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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y congregaciones e iglesias en todos los países. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, hoy domingo de escuela bíblica, para el estudio de las Sagradas Escrituras de la Biblia, que es la Palabra de Dios que contiene el pensamiento de Dios en forma de letra, y por consiguiente es Dios en forma de Palabra.

Y la Biblia es Dios en forma de letra, y Jesucristo es Dios en forma humana, en forma de carne humana. Y la Iglesia del Señor Jesucristo es el Cuerpo Místico del Señor, es Cristo en forma de Su Iglesia; porque así como la esposa y el esposo vienen a ser una sola carne, Cristo y Su Iglesia vienen a ser una sola carne.

Para hoy tenemos dos videos en donde estaremos viendo... dos videos de la Embajada y un video de la Gran Carpa Catedral, o sea tres (o sea, los que nos debían más el de hoy). Estos dos videos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz estarán mostrando el trabajo que se viene realizando con los pueblos originarios de Colombia y Guatemala; y el video de la Gran Carpa Catedral estará mostrando el avance de la construcción de la Gran Carpa Catedral, pues aunque no están presentes allá, quisieran estar viendo lo que está pasando allá, y hoy vamos a ver cómo va la construcción de la Gran Carpa Catedral.

Y de antemano les agradezco el respaldo que le están dando al proyecto de la construcción de la Gran Carpa Catedral y también el respaldo que le dan a la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Todo el respaldo que se le da de parte de ustedes, lo vemos materializado en las labores que se llevan a cabo.

Cualquiera se puede preguntar qué están haciendo con lo que ayudamos, con el respaldo que le estamos dando; pues lo vemos en la labor que se lleva a cabo. Por lo tanto, pasemos a ver estos dos videos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, y el otro video de la construcción de la Gran Carpa Catedral. Con nosotros ya el video (con el permiso).

[Presentación de los videos-documentales]

Ya pudimos ver los trabajos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz y también cómo va la construcción de la Gran Carpa Catedral.

Ahora leeremos en Efesios, capítulo 1, versos 9 al 10, donde nos dice de la siguiente manera:

“…Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema es: “EL RESUMEN DE LAS DISPENSACIONES EN EL PROGRAMA DIVINO.”

A través de la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, podemos ver que han acontecido diferentes dispensaciones en medio de la familia humana; y en las dispensaciones hay pactos establecidos por Dios.

Encontramos que cada dispensación tiene un Mensaje, y por consiguiente tiene un mensajero en el cual se vela y se revela el Espíritu Santo, y le habla al pueblo el Mensaje correspondiente a ese tiempo.

La primera dispensación fue la Dispensación de la Inocencia, y su mensajero fue Adán; luego más adelante surge la segunda dispensación, la Dispensación de la Conciencia, y su mensajero fue Set; luego más adelante surge la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano, y su mensajero fue Noé; por eso podemos ver en la Biblia que Noé tenía el Mensaje para una nueva dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano, que la comienza Dios con Noé.

Más adelante surge la cuarta dispensación, y su mensajero fue Abraham, con la Dispensación de la Promesa; luego más adelante surge la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley, y su mensajero fue Moisés con el Mensaje de la Ley, que recibió de parte de Dios en el Monte Sinaí por comisión de Ángeles, como nos dice la Escritura y como lo narra San Pablo en Hebreos, capítulo 2; y también está en el libro de los Hechos, capítulo 7, donde nos dice que la Ley fue recibida o dada por comisión de ángeles.

¿Y saben quién era el ángel principal allí? El Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical, y el cual es el cuerpo angelical de Dios o la imagen del Dios viviente; como nos dice San Pablo hablándonos acerca de la imagen de Dios. Y recuerden que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza.

Aquí en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

¿Quién es la imagen misma de la sustancia Divina? Jesucristo nuestro Salvador. ¿Y quién es la semejanza física de Dios? Jesucristo en Su cuerpo físico. Por eso en Jesús habitó la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo; todo estaba en Jesús.

Por eso es que Jesús decía [San Juan 14:10]: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Él decía: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Lo mismo sucede con cada uno de ustedes y conmigo también: usted o su cuerpo físico no es el que hace las cosas; y usted dice: “Sí, yo con mi cuerpo físico; mi cuerpo físico es el que las hace, porque yo veo mi mano, que tomó un bolígrafo o tomo una herramienta y hace las cosas, los trabajos.”

El cuerpo sin espíritu está muerto, no puede hacer nada; es usted como alma viviente, lo cual somos nosotros; y con nuestro cuerpo espiritual, nuestro espíritu, obramos a través del cuerpo físico todas las cosas que nuestro cuerpo físico lleva a cabo.

O sea, que las órdenes las recibe nuestro cuerpo físico de nuestra alma a través del espíritu que mora en nosotros, y nuestro espíritu que mora en nosotros es un cuerpo espiritual parecido a nuestro cuerpo físico, pero de otra dimensión. Tan sencillo como eso.

Ahora vean, en la Escritura dice que Jacob luchó con el Ángel del Pacto y no lo soltó hasta que recibió la bendición del Ángel. Eso está por Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32. Y luego Jacob le colocó por nombre Peniel al lugar donde tuvo ese encuentro con el Ángel de Dios, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”

Dice que vio a Dios cuando estaba luchando con el Ángel; al ver el Ángel y luchar con Él, dice que estaba luchando con Dios, que estaba viendo a Dios. Verdaderamente estaba viendo a Dios en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, y el cual, por consiguiente, es Jesucristo en Su cuerpo angelical; eso es la imagen de Dios.

Y el ser humano al ser creado a imagen y semejanza de Dios, antes de Adán tener un cuerpo físico del polvo de la tierra tuvo un cuerpo angelical, un cuerpo espiritual, un cuerpo teofánico de la dimensión de los espíritus; y luego Dios le creó un cuerpo de carne, del polvo de la tierra. Y por consiguiente, Dios le dio al hombre una imagen (un cuerpo angelical) y una semejanza física (un cuerpo de carne).

Así como Dios tiene una imagen, la imagen de Dios es Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto y también llamado el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Dice la Escritura que Dios “hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.” Hebreos, capítulo 1, verso 7, dice:

“Ciertamente de los ángeles dice:

El que hace a sus ángeles espíritus,

Y a sus ministros llama de fuego.”

O sea que los ángeles pertenecen al mundo de los cuerpos angelicales, de los cuerpos teofánicos; y cuando Dios le da a Adán su cuerpo angelical, él vivió no sabemos cuánto tiempo en esa imagen, en ese cuerpo angelical, y luego le dio un cuerpo terrenal para vivir en este planeta Tierra.

Con este cuerpo físico, hasta que no sea glorificado no podemos pasar a otra dimensión, a la dimensión de Dios, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, podemos ver el porqué Cristo dijo [San Juan 8:56-58]: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Le dicen: “Aún no tiene 50 años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Porque Cristo es aun desde antes de la Creación.

Dios a través de Cristo en Su cuerpo angelical, Dios dio lugar a la Creación, llevó a cabo la creación del universo; la creación no solamente de la dimensión física sino del mundo espiritual, del mundo de los espíritus. Pero antes de la Creación Cristo es y era el Verbo de Dios, era el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios. Fue por medio de Cristo en Su cuerpo angelical que Dios creó todas las cosas. Y esto suena raro quizás para algunas personas, que a través de Cristo Dios haya creado todas las cosas; pero vean, Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo...”

¿Por medio de quién, Dios hizo, creó el Universo? Por medio de Jesucristo, que es el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios, la imagen de Dios. Por eso Cristo podía hablar de cosas que habían ocurrido antes de Adán; porque Él es el Verbo, la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios.

Por eso es que Cristo en una ocasión dijo en el capítulo 14 de San Juan, verso 9 en adelante, dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

O sea, ¿cómo una persona puede decir que el que lo está viendo a ´él está viendo al Padre? Porque el Padre está en Él. Por eso Él decía: “El Padre mayor es que yo.” [San Juan 14:28]

Así como en cada uno de nosotros lo más grande, lo mayor, no es nuestro cuerpo físico ni nuestro espíritu tampoco; es nuestra alma, eso es lo que en realidad somos nosotros: alma viviente.

Por eso cuando se habla de la salvación (aunque la salvación cubre alma, espíritu y cuerpo) se habla del alma, sinónimo del corazón; por eso Cristo también pregunta [San Marcos 8:36]: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” No dice: “Si perdiere su cuerpo” porque el cuerpo es una casa en la cual vivimos por un tiempo, y cuando termina nuestro tiempo en esta casa terrenal, si nuestra casa terrestre se deshace tenemos una eterna de parte de Dios para nosotros, un cuerpo eterno. Nuestra casa terrenal es temporal pero Él nos dará una eterna; o sea, que puede ser cambiado nuestro cuerpo, de uno mortal a eterno.

También encontramos que Dios nos da de Su Espíritu, y por eso es que somos llamados hijos e hijas de Dios, porque hemos nacido de nuevo; Él nos ha dado de Su Espíritu y ha hecho en nosotros el nuevo nacimiento. Así como nacimos de nuestros padres terrenales, ahora en el Reino de Dios hemos nacido del Espíritu de Dios. Así como Dios tiene el Espíritu teofánico angelical, que es el cuerpo teofánico angelical de Cristo, nosotros también tenemos un cuerpo angelical, un cuerpo espiritual, un cuerpo teofánico, que hemos recibido de parte de Dios; por lo tanto, somos hijos e hijas de Dios.

Recuerden que Cristo le habló a Nicodemo diciendo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo pensó que le estaba hablando en términos humanos y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre, y nacer?” Cristo le dice: “¿Tú siendo el maestro de Israel no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

O sea... Eso es San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6. O sea que para entrar al Reino de Dios y ser parte del Reino de Dios como hijos e hijas de Dios, tenemos que nacer de Dios por medio del Espíritu de Dios.

San Juan, capítulo 1, versos 12 en adelante, nos dice:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

O sea, que el nuevo nacimiento no lo puede producir papá y mamá dándonos otro cuerpo físico para vivir; el nuevo nacimiento lo da Dios por medio de Su Espíritu, y nos coloca con el cuerpo angelical teofánico que teníamos que tener antes de venir en carne humana a esta Tierra. Como Cristo y como Adán, que tenían su cuerpo angelical primero antes de venir a esta dimensión terrenal, o sea, tenían la imagen divina; y al tener la imagen divina, tenían vida eterna. Pero por causa del pecado en el Huerto del Edén, luego los seres humanos han venido obteniendo un espíritu del mundo, no de Dios, sino del mundo; y están sometidos al reino de las tinieblas, de los reinos del mundo, y por consiguiente están condenados sus cuerpos físicos a la muerte.

Pero eso no es ningún problema, el plan original de Dios es traer a Sus hijos: de alma a recibir el espíritu angelical, teofánico, y luego el cuerpo físico y eterno. Y para los creyentes en Cristo, dice San Pablo en Segunda de Corintios, capítulo 5, versos 16 al 19: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Si es una nueva criatura: pertenece a una nueva creación, a esa nueva creación que debió venir desde el tiempo de Adán, en donde Adán antes de pecar tenía que comer del Árbol de la Vida, para que vinieran los hijos e hijas de Dios que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Pero aunque ha transcurrido un largo tiempo, y los de este tiempo hemos aparecido ya al final de la Dispensación de la Gracia, recuerden que después de la Dispensación de la Ley, de la cual Moisés es su mensajero con el Mensaje de la Ley, luego vino la Dispensación de la Gracia con Jesús, el cual es el mensajero de la Dispensación de la Gracia, es el Ángel del Pacto.

Cada dispensación termina con juicio; al final viene un juicio para esa dispensación; pero también comienza una nueva dispensación que se ha estado entrelazando con la dispensación que está llegando a su final.

La Dispensación de la Gracia, encontramos que comenzó en el tiempo de los apóstoles, de Jesús y los apóstoles, y es la dispensación en la cual Dios da a los seres humanos una amnistía, en donde no le toma en cuenta los pecados, en donde los pecados han sido colocados sobre Jesucristo, el cual ha llevado nuestros pecados; y en ese tiempo de amnistía, que corresponde a la Dispensación de la Gracia, todo ser humano tiene el derecho a estar libre de sus pecados, sin importar cuáles o cuántos han sido sus pecados.

Recuerden que, por ejemplo, cuando en un país dan una amnistía para entregar las armas de fuego, no se le va a preguntar: “¿Qué hiciste con esa arma de fuego?” No importa lo que haya hecho, no se le va a tomar en cuenta absolutamente nada; la entrega y no tiene responsabilidad de que si con esa arma llevaron a cabo un delito.

Así es en el Programa de Dios para los seres humanos. Pero cuando se pasa el tiempo ya no hay oportunidad para decir: “Ahora yo quiero, yo quiero acogerme a esa amnistía que Dios ha dado.” Cuando termine el tiempo ya tiene que atenerse al juicio divino de acuerdo a las Leyes Divinas.

Por eso San Pablo nos dice que Dios a través de Él y de nosotros, clama: “Reconciliaos hoy con Dios.” [2 Corintios 5:20] O sea, una reconciliación del ser humano con Dios, en donde Dios no le toma en cuenta sus pecados, los cuales llevó Cristo en la Cruz del Calvario.

Es efectivo para la persona el Sacrificio de Cristo cuando recibe a Cristo como Salvador; pero mientras tanto, no le es efectivo el Sacrificio de Cristo si no lo acepta como Salvador; pierde la oportunidad de la vida eterna en el Reino de Cristo; se conformó con vivir 50, 70, 80, 90, 100 años o más, lo cual en la vida eterna no es ni siquiera un granito de arena.

Pero los hijos e hijas de Dios han venido de la eternidad, y el Programa Divino es de redención para regresarnos a la vida eterna en el Reino de Dios.

Primero nos da en Su Reino el cuerpo angelical, y si la persona parte o muere físicamente, continúa viviendo en su cuerpo angelical, joven, que representa de 18 a 21 años de edad; y si le faltaba cabello cuando murió, en el cuerpo angelical lo tendrá completo. Y en el cuerpo glorificado —cuando lo recibamos— también tendremos el cabello completo, el que Dios determinó para cada uno de nosotros. O sea que usted no va a decir: “Quiero tantos cabellos,” ya eso Dios lo tiene planificado desde antes de la fundación del mundo.

En el Programa Divino estamos viviendo en la creación de una nueva raza celestial con vida eterna: “Si alguno es creyente en Cristo, si alguno está en Cristo, nueva criatura es.” O sea, es una nueva creación; una nueva creación que está formada por Cristo y los creyentes en Cristo, una nueva creación con vida eterna, en donde reciben el cuerpo angelical eterno, y también reciben en el Día Postrero la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; reciben un cuerpo físico glorificado; el cual yo necesito, y ¿quién más? Cada uno de ustedes también.

Esa es la meta de Dios: esa nueva creación de hijos e hijas de Dios con vida eterna, como nuestro Padre celestial tiene vida eterna. Tiene vida eterna en alma, espíritu y cuerpo, y así también nos da vida eterna en alma, espíritu y cuerpo. En el cuerpo glorificado —cuando lo obtengamos— tendremos vida eterna, juventud eterna, y por consiguiente, felicidad eterna; se habrán acabado todos los problemas terrenales.

Todo eso es lo que tiene Cristo, Dios por medio de Cristo, para mí y para ustedes también.

Por esa razón es importante mantenernos firmes en Cristo, sabiendo lo que Cristo dijo: “El que perseverare hasta el fin, éste será salvo.” [San Mateo 24:13]

Por lo tanto, firmes en Cristo perseveraremos hasta el fin, hasta que seamos transformados si permanecemos vivos; y si alguno se va adelante, hasta que sea resucitado en cuerpo glorificado. Entonces todos seremos iguales a Jesucristo: en cuerpos glorificados y eternos con vida eterna.

Y cuando nos miramos al espejo actualmente, pensamos: “¿Cómo será el cuerpo nuevo que Él nos dará?, ¿cómo va a ser ese cuerpo glorificado?” Será igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

O sea, que si Él en Su cuerpo glorificado apareciera entre nosotros, no veríamos a un anciano de dos mil años, sino que veríamos a un joven de 18 a 21 años de edad; porque esa es la edad que representa el cuerpo glorificado para cada uno de los hijos de Dios.

O sea, que Dios no determinó, no planificó, o no predestinó el que vivamos eternamente en un cuerpo anciano, sino en un cuerpo joven, en la flor de la juventud. Y eso es para mí y para ustedes también.

Todavía estamos en la Dispensación de la Gracia, donde todavía la misericordia de Dios por medio de Cristo está disponible para todo ser humano, y está Dios llamando en nuestro tiempo a los escogidos de Dios que faltan para completar Su Iglesia.

Ya los del tiempo de San Pablo fueron llamados, ya los del tiempo de los demás mensajeros fueron llamados; ahora faltan para completarse los del tiempo de la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular, la Edad del Amor Divino, la edad en la cual Cristo estará revelándose y dándonos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; estará abriéndonos las Escrituras, estará abriéndonos los misterios divinos que corresponden a este tiempo final, para así recibir esa fe de transformación y traslación a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe de rapto o fe para rapto gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; o sea, que en este tiempo final el misterio de la Segunda Venida de Cristo va a ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de Oro, la Edad del Amor Divino.

Estamos viviendo en un entrelace dispensacional, en donde la Dispensación de la Gracia terminará y entrará de lleno la Dispensación del Reino; y como cada dispensación termina con juicio, el juicio que vendrá al terminar la Dispensación de la Gracia será el juicio de la gran tribulación. Como fue en el tiempo de Noé, así será en este tiempo final. Ya no será con diluvio sino con fuego atómico y volcánico, que azotará este planeta Tierra.

Una Tercera Guerra Mundial ha de acontecer, en la cual se utilizará el poder atómico, y eso causará graves problemas de toda índole a la humanidad; y también los terremotos y volcanes, que surgirán antes, y también luego de una Tercera Guerra Mundial.

Con todo eso que acontecerá en la gran tribulación, que durará tres años y medio, la Tierra será enderezada, porque tiene un inclinación (y por eso las diferentes estaciones, y por esa causa también los diferentes problemas del medio ambiente). La Tierra va a ser enderezada y luego habrá una temperatura agradable en el planeta Tierra durante el Reino del Mesías, el Reino Milenial.

En el Reino Milenial la Tierra va a ser llena del conocimiento y de la gloria de Dios. Así como la Tierra ha estado siendo llena del conocimiento de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención, la Tierra va a ser llena del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo y Su Obra de Reclamo, y por consiguiente, todo el Programa Divino que se llevará a cabo durante el Reino del Mesías.

El Mesías hereda el Trono de David, y por consiguiente el Reino de David; y por consiguiente la capital del Reino será Jerusalén; allí estará el Trono de David desde el cual reinará el Mesías sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y por cuanto el Mesías es el Principe de Paz, traerá la paz permanente para y en Su Reino, al cual entrarán muchas naciones; y la paz se extenderá a todas las naciones. Y dice la Escritura que las armas de guerra serán convertidas en herramientas de trabajo; o sea, que la agricultura será próspera en el Reino del Mesías.

Todas las necesidades que tendrá el ser humano en el Reino del Mesías serán suplidas por medio del gobierno o reinado del Mesías, en donde la Tierra alegremente dará sus frutos en todos los campos que necesita el ser humano. El Cielo dará la lluvia y las siembras prosperarán; el ganado prosperará también, tendrá agua, y así por el estilo.

Será un Reino de paz, de justicia, de armonía, de felicidad. Anhelamos que llegue pronto ese Reino, lo estamos esperando. Dios lo ha prometido y Dios lo cumplirá.

El Trono del Mesías es el Trono de David, del cual dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Recuerden que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 26, verso 64, que Él se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo; eso significa que está sentado en el Trono de Dios, pero está como Intercesor, como Sumo Sacerdote; y por consiguiente, el Trono es un Trono de Misericordia. A ese Trono es que Pablo dice que nos acerquemos confiados.

Cuando Cristo termine Su labor como Intercesor en el Cielo, como Sumo Sacerdote, se convertirá en el León de la tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores; y el Trono en el Cielo se convertirá en un Trono de Juicio; y por consiguiente traerá el juicio a todas las naciones desde el Trono celestial.

Podemos ver que hay todavía muchos misterios, pero que Dios ha prometido abrirlos y abrirnos nuestra mente, nuestro entendimiento, para comprender, para entenderlos.

Cuando Cristo estuvo hablando con Sus discípulos les hablaba abiertamente; pero en público, para el público, les hablaba por parábolas; y los discípulos le preguntan [San Mateo 13:10-11]: “Señor, ¿por qué les hablas por parábolas a la gente?” Cristo les dice: “Porque a vosotros es concedido conocer los misterios del Reino; más a ellos no es concedido.” Así ha sido siempre, y así continuará siendo siempre.

Los misterios del Reino de los Cielos son a la descendencia de Dios, los cuales  son ciudadanos celestiales; y los cuales tienen fe como el Padre de la Fe, Abraham, por cuanto son hijos de Abraham por la fe en Cristo nuestro Salvador.

Somos descendientes de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador; o sea, que somos hijos e hijas de Dios por medio de la Obra de Dios a través de Jesucristo.

Las personas pueden decir: “Somos descendientes de Adán.” Según la carne, sí, somos descendientes de Adán, pero ahora al nacer de nuevo: “si alguno está en Cristo, nueva criatura es.” Es de una nueva creación, de la creación de los hijos de Dios con vida eterna.

Y esos hijos de Dios, dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21: “Nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante el cuerpo de la gloria Suya, con el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

O sea, que nuestra ciudadanía está en los Cielos, somos ciudadanos celestiales, porque hemos nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, y tenemos vida eterna, nuestra alma tiene vida eterna; y estamos pasando por las etapas terrenales.

Tenemos una doble ciudadanía: la ciudadanía terrenal (que es temporal) y la ciudadanía celestial (que es eterna). Esperando en la Venida del Señor nuestra transformación, la cual yo necesito lo más pronto posible; y ¿quién más? Cada uno de ustedes también.

En el Programa Divino para el comienzo de la Dispensación de la Gracia, en sus comienzos, para recibir la transformación espiritual los primeros creyentes en Cristo tenían en el Programa Divino un lugar donde tenían que estar. ¿Cuál era? El aposento alto.

¿Tendrá Dios algún lugar para el Día Postrero, para cumplir las profecías del Día Postrero y traer bendición a todos los creyentes en Cristo? Dios le reveló al reverendo William Branham una Gran Carpa Catedral, donde va a estar la presencia de Cristo en la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto; y en donde va a estar manifestándose en y desde un cuartito pequeño; y esa manifestación será tan grande que llegará a todas las naciones.

Dice el reverendo William Branham que eso será la Tercera Etapa. La Tercera Etapa es la etapa de la Palabra hablada, la Palabra creadora siendo hablada; también habla de que será la gran victoria en el Amor Divino. Y todo eso está ligado a la Venida del Señor. Y también nos dice que nos dará la fe de transformación y rapto para el tiempo final; pero también nos dice que eso será cuando venga la apretura.

O sea, que cuando venga la apretura ya habrá un cumplimiento de una Gran Carpa Catedral, donde estará o comenzará a manifestarse Cristo en esa Tercera Etapa. Habrá una manifestación plena de Cristo en medio de Su Iglesia, la cual será para las vírgenes prudentes, que es la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo; también será para las vírgenes insensatas o vírgenes fatuas, que no tomaron aceite, o sea, el Espíritu Santo en sus vidas; y también la Tercera Etapa será para el mundo; o sea, que el mundo va a ver esa manifestación plena de Dios. Será en un tiempo de apretura para los creyentes en Cristo; pero lo importante es que Dios va a estar con los creyentes, con Sus hijos, manifestándose en toda Su plenitud.

Por lo tanto, Cristo a través de Su Iglesia va a llevar a cabo el cumplimiento de esa visión de la Gran Carpa Catedral; y eso es lo último, físicamente, como lugar.

Así como fue el aposento alto un lugar literal, también hay una promesa de una Visión que fue mostrada al reverendo William Branham de una Gran Carpa Catedral; en donde, así como entró la presencia de Dios en la Columna de Fuego, en la nube, allá al tabernáculo que hizo Moisés, y pasó al lugar santísimo y se colocó sobre el propiciatorio en medio de los dos querubines de oro, así mismo hizo en el templo que construyó Salomón cuando fue dedicado a Dios: descendió Dios en la nube y entró al templo, y fue hasta el lugar santísimo, sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro.

Y en este tiempo final son los Dos Olivos; y de en medio de los Dos Olivos, de esos ministerios.. así como en el Monte de la Transfiguración en San Mateo, capítulo 17, versos 1 al 13, estaba Cristo, y Moisés a un lado y Elías a otro lado, en donde mostró Dios por medio de Cristo lo que será la Venida de Cristo a Su Iglesia. O sea, que viene con Sus Ángeles, dice San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31. Viene para llevar a cabo la cosecha, el recogimiento de los escogidos de Su Iglesia y de los escogidos del pueblo hebreo.

Es el tiempo donde los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías, estarán manifestados en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en toda su plenitud, para cerrar la Dispensación de la Gracia con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que vivimos, para poder ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y abrirse completamente la Dispensación del Reino para tratar con los judíos. Tan sencillo como eso.

La séptima dispensación es la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino para los judíos y también para toda la humanidad. Ese es el Mensaje que los judíos van a recibir. Por eso es que han tratando de convertir el pueblo hebreo a Cristo, con el Evangelio de Cristo, y no han podido; porque el Evangelio que recibirán ellos es el Evangelio del Reino, y eso es en la Dispensación del Reino en el Día Postrero, cuando se abra para los judíos.

En ese entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia es que Dios se tornará a los judíos. Pero mientras llega ese momento de tornarse a los judíos, permanece con Su Iglesia en la etapa correspondiente a nuestro tiempo: la Edad de Piedra Angular.

“Sube acá.” Se ha ido subiendo de edad en edad, y el último llamado a subir es el de la Edad de Piedra Angular, en donde el llamado es: “Sube Acá.” [Apocalipsis 4:1] Miramos hacia arriba y entonces vemos la Edad de Oro, la Edad de Cristo, le Edad del Hijo del Hombre, la edad para recibir todas las bendiciones correspondientes al Día Postrero; la Edad del Amor Divino, la edad que tanto el cristianismo ha estado esperando para recibir las bendiciones prometidas para el Día Postrero.

Recuerden que para el Día Postrero dice Cristo: “Y yo le resucitaré en el día postrero.” [San Juan 6:40] Son promesas de Cristo. Y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8).

Conscientes de estas Escrituras y su contenido, le damos gracias a Dios por vivir en este tiempo, el tiempo donde tenemos las promesas que Dios nos abrirá las Escrituras y el entendimiento para comprenderlas; y en donde Dios cumplirá las promesas contenidas en las Escrituras para el Día Postrero.

Las que tenía que cumplir por medio de Cristo dos mil años atrás, ya las cumplió. Y ahora Cristo por medio de Su Iglesia cumple las que corresponden a la Dispensación de la Gracia y a la Dispensación del Reino; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es la segunda Eva y Cristo es el segundo Adán.

La Iglesia es la ayuda idónea que Dios le ha dado a Cristo para trabajar con Cristo en el Programa Divino de la Dispensación de la Gracia; y luego para la Dispensación del Reino también estaremos con Él trabajando, porque pertenecemos al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Todavía está el llamado de parte de Cristo: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” [Hebreos 3:15] Cristo te está llamando si todavía no lo has recibido como Salvador, para producir en ti el nuevo nacimiento, para que nazcas en el Reino de Dios y así tengas asegurada la vida eterna en el Reino de Cristo.

Por lo cual, si al oír la predicación del Evangelio de Cristo nació la fe de Cristo en tu alma, ahora tienes la oportunidad de recibirlo como tu único y suficiente Salvador; para lo cual puedes pasar al frente, los que están aquí presentes y los que están en otros lugares, en otras naciones; pueden pasar al frente en la iglesia o auditorio donde se encuentren, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo para todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo cual pueden pasar al frente los que todavía no han recibido a Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador.

[Hebreos 3:7-8] “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Él te está hablando directamente a tu corazón. “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Te está llamando para la salvación de tu alma, te está llamando para colocarte en Su Reino, te está llamando para darte vida eterna.

El mismo Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:27]

Las ovejas del Padre, las ovejas de Dios, son los hijos e hijas de Dios que escucharían la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, y lo recibirían como su único y suficiente Salvador, serían bautizados en agua en Su Nombre, Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, y produciría en ellos el nuevo nacimiento; nacerían en y a una nueva creación con vida eterna.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Quito, Ecuador, y en todas las ciudades, y en todos los lugares de la República de Ecuador, y en todas las naciones; y los está llamando en este tiempo final para bendecirlos con todas las bendiciones que Cristo tiene para todos los creyentes en Él.

Todavía vienen más personas que como ustedes han escuchado la Voz de Cristo acá en el alma, y vienen para recibirlo como único y suficiente Salvador. En los diferentes países pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo, todos los que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y no habían recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador.

En esta Tierra, en esta vida terrenal, todo ser humano tiene que hacer muchas decisiones importantes; pero ninguna de ellas lo coloca en el Reino de Dios con vida eterna, excepto una: recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. Tan sencillo como eso. Esa es la única decisión en la vida, que coloca al ser humano en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Recuerden que el único que tiene la exclusividad de la vida eterna es nuestro amado Señor Jesucristo. Solamente hay Uno que tiene la exclusividad. Porque Dios le ha dado a Cristo el tener vida eterna y el darle vida eterna a todos los que lo reciben como su Salvador.

Recuerden la lectura que tuvimos de San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, que dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.”

¿Por qué les da vida eterna? Porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna. Y cuando habla de los que no quieren venir a Él, dice: “Y si no queréis venir a mí para que tengáis vida eterna.” [San Juan 5:40] Porque la única forma para tener vida eterna, para recibir y tener vida eterna, es recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

El mismo Cristo dijo también en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” O sea, que no hay otra forma y no hay otra persona que nos pueda llevar a Dios, al Padre celestial. Él dice: “Y nadie viene al Padre sino por mí.” Solamente por medio de Cristo es que podemos llegar a Dios, nuestro Padre celestial. Él es el camino para llegar a Dios, Él es el único que nos puede dar vida eterna, Él es la única Verdad. Porque no hay dos verdades iguales, que sean calificadas como verdad y que sean diferentes.

La verdad es única; pueden haber imitaciones a la verdad, pero la verdad es única. Y Cristo es la Verdad, y Cristo es el Camino al Padre, y Cristo es la Vida, y por eso nos imparte vida eterna cuando lo recibimos como nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los que están en otros países también.

Si todavía falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, aun niños también, mayores de 10 años de edad, pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que lo más importante para el ser humano es una sola cosa: la vida. No hay otra cosa más importante que la vida. Y si la vida temporal es tan importante, ¡cuánto más la vida eterna! Por lo tanto, la vida eterna es lo más importante para todo ser humano. Y todo ser humano quiere vivir eternamente, y vivir eternamente sin los problemas que tenemos en esta Tierra; y solamente eso lo podemos obtener a través de Jesucristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados, nuestro ojos cerrados:

Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna por medio de Cristo. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Señor, te ruego que luego que sea bautizado en agua en Tu Nombre, me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. En Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo, te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso.

Por eso y para eso se predica el Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, lo reciban como Salvador, y sean bautizados en agua en Su Nombre, y reciban el Espíritu de Dios, y por consiguiente reciban vida eterna; y así tengan asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?, porque escuché el Evangelio, nació la fe de Cristo en mi alma, y lo he recibido como mi Salvador.”

Bien pueden ser bautizados, porque han creído en Cristo como vuestro Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que nos muestra y representa la muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, representa la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y estábamos en Cristo cuando Él murió; por lo tanto, representa también muerte, sepultura y resurrección de nosotros al recibir a Cristo y ser bautizados en agua en Su Nombre.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo en términos espirituales; y cuando es bautizado, sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado por el ministro, de las aguas bautismales, está representando la resurrección: resucitando en el Reino de Dios a la vida eterna, con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y así cumplir con el mandato de Cristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” Recordando que el bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Así que bien pueden ser bautizados los que están aquí y los que están en otros países. Y que Cristo les bendiga, les guarde, les acompañe todos los días de su vida, y les coloque en Su Reino eterno con vida eterna. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

“RESUMEN DE LAS DISPENSACIONES EN EL PROGRAMA DIVINO” fue el tema que hoy tuvimos, que tocamos por encima un poco; no profundizamos tanto, pero tuvimos un resumen bastante abarcador, que cubrió las siete dispensaciones.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión.

Que Dios me los bendiga y los guarde, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes aquí al ministro Chiarello, con ustedes para continuar y así darle oportunidad para que los que creyeron puedan ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL RESUMEN DE LAS DISPENSACIONES EN EL PROGRAMA DIVINO.”

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