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Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes, y los que están en otras naciones, allá en Puerto Rico y en diferentes naciones del Caribe, de Centroamérica, de Suramérica, de Norteamérica y otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y nos hable directamente a nuestra alma, y nos abra el entendimiento para comprender la Palabra divina, la Palabra de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. 

Para lo cual leemos en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 1 en adelante dice… hasta el 10:

“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,

desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA IMPORTANCIA DE TENER LA MISERICORDIA DE DIOS.”

A través de la Biblia encontramos que nos habla de la misericordia de Dios. Nos dice también la Escritura en Romanos, capítulo 9, versos 1 al 18:

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

También… Eso está en el capítulo 9, verso 16 de Romanos; y también nos habla que Dios dice: “Tendré misericordia del que tendré misericordia.” Eso le dijo Dios a Moisés en el Éxodo, capítulo 33, verso 19:

“Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.”

La misericordia depende de Dios para el ser humano; por lo cual, necesitamos comprender que la misericordia de Dios es extendida al ser humano en cada edad y cada dispensación, para las personas que entran al Programa Divino correspondiente a esa edad, en esa dispensación en que están viviendo las personas.

Por ejemplo, en el tiempo de Noé, encontramos que halló misericordia delante de Dios Noé, halló gracia delante de Dios, y fue extendida la misericordia de Dios a Noé, el cual estaba dentro del Pacto Divino en la dispensación que él estaba viviendo.

Es importante entender que en la dispensación que se está viviendo en el presente, cada persona de cada tiempo, es donde encontrará la misericordia de Dios.

Por ejemplo, encontramos que en las fiestas dadas por Dios para los hebreos, la misericordia de Dios estaba dentro de la Dispensación de la Ley, en el tiempo de la Ley; y tenía Sus ordenanzas divinas para la persona alcanzar la misericordia de Dios. Por ejemplo, en Levítico, capítulo 23, leemos del verso 26 en adelante:

“También habló Jehová a Moisés, diciendo:

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.

Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.”

El “día de la expiación” bajo la Ley, es día para la misericordia de Dios ser extendida a las personas que afligen su alma delante de Dios por haber pecado contra Dios; y obtienen el perdón de sus pecados, y son reconciliados con Dios; obtuvieron la misericordia de Dios.

Así ha sido siempre, de edad en edad, en cada dispensación. Por eso le estableció Dios al ser humano —desde Adán— sacrificios de animalitos, los cuales eran tipo y figura del Sacrificio que Cristo efectuaría en la Cruz del Calvario el cual fue un Sacrificio perfecto; por lo cual no se requiere otro sacrificio en favor del ser humano.

Encontramos que Dios prometió un Nuevo Pacto para Su pueblo. Eso está en Jeremías, capítulo 31, versos 31 en adelante, donde nos dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

O sea, como el reino del norte, compuesto por las diez tribus de Israel (llamadas luego: las tribus perdidas de Israel); y el reino del sur, compuesto por las dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín. Sigue diciendo:

“No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

Ahora, el Pacto Nuevo que dice Dios que hará con la casa de Israel, será escrito no en piedras, no en tablas de piedras; sino en las tablas del corazón de cada persona que reconoce el Nuevo Pacto y entra al Nuevo Pacto.

El apóstol Pablo hablando de ese Nuevo Pacto, nos dice que ese es el Pacto que fue prometido a través de Jeremías, en el capítulo 31; y bajo ese Nuevo Pacto será que Dios tratará con el ser humano.

De ese Nuevo Pacto es que nos habla Jesús en la última Cena que tuvo con Sus discípulos. Y al tomar el pan, en el capítulo 26, versos 26 al 29 o al 30, de San Mateo, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.”

Ahora, aquí Cristo nos está hablando del Nuevo Pacto que Dios prometió en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.

¿Y quién es Jesucristo para venir a establecer un Nuevo Pacto, y por consiguiente anular el Antiguo Pacto? Es el mismo que le dio el Pacto Antiguo en el Monte Sinaí. La Ley, dice el libro de los Hechos, capítulo 7, y Hebreos, capítulo 2, que la Ley fue dada por comisión de ángeles. El Ángel del Pacto fue el que escribió los diez mandamientos en dos tablas de piedra. Fue el Ángel del Pacto el que le dio leyes y ordenanzas a Moisés para todo el pueblo hebreo.

El Ángel del Pacto es el Legislador; y por cuanto Moisés fue el instrumento de Dios a través del cual luego le dio la Ley y las ordenanzas para el pueblo, Moisés viene a ser Legislador de Israel. Esas Leyes Divinas para ese Pacto Antiguo fueron dadas por comisión de ángeles, del Ángel del Pacto; y allí hubo millares de ángeles con el Ángel del Pacto: Su Ejército celestial.

Es ese Ángel del Pacto el cuerpo angelical, la imagen del Dios viviente. Por eso cuando le apareció a Moisés el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto en la zarza que ardía y no se consumía, allá en el Monte Horeb, le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea el Dios de Amram), y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (el mismo Dios).”

Y ¿cómo el Ángel es Dios?, porque fue el Ángel de Dios que le apareció a Moisés, y ahora le dice que: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de tu padre.” ¿Cómo puede ser que el Ángel sea Dios? Sencillo. Es que el Ángel es el cuerpo angelical de Dios, el Ángel es la imagen del Dios viviente.

Recuerden que cuando Dios creó al ser humano en Génesis, capítulo 1, versos 26 al 28, y el capítulo 2, versos 7, dice Dios: “Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza.”

Y luego lo creó conforme a la imagen divina: cuerpo espiritual, angelical. Y después, del polvo de la tierra (en el capítulo 2, verso 7 del Génesis) formó el cuerpo físico, la semejanza física de Dios, que Él tendría cuando apareciera en carne humana en la Tierra.

¿Qué es y quién es la imagen de Dios? Es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová que aparecía en diferentes ocasiones a los profetas, comenzando de Adán, que fue el primer profeta dispensacional que fue colocado en la Tierra.

Ahora veamos qué y quién es la imagen de Dios. Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 13, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

¿Hablado por medio de quién? Por los profetas. Esa es la forma de Dios hablarle a Su pueblo. Son colocados en la Tierra con las dos consciencias juntas para tener contacto con la dimensión divina, escuchar y ver en la dimensión divina, para traerle el Mensaje de Dios, la Palabra de Dios al pueblo de Dios en el tiempo y del tiempo en que envía a cada profeta.

“…en estos postreros días…”

Vean, hablando del tiempo de los apóstoles y de Jesús, ya los menciona como los postreros días; porque un día delante del Señor para los seres humanos es como mil años, y mil años es o son, o es como un día delante del Señor; y en el Salmo 90, verso 4, también nos habla de lo mismo.

Cuando habla de los días postreros para los seres humanos y delante de Dios, los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los tres milenios postreros, que son: el quinto milenio…, en el cual Jesucristo vivió y tuvo Su ministerio mesiánico, y ese quinto milenio es el primero de los tres días postreros delante de Dios; como para los seres humanos es el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, los tres días postreros delante de Dios. O sea que ya en los días de Jesús habían comenzado los días postreros delante de Dios.

Fue en el primero de los días postreros, que para los seres humanos es el quinto milenio, que Cristo tuvo Su ministerio terrenal y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, Su muerte, sepultura y resurrección, para darnos el Nuevo Pacto, del cual Su Sangre es la Sangre del Nuevo Pacto.

Ya no se requieren sacrificios de animalitos para usar la sangre como expiación por el pecado de los seres humanos. Ya esos sacrificios de animalitos del Antiguo Testamento, del Antiguo Pacto terminaron; terminaron con el Sacrificio de Cristo, el Sacrificio perfecto en favor del ser humano; y Su Sangre es la Sangre del Nuevo Pacto, del Pacto eterno.

Ya no habrá más sacrificio por el pecado del ser humano, porque se hizo el Sacrificio perfecto en la Cruz del Calvario, el cual había sido tipificado en los sacrificios de animalitos que se llevaban a cabo; por eso eran efectivos en su tiempo esos sacrificios. Pero ya Dios no acepta sacrificios de animalitos, y la sangre de esos sacrificios tampoco la acepta Dios; porque delante de Dios está el Sacrificio perfecto, la Sangre perfecta del Nuevo Pacto.

Por lo tanto, es bajo el Nuevo Pacto que nos acercamos a Dios; como dice San Pablo en Hebreos: “Para alcanzar la misericordia de Dios.” El capítulo 4, verso 16 dice, de Hebreos:

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

Nos acercamos al Trono de Gracia, al Trono de Dios; y lo hacemos en el Nombre del Señor Jesucristo, cubiertos con la Sangre de Cristo. Así es como Él nos limpia de todo pecado.

No solamente nos limpió cuando lo recibimos como Salvador, sino que nos mantiene limpios en cada ocasión que fallamos ante Dios y confesamos nuestros pecados a Dios en el Nombre de Cristo; y Cristo nos limpia con Su Sangre, de todo pecado, porque está como Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo del Templo celestial, en el Trono de Propiciación, el Trono de Dios, en el cual está la Sangre de la Expiación, la Sangre de Cristo.

Como en el tabernáculo que construyó Moisés y templo que construyó el rey Salomón, que tenía en el lugar santísimo el arca del pacto; sobre el arca del pacto - dentro del arca del pacto estaban las tablas de la ley, la vara de Aarón que reverdeció, y el maná que Dios ordenó que colocaran dentro del arca del pacto. Y sobre el arca del pacto estaba el propiciatorio, que es la tapa del arca del pacto, el propiciatorio de oro puro, cubierto - o con dos querubines de oro, uno a cada lado (de oro puro los dos querubines); y en medio de los dos querubines, la presencia de Dios en la Columna de Fuego; como estaba prometido en Levítico, capítulo 16. Levítico, capítulo 16, vamos a ver lo qué nos dice ahí. Dice:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.

Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.”

¿Dónde aparecería Dios en esa Columna de Fuego? Sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro. Ese es el Orden del Templo de Dios, del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón; porque ese es el Orden del Templo celestial. Y ese es el mismo Orden del Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia.

Es en el Lugar Santísimo del Templo celestial, que está Cristo como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión por cada persona que lo recibe como Salvador. Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, de ese Templo celestial y de ese Orden celestial, al cual pertenecen también los creyentes en Cristo si han sido lavados con la Sangre de Cristo, y han sido hechos reyes y sacerdotes para Dios, nuestro Padre celestial; y también son jueces, porque Cristo es Juez Supremo. Dios lo ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.

Y en Primera de Corintios, capítulo 6, versos 2 al 3, dice San Pablo: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo? ¿Y aun a los ángeles?”

O sea que los creyentes en Cristo pertenecen a un Orden celestial del Reino celestial; Reino que va a ser establecido en la Tierra. Y por consiguiente, en la Tierra serán, los creyentes en Cristo, reyes juntamente con Cristo, porque Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores; y nos ha hecho para nuestro Dios reyes también. A todo lo que Cristo es heredero lo son también los creyentes en Cristo.

Y nos ha hecho sacerdotes de ese Orden celestial. Son hechos sacerdotes con Cristo, que es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; por lo tanto, los creyentes en Cristo son sacerdotes del Orden de Melquisedec, del Orden celestial. Por eso pueden presentarse ante el Trono celestial con sacrificios de alabanzas, de agradecimiento a Dios, en el Nombre del Sumo Sacerdote de Melquisedec, que es Cristo nuestro Salvador.

Por eso dice [Colosenses 3:17]: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.”

“No hay otro nombre, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Capítulo 4, verso 12, del libro de los Hechos.

Así que los creyentes en Cristo pertenecen al Orden de Melquisedec, que cubre el orden político del Reino de Dios, el orden espiritual o religioso, y el orden judicial celestial.

Recuerden, en Daniel (por ahí por el capítulo 4), cuando salió el Decreto del Cielo para ser destituido temporalmente Nabucodonosor de su reino, y ser colocado en el pasto, comiendo pasto como buey (un espíritu); dice que vino a ser como un animal por siete años. Y fue dicho por - a Daniel por el Ángel que le trajo el mensaje, y Daniel lo comunicó al rey, que era por decreto de los santos del Altísimo.

O sea, que las cosas en el Cielo tienen un Orden; hay un orden judicial en el Cielo, un orden sacerdotal y un orden del campo político.

También tenemos el caso de Micaías, en donde él vio a Dios sentado en Su Trono y a ángeles delante de Él [Primera de Reyes 22]; y él preguntó (hizo una pregunta a Dios allá), y le fue contestado; nadie sabía cómo hacer, pero salió un espíritu de mentira y dijo que él iría y sería espíritu de mentira en los profetas, sacerdotes de Baal y demás sacerdotes, que eran 450 de Asera y 400 de Baal, o viceversa; y sería espíritu de mentira para engañar a Acab para que fuera a la guerra y muriera.

O sea que en el Cielo hay un Orden celestial, que es el que gobierna los destinos del planeta Tierra, y por consiguiente de la humanidad.

Recuerden que las cosas que se ven fueron hechas de las que no se veían, dice ¿dónde? En Hebreos, capítulo 11, verso 1 al 3. O sea que la dimensión invisible fue primero que esta dimensión terrenal tangible. Por consiguiente, desde el mundo de los espíritus es gobernado el planeta Tierra, para decirlo más claro.

Encontramos en el libro del profeta Daniel, en el capítulo 9, y también en el capítulo 8. Vamos a ver lo que nos dice… Capítulo 8, verso 15 en adelante, dice:

“Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre.”

Vean, y es de otra dimensión: “uno con apariencia de hombre.” Podemos decir: un hombre de otra dimensión, y muy importante.

“Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión.”

El hombre que le apareció era Gabriel, el Ángel o Arcángel Gabriel; un hombre de otra dimensión. Por eso Gabriel significa: Varón de Dios, el Varón de Dios de otra dimensión. Ese es uno de los que están a la diestra y a la siniestra de Dios; uno es Gabriel y el otro es Miguel.

“Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre…”

Le está diciendo Hijo de Hombre a Daniel, porque Hijo de Hombre es el título de profeta; un profeta es un Hijo de Hombre.

Por eso ese título era usado por Jesús y lo llamaban Hijo de Hombre también. Y cuando Él habla de las profecías del Día Postrero y para el Día Postrero, dice que “el Hijo del Hombre vendrá en las nubes con poder y gran gloria, y vendrá con Sus Ángeles”; y dice también que “la Venida del Hijo del Hombre será como el relámpago que sale en el Oriente y se muestra en el Occidente, resplandece en el Occidente.” (San Mateo, capítulo 24, verso 27).

“Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.

Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro…”

¡Cualquiera!, ¿verdad? Solamente del susto nada más, quedó dormido; como quedaron dormidos los soldados que estaban a la puerta de la tumba de Jesús para evitar que alguien moviera la piedra; y miren, aparecieron dos ángeles, que probablemente eran Moisés y Elías; y si no eran Moisés y Elías, eran entonces los Arcángeles Gabriel y Miguel.

“...y él me tocó, y me hizo estar en pie (le quitó el sueño; y medio dormido, entre dormido y despierto, se levantó).

La Escritura también dice en Efesios, capítulo 5, verso 15:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

¿Y cómo se va levantar de los muertos una persona? Es que la humanidad está muerta a la vida eterna, murió a la vida eterna en el tiempo de Adán, y su descendencia está muerta a la vida eterna.

Todo ser humano que nace en la Tierra está muerto a la vida eterna; solamente está vivo a una vida temporal, una vida corta, que algunos piensan que es todo y la aprovechan en forma incorrecta, en vez de aprovecharla para ser lavados con la Sangre de Cristo y ser llenos del Espíritu de Cristo, y por consiguiente nacer de nuevo, nacer a la vida eterna, que es la vida que nos corresponde como hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; para eso es que Dios nos ha mandado a vivir en esta Tierra.

No fue que usted quiso vivir en este tiempo, usted no decidió nada. Lo decidió Dios. Y la decisión de Dios es la mejor.

Y ahora, cuando usted mira este tiempo, dice: “Gracias a Dios que nos mandó a vivir a este tiempo final; y no en el tiempo en que se los echaban a los leones.” Y se lo echaban a los leones no para jugar con los leones ni para domesticar los leones, sino para que los leones se los comieran. Y como era el tiempo de la etapa de las persecuciones, una etapa de mártires, tenía que ser así; la etapa del buey, que es animal de sacrificio.

Pero ahora estamos en la etapa, no de rostro de hombre, que fue la etapa de los reformadores, comenzando con Lutero y Wesley; sino que estamos en la etapa del águila, y por consiguiente de las promesas de las revelaciones proféticas. Porque el águila representa profeta, que ve más lejos de lo que ven las demás aves, y que vuelan en las alturas celestiales.

“Y dijo: He aquí yo te enseñaré (es maestro)...”

“Yo te enseñaré.” Tiene acceso al Libro de la Verdad para enseñar las cosas de Dios a los mensajeros que Dios envía a la Tierra.

¿Cuántas veces habrá enseñado a diferentes profetas sin ser mencionado su nombre? Algún día lo vamos a saber.

“...yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira.”

“Al fin de la ira,” porque eso es para el tiempo del fin.

Y en el capítulo 9 de Daniel dice, verso 20 en adelante:

“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;

aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio (o sea, al que había visto en el capítulo 8, ahora lo vuelve a ver), volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Y me hizo entender (es también el que hace entender a sus profetas), y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.”

Da sabiduría y entendimiento este Ángel; viene enseñando, sabe, conoce los misterios de Dios; tiene acceso al Libro de la Verdad, dice:

“...ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.”

Y comienza a mostrarle las setenta semanas que están determinadas para Israel.

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad (o sea, sobre Jerusalén), para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas…”

Siete (7) semanas, y sesenta y dos (62) son: sesenta y nueve (69) semanas. Eso hasta el Mesías Príncipe, que apareció en la semana setenta; pero ya en las semanas anteriores estaba sobre la Tierra, pero Su ministerio fue en la semana número setenta.

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”

Por eso Cristo murió en la mitad de la semana setenta. Cada semana consta de siete años. A Israel le faltan tres años y medio de trato de Dios con ellos; y esos son los tres años y medio que corresponden a la gran tribulación de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14.

Ese trato de Dios con Israel será para ese tiempo, e Israel será visitado por Dios bajo ese lapso de tiempo, en donde los ojos a Israel le van a ser abiertos, de que el Mesías en Su Primera Venida fue Jesús. Pero tenía que ser así, que no lo vieron, para que se pudiera llevar a cabo el Sacrificio de Expiación por el pecado de Israel y de todo ser humano; para así salvar a Israel y salvar a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

El mismo Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” [San Juan 12:24]

Si no moría Jesús, la humanidad tenía que morir por sus pecados; pero Jesús todavía estaría vivo caminando sobre la Tierra, pero solitario. Y en el Programa Divino no está que Jesucristo esté solo, sino con todos los creyentes en Él.

No es la voluntad de ningún agricultor tener un grano de trigo en su casa, sino sembrarlo; sabe que va a morir ese grano de trigo, pero se va a reproducir en muchos granos de trigo cuando nazca la vida que está en ese grano de trigo, surja en una forma de una planta de trigo y lleve muchas plantas de trigo.

La voluntad de Dios es tener muchos hijos e hijas. Eso es lo que Dios desea: Él tener muchos hijos e hijas de Dios; y eso es por medio de Cristo, el Grano de Trigo, el Hijo de Dios que se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios, en y través de Su Iglesia.

Es en la Iglesia del Señor Jesucristo que nacen los hijos e hijas de Dios por medio de la Vida de Cristo, el Espíritu Santo, que se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios; y eso es el nuevo nacimiento, para entrar al Reino de Dios naciendo en el Reino de Dios, que está en la esfera espiritual. Y ese es el Redil del Señor, donde Él me ha colocado. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Recordamos las palabras de Jesús en el capítulo 10 de San Juan, que dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” El Pastor es Jesucristo. Él es el Buen Pastor del Salmo 23.

Cristo mismo dijo: “Yo soy el Buen Pastor; y el Buen Pastor Su Vida da por Sus ovejas (las ovejas que el Padre le dio)”; y por ellas es que Él dio Su Vida en la Cruz del Calvario.

Y dice: “Y oirán mi voz.” Oirán el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia siendo predicado, y nacerá la fe de Cristo en su alma, y lo recibirán como Salvador. “Y habrá un rebaño,” esa es la Iglesia del Señor Jesucristo. “Y habrá un pastor.” Y las ovejas ¿quiénes son? Todos nosotros.

Vean, Él también es el Cordero de Dios, la Ovejita que fue colocada en Sacrificio por todos nosotros. Por eso Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y para quitarlo tenía que morir, para con Su Sangre, Su Sacrificio, quitar el pecado original. Y ahora cada persona responde por su propio pecado, no por el de Adán y Eva; eso ya Cristo lo quitó con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Todo lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Él. Él es el Cordero de Dios, y los creyentes en Él son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé vida y eterna. Él dice [San Lucas 19:10]: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Él representó a esas personas en ovejas.

“He aquí, si un hombre tiene cien ovejas, y se le descarría una de ellas, ¿no sale a buscarla?” [San Mateo 18:12] Y si la encuentra, entonces reúne a todos sus amigos, los demás pastores y las familias; y se goza en que encontró la oveja que se había perdido; “porque no es la voluntad de mi Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos.” [San Mateo 18:14] No es la voluntad de Dios que se pierda una de esas ovejas, una de esas personas que está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esas son las que escucharán la Voz de Cristo el Buen Pastor.

Por eso es que usted está aquí escuchando el Evangelio de Cristo siendo predicado, que es la Voz de Cristo llamando y juntando a Sus ovejas en este tiempo final, como lo ha hecho en otras etapas de la Iglesia.

Cristo es nuestro Pastor, el Buen Pastor, el Pastor de las ovejas de Dios, de los hijos e hijas de Dios; y pastorea ese Redil, esas ovejas, Su Iglesia, por medio de Su manifestación en Espíritu Santo a través de los diferentes mensajeros que envía de edad en edad, de etapa en etapa; así como usó a Moisés para pastorear las ovejas, el pueblo hebreo, y después a Josué, y después a los jueces y a los profetas; y puso también a David como pastor del pueblo hebreo. Por eso David así como Moisés, fueron pastores, representando a Cristo el Buen Pastor. Y Dios pastorea por medio de Su Espíritu a Su pueblo.

Ahora, les había dicho que el mundo visible, terrenal, material, es gobernado por el mundo espiritual. Vamos a ver... En el capítulo de 10 de Daniel, dice... verso 7 en adelante dice... verso 5 vamos a comenzarlo, dice:

“Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.

Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud.

Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron.”

Vean, un profeta está viendo todo ese mundo espiritual y sus personajes; y los demás que estaban allí, lo que escucharon fue un ruido pero no vieron lo que Daniel estaba viendo.

“Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno.

Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra.”

Así le pasó a San Pablo también, en el capítulo 9 del libro de los Hechos, y en el capítulo 22 del libro de los Hechos, y capítulo 26, donde cuenta su experiencia… Verso 10:

“Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.

Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.

Entonces me dijo: Daniel, no temas (estaba asustado, pero le dice: “No temas”); porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.”

Miren, la oración hizo que Dios enviara un ángel: al Ángel Gabriel, al Ángel de las revelaciones divinas.

“Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia.”

Ahora, vean cómo desde otra dimensión se dirigen las cosas en esta Tierra. Por eso Gabriel sabía todas las cosas que iban a suceder y le trae la profecía a Daniel de las cosas que van a suceder, y sobre todo de las cosas que van a suceder en el tiempo final.

Vean, esos cambios de gobierno del reino de los gentiles, de un imperio a otro imperio, así; que fue representado en la estatua del rey Nabucodonosor con la cabeza de oro, que representa el reino de Nabucodonosor o el reino babilónico; después los pechos y los brazos de plata, que representa al reino medo-persa; después el vientre y los muslos de bronce, que representa al reino de Grecia con Alejandro el Grande; y después las piernas de hierro, que representa el reino de los Césares; y los pies de hierro - las piernas... los pies de hierro y de barro cocido, que representa al reino de los gentiles después del reino de los Césares. Y eso es lo que queda del reino de los gentiles en la estatua del rey Nabucodonosor, y es lo que se cumple después del reino de los Césares; y encontramos que eso es lo que queda hasta este tiempo final.

Y por eso la Piedra no cortada de manos, que es Cristo en Su Venida en el tiempo del imperio romano, que corresponde a las piernas de hierro, no destruyó al reino romano, sino que el reino romano lo crucificó a petición de los líderes religiosos y del pueblo, que no estuvo de acuerdo con Jesús y pidieron Su muerte en la Cruz del Calvario; pero todo eso estaba en el Programa Divino.

Y ahora, cuando el rey Nabucodonosor ve esa piedra no cortada de manos viniendo e hiriendo a la estatua en los pies de hierro y barro cocido..., lo cual luego también Daniel pidió ver lo que había visto Nabucodonosor en su sueño; ahora le es presentado a Daniel en visión. Y Daniel ve la estatua y ve esas etapas, y ve la piedra no cortada de manos viniendo directamente a los pies de hierro y de barro cocido. ¿Está viendo qué? La Segunda Venida de Cristo en el tiempo de los pies de hierro y de barro cocido del reino de los gentiles. Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45. Ahí está la visión de Daniel.

Estas visiones, por lo que se puede ver, eran dadas por el Ángel Gabriel. Aunque no está mencionado el nombre en las otras visiones, en las visiones que está mencionado el nombre podemos ver que es el Ángel de la revelación divina, el Ángel que tiene el conocimiento de lo que está escrito en el Libro de la Verdad; y cuando necesita ayuda tiene al Arcángel Miguel*, el Ángel o Arcángel que está por el pueblo hebreo.

Recuerden, esto es conocido también… Así como cada nación o la mayor parte de las naciones tienen un ángel como su ángel protector; pues miren, el Ángel más importante lo tiene Israel: el Arcángel Gabriel con su poderoso Ejército. Y Gabriel le ayuda a Miguel, y Miguel le ayuda a Gabriel.

Y estos Ángeles tienen que ver con el Reino de Dios. Y para el establecimiento del Reino de Dios, estos Ángeles con sus Ejércitos van a estar en acción. Estos Ángeles tiene que ver también con el Pacto que le fue dado en el Monte Sinaí a Moisés para el pueblo hebreo; allí estaban estos Ángeles también. Dice:

“Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días…”

O sea que tuvo que detenerse. Venía con la - para darle la información a Daniel que él requería y que oraba por el pueblo y por él, pero se detuvo; una paradita para resolver un problema allá en Persia. Vamos a ver lo que nos dice:

“...pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes...”

Recuerden que en el mundo espiritual hay principados; hay príncipes, arcángeles, que tienen su dominio, tienen sus huestes celestiales y gobiernan.

También está el príncipe de las tinieblas, el enemigo de Dios. Eso es en el mundo de los espíritus.

“...pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia.

He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.”

Vamos a pasar al mismo capítulo 10, verso 18 en adelante, dice:

“Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció…”

¿Quién era el que tenía semejanza de hombre? El Ángel Gabriel. El mismo que le apareció al sacerdote Zacarías y le dijo que tendría un hijo el sacerdote Zacarías y su esposa Elisabet, los cuales ya eran ancianos. Y por dudar, por dudar lo que le había dicho el Ángel, le dijo [San Lucas 1:20]: “Ahora quedarás mudo, por dudar, hasta que se cumpla lo que te dije.” Y le dijo [San Lucas 1:19]: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de la presencia de Dios,” ahí se identificó. Si no es por la incredulidad no se tenía que identificar; pero fue una bendición. Y cuando nació el niño entonces volvió a hablar.

Y le aparece a la virgen María el Ángel Gabriel, y le da buenas noticias de que va a tener un niño y le pondrá por nombre Jesús: “porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados,” y “Dios le dará el Trono de David Su padre; y reinará sobre Israel, sobre la casa de Israel para siempre, y su reino no tendrá fin,” le dará el Trono de David. [San Mateo 1:21, San Lucas 1:30-33]

Vean, cuando vemos en la Escritura al Ángel o Arcángel Gabriel aparecer, algo grande está por suceder.

Dice el reverendo William Branham: “El Arcángel Gabriel anunció la Primera Venida de Cristo, y anunciará la Segunda Venida de Cristo.” [“Citas,” página 33, párrafo 282] Anunció la Primera Venida de Cristo a la virgen María, y la virgen María representa a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

¿A quién le va a anunciar la Segunda Venida? Pues a la que está representada en la virgen María: a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo. A ella le será revelada la Segunda Venida de Cristo; y le dará la fe así para la transformación, para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La virgen María pregunta: “¿Cómo será hecho esto?, pues no conozco varón.” El Ángel le dice que su parienta Elisabet, ya es el sexto mes de estar embarazada, la que llamaban estéril, la que no podía tener hijos; y ya estaba anciana. ¿Y cómo se verá una anciana ya con… embarazada? Se debe ver muy bonita, muy hermosa, y con su corazón y su mente y su alma llena de fe. Así se veía Elisabet, y así de seguro se veía Sara; pero Sara fue rejuvenecida, una joven; y habrá una joven teniendo un niño.

Ahora: “¿Cómo será esto?” No fue incredulidad. “¿Cómo será esto? ¿qué tengo que hacer?” El Ángel le dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, hará sombra sobre ti, y vas a concebir y vas a tener el niño; y tu parienta Elisabet ya tiene seis meses de haber concebido y va a tener un niño.” Porque no hay nada imposible para Dios.

Y como no hay nada imposible para Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo —representada en la virgen María— va a tener niños, hijos, con cuerpos glorificados, cuerpos eternos, cuerpos inmortales; y va a recibir, a tener, al hijo prometido: la Segunda Venida de Cristo, para el Día Postrero. De lo cual no se puede hablar muy claro para que no hayan imitaciones, no surjan imitaciones; pero recuerden, todo va ser cumplido en y con la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

Y eso le va dar la fe a los creyentes para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Todo eso está ligado a lo que el reverendo William Branham llamó la Tercera Etapa, donde lo que fue visto en parte, manifestado en el reverendo William Branham, ese poder divino de... hablando la Palabra y las cosas siendo creadas, va a ser manifestado en toda su plenitud en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en el cumplimiento de la Visión ¿de que? de la Carpa.

Por lo cual, la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo estará trabajando en ese Proyecto Divino, donde habrá una bendición grande de parte de Dios a través de Cristo en Espíritu Santo medio de Su Iglesia en el Día Postrero.

Por eso en otras edades no podía surgir el cumplimiento de la Visión de la Carpa. Aunque el reverendo William Branham quiso hacer esa visión una realidad, no le fue concedida esa bendición; porque eso es para el tiempo de la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad de Piedra Angular, que es también en la Iglesia como Templo espiritual, la Edad del Lugar Santísimo; y el lugar santísimo era de oro por dentro y por fuera; por lo tanto, la Edad del Lugar Santísimo de la Iglesia es de oro.

El oro representa la Divinidad: por dentro y por fuera la Divinidad manifestándose. Una obra y lugar para Dios manifestarse en toda Su plenitud. Por lo cual hay grandes bendiciones prometidas para la Iglesia del Señor Jesucristo para el Día Postrero, en esa Edad de Oro; y en donde también estará la misericordia de Dios para todos los creyentes en Cristo.

A tal grado que la misericordia de Dios será extendida a los creyentes en Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque ellos han sido lavados con la Sangre de Cristo y no tienen pecado; y por consiguiente no hay motivo para que estén en la Tierra pasando por la gran tribulación; porque la gran tribulación es para purificación: para purificar a los judíos, a los ciento cuarenta y cuatro mil, purificar a las vírgenes insensatas, y purificar al planeta Tierra para que esté apto para el Reino del Mesías.

“LA IMPORTANCIA DE TENER LA MISERICORDIA DE DIOS.” La misericordia de Dios en el Día Postrero, dentro del Nuevo Pacto que Cristo ha establecido, y estar cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto.

Y ya para terminar, capítulo 13, verso 20 al 21 dice, de Hebreos:

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno…”

¿Quién es el Gran Pastor de las ovejas? Jesucristo. ¿Y cuál es la Sangre del Pacto eterno? La Sangre de Cristo nuestro Salvador. Y es por medio y dentro del Pacto eterno que la misericordia de Dios se extiende a la persona que ha recibido a Cristo como Salvador, es limpiado con la Sangre de Cristo, bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento; y así recibe la misericordia divina, la misericordia de Dios, que es tan importante, tan esencial para cada ser humano.

Sin la misericordia de Dios la vida pierde su valor. El salmista decía que la misericordia de Dios es mejor que la vida.

Por lo tanto, la misericordia de Dios ha sido extendida bajo el Nuevo Pacto a todos los que han recibido a Cristo como Salvador, han sido lavados con la Sangre de Cristo y han sido limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo; han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los ha bautizado con Su Espíritu; y han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Cristo, y han venido a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para obtener la misericordia de Dios, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted. Puede pasar al frente y oraremos por usted, los que están aquí presentes y los que están también en otras naciones.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante en la vida es la salvación; y solamente hay un sólo Salvador, y Su Nombre es Señor Jesucristo. Ninguna persona lo puede salvar a usted, excepto Jesucristo, porque Él es el Único que murió por nosotros en la Cruz del Calvario, para que así la misericordia de Dios fuera extendida hacia nosotros.

La vida eterna es lo más importante para todo ser humano. Si la vida física mortal, temporal, es importante, ¡cuánto más la vida eterna! Sin vida nada tiene valor; ni siquiera la comida, porque sin vida no podemos comer, tenemos que estar vivos. ¿Y cómo será cuando estemos con vida eterna física en cuerpos eternos inmortales, glorificados, como el del Señor Jesucristo? Va a ser billones de veces más glorioso de que lo que usted y yo nos podemos imaginar.

La vida eterna para cada creyente es el motivo por lo cual Cristo murió en la Cruz del Calvario: para darnos vida eterna. Ninguna otra persona puede darle vida eterna a otra persona.

En Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, nos dice el discípulo amado, Juan:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

El que no tiene a Cristo no tiene la vida eterna; lo que tiene es una vida temporal que se le va terminar y no sabe cuándo, porque a unos se les acaba la vida siendo bebés o siendo unos niñitos, o siendo unos jovencitos, o siendo ya adultos, o siendo unos ancianos; y usted no sabe cuántos días usted vivirá en esta Tierra, en este cuerpo mortal, temporal, que usted tiene. Por eso es tan importante asegurar que la misericordia de Dios sea extendida a nosotros a través de recibir a Cristo como Salvador; y entrar, por consiguiente, al Nuevo Pacto para obtener la vida eterna. Así es como aseguramos nuestro futuro eterno en la vida eterna con Cristo.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos vida eterna, otorgada por Cristo nuestro Salvador. Recordamos las palabras de San Juan, capítulo 3, versos 16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Estamos conscientes de que estamos vivos pero necesitamos que la misericordia de Dios sea extendida a nosotros; y eso ocurre recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

El que no aprovecha la oportunidad que tiene viviendo en esta Tierra, pierde la oportunidad de vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Por eso en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, dice Cristo a Sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ese dejará de existir. Se conformó con la vida temporal y no le dio importancia a la oportunidad que tenía de vivir eternamente por medio de Cristo nuestro Salvador, creyendo en Cristo y siendo bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo le bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá en él el nuevo nacimiento; y así nacerá en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso.

No tiene que ir a una universidad para aprender cómo recibir la vida eterna: escuchando el Evangelio de Cristo, naciendo la fe de Cristo en su corazón, en su alma, y dando testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, en este lugar; y también en los demás países donde han estado viniendo a los Pies de Cristo personas, almas, para recibirlo como su único y suficiente Salvador, y obtener la misericordia de Dios a través de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre en la Cruz del Calvario. Creo en Tu Nombre como el único Nombre en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los pecados de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino.

Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuando me pueden bautizar? Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo porque Él ordenó el bautismo en agua en Su Nombre, a todos los escucharan el Evangelio, y creyeran y lo recibieron como Salvador.

El bautismo en agua es tipológico, el agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Aun, cuando Juan el Bautista estaba predicando y bautizando en el Jordán, entre los que llegaron y entraron a las aguas del Jordán para ser bautizados por Juan el Bautista, Jesús fue uno de ellos. Vino desde Nazaret a Judea para ser bautizado por Juan, para que Juan lo bautizara; y cuando entró a las aguas bautismales y le tocó el turno a Jesús, Juan lo ve y le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene complir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y cuando subió de las aguas, volvió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Jesús; y Juan lo vio, y dijo: “Este es mi hijo amado,” lo identificó. Juan escuchó y vio, y dijo: “El que me mandó a bautizar me dijo: ‘Sobre el cual tú veas al Espíritu Santo venir sobre Él, Ése es Él, Ése es el Mesías, Ése es al cual tú le estás preparando el camino.”

“Y yo le vi (dice Juan, y lo identificó como el Mesías). Este es el hombre que vendría después de mí; este es el Mesías.” Juan fue el precursor del Mesías en Su Primera Venida.

Y Jesús, vean ustedes, tuvo necesidad de ser bautizado por Juan el Bautista. Y si Jesús tuvo necesidad de ser bautizado, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor! Es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo cumplido por todos los que han recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador.

El Día de Pentecostés encontramos a San Pedro predicando, luego de ser lleno del Espíritu Santo; y miles de personas, tres mil personas, recibiendo a Cristo como Salvador.

Dice, capítulo 2, verso 36 en adelante, del libro de los Hechos, el Día de Pentecostés San Pedro hablando allí, dice:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Los que recibieron la Palabra ese Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, y recibieron a Cristo como Salvador, fueron bautizados: como tres mil personas, el mismo día.

Porque luego que la persona escucha el Evangelio, la Palabra de bendición, de salvación, y recibe a Cristo como Salvador, el próximo paso ¿es cuál? Ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, para luego Dios bautizar la persona con Espíritu Santo y Fuego. Como pasó con Jesús: fue bautizado por Juan y luego el Espíritu Santo vino sobre Jesús.

Así es para todo ser humano. Primero, oír la predicación del Evangelio, recibir a Cristo como Salvador, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor; y luego Dios lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá el nuevo nacimiento en la persona.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y la misericordia de Dios sobre cada uno de ustedes bajo el Nuevo Pacto.

Dejo con ustedes al ministro aquí presente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos; y que la misericordia de Dios y la paz de Dios sea sobre cada uno de ustedes. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con ustedes el ministro aquí presente.

“LA IMPORTANCIA DE TENER LA MISERICORDIA DE DIOS.”

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