés fue prometido para el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo, y el Mesías tenía que ser un profeta.

La Venida del Hijo del Hombre tenía que ser un profeta, porque Hijo del Hombre representa un profeta; y está prometida la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final. Tengan eso en cuenta, no se les vaya olvidar.

Tenemos grandes promesas para nuestro tiempo, y no queremos que se nos pasen por encima. Queremos escuchar las promesas de Dios para nuestro tiempo y que Dios nos abra el entendimiento para comprenderlas; porque no es solamente creerlas, primero es creerlas y luego entenderlas; saber que son las promesas de Dios, y entonces que Dios nos abra el entendimiento para entenderlas.

Recuerden que ver también significa entender; por eso algunas personas dicen: “Yo no veo, no entiendo.” Y por eso Cristo les decía a muchas personas que eran ciegos y guías de ciegos, porque no veían, no entendían, la Venida del Mesías dos mil años atrás. [San Mateo 15:14]. Para lo cual Dios envió un precursor: Juan el bautista, con el espíritu y virtud de Elías en la tercera manifestación de la venida de Elías.

Cuando dice la venida de Elías, o un profeta como Elías, es otro hombre con el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías. Tuvimos Elías Tisbita, tuvimos a Eliseo por segunda vez (el segundo Elías), tuvimos a Juan el Bautista (el tercer Elías), tuvimos al reverendo William Branham (el cuarto Elías); y está prometido el quinto Elías, que es uno de los Dos Olivos; y está prometido también el ministerio de Moisés.

Contando el ministerio y la Venida de Jesús como el profeta que Dios enviaría como Moisés, luego tenemos la promesa que habrá un tercer Moisés. No que sea Moisés literal, sino un profeta como Moisés, una tercera manifestación del ministerio de Moisés, un profeta dispensacional.

Así como tenemos la promesa de que habrá cinco Elías, pero ninguno de ellos sería Elías, excepto el primero; y de los tres Moisés, ninguno de ellos será Moisés literal, excepto el primero. Al ser un profeta dispensacional, eso nos habla de una nueva dispensación que se abre cada vez que Dios envía un profeta dispensacional.

Para el tiempo de la Primera Venida del Mesías, en donde apareció Jesús, se abriría la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro. El precursor preparía el terreno, le anunciaría al pueblo que vendría ese mensajero; y con Su mensajero lo presentaría, y lo presentó así: con su Mensaje. Anunció Uno mayor que él, del cual él no era digno de desatar Su correa, la correa de Su calzado.

Y le dijo... cuando le dijeron a Juan: “Mira, aquel del cual tú diste testimonio, ahora vienen más personas a Él que a ti, y bautiza más gente que tú.” Juan dice: “No puede el hombre hacer nada de sí mismo, si no fuera Dios con él.”

O sea que es - era dando testimonio que era Dios. Si no le fuera dado de Dios... Le fue dado de Dios que le siguieran más personas que a Juan, y que hiciera y bautizara más gente que Juan, porque era mayor que Juan. Es Jesús el profeta dispensacional de la Gracia.

Y Juan luego dice: “A Él le conviene crecer y a mí me conviene menguar. No hay ningún problema, eso aún verifica más claramente que yo soy su precursor, que yo soy el Elías que tenía que venir preparándole el camino al Señor.”

O sea, no cogió celos de que ahora Jesús alumbraba más, resplandecía más, lo seguían más personas y hacía milagros también. Juan, dice la Escritura que ningún milagro hizo; pero era el precursor de la Primera Venida de Cristo. Haga milagro o no haga milagro, el mensajero precursor sigue siendo el mensajero precursor.

Luego, cuando le dicen, más adelante en la cárcel... Juan le dice a dos de sus discípulos: “Vayan a ver a Jesús,” y le hacen una pregunta. Recuerden que Juan estaba preso, había hablado acerca de Jesús que era el Mesías, el Rey de Israel, y ahora tiene un problema: que cae preso y está en grave peligro.

Juan no sabía qué iba a pasar; y dicen algunos escritores que a Juan se le nubló el entendimiento, quizás el ojo profético como que se estaba opacando, y manda a preguntar a Jesús: “Pregunten a Jesús si Él es el que había de venir o esperaremos a otro.” Una pregunta muy directa, hecha por uno que estaba preso por causa del Mensaje que estaba predicando.

Ahora, Jesús no le manda a decir con los discípulos de Juan: “Digan que yo soy.” No. Comienza a cumplir promesas que decían que abriría los ojos a los ciegos, sanaría a los enfermos, los cojos andarían, los ciegos verían, a los pobres sería anunciado el Evangelio...; y comienza Él a hacer esas cosas delante de los discípulos de Juan. ¿Qué está haciendo? Cumpliendo las promesas de Dios para aquel tiempo.

Después le dice a los discípulos de Juan: “Ahora vayan, hablen con Juan, le dicen lo que ustedes vieron: que los cojos andan, que los ciegos ven, que los muertos son resucitados y que a los pobres es anunciado, predicado, el Evangelio.” Juan siendo el precursor tenía que saber qué cosas estaría haciendo el Mesías. “Vayan y digan a Juan estas cosas.”

Fueron y le dijeron a Juan lo que Jesús estaba haciendo. No dice que Juan dijo: “No, pero yo lo que quiero es que me diga si Él es o no es.” Ya con lo que los discípulos vieron y que Jesús les dijo que le contaran lo que había hecho Jesús, era suficiente para que Juan supiera que ese era el Mesías; porque eso era lo que decía la Escritura que el Mesías estaría haciendo.

Tenemos que tener nuestros ojos abiertos, porque para nuestro tiempo tenemos la promesa de que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, o sea, con los Dos Olivos, para llamar y juntar a Sus escogidos. Llamará y juntará a los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Esos ministerios estarán siendo manifestados, el Evangelio va a regresar a los judíos por medio de los ministerios de los Dos Olivos.

Todas esas cosas tenemos que tenerlas claras en la memoria, porque el reverendo William Branham trató de ir al pueblo hebreo para predicarles el Evangelio y llevar a cabo milagros y maravillas en las actividades; porque él sabía que estábamos en el tiempo final y que Israel recibiría un profeta.

En otra ocasión también dice que Dios va a enviarles un profeta, y ellos lo van a recibir. Por lo tanto, ellos están vigilando a Elías que venga proclamando la paz imperecedera, con un Mensaje de Paz, como Mensajero de Paz para Israel; y ellos están vigilando eso.

O sea, que vamos a ver un ministerio que será levantado por Dios en el Día Postrero, el cual va a ser identificado por los judíos como Elías; y será entonces el quinto Elías con el Espíritu de Dios en él, cumpliendo lo que el quinto Elías tiene que hacer, el cual será uno de los Dos Ungidos, uno de los Dos Olivos.

Y también está la promesa de que vendrá Moisés; lo cual para los hebreos es claro que será un profeta como Moisés; y lo de Elías, que será un profeta como el profeta Elías. Miren qué sencillo va a ser todo.

Y están esperando al Mesías, lo están esperando como Rey. El Trono de David va a ser restaurado y el Reino de David va a ser restaurado. Pero eso no quiere decir que no habrá luchas.

Para subir al trono de David, luego de estar ungido por el Espíritu de Dios, el cual fue ungido por Samuel (en el capítulo 16 de Primera de Samuel); y luego David ya ungido, el Espíritu de Dios se manifestaba sobre él y a través de él, y tuvo la victoria sobre Goliat, una cosa imposible humanamente; y aun con todo y eso su suegro Saúl lo perseguía.

Celo, el celo es lo peor que puede tener una persona; echa a perder todo el Programa de Dios que Dios tenga con él, y el de otras personas que lo sigan, que lo escuchen.

Es importante que las personas no interrumpan a otros ministros y a otras congregaciones. No traten de sacarle personas de las congregaciones ajenas; póngase a trabajar, y haga y trabaje para que Dios le dé prosperidad y la congregación suya crezca, sin tener que sonsacar las ovejas de otra congregación.

No interrumpa las demás congregaciones, los demás rebaños; no meta cizaña en medio de otras congregaciones ni en la suya tampoco, porque esas son raíces de amargura que llevarán mal fruto.

Ámense unos a otros, cuídense la espalda los unos a los otros, y trabajen en armonía. Y cuando un pastor y su congregación necesitan la ayuda de otro pastor y de otra congregación, estén disponibles para ayudarse los unos a los otros; amándose con amor divino los unos a los otros, sin causar divisiones entre los hermanos, entre las congregaciones y entre los ministros, hablando bien siempre de su compañero ministro y de los hermanos.

Y para que tengan siempre refrescadas las palabras de Dios para nuestro tiempo, mantengan las palabras que Dios le dio al reverendo William Branham para que hablara con relación a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo. Y las palabras de Cristo: “Amaos los unos a los otros.” Y nos enseña que amemos como Él nos amó a nosotros, y como nos continúa amando, que es la misma forma en que Dios ama a Jesucristo.

Los que crean rencillas entre el Rebaño tendrán graves problemas delante de Dios, delante de Cristo el Buen Pastor; y para que no tenga que enfrentarse a esa situación delante del Señor cuando le toque ser juzgado, mejor arreglar siempre esas cosas y estar bien unidos en el amor divino, ministros con los demás ministros, y congregaciones con las demás congregaciones; sin tirarse los unos a los otros, sino amándose los unos a los otros; recordando que pertenecemos a una sola Iglesia: a la Iglesia del Señor Jesucristo; y que todos somos ovejas del Señor.

Y si quiere ser una oveja gorda, aliméntese cada día más con la Palabra. Recuerden que las ovejas flacas son las que siempre son problemáticas, están siempre nerviosas en vez de ocuparse de comer el alimento que hay para su tiempo.

Y Cristo nos bendecirá a todos, nos llenará del conocimiento de las promesas de Dios para nuestro tiempo, y nos preparará para ese momento de la transformación que está prometida, que será la adopción física como hijos e hijas de Dios; lo cual será la redención del cuerpo, lo cual es nuestra transformación, la cual estamos esperando; y la estamos esperando escuchando la Trompeta Final, el Mensaje Final de Dios para nuestro tiempo, que es la etapa de Piedra Angular.

Ese es el lugar para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, y ahí es donde Él coloca Su Mensaje de Gran Voz Trompeta, de Trompeta Final, con el cual nos alimenta el alma, el espíritu y todo nuestro ser; y nos usa grandemente en esa etapa maravillosa de Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

“LA IMPORTANCIA DE CONOCER LAS PROMESAS DE DIOS PARA NUESTRO TIEMPO.”

Porque lo demás es historia, lo pasado; y lo futuro es profecía; pero lo que es para hoy es la realidad del Programa de Dios, que Dios por medio de Su Espíritu está materializando, realizando, llevando a cabo. Y nosotros somos los beneficiarios de toda esa Obra de Dios para nuestro tiempo.

Por lo tanto, comprendemos entonces la importancia de conocer las promesas de Dios para nuestro tiempo, y saber que somos bienaventurados al estar viendo y oyendo lo que desearon ver y oír los profetas del pasado, y también los apóstoles, y los mensajeros de cada etapa de la Iglesia, y el grupo de cada etapa de la Iglesia. A nosotros nos ha tocado el mejor tiempo, la mejor parte nos ha tocado a nosotros; como en el tiempo de Juan el Bautista y de Jesús, ¿la mejor parte le tocó a quién? A los discípulos de Jesús.

Por lo tanto, le damos gracias a Dios por darnos esta bendición tan grande para el Día Postrero, conforme a las promesas de Dios para este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Y así esté asegurado con Cristo en la vida eterna para vivir en el Reino de Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Algún día, el cual no está lejos, nos vamos a ver en el Reino de Cristo con cuerpos glorificados, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador. 

Recuerden que Él dijo que en el Reino de los Cielos los creyentes en Él serán como los ángeles de Dios, que ni se casan ni se dan en casamiento. Y también recuerden que Él dijo en una ocasión [San Mateo 18:14]: “Porque no es la voluntad de mi Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos.” Y también dijo que el rostro... que el ángel de estos pequeñitos: “los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día.” [San Mateo 18:10]

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, el tiempo para ver, para conocer las promesas de Dios para este ciclo divino. Dios es el que abre el entendimiento para comprender. Eso lo hizo con Sus discípulos luego de resucitar, porque ellos no entendían las Escrituras y Cristo les estuvo citando a los caminantes de Emaús las Escrituras; y como un fuego sentían dentro del alma, del corazón, cuando escuchaban a Jesús; y luego más adelante les abrió las Escrituras y les abrió el entendimiento para comprender.

Que Dios siempre nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para comprender, y así conocer las promesas de Dios para nuestro tiempo.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador; y en los diferentes países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en el lugar donde se encuentren; y también los niños en diferentes países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo aquí en Asunción y en toda la República del Paraguay, y los está llamando en este tiempo final; y tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo en el cual estamos viviendo; y en todo el Caribe, en todo el continente americano, y en todas las naciones, tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final.

Por lo cual, si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón; Él te está llamando porque tu nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; por eso es que escuchas la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, pues Él dijo: 

“Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” Eso está en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Cuando la persona escucha el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, el próximo paso es dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como Salvador; porque “la fe viene por el oír la Palabra,” el Evangelio de Cristo; y “con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” [Romanos 10:17, 10:10]

Por eso Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será;salvo; mas el que no creyere, será condenado.” San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

O sea, que es un asunto de vida eterna escuchar el Evangelio, creer, recibirlo como Salvador a Cristo, y ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, para que Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona el nuevo nacimiento. Ese es el Proyecto Divino, el Plan Divino de Salvación.

Recuerden que Cristo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, cuando Nicodemo fue a ver a Jesús, y le dice Jesús (de noche)... Le dice: “Maestro, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer las cosas que Tú haces, si Dios no está con él.”

Nicodemo era un creyente, sabía que Cristo era el Mesías; también otros, como José de Arimatea y como Gamaliel, creían que Jesús era el Mesías. Y Cristo va directo a lo que es importante: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios,” o sea, no lo puede entender.

Y Nicodemo le pregunta a Cristo: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre, y nacer?”, o sea, lo tomó de forma literal, porque solamente conocía la forma literal de nacer. Pero Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua (esto es: del Evangelio) y del Espíritu (esto es: del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.”

Vean la forma para entrar al Reino de Dios: naciendo del Agua (del Evangelio) y naciendo del Espíritu Santo; esa es la forma de nacer, eso es el nuevo nacimiento. Y por cuanto el nuevo nacimiento es del Cielo, no es terrenal, se nace del Cielo; y entonces la persona es ciudadana celestial, ciudadana del Cielo.

De eso es que habla Pablo, el apóstol Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, cuando nos dice:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (o sea, que viene para transformar nuestro cuerpo físico: de un cuerpo mortal a un cuerpo inmortal, a un cuerpo glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo)... el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (o sea, para que sea semejante al cuerpo glorificado que Cristo tiene), por el poder (vean que Él tiene el poder) con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él sustenta todas las cosas con Su poder; porque Él está sentado a la diestra de Dios. Esto es: sentado en el Trono de Dios. Él es el que le da sustento a toda la Creación. ¿Cómo lo hace? Espere que estemos transformados, y entonces lo entenderemos mejor.

Fue por medio de Él también, que Dios creó todas las cosas, el Verbo que era con Dios, y era Dios, por el cual Dios llevó a cabo toda la Creación.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, y están aquí presentes o en otros países.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo, te lo ruego; para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo:

Señor Jesucristo, creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego; y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ustedes me dirán ahora: “Por cuanto Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, porque el agua no tiene el poder para quitar pecados; es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo es tipológico y es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Jesucristo cuando Juan estaba predicando y bautizando en el Jordán, Jesús fue a las predicaciones de Juan el Bautista; y cuando estaba bautizando entró como las demás personas a las aguas para ser bautizado por Juan. Cuando Juan lo ve, le dice: “¿Tú vienes a mí para que yo te bautice? ¡Y yo soy el que tiene necesidad de ser bautizado por Ti!” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y cuando fue levantado de las aguas del bautismo, el Espíritu Santo vino sobre Jesús; y Juan vio al Espíritu Santo descendiendo sobre Jesús en forma de paloma, y dijo: “Este es del cual yo dije: Después de mí viene Uno mayor que yo, el cual les bautizará con Espíritu Santo y Fuego. El que me mandó a bautizar me dijo: ‘Sobre el que tú veas al Espíritu Santo viniendo sobre Él, Ése es Él.” Y Juan dice: “Y yo lo vi”, al Espíritu Santo viniendo sobre Jesús.

Primero creer, luego ser bautizado; y después Cristo bautizará a la persona con Espíritu Santo y Fuego, y producirá en la persona el nuevo nacimiento: nacerá de nuevo, nacerá en el Reino de Dios, en el Reino de los Cielos. Y así está seguro en el Reino de Cristo con vida eterna. “Y no perecerá jamás,” dice Cristo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Para eso es que recibimos a Cristo como nuestro Salvador, para que nos dé vida eterna; porque ninguna persona puede darnos vida eterna excepto Uno: el Señor Jesucristo; porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

Y cuando uno quiere algo que es exclusivo tiene que ir al que tiene la exclusividad. Y Cristo tiene la exclusividad de la vida eterna, para otorgarla a todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador; y esas son reconocidas en la Biblia como las ovejas que el Padre dio a Cristo para que les dé vida eterna.

Por lo tanto, el nombre de esas personas está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; y la persona no lo sabía, la persona no sabía que era una de las ovejas que el Padre le da a Cristo para que le dé vida eterna. Pero ese es un conocimiento especial que obtiene la persona cuando recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en el Nombre del Señor; y Cristo le bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento. Entonces descubre que era un hijo o una hija de Dios, y no lo sabía; y ese es un descubrimiento muy bueno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, los que están presentes y también los que están en otras naciones.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados, los que han recibido a Cristo como Salvador: jóvenes, adultos y también los niños de 10 años en adelante.

Que Dios los bendiga y les guarde. Y dejo con ustedes al reverendo Porfirio Tillería para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA IMPORTANCIA DE CONOCER LAS PROMESAS DE DIOS PARA NUESTRO TIEMPO.”

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