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Quiero extender mis condolencias por la partida del reverendo Raúl Véliz, a su esposa Elena Martin de Véliz, a sus hijos Rosana, Raúl y Gabriel Véliz; nietos y bisnietos y demás familiares. Les reitero mis condolencias.

Cuando la persona parte de esta Tierra al morir su cuerpo físico, continúa viviendo en otra dimensión en cuerpo espiritual; porque el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, y cuando muere su cuerpo físico todavía tiene un cuerpo espiritual en el cual va a vivir a otra dimensión; para los creyentes en Cristo, los cristianos, van a vivir a la sexta dimensión, que es el Paraíso, donde están esperando por la resurrección en cuerpos glorificados; para lo cual el Señor Jesucristo pasará por esa dimensión para traerlos de nuevo a la Tierra, resucitarlos en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal e incorruptible como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo.

Cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, Sus discípulos no comprendían el vocabulario de Cristo cuando dijo: “Lázaro nuestro amigo duerme; y voy a despertarlo.” Ellos le dicen a Jesús: “Si duerme, estará bien.” Pero Cristo les hablaba de la muerte física, de la cual también se dice que la persona está dormida; porque para el creyente en Cristo no hay muerte, sino que continúa viviendo la persona en alma y espíritu en el Paraíso.

La muerte para el cristiano es representada en el dormir, porque Cristo los despertará en Su Venida, como Él ha prometido. Vean, en San Juan, capítulo 11, Cristo dice… María le dijo… le dice Jesús a Marta la hermana de Lázaro, cuando fue para resucitar a Lázaro, despertarlo del sueño, de la muerte física, Jesús le dice en San Juan, capítulo 11, verso 23 en adelante:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Porque todo creyente en Cristo tiene la enseñanza de Cristo, que Él resucitará a todos los creyentes en él, que han muerto físicamente, los resucitará en el Día Postrero.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Por lo tanto, la promesa para los creyentes en Cristo es que van a resucitar en el Día Postrero, han asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Vean también lo que dijo Jesús en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Para los creyentes en Cristo está la promesa de la resurrección en cuerpos eternos, inmortales y glorificados, de todos los creyentes que han pasado por esta Tierra y han creído en Cristo recibiéndolo como su Salvador.

Por esa causa es que el apóstol Pablo dice en su carta a los Filipenses, en el capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Vean cómo el apóstol San Pablo dice que Cristo en Su Venida va a resucitar a todos los que murieron en la fe cristiana. Y en Primera de Tesalonicenses nos dice de la siguiente manera, en el capítulo 4 de Primera de Tesalonicenses, versos 13 en adelante:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

Esta es una promesa para todos los creyentes en Cristo; y por consiguiente, cuando el creyente en Cristo muere (su cuerpo), sabe que va a la dimensión del Paraíso, que es la sexta dimensión, y allí vivirá con los demás que están allí, esperando la Venida del Señor al Paraíso, para venir con Él en Su Venida a esta dimensión terrenal, en donde resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los que estén vivos los transformará.

Esa es la promesa para los creyentes en Cristo; y por consiguiente, el apóstol San Pablo nos dice: “No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” ¿Por qué? Porque Cristo va a resucitar a los creyentes en Él que han muerto físicamente, y a los que estemos vivos en esos momentos nos transformará. Y eso es en Su Venida a Su Iglesia en el Día Postrero; por eso el cristianismo ha estado esperando y está esperando la Venida de Cristo a Su Iglesia, para la resurrección de los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y para la transformación de los que estén vivos, donde serán transformados.

Eso es también lo que nos dijo el apóstol San Pablo hablando claro en su carta a los Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, que dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (es un misterio Divino lo que San Pablo nos va a dar a conocer): No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…”

O sea, habrá un pueblo creyente en Cristo en la Tierra, que no habrá visto muerte, que no ha muerto, sino que estará viviendo y esperando Su Venida. Por eso dice: “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.”

Los que murieron van a ser resucitados en cuerpos glorificados y eternos, y los que estemos vivos seremos transformados, para así tener un cuerpo eterno y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo.

“…en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Para el que muere, creyente en Cristo, hay esperanza de volver a vivir físicamente en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado; y por consiguiente, hay consuelo. Este es el consuelo que da San Pablo para todos los familiares que tienen un ser amado que parte de esta Tierra, de esta dimensión terrenal. No está muerto sino que está vivo en otra dimensión, en cuerpo espiritual, parecido al cuerpo físico pero joven; y cuando regrese en la resurrección, tendrá un cuerpo glorificado y eterno, como el cuerpo glorificado y eterno y joven que tiene Jesucristo; o sea que regresarán acá a la Tierra en cuerpos nuevos, inmortales y glorificados y jóvenes para toda la eternidad.

Por eso el apóstol San Pablo nos dice: “Consolaos en estas palabras.” Son palabras de consuelo de parte de Dios, habladas por medio del apóstol Pablo, para que en momentos como estos tengamos el consuelo de parte de Dios, de que está viva la persona en el Paraíso, y que Cristo la traerá en Su Segunda Venida, en Su Venida a Su Iglesia en el Día Postrero, y le dará un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

Por lo tanto, a la esposa de Raúl Domingo Véliz, doña Elena Martin de Véliz, sus hijos Rosana, Raúl y Gabriel, y sus nietos y bisnietos y demás familiares: Raúl Domingo Véliz está vivo en otra dimensión. Consolaos en estas palabras, sabiendo que regresará en la Segunda Venida de Cristo con Cristo, juntamente con todos los demás creyentes en Cristo que están en el Paraíso, para estar de nuevo con nosotros físicamente, y también nosotros seremos transformados, y todos juntos luego iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Consolaos en estas palabras, doña Elena Martin de Véliz, esposa de Raúl, y sus hijos Rosana, Raúl y Gabriel Véliz, y sus nietos y nietas y demás familiares; y que Dios por medio de Su Espíritu consuele vuestros corazones, y cada día estén más firmes, como creyentes en Cristo, sirviéndole con toda vuestra alma. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que pronto podamos vernos con todos los familiares nuestros que han partido al Paraíso y que regresarán en la resurrección.

Que Dios les bendiga y consuele vuestras almas con estas palabras. Dios les bendiga y les guarde.

“PALABRAS DE CONDOLENCIAS POR LA PARTIDA DEL HERMANO RAÚL VÉLIZ.”

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