Nuestra mirada puesta hacia la tierra prometida

Nuestra mirada puesta hacia la tierra prometida

Rev. José Benjamín Pérez
Lunes, 27 de junio de 2022
Cayey, Puerto Rico

Muchas gracias, reverendo Camilo Montoya, y todos los hermanos y hermanas reunidos allá en la congregación que pastorea nuestro hermano Camilo, “El Sol de la Mañana”, en Bogotá, Colombia.

Para mí es un privilegio y una bendición poder saludar a un grupo de hermanos pertenecientes del Cuerpo Místico de creyentes de la Edad de la Piedra Angular, primogénitos de Dios, escogidos de Dios, que han sido llamados y juntados con este glorioso Mensaje que nos ha traído el Ángel del Señor Jesucristo William Soto Santiago, y que están en este Aposento Alto de la Edad de la Piedra Angular preparándose para recibir cada uno la promesa de la transformación.

Ese es el motivo por el cual Dios en este tiempo ha enviado a Su Ángel Mensajero: para (en el territorio correspondiente para el cumplimiento de la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular) recoger a todos los escogidos escritos en el Libro de la Vida del Cordero para transformarnos, para llevarnos a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y en este tiempo que Él nos ha permitido, luego de que Dios se llevó al cumplimiento de Su Venida… Así como fue en la Primera Venida del Señor: que Él se fue y les dijo en San Juan, capítulo 14, el capítulo 15 y el 16, que Él se tenía que ir para que viniera el Consolador.

Y el Consolador iba a venir cuando ellos estuvieran preparados. En esos 10 días luego de Jesús ascender al Cielo, hubo un tiempo de preparación para recibir el Consolador —o sea, el Espíritu Santo—, el cual iba a venir en medio de ellos, iba a venir a ellos, para que así se cumpliera la primera porción, que era el bautismo del Espíritu Santo, el cual produciría en cada uno de ellos el nuevo nacimiento.

O sea que ese tiempo de preparación era un tiempo de espera, era un tiempo en el cual todos tenían que estar unánimes y juntos. Y ya había pasado el tiempo, podemos decir, el tiempo de duelo, el tiempo de tristeza, el tiempo de dolor por la partida y la ida de ese Ser tan amado que estuvo en medio de ellos, el cual impartía con Sus palabras, con Su presencia, ese Amor expresado de Dios en la Persona de Jesús: el cumplimiento de la Primera Venida del Señor.

Y Él se los había dicho muchas veces: “Yo me tengo que ir”; y no entendían las Escrituras. Pero luego, en esos días que Él estuvo en medio de ellos hablándoles y abriéndoles las Escrituras1, mostrándoles el por qué tenía que irse, ya si ustedes se fijan, luego de eso, ya no era un tiempo de lamentarse porque Él se fue, sino era un tiempo de una realidad, la realidad; y un conocimiento que no tenían antes: de espera, de preparación, para recibir lo que Él les había dicho que iban a recibir estando en ese lugar2, esperándolo con fe, y creyéndolo que Dios lo iba a enviar.

Y en ese tiempo, el tiempo fue de 10 días; que es un tiempo que es tipo y figura del tiempo en donde ahora mismo estamos, en este tiempo sobrante, para prepararnos para recibir la plenitud. Ya recibimos las primicias, pero es un tiempo para recibir ahora la plenitud, o sea, para ser adoptados y ser así transformados.

Ya el tiempo de lamentación y de tristeza…, aunque somos humanos y todavía sentimos allí cada vez que… Para mí, yo diría que es todos los días, y siempre tengo ese sentir como humano, de que él se nos fue; pero gozoso y contento de que la promesa era que él tenía que irse para pasar por el Paraíso, como así pasó Jesús.

No estaba en el Programa Divino en Su Segunda Venida, cumplir de esa forma el tener que ausentarse de en medio del pueblo; pero como Moisés allí hirió la roca por segunda vez, puso el tipo y figura de… además de una muerte espiritual de todo aquel que crucifique la Palabra en este tiempo; entonces, además de eso, físicamente también se tenía que cumplir; no en una cruz, ni de una manera como la pasó Jesús, pero sí de la manera en que los seres humanos pasan por este planeta Tierra, y luego envejecen, y luego tienen que morir.

Pero él, en esa parte del cumplimiento de Su Segunda Venida, en el Programa Divino no estaba que él se fuera; pero Dios por medio de Moisés (que era el profeta dispensacional de ese tiempo), al Moisés hablar esa Palabra y actuar como actuó, Dios tuvo que honrar a Su profeta: y la piedra dio agua, claro que la dio; pero puso allí el tipo y figura, el cual ahora en el fin del tiempo tenía que cumplirse ya físicamente también, en el cumplimiento de la Segunda Venida del Señor.

Él en una ocasión me dijo: “[WSS] Benjie, yo no me tenía que ir. ¡Si yo era para estar con ustedes! Pero al Moisés poner ese tipo y figura, automáticamente rompió ahí el Programa Divino que Dios tenía ya trazado desde antes de la fundación del mundo”.

Y así como Jesús allí en el Getsemaní, Él oró a Dios y le dijo: “Señor, si fuera posible pasa de mí esta copa, pero si no fuere posible, pues que se haga Tu voluntad”3. Y Dios allí le mostró que no podía ser así. O sea, a Jesús, ustedes se fijan que Él tuvo que, luego ir derechito a la Cruz.

Pero en este tiempo, si ustedes se fijan, eso que pidió Jesús allí, acá (en el cumplimiento de Su Segunda Venida) él, ya por ahí por el mes de junio, acercándose a junio del 2017, ya él sabía que se iba.

Y siempre me recordaba la Escritura del hermano Branham, por ahí por junio del 1965, ya desde ahí, por ahí (si no era antes, pues por ahí), ya era cuando él me decía: “[WSS] Benjie, ya el hermano Branham sabía que se tenía que ir, ya Dios se lo había mostrado”.

Y en el mensaje “Las alas de una blanca paloma”, por ahí en noviembre del 65, ya allí él decía4: “[WMB] Ahora que Tú me sanas, ahora es que me vas a llevar; luego de que me sanaste”. O sea que los Elías conocen. Me decía él: “[WSS] Los Elías conocen el tiempo que Dios les va a dar o les da, en el tiempo que están viviendo en carne, en ese ministerio, en ese momento”.

Así como el hermano William sabía que se iba, ya él, ya por ahí alrededor del 13 de junio, que ya él se fue, él entonces allí pide más tiempo; y Dios ahí se lo concede5.

O sea que acá, ustedes se fijan que Jesús allí pidió: “Si fuese posible, pasa de mí esta copa”, Él pidió allí tiempo; pero tenía que – en esa ocasión, no podía Dios extender más el tiempo de Jesús, porque era el momento en que el juicio divino caería sobre el planeta Tierra; y si Él extendía ese tiempo quedaba solo, porque el juicio divino iba a caer, y no caería sobre Jesús.

Y al él pedir más tiempo, eso para el Programa Divino —en este tiempo final— fue algo que ayudó y estaba ya en la petición de él: de venir y preparar al pueblo y dejar todo bien preparado, establecido; porque si él se llega a ir como se fue, todo todavía estaba (vamos a decir) como en un… no estábamos enfocados ni alineados exactamente donde tenía que estar el pueblo: mirando hacia el Arca, hacia la tierra prometida; sino que había una serie de cosas que todavía estaban inclinadas a la Dispensación de la Gracia.

Al él establecer ya el enfoque, en ese tiempo que Dios le permitió dejarlo acá, ya el enfoque era totalmente y exclusivamente a la Dispensación del Reino; y todo lo que el individuo, el escogido de Dios, tenía que mirar era el Lugar Santísimo; no mirar al Lugar Santo, porque allí no había promesa de adopción. Al él ya hacer ese cambio, ya establecido el cambio allí, ya luego entonces Dios se lo lleva.

Pero la promesa era para él quedarse, la promesa era para él estar con nosotros; y de cierta forma Dios lo iba a cumplir, la ida allá al Paraíso, eso no había ningún problema; pero al poner el tipo y figura Moisés, allí cambió entonces ese Programa de cierta forma.

Cuando en una ocasión le dijeron: “Oye, pero eso estaba en el Programa Divino: que Moisés hiriera la roca por segunda vez”. Y el hermano William me recuerdo que viró y dijo: “[WSS] ¡Eso no estaba en el Programa Divino!, ¡eso no era para hacerlo así!”; o sea, cambió todo lo que tenía que llevarse a cabo en el fin del tiempo.

Por consiguiente, cuando ustedes escuchan la predicación del Mensaje, ustedes se dan cuenta que en todo momento el hermano William habla en una forma presente, en el cual él siempre muestra que él estaría hasta el final: que él sería transformado, que él sería raptado, que él sería… todo-todo con el grupo. Pero eso – ese contenido del Mensaje que ya viene sellado en el mensajero, no se podía cambiar, porque eso es lo que produciría la Fe de Rapto.

O sea que por el tipo y figura que Moisés puso allí, por eso Dios no iba a cambiar esa parte del Mensaje, ese contenido de la revelación del Séptimo Sello; no la iba a cambiar por eso que hizo Moisés. Lo que Moisés hizo allí solamente cambió una cosa: que el velo de carne se tenía que ir.

Pero si ustedes se fijan, siempre esa Roca dio el Agua (y el Agua es la revelación, es la Palabra); o sea que siempre la revelación iba a salir, iba a ser dada, como salió en este tiempo toda esa revelación mientras el mensajero estuvo con nosotros: El contenido del Mensaje ¡nunca fue cambiado!, siempre fue el mismo.

Lo que Dios hizo fue llevarse el velo de carne, el cumplimiento de Su Venida; y el restante —que faltó por cumplirlo— lo cumple en un ministerio que Dios tendría ya preparado para continuar esa última labor, llevando el mismo Mensaje que el Ángel del Señor Jesucristo nos trajo, el cual contiene toda la revelación para el rapto.

O sea que no haría falta añadirle ni quitarle nada; sino el Mensaje ser dado tal y cual como el mensajero lo trajo.

Por eso este tiempo nadie se lo esperaba, nadie esperaba que el final del Séptimo Sello fuera así, y que este lapso de tiempo sobrante fuera de esta manera.

Quizás tropezaron en la manera en que Dios estaría cumpliendo o está cumpliendo esta etapa; pero a medida que Dios nos va guiando en este camino, pues vamos dándonos cuenta que es el Pilar de Fuego, la Columna de Fuego, que nos está guiando, por medio de Su Espíritu Santo guiándonos a la tierra prometida.

Él no nos ha dejado solos, ahora estamos con él, estamos con la Columna de Fuego, estamos bien acompañados; porque, así como Josué llevó allí al pueblo a la tierra prometida, ¡Josué no estaba solo! ¡y el pueblo tampoco! (porque Moisés se había ido): tenían a la Columna de Fuego guiándolos, y con el Mensaje que trajo Moisés. No era un Mensaje de Josué. Josué no fue un mensajero que trajo un Mensaje; él fue el instrumento que Dios usó para ser portavoz del Mensaje de Moisés.

Y en este tiempo pues Dios está cumpliendo tal y cual lo prometido con el Mensaje que ha traído el Ángel del Señor Jesucristo: William Soto Santiago.

¡Y vamos a llegar! Llegaremos a la meta. Porque es una promesa que él nos ha hecho, es una promesa que no fallará; él no nos ha dejado ni nos dejará. Y cuando vuelva dirá: “[WSS] Fueron muy obedientes, no tuve yo que decirles: ‘Sigan a este, sigan a aquel, sigan…’”; no. El Pilar de Fuego, el Espíritu Santo, va a abrir el entendimiento a los escogidos; y los escogidos no van a estar mirando el velo de carne; lo que van a estar mirando es la Palabra, que fue lo que trajo el Ángel.

Y la Palabra nunca se nos va a perder: la Palabra es el Guía. Eso es lo que contiene esa Fe de Rapto. Y el escogido, el primogénito, agarrado del Arca, agarrado de la Palabra, no le va a importar a diestra y a siniestra lo que diga aquel o el otro, sino que va a decir: “¡Yo seguiré el Arca, yo seguiré el Pilar de Fuego! ¡No importa de qué medio venga, porque es el Mensaje de William Soto Santiago!”. Y a ese Mensaje le decimos: “¡Amén!”. Y eso es lo que nos va a llevar a la tierra prometida del nuevo cuerpo.

Yo les digo, mis hermanos: No pierdan el Pilar de Fuego, no pierdan el Arca, no pierdan la Palabra. Es un tiempo muy pero que muy grande, muy glorioso, pero en sencillez, en simplicidad.

Dios cuando va a cumplir algo grande, lo cumple en forma sencilla; en una forma tan y tan sencilla que uno dice: “¡No puede ser que el Creador de los Cielos y de la Tierra termine el cumplimiento de Su Programa en esta forma tan sencilla!”. Pues así le plació a Dios, para que el mundo vea que los escogidos de Dios no necesitan ver milagros. Lo que necesitan es ver el milagro de la Palabra siendo revelada, siendo traída, siendo mostrada abiertamente; porque el escogido de Dios, al ser Palabra, esa Palabra se une con Palabra, y venimos a ser pequeños Mesías, pequeños Verbos de Dios; porque salimos de Él, y hacia Él es que vamos.

Así que Dios me los bendiga, Dios me los guarde.

Discúlpame que me extendí un poquito ahí, Camilo. Que este saludito sea de bendición para todos y cada uno de ustedes allí, mis hermanos, mis amigos, allí en la congregación de “El Sol de la Mañana”.

Y gracias, Camilo, nuevamente, por darme esta oportunidad de enviarte estas palabritas de saludo, que para mí han salido de lo profundo del corazón, y las he dicho con el alma, y sentí hablarlas.

Por eso cuando me llamaste, enseguida te dije: “[JBP] Yo te hablo ahora mismo”, porque sentí en mi corazón hablarles estas pequeñas palabras, que con humildad y con sinceridad de corazón las hablo a todos ustedes, primogénitos de Dios, escogidos de Dios; un pequeño grupo allí representado en esa congregación, representado en tantos hermanos de América Latina y el mundo entero, que han recibido este glorioso Mensaje que nos ha traído el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo William Soto Santiago.

Y llegaremos a la meta. No se desanimen por nada ni nadie. Sigan mirando el Arca, sigan mirando la Palabra, que Ella nos va a introducir a la tierra prometida.

Dios les bendiga, mis hermanos, Dios les guarde a todos.


1 [Luego de resucitado –Rev. José B. Pérez]

2 [En el aposento alto –Rev. José B. Pérez]

3 San Mateo 26:36-42, San Marcos 14:32-36, San Lucas 22:39-42

4 SPN65-1128E “En las alas de una paloma blanca como la nieve”, pág. 30, párr. 225 / Citas, pág. 168, párr. 1496

5 Domingo, 3 de septiembre de 2017. Cayey, Puerto Rico. / Compilación de mensajes “Por amor a los escogidos”, pág. 10 y 11

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