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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar compartiendo estos momentos con ustedes, alrededor de la Palabra del Señor y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Leemos y escuchamos los anuncios para mañana, y les reitero esos anuncios.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, que nos dice de la siguiente manera:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Las bendiciones vienen enviadas por Dios de Sion, y a Sion. Sion literalmente como nación representa a Israel, y también el Monte de Sion allá en Israel; y en el campo espiritual representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Porque un monte representa un reino, y el Monte de Sion representa el Reino de Cristo.

Y por medio de Cristo pasaron las bendiciones de Abraham, que estaba entre los gentiles - entre los judíos estaba la bendición, pasó a los gentiles, nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 7.

Porque la bendición que le prometió Dios a Abraham en Génesis, capítulo 12, nos dice:

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

La bendición para Abraham y su descendencia viene de parte de Dios, va pasando a la descendencia de Abraham. Y a los que bendiga a Abraham, y por supuesto a su descendencia, será benditos; pero los que lo maldigan, serán malditos.

Podemos ver reyes a través de la historia, que han maldecido a Israel, y que les ha pasado, la maldición ha regresado a ellos; y unos han muerto de una causa, otros de otra, otros de cáncer, y así por el estilo; porque Israel como pueblo es el pueblo de Dios, como nación es el pueblo de Dios.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo en el campo espiritual es el pueblo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto que Cristo dijo cuando dijo: “Esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).

Bajo el Antiguo Pacto el pueblo de Dios es Israel; bajo el Nuevo Pacto, el pueblo de Dios celestial es la Iglesia del Señor Jesucristo, con la cual Él vendrá luego de la gran tribulación, y por consiguiente luego de la Cena de las Bodas del Cordero; regresará a la Tierra con Su Iglesia para establecer Su Reino.

El Reino de Dios será establecido en la Tierra y el Mesías Príncipe gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y con Él vendrán todos los pertenecientes a la Sion espiritual, a la nación espiritual celestial, a la Iglesia del Señor Jesucristo, que regresarán con Él, pero con cuerpos glorificados, eternos y jóvenes para toda la eternidad, juntamente con Cristo y en la condición que está Su cuerpo glorificado: joven para toda la eternidad.

Por lo tanto, la Segunda Venida de Cristo es el evento más grande prometido para la raza humana, y sobre todo, para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Encontramos que las bendiciones de Dios son las más importantes para el ser humano. En ellas están incluidas todas las bendiciones del Cielo y de la Tierra. Por eso es importante estar en el lugar, y recibiendo desde ese lugar las bendiciones de Dios; estar en Sion espiritual, que es Su Cuerpo Místico de creyentes.

“De Sion vendrá el Libertador,” para Israel. [Romanos 11:26]

La Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Sion espiritual, está esperando la Segunda Venida de Cristo.

Antes de Israel tener el Reino Mesiánico, el Reino Milenial, Cristo tiene que venir por Su Iglesia para buscarla, transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Israel está esperando la Primera Venida de Cristo, porque cuando vino dos mil años atrás no lo reconocieron; y todo eso estaba en el Programa de Dios para llevarse a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, para Él poder impartir vida eterna a todos los que lo recibirían como único y suficiente Salvador. Porque habrá un grupo que obtendrá la inmortalidad del alma, del espíritu y del cuerpo.

Por medio de la Primera Venida de Cristo y sobre la Cruz del Calvario nos ha redimido con Su Sangre, y ya tenemos redención en el alma. Ya tenemos vida eterna en nuestra alma y nos falta vida eterna física, que será nuestra transformación, la adopción, la redención del cuerpo; para lo cual estamos esperando a Cristo.

Y Él viene del Cielo, Él viene de la séptima dimensión, la dimensión del Padre; pasará también por la sexta dimensión a recoger a todos los creyentes en Cristo que han partido y están en la sexta dimensión; y los traerá a la Tierra, los resucitará en cuerpos eternos, glorificados y jóvenes; y cuando los veamos seremos transformados nosotros, y tendremos cuerpos glorificados como el de Jesucristo.

Y después…, unos diítas nada más aquí, como estuvo Cristo con los santos que resucitaron del Antiguo Testamento: resucitaron el día primero de la semana, domingo, allá con Cristo, y aparecieron a muchos en la ciudad; pero eran jóvenes los que aparecieron.

Porque la resurrección, la primera resurrección, que es para vida eterna, es en cuerpos jóvenes, cuerpos eternos; y Cristo estuvo apareciendo a Sus discípulos por unos cuarenta días, digamos una vez en semana, el domingo; digamos, el primer día de la semana les aparecía; y hablaba con ellos y también llevaba a cabo milagros. Y les estaba hablando del Reino de Dios por todas esas ocasiones en que le aparecía a Sus discípulos; y así los consolaba también.

Y les dijo que no se fueran de Jerusalén hasta que fueran investidos de poder de lo alto, para hacerlos testigos en Jerusalén, en Judea, en todo Israel y en todas las naciones: Samaria y demás naciones; predicando el Evangelio de Cristo por medio del Espíritu Santo.

Ese es el Espíritu Santo ungiendo a los predicadores del Evangelio de Cristo; y eso es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia hablando por boca humana de Sus mensajeros.

Y sobre mensajeros, ministros, pastores, evangelistas, y así por el estilo, apóstoles también, y profetas, el Espíritu Santo estaría hablándole a la humanidad. Y la fe naciendo en el corazón de las personas y dando testimonio de la fe en Cristo, y de la fe de Cristo en el alma de las personas, y recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Y son millones de seres humanos los que han recibido a Cristo desde el Día de Pentecostés hacia acá. O sea, que cuando regresen a la Tierra, con una cantidad así de millones, una ciudad grande puede ser fundada.

Pero no nos vamos a quedar aquí en la Tierra, nos vamos a ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La ciudad será después del Reino Milenial: la Jerusalén Nueva, que estará en la Tierra en el territorio donde está Israel, allá en el Medio Oriente. Esa será la ciudad de nuestro Dios, y por consiguiente la ciudad del Padre celestial con y para Sus hijos.

Vamos a estar en la Casa de nuestro Padre celestial, la ciudad de nuestro Dios, a la cual pertenecemos como hijos e hijas de Dios; y somos herederos y coherederos con Cristo de todas esas bendiciones.

“LAS BENDICIONES DE DIOS VIENEN A SION.” A la Sion terrenal, que es Israel como nación; a la Sion espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y todo eso representado en el Monte de Sion allá en el pueblo hebreo.

Es importante estar en el Cuerpo Místico de Cristo como miembro, hombre o mujer, creyente en Cristo, bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo; y Cristo bautizándolo con Espíritu Santo y Fuego, y produciendo en la persona el nuevo nacimiento, para tener las bendiciones de Dios correspondientes a este tiempo final.

“LAS BENDICIONES DE DIOS VIENEN A SION.”

La ciudad espiritual ya sabemos que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y desde el Cielo en medio de la Iglesia están viniendo las bendiciones de Dios para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para Cristo colocarle en el Monte de Sion espiritual, en el Cuerpo Místico de creyentes, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino; para lo cual puede pasar al frente y oraremos por usted.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan las personas que todavía no habían recibido a Cristo, para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la vida eterna. No hay cosa más importante que la vida eterna. Y solamente la podemos recibir por medio de Jesucristo nuestro Salvador, porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en Su Hijo, o sea, en Jesucristo. En esta Tierra no hay futuro. El único futuro que el ser humano tiene es en Jesucristo y Su Reino. Por eso Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia.”

En todos los demás lugares, ciudades, de la República Mexicana y pueblos en diferentes congregaciones, y también en otras naciones, pueden continuar pasando también al frente, para recibir a Cristo los que todavía no lo han hecho.

Porque todos deseamos tener asegurado nuestro futuro eterno con el único que nos puede asegurar el futuro eterno, que es Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Así que Él tiene el poder y secreto de cómo hacer para que nosotros seamos igual que Él, iguales a Él, con cuerpos eternos, inmortales, jóvenes, glorificados, como el cuerpo que Él tiene.

Él ya lo tiene, y Él quiere darnos también esa misma clase de cuerpo. Él murió para que se pueda hacer realidad todo ese Programa Divino en favor de cada uno de nosotros.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Hemos venido a esta Tierra con un y por un propósito divino: Que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma, y demos testimonio público de nuestra fe en Cristo recibiéndole como nuestro único y suficiente Salvador, para así ser lavados con la Sangre de Cristo, limpiados de todo pecado, y ser nacidos en el Reino de Cristo, que es un Reino eterno; para así que todos estemos con Él viviendo por toda la eternidad en Su Reino que es eterno.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro que estás en los Cielos. Vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo, presentes o en otros lugares:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador, creyendo que no hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos; y creyendo que Tu muerte en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Señor, te ruego perdones mis pecados, me limpies con Tu Sangre, de todo pecado; y luego que sea bautizado en agua en Tu Nombre, me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino. Y ahora ustedes me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

“¿Cuándo me pueden bautizar? Es la pregunta de cada uno de ustedes.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro, reverendo Mario Elizondo, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, todos los que le han creído y lo han recibido como Salvador.

Ahora tienen la oportunidad de hacer conforme al mandato de Cristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Es un derecho que tiene el que recibe a Cristo como Salvador: el ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, para tener derecho a recibir el bautismo del Espíritu Santo y obtener así el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Dios, nacer de nuevo, como le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar al Reino de Dios.”

Por lo tanto, pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo con ustedes al reverendo Mario Elizondo, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Con ustedes el reverendo Mario Elizondo, y en cada país o en cada lugar de la República Mexicana que está en estos momentos escuchando esta transmisión, también dejo al ministro en cada lugar, para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador. Buenas noches.

“LAS BENDICIONES DE DIOS VIENEN A SION.”

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