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Ha partido el miércoles 3 de enero de 2018, nuestro hermano en Cristo, Carlos Rubén Rodríguez Hernández.

Reciban mis condolencias sus padres Rubén Rodríguez Rosa, su madre Ramonita Hernández Vélez; hermanos: Deliris Rodríguez Hernández, Sonia Ivette Rodríguez Hernández, Margarita Rodríguez Hernández, Jorge Alberto Rodríguez Hernández, Verónica Rodríguez Hernández, William Rodríguez Hernández; hijos: Carlos Josué Rodríguez Jiménez, Carlos Gabriel Rodríguez Jiménez, Rhodeliz Rodríguez Jiménez, Jean Carlos Rodríguez Díaz; y demás familiares.

Reciban mis condolencias y sepan que él está descansando en el Paraíso, conforme a lo dicho en la Escritura por el Señor Jesucristo y también los apóstoles, como el apóstol San Pablo que dice en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Esa es la promesa para todos los creyentes en Cristo que vivirían en este planeta Tierra.

También tenemos la Escritura, de San Pablo también, de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 18, y dice así San Pablo:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Son palabras de aliento, son palabras de consuelo para los familiares que ven partir a sus hijos, a sus seres queridos en medio del cristianismo, siendo creyentes en Cristo.

Ellos regresarán en la resurrección de los muertos en Cristo, en cuerpos eternos, cuerpos glorificados. Cuando los veamos seremos transformados y también tendremos cuerpos glorificados como el de Jesucristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, consolaos en estas palabras del apóstol San Pablo, que les he leído con relación a las personas que tienen familiares que parten de esta dimensión y van al Paraíso, y regresarán en la resurrección en cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, cuerpo glorificado, cuerpo inmortal.

Por lo tanto, consolaos en estas palabras toda la familia de nuestro hermano que ha partido en estos días. Que Dios consuele vuestros corazones, vuestras almas, en estos momentos por los cuales ustedes están pasando.

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