Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, ministros de diferentes congregaciones y también los ministros que están a través del satélite Amazonas y sus congregaciones también en diferentes naciones conectadas con esta actividad. Que las bendiciones de Dios por medio de Cristo sean sobre todos ustedes.
Aprovecho para expresarles mi agradecimiento a todos los que han estado respaldando al gran proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también apoyando a AMISRAEL. Que Dios les bendiga y que Cristo les recompense en Su Reino por todo lo que ustedes están haciendo.
Para esta ocasión leemos en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 10, versos 1 al 11, donde nos dice:
“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Nuestro tema para esta ocasión es: “EL ÁNGEL CON EL MENSAJE FINAL,” y por consiguiente cuál es el Ángel con el mensaje final, es lo que queremos saber, para escuchar el mensaje final de Dios que de parte de Dios traerá ese mensajero.
“EL ÁNGEL CON EL MENSAJE FINAL DE DIOS.”
En este capítulo que hemos leído, hemos visto la venida del Ángel Fuerte con un librito abierto en Su mano. Ese Ángel Fuerte es Cristo, Cristo en Su cuerpo angelical, Cristo en Espíritu viniendo con el librito abierto en Su mano, es Cristo el que ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo en Espíritu Santo, y es Cristo el que viene con el librito abierto en Su mano, ¿y de dónde lo trae? Del Cielo, ¿dónde lo consiguió? En Apocalipsis, capítulo 5, donde nos dice:
“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.”
Ese mismo Libro luego tiene que ser abierto para entonces Cristo traerlo a la Tierra y entregárselo, entregar ese Libro, entregárselo a un hombre.
“Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.
Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;
y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones (millones de millones en el Cielo),
que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”
Aquí el Cordero, que es Cristo, y que también es el León de la Tribu de Judá, toma el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos.
El Libro sellado con siete Sellos que está en la mano de Dios el Padre el cual está sentado en el Trono, ese Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, el Libro de la Vida, el Título de Propiedad de la Vida eterna y de toda la creación, había sido dado a Adán, pero por cuanto él pecó, le fue quitado ese Libro y eso es cuando Dios dice en Génesis, capítulo 3, verso 21 en adelante, dice:
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”
Adán perdió el derecho a vivir físicamente por toda la eternidad, Adán tenía que pasar por una prueba con Eva, para poder ser adoptados al ser fieles a Dios, obedeciendo la Palabra de Dios, y no comiendo del árbol de ciencia del bien y del mal que fue colocado en el Huerto del Edén y que Dios le dijo que de ese árbol no comiera porque el día que lo hiciera, ese día moriría.
Vean, era sencillo: no comer del árbol de ciencia del bien y del mal, porque le traería muerte, y luego cuando Dios saca de una costilla que le saca a Adán, forma una mujer y se la entrega por compañera, en ella colocó el espíritu femenino que estaba en Adán, porque primero Adán era masculino, varón y hembra, y separa de Adán el espíritu femenino y le forma un cuerpo físico de una parte de Adán.
Y Adán luego le enseñó a Eva lo que Dios había dicho, pero aún más, el espíritu femenino que estaba en Eva, de Eva en Adán, cuando Dios le ordena que no coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, ni siquiera lo toque; el espíritu de Eva, el espíritu femenino estaba en Adán en ese momento, también supo lo que Dios dijo, pero luego Adán se lo enseñó cuando ella fue formada de una costilla de Adán, de una parte de Adán.
Y ahora, ellos podían seguir viviendo eternamente mientras no tocaran el árbol de la ciencia del bien y del mal, mientras no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal; pero cuando lo hicieron, murieron, murieron a la Vida eterna; fue el primer homicidio que se llevó a cabo allí, llevado a cabo por el diablo usando una serpiente, no mató su cuerpo físico, físicamente, pero el pecado entró a la raza humana y la paga del pecado es muerte; y por consiguiente al entrar la muerte, murieron a la Vida eterna y solamente le quedó vida temporera, que es la que ha estado heredando toda persona que nace en esta Tierra, y por eso nace, vive una temporada y después se muere, eso es lo que heredamos de Adán y Eva; pero ahora por medio del segundo Adán heredamos la Vida eterna, por medio del segundo Adán entró la vida, la Vida eterna para la raza humana, para que todo aquel que cree en Cristo y lo reciba como Salvador, obtenga la Vida eterna, y así el ser humano es restaurado a la Vida eterna.
Y ahora, encontramos que el Título de Propiedad al Dios tomarlo nuevamente de Adán ha permanecido en el Cielo en la diestra de Dios por miles de años; pero el Cordero Jesucristo al morir redimió todos los elegidos, los escogidos que están escritos en ese Libro de la Vida del Cordero, ese título le corresponde, ese Libro le corresponde a Cristo, el segundo Adán, el primero lo perdió y el segundo lo recupera.
Y ahora, en el Cielo luego de haberse redimido hasta el último escogido que formaría parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo termina Su Obra de Intercesión en el Cielo, se levanta del Trono de Intercesión, y ahora se está convirtiendo en el León de la Tribu de Judá, ya no Cordero sino León, ya no Sumo Sacerdote sino Rey y Juez; y se presenta porque nadie se presentaba, y nadie se podía presentar porque nadie era digno de tomar ese Libro, excepto UNO, y estaba en el Trono de Intercesión haciendo intercesión. O sea, que cuando se llama a alguien para que tome el Libro y lo abra, Cristo está intercediendo todavía por sus últimos escogidos, los últimos elegidos que serían llamados en el tiempo final en la etapa gloriosa de la Iglesia, la etapa de oro, la edad de oro, la Edad de la Piedra Angular.
Y cuando sale, ya habrá redimido a todos los elegidos del Día Postrero, ya habrá hecho la intercesión por ellos en el Cielo, y se convierte de ahí en adelante en el León de la Tribu de Judá, aunque sigue siendo el mismo Cristo; y el anciano le dice a Juan: “No llores, he aquí el León de la Tribu de Judá ha vencido para abrir, tomar e Libro y abrirlo y desatar sus Sellos, para tomar el libro y desatar sus Sellos.”
Y cuando Juan mira, ve un Cordero, porque el Cordero es Cristo (y el León es Cristo), y Juan lo conocía como el Cordero. Cuando Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Juan lo escuchó, así que era reconocido como el Cordero de Dios para morir con el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, por los pecados de los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y por lo tanto, Él como Cordero efectuó el Sacrificio de Expiación, luego subió al Cielo, recibió todo poder en el Cielo, se sentó a la diestra de Dios y como Sumo Sacerdote convirtió el Trono de Dios en un Trono de Intercesión, en un Trono de misericordia, desde el cual Cristo ha estado haciendo intercesión por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, y con Su Sangre ha estado limpiándolos de todo pecado y manteniéndonos limpios, porque todo momento en que falla alguno de esas personas, de esos escogidos, confiesan a Cristo su falta, su error y Cristo los perdona y los limpia con Su Sangre preciosa, los mantiene limpios.
Y encontramos que no va a ser así cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión y se convierta en el León de la Tribu de Judá. Cuando se convierta en el León de la Tribu de Judá, lo cual va a ser muy pronto, ya no habrá oportunidad para salvación, para recibir a Cristo y ser perdonados, limpiados con la Sangre de Cristo, porque ya no habrá intercesor en el Cielo, no habrá sumo sacerdote ministrando en el Cielo en el Templo celestial.
Ya Cristo estará como León de la Tribu de Judá, Él toma el librito que está sellado con siete Sellos, y lo abre en el Cielo en el capítulo 2, y capítulo 3 del Apocalipsis; y en el capítulo 8, verso 1 abre el séptimo Sello.
Y en el capítulo 10 desciende del Cielo con el librito abierto en Su mano, con el Título de Propiedad, el Libro más importante del Cielo, y cuanto más de la Tierra, por lo tanto, es el Libro más importante que existe, quien lo tenga, tiene el Título de Propiedad de la Vida eterna, tiene el Título de Propiedad de toda la creación, y Cristo lo recibe, lo abre en el Cielo y después lo trae a la Tierra, y aquí en el capítulo 10 del Apocalipsis, está Cristo descendiendo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el librito abierto en Su mano y clama como cuando un León ruge.
¿Por qué como cuando un león ruge? Porque ya está como León de la Tribu de Judá, y siete Truenos emiten sus voces. Es la Voz de Cristo como León de la Tribu de Judá, trayendo Su mensaje final, y Juan escucha todo lo que está sucediendo y lo que hablaron los truenos, es la Voz de Cristo como León hablando consecutivamente, siete Truenos hablando consecutivamente, y le es dicho a Juan: “No escribas lo que los truenos han dicho.”
Luego le es explicado que lo que fue, lo que hizo el Ángel: levantó su mano al cielo y dijo: “El tiempo no será más,” se acaba el tiempo de redención para individuos, para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque ya no hay Sacrificio en el Cielo, en el Templo celestial ya no hay Sangre que limpie de todo pecado a las personas cuando ya Cristo sale del Trono de Intercesión; y le es dicho a Juan... la misma Voz que le habló primero, vuelve a hablarle (esa Voz del Cielo, la Voz de Dios), y le dice: “Ve al Ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra, y dile que te entregue el librito, dile que te entregue ese Libro.”
Y Juan va al Ángel que está con un pie sobre el mar y el otro sobre la Tierra. Recuerden que ese Ángel es Cristo en Espíritu Santo en cuerpo angelical con un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra. Sobre el mar: naciones, pueblos y lenguas; sobre la tierra: eso corresponde al continente americano:
“Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.”
Es la primera vez luego que el ser humano cayó en el Huerto del Edén y perdió la Vida eterna, es la primera vez que a una persona en la Tierra le es entregado ese Título de Propiedad, porque Cristo lo trae, le fue entregado en el Cielo, pero ahora en la Tierra es la primera ocasión que le es entregado, y le es entregado para que se lo coma.
Por lo tanto, será la primera vez que un hombre se come un Libro celestial, y no será que se va a comer literalmente unas páginas o rollos de los nuestros acá en la Tierra, es la Palabra y el contenido de todo lo que está en ese Título de Propiedad. Le va a ser... el Ángel le dice: “Te va amargar el vientre (se lo advierte), pero en tu boca va a ser dulce como la miel.”
El apóstol Juan tipifica la Iglesia del Señor Jesucristo con todos los mensajeros que tendría la Iglesia del Señor Jesucristo. En Juan están representados todos esos mensajeros.
Y ahora, no fue en el tiempo... vean, Juan se lo come y le fue dulce en la boca, pero en su vientre le fue amargo; ser amargo habla de las persecuciones y de todas las cosas que sufrirá esa persona, pero lo más dulce para él será la Palabra:
“Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.” Es necesario.
Y ahora, el que se coma el librito es el que está enviado y ordenado para profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, y él estará hablando esas profecías conforme a como están en el Libro que se comió. Por eso encontramos en Apocalipsis, capítulo 11 un Ángel mensajero que sube de donde nace el sol y que tiene el Sello del Dios vivo y que ordena a los cuatro Ángeles que están sobre la Tierra para que no haya viento sobre la Tierra, dice capítulo 7:
“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.
Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo...”
O sea, tenía el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo estaba en él. Dice:
“...tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,
diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.
De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.
De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.
De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.
De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.”
Todos serán sellados con el Sello de Dios que trae el Ángel que viene para ese propósito, como sucedió en Ezequiel, capítulo 9: el Ángel con el tintero de escribano en Su cintura para poner un Sello en la frente de los que gemían y clamaban a Dios allá en Jerusalén.
Y ahora, la labor de este Ángel es coronada con el recogimiento de esos escogidos que aparecen luego en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante, donde dice:
“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.
Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.
Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.
Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;
y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.”
Y luego dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”
Este Ángel mensajero... recuerden que un Ángel es un mensajero, y va a predicar el Evangelio eterno a los moradores de la Tierra, tiene que estar en la Tierra y tiene que ser un hombre que son los que predican el Evangelio, y en Su mensaje pide u ordena a los seres humanos que adoren a Dios y que le sirvan a Dios y que busquen a Dios. Todo eso está en las palabras que él estará predicando, y le enseñará la forma para hacerlo.
Es el mensajero que tiene la comisión de predicar Su mensaje al mundo entero, es el Ángel con el mensaje final de Dios, porque él traerá el mensaje del Evangelio del Reino para Israel y para todas las naciones; y en ese mensaje está también anunciando el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana, el juicio de la gran tribulación.
Pero no se preocupen los creyentes en Cristo, porque los creyentes en Cristo nacidos de nuevo van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; ese mismo mensaje del Evangelio eterno le va a dar la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. El mensaje del Evangelio eterno, es el mensaje del Evangelio del Reino, del cual Cristo dijo:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (San Mateo, capítulo 24, verso 14).
Es que en el tiempo final se estará predicando el Evangelio del Reino para la introducción del Reino de Dios en la Tierra, del cual Cristo dijo que orando pidamos la venida del Reino de Dios: “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra o también en la Tierra.” (San Mateo, capítulo 6, verso 10).
Cristo al igual que Juan el Bautista predicaban el Evangelio del Reino, pero cuando Cristo entró a Jerusalén montado sobre un pollino hijo de asna, animal de carga, fue rechazado como Rey y se detuvo la predicación del Evangelio del Reino para Israel, aunque Cristo después de resucitado le hablaba del Reino a Sus discípulos ya resucitado Cristo, pero aparte con ellos.
Y desde el Día de Pentecostés comenzó a predicarse el Evangelio de la Gracia que gira alrededor de Jesucristo, y el Evangelio del Reino queda para ser predicado nuevamente en el Día Postrero por medio del que se come el librito abierto y que recibe orden de profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas.
Ese mensajero con el Sello del Dios vivo, ese mensajero que tiene la comisión de llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, es el mismo Ángel que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra; y en el ministerio de los dos Olivos de Apocalipsis 11, encontramos desde el verso 3 en adelante lo siguiente:
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.”
Estos dos Olivos son los ministerios de Moisés y Elías que van a estar repitiéndose en la Tierra y que van a estar en ese Ángel mensajero que se come el Libro y que recibe orden para profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, ese Ángel mensajero está representado en Juan el apóstol comiéndose el librito, es el Ángel con el Evangelio eterno de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7.
Y ahora, bajo los ministerios de los dos Olivos, de Moisés y Elías, será que vendrá el mensaje del Evangelio eterno siendo predicado para todas las naciones. Estos dos testigos son los dos Olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de toda la Tierra, delante del Dios de la Tierra; estos son los mismos que aparecen en Zacarías, capítulo 4, de los cuales habla claramente Dios. Capítulo 4, verso 11 al 14, luego ustedes leen el capítulo completo. Capítulo 4, dice:
“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos; a la derecha del candelabro y a su izquierda?
Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?
Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.
Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.”
Y esos son los dos Olivos de Apocalipsis 11, los ministerios de Moisés y Elías que serán manifestados en la Tierra por el Espíritu Santo, por el Ángel Fuerte que desciende del Cielo y traerán el mensaje profético, el último mensaje para la raza humana, un mensaje para todos los seres humanos, para toda y para todas las naciones, y ese será el Ángel con el mensaje final de Dios.
Y ahora, vamos a ver más claramente, cuando Cristo bajó del Monte de la Transfiguración le preguntan Sus discípulos: “¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas, mas yo os digo que ya Elías vino y no le conocieron e hicieron de él todo lo que quisieron,” y entonces Sus discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. Esto está en San Mateo, capítulo 17, verso 10 al 13.
Y ahora, Cristo dice que Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas. Para el tiempo de la restauración el ministerio de Elías estará en la Tierra, es uno de los ministerios de los dos Olivos.
Y ahora, para el tiempo de la restauración de todas las cosas también nos habla San Pedro en el capítulo 3 del libro de los Hechos, versos 18 en adelante, 18 al 21, y dice:
“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”
Y ahora, la Venida del Señor es para el tiempo de la restauración de todas las cosas, y la venida de Elías es para el tiempo de la restauración de todas las cosas, y Elías restaurará... “a la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas,” dice Cristo. Y es para ese tiempo que también el Señor está prometido que vendrá:
“A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas...”
Así que, habrá un ministerio de Elías siendo operado por el Espíritu Santo en un mensajero; se repetirá el ministerio también de Moisés, un profeta como Moisés, pues Dios lo ha prometido que habrá un profeta como Moisés: “Profeta de entre vuestros hermanos como tú les levantaré del medio del pueblo,” le dice Dios a Moisés, y Moisés se lo dice al pueblo: “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios,” es lo que dice Moisés al pueblo, y él dice que todos escuchemos a ese profeta: “A él oíd.”
Y ahora, tenemos esas promesas de parte de Dios para el pueblo de Dios, el mensaje del Ángel con el Evangelio eterno, con el mensaje final de Dios, estará abriendo, dando a conocer todos estos misterios del Reino de Dios, y estará abriéndonos el misterio de la segunda Venida de Cristo, el misterio del séptimo Sello de Apocalipsis, capítulo 8, el cual cuando es abierto este misterio en el Cielo, causó silencio como por media hora, porque nadie sabía cuándo sería.
Es de lo mismo que Cristo dijo, que nadie sabe la hora y el día. ¿La hora y el día de qué? La hora y el día de la Venida del Hijo del Hombre, será cumplida Su Venida, será dado a conocer ese misterio que por miles de años ha estado sellado, ha estado oculto. Es el misterio más grande de toda la Biblia.
Y ahora, el Ángel con el mensaje final, lo vamos a encontrar. Primero hay que encontrarlo en la Biblia, porque si no está prometido, pues para qué esperar una cosas que no está prometida, pues Dios no va hacer algo que no está prometido; ya vimos que está prometido un mensajero para predicar a todo pueblo, nación y lengua, el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno, y Cristo mismo dijo que “será predicado este Evangelio por testimonio o para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Vamos a ver quién calificaría para ser ese Ángel mensajero con el mensaje final de Dios, en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3 dice:
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,
que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
Aquí nos dice que Cristo ha enviado Su Ángel, y si Cristo ha enviado Su Ángel, entonces Él viene con el mensaje final para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el mundo entero, Él ha estado en la Iglesia todo el tiempo, como estaba en medio del pueblo hebreo el Ángel de Dios en quien estaba el Nombre de Dios, y a través del cual Dios se revelaba a Su pueblo, y ese Ángel, pues era Cristo en Su cuerpo angelical.
Y ahora, así como Dios dice en el Antiguo Testamento que Él tiene un Ángel y que Su Nombre está en ese Ángel como dice en el Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23:
“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”
El Nombre de Dios que tantas personas han deseado saber, está en el Ángel, por eso cuando aparecía este Ángel a algunos profetas, le preguntaban: “¿Cuál es Tu Nombre? Moisés le preguntó y él le reveló cuál era Su Nombre, y le dijo cuál es Su Nombre dándoles o dándole el Nombre en cuatro consonantes: la Y, la H, la W y la H: YHWH.
Recuerden que al darle estas consonantes, no hay vocales, y en el hebreo no hay vocales, y ahora... pero hay una pronunciación que luego han ido colocándole algunas rayitas y cosas para pronunciar, algunas ya tienen algunas cositas así.
Ahora, es como algunas palabras en español o en inglés, que usted la escribe y luego al pronunciarla, le da un sonido un poquito diferente a como usted la pronunciaría estando sola la letra; y algunas, en algunas oraciones y en algunas palabras hay letras que no se pronuncian, como la “H” aparece en algunas ocasiones sin ser pronunciada.
Como cuando se lee “Hades,” hades lleva una “H” al principio y no se pronuncia; por ejemplo el nombre “Humberto,” tiene una “H” al frente pero no se pronuncia. Y hay un sinnúmero de nombre y palabras que tienen una “H” al principio y no se pronuncia, y también algunas tienen la “H” en el centro, en alguna parte, y tampoco se pronuncia.
Así que, vean ustedes, el Nombre de Dios tiene una pronunciación, Moisés la escuchó, tiene un significado el Nombre, Moisés conocía todo eso, y es el primer hombre a quien el Nombre de Dios le fue revelado, porque con ese Nombre Dios no se reveló ni Abraham, ni a Isaac ni a Jacob; es un hombre bienaventurado Moisés el conocer el Nombre eterno de Dios.
Pero ahora, el Nombre eterno de Dios está en el Ángel, y luego cuando el Verbo que es el Ángel de Dios, el Verbo a través del cual Dios creó todas las cosas, porque ese es el cuerpo angelical de Dios, se hace carne en la persona de Jesús, allí está el Nombre de Dios, porque el Ángel está en Él y Dios está en Él, por lo tanto está el Nombre de Dios en el Ángel, y está el Nombre de Dios también.
Y en el velo de carne fue colocado el Nombre de Dios que estaba en el Ángel también.
Por eso le fue dicho a la virgen María que le pusiera por nombre Jesús o Yeshua, Jesús es la traducción que se hizo del nombre.
Ahora, vean ustedes, en el Ángel del Pacto hecho carne que es Jesucristo, estaba el Nombre de Dios. Jesús dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre,” San Juan, capítulo 5, verso 43, y Él fue el que heredó el Trono de Dios celestial; para heredar el Trono de Dios celestial o el terrenal estará el Nombre de Dios en esa persona, y tiene que ser un hijo de Dios para heredar el Trono de Dios, porque el que hereda es el hijo del rey, y un hijo del Rey heredó el Trono celestial de Dios, que es Jesucristo. Y ahora, Cristo dice:
“Al que venciere , le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”
En la misma forma, y tiene entonces que estar el Nombre del Señor en el que ha de heredar la bendición de sentarse con Cristo en Su Trono, en la misma forma que sucedió en el Trono celestial. Tiene que ser un Ángel mensajero de Jesucristo, un profeta, y en la Biblia el único que aparece que cumple esas calificaciones es este Ángel del Señor Jesucristo enviado con la revelación de Jesucristo.
Veamos este Ángel aquí en Apocalipsis, tiene que ser un mensajero dispensacional, así como Jesús era un mensajero dispensacional, el mensajero para la Dispensación de la Gracia, y para cumplir esta otra parte de la Escritura, tiene que venir otro mensajero dispensacional, por lo tanto, será un profeta como Moisés.
Ahora miren, en Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, dice:
“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”
Juan el Apóstol quiso adorar a ese Ángel, pero el Ángel se lo prohibió, y le dijo: “Yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús...”
Y ahora, en el capítulo 22, verso 6, dice:
“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (nuevamente, porque todo lo que ese Ángel habla a Juan, son palabras fieles y verdaderas). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”
Es el Ángel que muestra las cosas que deben suceder pronto: el Ángel mensajero del Señor Jesucristo, y por consiguiente ese es el mensajero, el Ángel con el mensaje final de Dios, con el mensaje del Evangelio del Reino para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua, y entonces vendrá el fin.
Ese es el enviado de Dios para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 dice el mismo Jesús:
“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”
Y ahora, Cristo aquí en Espíritu Santo, en cuerpo angelical está hablándole a Juan el apóstol, el cual es tipo y figura de la Iglesia y de los mensajeros que Cristo enviaría a Su Iglesia y por consiguiente del mensajero final, del Ángel del Señor Jesucristo cuando esté en carne humana en medio de la Iglesia en el Día Postrero en la etapa más gloriosa de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular.
Este Ángel mensajero, vean, es enviado para dar testimonio de estas cosas en la Iglesia, en las Iglesias. Es el mensajero del Señor Jesucristo y es el único que califica para ser el Ángel con el mensaje final de Dios y que califica para sentarse con Cristo en Su Trono, y que califica para Cristo darle autoridad sobre todo pueblo, nación y lengua y para regirlas con vara de hierro, conforme a Apocalipsis, capítulo 2, versos 26 al 29, y para recibir la estrella resplandeciente de la mañana, que es Cristo en Espíritu Santo. Es el que califica también para tener el Nombre de Dios, de la Ciudad de nuestro Dios: la nueva Jerusalén que desciende del Cielo y el Nombre nuevo del Señor Jesucristo.
Hay muchos que no saben que Cristo tiene un Nombre nuevo, pero si Él lo dice, es verdad, y vamos a ver lo que Él dice con relación a ese Nombre nuevo, Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, verso 11 al 12, dice:
“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
Al que venciere , yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios (¿ven? Va a escribir sobre el vencedor el Nombre de nuestro Dios), y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”
Y si Cristo lo dice, así es, lo entienda la gente o no lo entiendan, es así: un hombre va a recibir esa bendición, y se va a sentar en el Trono con Cristo, en Su Trono; Su Trono es el Trono de David. En el Trono que Él está sentado es el Trono del Padre, es el Trono celestial, pero el Trono de Jesucristo es el Trono de David.
El Ángel Gabriel le dijo a la virgen María que le pusiera por Nombre al hijo que ella iba a tener por obra del Espíritu Santo, el cual iba a hacer sombra sobre ella e iba a concebir, e iba a dar a luz un niño, y le dijo que le pusiera por nombre Jesús (al español, sería Yeshua en hebreo), y dice:
“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS (eso es San Lucas, capítulo 1, verso 31 en adelante).
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre (¿qué Trono le va a dar? El Trono de David su Padre);
y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”
Y ahora, ese es el Trono del cual Cristo habla, que le va a dar que se siente con Él en Su trono al vencedor, al siervo fiel y prudente que estará en el Día Postrero en la casa de Dios que es la Iglesia del Señor Jesucristo, trayendo el alimento a tiempo al pueblo de Dios, dándole el alimento de la Palabra de Dios para el Día Postrero, que será el Evangelio del Reino y el Evangelio de la Gracia.
El Evangelio del Reino que es el mensaje final de Dios, que gira alrededor de la segunda Venida del Señor como Rey y como León, por consiguiente clamando como cuando un León ruge y dándonos su mensaje final; y esa persona que estará en el Día Postrero en la Iglesia en la edad de oro, la Edad de la Piedra Angular, va a tener esa bendición y el grupo de escogidos del Día Postrero van a tener la bendición de pertenecer al lugar más cercano a Cristo en el Reino de Cristo.
O sea, que van a tener una bendición muy grande en el Reino, y van a ser lo más seguro el 99.9 % los que recibirán el galardón más grande, porque van a estar trabajando arduamente en todos los proyectos divinos correspondientes a la edad de oro, la Edad de la Piedra Angular, y creerán todo el Programa Divino para este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular.
Van a estar también brazo a brazo en el proyecto de La gran Carpa-Catedral, es un proyecto que ya está profetizado y por consiguiente se tiene que llevar a cabo en algún lugar, y tiene que ser en una nueva edad con un nuevo mensajero, con un mensaje eterno y así por el estilo, y tienen que estar los ministerios de Moisés y Elías, que son los ministerios que harán grandes maravillas, grandes milagros, como está prometido. Ahí vamos a ver, en el cumplimiento de esa visión vamos a ver los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías.
Hemos visto quién es el Ángel, o sea, el mensajero con el mensaje final de Dios, el mensaje final de Dios es el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno que gira alrededor de la segunda Venida de Cristo, es el mensaje que habla de la venida del Reino de Dios y que habla de la restauración del Reino de Dios en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David con el Trono de David restaurado en donde Cristo se sentará y sentará con Él al vencedor.
Hemos visto cuál es el mensaje final de Dios: el Evangelio del Reino para todos los seres humanos, y eso será la trompeta final que está prometida, y esa será la Voz o el contenido de los siete Truenos, la Voz de Cristo hablando en el Día Postrero por medio del que se comerá ese Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos para luego profetizar sobre todo pueblo, nación y lengua.
“EL ÁNGEL CON EL MENSAJE FINAL DE DIOS.”
Por lo tanto, es importante que todos estemos preparados porque va a llegar el tiempo en que la puerta del Reino de los Cielos, la puerta de entrada a la casa de Dios, a la Iglesia del Señor Jesucristo, se va a cerrar. Cuando las vírgenes insensatas llegaron, ya la puerta estaba cerrada (eso está en San Mateo, capítulo 25, versos 10 al 13), y tocaron a la puerta, pero la puerta ya estaba cerrada, por lo tanto, se quedaron sin aceite, se quedaron sin entrar a las bodas del Cordero.
Ya las prudentes estaban dentro con el Esposo que es Cristo, con el Esposo en Su Venida, vino el Esposo y las que estaban preparadas entraron con Él a las bodas y se cerró la puerta. Y también en San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27, dice que la puerta va a ser cerrada en alguna ocasión. Dice:
“Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”
Lo mismo que le pasa a las vírgenes insensatas: que tocan la puerta, y la puerta no les será abierta, porque el tiempo ya habrá terminado. Dice:
“Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!
Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”
El Esposo es el Hijo del Hombre, y la humanidad no sabe cuándo será el día y la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir, ha de venir para unirse a Su Iglesia Novia para las Bodas del Cordero: La unión de Cristo con Su Iglesia.
Y ahora, podemos ver lo importante que es, a tiempo, haber recibido a Cristo como Salvador, haber sido bautizado en agua en Su Nombre y recibir el Espíritu Santo para estar con el aceite que es el Espíritu Santo en nuestras lámparas, en nuestro ser, para estar listos para la Venida del Hijo del Hombre para las bodas del Cordero.
Yo lo recibí como mi Salvador, acepté, escuché la invitación: la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, nació la fe de Cristo en mi alma, creí y di testimonio público de mi fe en Cristo recibiéndole como mi único y suficiente Salvador, y siendo bautizado en agua en Su Nombre. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.
Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente para orar por usted; y los que están en otras naciones también pueden recibirlo como vuestro Salvador si todavía no lo han hecho, para lo cual pueden pasar al frente en el auditorio o en la iglesia en que ustedes se encuentren, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mi y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Lo más importante es la Vida eterna, y solamente se puede recibir a través del hombre más importante que ha pisado este planeta Tierra, y Su Nombre es: Señor Jesucristo, porque Dios le ha dado la bendición de la Vida eterna para que Él la imparta a aquellos que lo reciben como Salvador; le ha dado a Cristo esa bendición para que a quien Él quiera le dé Vida eterna, le ha dado la exclusividad de la Vida eterna y por consiguiente hay que ir, tiene que venir la persona al que tiene la exclusividad de la Vida eterna, que es Jesucristo nuestro Salvador.
Por eso Él decía: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” nadie se puede acercar a Dios por sus propios méritos, es por medio de Jesucristo nuestro Salvador que nos podemos acercar a Dios, para lo cual nos acercamos a Dios habiendo creído en el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.
Cristo tiene mucho pueblo, muchos hijos en esta ciudad y en toda la República mexicana, y los está llamando en este tiempo final, y tiene mucho pueblo en toda la América Latina y también en Norteamérica y en otras naciones, y los está llamando en este tiempo final, porque este es el tiempo para la Lluvia Temprana y Tardía, para la predicación del Evangelio de la Gracia y del Evangelio del Reino.
Este es el tiempo más glorioso de todos los tiempos, el tiempo en que anhelaron vivir los profetas del Antiguo Testamento y también los apóstoles, es el tiempo más glorioso de todos; aunque hay problemas, pero los problemas no impiden para que Dios lleve a cabo Su obra y derrame Sus bendiciones sobre todos los creyentes en Cristo.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Jesucristo, para recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador. Si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.
En todas las decisiones grandes que el ser humano hace, hay una sola que es la más grande, de todas las decisiones grandes que el ser humano hace, hay una sola que lo coloca en la Vida eterna, y es la decisión de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y ustedes han hecho esa decisión.
Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino; ustedes han escuchado la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo siendo predicado y nació la fe de Cristo en vuestra alma y por eso han venido a los Pies de Cristo.
Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna,” les da Vida eterna cuando escuchan la Voz de Cristo el Buen Pastor y lo siguen, lo reciben como Salvador.
Vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, y los que han venido a los Pies de Cristo todos con nuestros ojos cerrados, y los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y produzcas en mí el nuevo nacimiento.
Quiero vivir en Tu Reino, quiero vivir eternamente, acepto Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados, acepto la salvación que ganaste para mí y por mí en la Cruz del Calvario.
Te pido me recibas, sálvame Señor, en Tus manos me encomiendo, en Tu Nombre eterno Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” y la pregunta es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua.
Ahora, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).
Por lo tanto, siendo un mandamiento del Señor, es una necesidad ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. El mismo Juan el Bautista cuando vio a Jesús que entró al Jordán donde Juan estaba bautizando, y llega a donde Juan para ser bautizado, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” y entonces lo bautizó.
Si para cumplir toda justicia Cristo tuvo que ser bautizado, cuánto más nosotros; por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y ustedes que están en otras naciones, también pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes también el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Pasen todos muy buenas noches, y dejo aquí el ministro correspondiente, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma: les muestre cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Que Dios les bendiga y les guarde, y por aquí tenemos al ministro que les va a decir cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Pasen todos muy buenas noches.
“EL ÁNGEL CON EL MENSAJE FINAL DE DIOS.”